Kon (conocido también como: Wakon) es el dios primordial del viento y la lluvia dentro de la mitología incaica. Originalmente, este se trataba de una deidad adorada por las culturas Paracas y Nazca, hasta su posterior incorporación dentro del panteón incaico.

De acuerdo con la mitología, el dios Kon es el creador original del universo y de la primera generación de seres humanos. Se narra que el dios primordial surgió de las interminables aguas del mar y, desde los confines del norte, avanzó hacia las tierras del sur. En algunas versiones, Kon es establecido como hijo de los dioses Inti y Mama Quilla.

Etimología No está definido el significado exacto del nombre Kon. Al provenir de culturas más antiguas que la incaica, hace más complicado la búsqueda acerca de su definición. No obstante, para el antropólogo Alfredo Torero, el término Kon parece tener origen en las culturas que florecieron en el norte del Perú.

Uno de los factores que apoya esta teoría se encuentra en la descripción a Kon por el historiador Francisco López de Gómara (1552). El historiador describe a la deidad con lo siguiente:

Kon fue un vocablo registrado en la lengua culli (de la provincia de Huamachuco) como Coñ. Asimismo, dicho término tiene por significado “agua”. El significado se puede ajustar perfectamente a la definición del relato mítico –“sin huesos”, “camino acortado”–, es decir, la deidad era como el agua que bajaba de los cerros, se transformaba en ríos, cavaba las montañas, desbravaba la floresta, etc.

Concepto miniaturadeimagen|Representación del dios Kon en un huaco perteneciente a la Cultura Nazca.|372x372px

Una deidad primordial relegada El dios Kon es la concepción de una fuerza creadora y ordenadora del cosmos. Se lo define como una entidad incorpórea y, al mismo tiempo, inmanente que moldea o transforma el mundo a su voluntad. Dicha incorporeidad se ve reflejada en su característica particular de dios eminentemente volador, puesto que su apariencia era deshuesada y descarnada (carecía de huesos y carne); no obstante, su forma era humana (personificando conceptos etéreos e inasibles como el viento y las lluvias). Su naturaleza inmanente se ve reflejada en su propio acto de creación, ya que andaba por cada rincón del mundo y, simultáneamente, le otorgaba forma por medio de su sola palabra. Una vez hecho esto, el poderoso dios procede a poblar la Tierra con los elementos que lo conforman o complementan (este inmenso poder es propio de Kon; sin embargo, en otras versiones, se le atribuye esta cualidad por el hecho de ser hijo del Sol).

Tras culminar su labor creadora, Kon crea a los seres humanos con el propósito de que le rindieran adoración; sin embargo, con el paso del tiempo, ellos cesaron en su debida veneración. Este último acto transgresor provoca que Kon arrebate a esta humanidad las bondades del mundo, por lo que los edénicos campos se secan y, de esta manera, se originan los amplios desertos costeros (la desidia del ser humano hacia Kon representa el creciente abandono de su culto para dar paso a la veneración de nuevos dioses).

Desde las tierras del sur llegaría Pachacámac, también hijo del Sol, desterrando a Kon y destruyendo su creación, para hacer una nueva generación de hombres y proveerlos de cuantas cosas tienen (esto último representa la imposición de un nuevo orden religioso, desplazando el lugar de Kon como deidad máxima).

Características miniaturadeimagen|350x350px|Fragmento de manto perteneciente a la Cultura Paracas. Se puede ver a una deidad antropomorfa escupiendo serpientes. Estas características corresponden al dios Kon. Asimismo, el personaje es frecuentemente representado en huacos y textilería. El dios Kon era considerado el creador y transformador del mundo por culturas de la costa peruana como Paracas y Nazca. Dichas culturas lo representaban ataviado de múltiples cabezas trofeo, surcando los cielos con máscaras felinas y, simultáneamente, portando alimentos y un báculo; o bien con su cabeza y ojos prominentes, por lo que también es conocido con el título de "El dios oculado". Estas cualidades sobrenaturales de Kon lo relacionan con otra entidad mítica conocida como Coa o Chuqui Chinchay (felino cósmico que funge como agente de los fenómenos atmosféricos y personificación de cuerpos celestes). Dicho felino es una teofanía típica de este tipo de divinidades pluviales.

