miniatura|BigPinkHeart, el gran corazón rosa convertido en cojín, un objeto pionero en la mentalidad consumista del kitsch thumb|200px|Enanitos de jardín. La ñoñez engolada o vistosa es una de las características del kitsch thumb|200px|Almacén de recuerdos o souvenirs de El nacimiento de Venus de Botticelli. Las estatuillas son baratas y producidas en serie con materiales ínfimos: usualmente yeso, resina o plástico. Comparadas con sus modelos, estas «copias» presentan proporciones muy deformadas y el acabado de los detalles es siempre tosco
El kitsch (/ˈkɪtʃ/)En español se pronuncia [kích]. es un estilo artístico considerado «cursi», «adocenado», «siútico», «hortera» o «trillado» y, en definitiva, vulgar, aunque pretencioso y por tanto no sencillo ni clásico ni naíf, sino de mal gusto y regresivo o infantiloide.
Fue definido en el campo de la estética en los años treinta por Hermann Broch (1886-1951), Walter Benjamin (1892-1940), Theodor Adorno (1903-1969) y Clement Greenberg (1909-1994), con el propósito de definir lo opuesto al arte de vanguardia o avant-garde. En aquella época el mundo del arte percibía la popularidad de lo kitsch como un peligro para la cultura. Más tarde fue definido sobre todo en Alemania en los años setenta.
Desde un punto de vista marxista, Theodor Adorno percibía lo kitsch en términos de lo que él llamaba la industria cultural, donde el arte es controlado y planeado por las necesidades del mercado y es dado a un pueblo pasivo que lo acepta. Lo que es comercializado es un arte que no cambia y que es formalmente incoherente, pero que sirve para dar a la audiencia ocio y algo que mirar. El arte para Adorno debe ser subjetivo, cambiante y orientado contra la opresiva estructura del poder, y afirmaba que el kitsch es una parodia de la catarsis, y también parodia de la verdadera conciencia estética. Los rasgos que definen lo kitsch según esta perspectiva son la inoriginalidad o imitación y la pretenciosidad, el «deseo de aparentar ser»; en este sentido, todas las imitaciones y copias son manifestaciones de lo kitsch y el empleo en este tipo de obras de materiales no genuinos, sucedáneos o impropios.
El kitsch alude a un tipo de relación estética del ser humano con las cosas o con el ambiente. Es un concepto universal y corresponde sobre todo a una época de génesis estética y a un estilo de ausencia de estilo, a una función de confort sobreañadida a las funciones tradicionales de un objeto. Es un «nada está de más» del progreso.
Historia Aunque su etimología es incierta, está ampliamente aceptado que la palabra se originó en el arte de la ciudad de Múnich (Alemania) entre los años 1860 y 1870, para describir dibujos y bocetos baratos o fácilmente comercializables. El término procede del alemán meridional (kitschen significa ‘hacer una chapuza’, también ‘barrer mugre de la calle’). El kitsch apelaba a un gusto vulgar de la nueva y adinerada burguesía de Múnich que pensaba, como muchos nuevos ricos, que podía alcanzar el estatus que envidiaban de las élites copiando simplemente las características más evidentes de sus hábitos culturales.
Lo kitsch empezó a ser definido como un objeto estético de mala factura, y llegó a significar más la identificación del consumidor con un nuevo estatus social que una respuesta estética genuina. Lo kitsch era considerado estéticamente empobrecido y moralmente dudoso, comercializado frecuentemente con la finalidad principal de aportar un estatus social.
Tal vez un ejemplo clásico de ello son la arquitectura y el arte decorativo desarrollados en el área de Los Ángeles (Estados Unidos) durante los decenios de 1910 a 1930, cuando la zona vivió un gran desarrollo económico debido a la agricultura y el éxito de la industria cinematográfica de Hollywood, lo que enriqueció rápidamente a una generación de inmigrantes de Europa que intentó recrear el estilo de los aristócratas europeos. Esto dio pie a la construcción de mansiones en las que se mezclaban caóticamente estilos como el barroco, el florentino, el gótico y el rústico de la misma California, creando una amalgama que fue llamada 'estilo californiano'. En la decoración se crearon piezas estrambóticas, como chimeneas de más de tres metros de altura, falsos escudos nobiliarios, tapetes de oso, espejos gigantescos con marcos de falsa madera tallada ('estofada') realizados en plástico, o cuadros idílicos de falsos antepasados. Se llegó al exceso de comprar antiguos castillos europeos que eran trasladados piedra a piedra a los Estados Unidos, o a comprar títulos nobiliarios en subastas.
El debate de la intención estética
Existe un pequeño debate sobre el uso del término y la forma de definir las obras que responden a la intención estética de su creador. De ordinario, la definición de una pieza como kitsch implica un secreto desprecio y el deseo de diferenciarlo del «arte culto», por lo que las piezas realizadas en materiales económicos que imiten otros más caros, normalmente ostentosas, son consideradas kitsch, al margen de que el autor tenga o no la intención de aparentar una pieza más costosa para que quien la posea se destaque como superior.
Sin embargo, otra corriente define lo kitsch precisamente por el «deseo de aparentar» (como la definición de clase propuesta por Marx). En este sentido, todas las imitaciones y copias serían consideradas como kitsch, especialmente cuando se usan materiales que pretenden ser otra cosa (plástico que imite oro, cristal o madera, por ejemplo), siempre y cuando estén pensadas para que su poseedor aparente ser de una clase social, económica o cultural «superior» a la suya. A este grupo se acerca Umberto Eco especialmente en su obra "Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas".