Asimismo, en algunos huacos de la Cultura Nazca y Cultura Paracas, Kon está representado como un hombre con rasgos de ave. El dios Kon también podía manifestarse bajo la forma de una gran tormenta o remolino de arena. Mediante esta forma, Kon se desplazaba a lo largo del vasto desierto costero peruano.

Otra representación más compleja de Kon incluye a una entidad antropomorfa con las siguientes características:

Se lo presenta con rasgos zoomorfos, ataviado de un penacho y un atuendo de vibrantes colores (evocando su carácter divino). Exhala serpientes y escolopendras por su boca (el hecho de que broten de sus fauces representa el hálito creador). Las serpientes y escolopendras no emergen únicamente de su boca, sino que forman parte de la constitución física del dios. Estos animales escurridizos recorren y se entrelazan por todo el cuerpo de la deidad y, al mismo tiempo, se les puede apreciar como criaturas independientes que están junto a él (posiblemente, estos animales encarnan las corrientes inmateriales del aire y/o los rayos que serpentean en el cielo). Su figura se encuentra suspendida en el aire (manifestando su naturaleza celeste y atmosférica). Posee extremidades irrealmente prolongadas (reflejando su cualidad abstracta y trascendente). Siempre sostiene un cetro y/o una cabeza trofeo (símbolos que evocan su autoridad y su aspecto destructor).

Mitología

A lo largo del tiempo, las historias del dios Kon se han ido perdiendo a raíz del triunfo del culto consagrado a Pachacámac. El triunfo de este último es una metáfora que representa a las corrientes civilizadoras que llegaron desde el sur e instituyeron el culto del dios telúrico, logrando así que muchos de los antiguos relatos de Kon dejaran de transmitirse.

Más adelante, con la emergente expansión del Tahuantinsuyo, esta divinidad pasaría a ser incorporada dentro del panteón incaico junto a Pachacámac, por lo que serían considerados hijos del Sol en determinados mitos. Posteriormente, se efectuó la conquista del imperio incaico. Esta conquista institucionalizó el cristianismo y prohibió las prácticas religiosas incas. La destrucción de templos, la persecución de sacerdotes y la demonización de las deidades andinas condujeron a la decadencia y transformación de la religión incaica. No obstante, la información que se conoce sobre Kon vino de la mano de cronistas, historiadores o extirpadores de idolatrías.

Los mitos en torno al dios Kon presentan diferencias palpables en algunos elementos. Generalmente, estas historias exhiben las encarnizadas disputas entre Kon y Pachacámac, las cuales conllevan a la ruptura del equilibrio del universo. miniaturadeimagen|Ídolo de Pachacámac, el dios que venció y condenó a Kon al exilio. Posteriormente, el dios victorioso se convierte en el reformador del mundo.

Kon y Pachacámac En este mito, se menciona al dios Kon como el creador de todo; pues era el creador del Sol, la Luna, las estrellas, etc. (algunas variantes muestran a Kon como hijo del Sol y la Luna).

Una vez creada la Tierra y todos los elementos que la conforman, Kon decide poblarla de seres que lo adorasen y le rindiesen culto. De esta manera, Kon creó a la humanidad y les otorgó fértiles tierras llenas de alimentos y agua. Sin embargo, los seres humanos poco a poco perdieron la devoción hacia su creador y, por ende, ya no le ofrendaban. El dios Kon los castigó con la ausencia de las lluvias, lo que hizo que las edénicas y fértiles tierras se convirtieran en los extensos desiertos que yacen en la zona costera. A manera de mostrar misericordia, el dios Kon se limitó a suministrar a la humanidad de algunos ríos para que ellos, a base de mucho esfuerzo, puedan abastecerse y subsistir.