Esto abre el debate sobre las manifestaciones artísticas (normalmente populares) que reproducen estos patrones estéticos pero sin la intención de aparentar, sino más bien la de celebrar de forma colorida, como son los casos de la fiesta del Mardi Gras en Nueva Orleans (Estados Unidos), el Carnaval en Brasil, o la fiesta de los quince años en México.
Asimismo, muchas piezas religiosas utilizadas en altares domésticos responden al uso de materiales baratos que fingen ser otros más caros, aunque sin ostentarse como símbolos de estatus social, sino, más bien, con el deseo de agradar a la deidad en cuestión, como es el caso de los coloridos altares de la religión hinduista. Para muchos, estas expresiones se acercan más al canon estético naif.
El uso del término miniatura|Kitsch japonés: el gato Maneki-neko Una definición clásica del término es la de que
Lo kitsch es una imitación estilística de formas de un pasado histórico prestigioso o de formas y productos característicos de la alta cultura moderna, ya socialmente aceptados y estéticamente consumidos.
Aunque en España ha tenido más curso y estudio la palabra cursi desde el (por ejemplo, en La Filocalia, o arte de distinguir a los cursis de los que no lo son, 1868, de Francisco Silvela y Santiago Liniers, o incluso hortera, pero desde principios del ), la palabra kitsch se popularizó en los años treinta por los teóricos Clement Greenberg, Hermann Broch, y Theodor Adorno, que intentaban definir lo vanguardista y lo kitsch como opuestos. En aquella época, el mundo del arte percibía la popularidad de lo kitsch como un peligro para la cultura. Los argumentos de los tres teóricos se basaban en una definición implícita del kitsch como una falsa conciencia, un término marxista que significa una actitud mental presente dentro de las estructuras del capitalismo, que está equivocada en cuanto a sus propios deseos y necesidades. Los marxistas suponen que entonces existe una separación entre la situación verdadera y su fenomenología.
Theodor Adorno percibía esto en términos de lo que él llamaba la industria cultural, donde el arte es controlado y planeado por las necesidades del mercado y es dado a un pueblo pasivo que lo acepta. Lo que es comercializado es un arte que no cambia y que es formalmente incoherente, pero que sirve para dar a la audiencia ocio y algo que mirar. El arte ―para Adorno― debe ser subjetivo, cambiante y orientado contra la opresiva estructura del poder. Él clamaba que el kitsch es parodia de la catarsis, y también parodia de la conciencia estética.
Lo kitsch se dedica a dar al público lo que quiere y no atiende a criterios del arte, sino a los criterios de la demanda y el mercado. Tiene éxito porque no requiere de ningún análisis por parte del espectador. No requiere ningún esfuerzo. Toda experiencia, sea cual sea, termina definiéndose por el gusto del espectador, el cual no se esfuerza en analizar ni en sacar un sentido o un discurso de la pieza porque la sociedad kitsch les dice que no hace falta. No hay que pensar, para eso ya está el lobby de la industria cultural; lo único que hay que hacer es gozar. Lo único que la sociedad kitsch pide a sus consumidores es su dinero.
Arte académico El arte académico del todavía se ve a menudo como kitsch, aunque esta visión está siendo atacada por los críticos modernos. Quizás es mejor recurrir a la teoría de Broch, quien discutía que la génesis del kitsch estaba dentro del Romanticismo, que no es kitsch por sí mismo pero que abrió la puerta para el gusto del kitsch, acentuando la necesidad del trabajo de arte expresivo y evocador. El arte académico, que continuó esta tradición romántica, tiene una razón doble de su asociación con el kitsch.
No es que fuera accesible; de hecho, es durante este periodo que surge la distinción entre arte alto y arte bajo definido por los intelectuales. El arte académico se esforzó en permanecer en una tradición arraigada en la experiencia estética e intelectual. Las calidades intelectuales y estéticas del trabajo estaban ciertamente allí. Los buenos ejemplos del arte académico incluso fueron admirados por los artistas avant garde que se podrían rebelar contra él. Había una cierta crítica, sin embargo, que declaraba que el arte se volvía «demasiado hermoso» y democrático, y esto lo hacía ver demasiado fácil y superficial.
Muchos artistas académicos intentaron utilizar temas del arte popular para ennoblecerlos como arte, sujetándolos al interés en las calidades inherentes de la forma y de la belleza, intentando democratizar el mundo del arte. En Inglaterra, algunos académicos incluso abogaron porque el artista trabajara para el mercado. En un cierto sentido, las metas de la democratización tuvieron éxito, y la sociedad fue inundada con el arte académico, el público hacía filas para ver exposiciones de arte de la manera en que ahora se va a ver una película. La instrucción en arte llegó a ser extensa, al igual que la práctica, lo que hizo borrosa la línea entre arte popular y arte elitista. Esto condujo a menudo a que trabajos de arte mal hechos o mal concebidos fueran aceptados como arte.
En segundo lugar, los temas y las imágenes presentados en el arte académico, aunque originales en su primera expresión, fueron diseminados entre el público en la forma de impresiones y postales ―que a menudo su reproducción fue animada activamente por los artistas― y estas imágenes fueron copiadas sin fin hasta convertirse en clichés bien conocidos.
El «avant garde» reaccionó a estos progresos separándose de los aspectos del arte tales como: representación y armonía pictoral, que eran apreciados por el público, para hacer una declaración sobre la importancia de la estética.
Posmodernismo