Sin embargo, un día, el mundo contempló el advenimiento del dios Pachacámac, quien llegó para imponer un nuevo orden en la creación. Este último enfrentó a Kon en una larga y violenta batalla que remeció toda la Tierra. La batalla tuvo como desenlace la victoria del dios Pachacámac y el exilio del dios Kon. Posteriormente, Pachacámac destruyó toda creación de Kon y la moldeó a su voluntad. Asimismo, Pachacámac convirtió a los seres humanos del dios Kon en diversos animales como: monos, zorros, lagartos, etc. Esto último lo hizo con el fin de crear una nueva generación de seres humanos.

Interpretación del mito La relación de conflicto entre ambos dioses creadores ha sido recopilada por diversos cronistas. Dichas recopilaciones poseen ciertas diferencias entre sí; no obstante, todos estos testimonios explican el mismo hecho mítico: el fin del orden establecido por una antigua deidad y la imposición de un nuevo orden por otra.

Como ejemplo de ello, se tiene al cronista novohispano Pedro Gutiérrez de Santa Clara, el cual escribió:

Del mismo modo, en su obra Historia general de las Indias, el historiador español Francisco López de Gómara expone lo siguiente:

Se colige que, la creación inicial del mundo y su posterior transformación refleja un tema más profundo. Este acontecimiento evoca los constantes periodos de cambio climático severos: como garante de las lluvias, Kon sustentaba la vida de toda la Tierra y la naturaleza gozaba de abundancia; no obstante, los actos sacrílegos de la humanidad provocan que la deidad los prive del líquido vivificante, lo que trajo consigo la infertilidad de la Tierra y la naturaleza empezó a morir. Dicho evento también puede implicar los periodos de transición de abundante y escasa cosecha (época de lluvia y sequía). A posteriori, el mundo vuelve a reverdecer con el advenimiento del dios Pachacámac.

La versión mitológica de esta creación está caracterizada por dos dioses que actúan sucesivamente, por lo que hay dos creaciones: la de Kon y la de Pachacámac (que resulta definitiva). Es menester resaltar que, el hecho de que ambos figuren como hijos del Sol hace alusión a la posterior integración de estos elementos al panteón incaico (de esta manera, se reestructura el mito). Ahora bien, habiéndose retirado ambos dioses, el Sol y la Luna -presentes todos los días- quedaron como dioses principales, pero no en calidad de creadores. Además de ello, el mito parece indicar la colisión de dos corrientes civilizadoras: la primera llega por el mar desde el norte y es representada por Kon; mientras que la segunda llega desde el sur y es representada por Pachacámac, que es el vencedor de la confrontación y, por ende, logra consolidarse como dios supremo.

Wakon y los Willkas En tiempos primigenios, desde lo más alto del Hanan Pacha, vivían dos hermanos: Pachacámac (dios del cielo) y Wakon (dios del fuego y de la oscuridad).

Ambos hermanos se hallaban prendados de una joven de cautivante belleza, la cual era la diosa Pachamama. A raíz de esto, ambos hermanos desarrollaron una fuerte rivalidad.

Motivado por su belleza y sencillez, el dios Pachacámac no dudó en ganarse el corazón de aquella diosa. Cuando la diosa lo aceptó, Pachacámac y Pachamama se unieron; de esta forma, ambos dioses personificaron la unión del Cielo y la Tierra.

Como fruto de esta unión, nacerían los gemelos conocidos como los "Willkas". Ambos hermanos eran varón y mujer.

Esto desató la furia de Wakon, el cual estaba decidido a enfrentar a su hermano Pachacámac. Sin embargo, este último acabaría derrotando a Wakon y, por ende, terminaría exiliando a su envidioso hermano del Hanan Pacha al Kay Pacha.

Una vez en la Tierra, Wakon, lleno de una furia incontenible, descargó todo su enfurecimiento en ella. Catastróficas sequías, inundaciones, hambruna y muerte eran solo algunos de los tantos estragos que Wakon desencadenó en el mundo.