La Revolución de los Claveles (), conocida en Portugal como el 25 de Abril por antonomasia, fue un golpe de Estado llevado a cabo en ese país por militares pertenecientes al Movimiento de las Fuerzas Armadas el 25 de abril de 1974, contra la dictadura del Estado Nuevo, en el poder desde 1926.
Este alzamiento marca el inicio del proceso que desembocaría en la restauración de la democracia en Portugal, convertido en un Estado democrático y de derecho tras medio siglo de dictadura, que continuó con las primeras elecciones democráticas libres un año después.
Asimismo, tras la revolución, se permitió que las colonias portuguesas ultramarinas se independizaran después de las guerras coloniales portuguesas. Antes de terminar 1975, Portugal había concedido la independencia a Angola, Cabo Verde, Guinea Bisáu, Mozambique, Santo Tomé y Timor Oriental. El enclave de Macao se ofreció a la República Popular China en esa mismas fechas, pero no aceptó la transferencia de soberanía hasta 1999.
Contexto
A inicios de la década de los 70, el régimen del Estado Nuevo seguía pesando como una losa sobre Portugal. Aunque en 1968, su fundador, António de Oliveira Salazar, sufrió un accidente que le provocó un hematoma cerebral, lo que le obligó a abandonar el gobierno (falleció en 1970), la política autoritaria del Régimen continuó con Marcelo Caetano como presidente. Cualquier intento de reforma política fue abortado debido a la propia inercia del Estado Nuevo y al poder de la policía secreta: la Policía Internacional y de Defensa del Estado (PIDE).
A finales de la década de 1960 el gobierno portugués estaba aislado de un mundo occidental en plena efervescencia social e intelectual. Mientras tanto, en las provincias portuguesas de Mozambique y Angola, arrastradas por los movimientos de descolonización de la época, habían estallado revueltas desde principios de la década y obligaban al gobierno a mantener por la fuerza de las armas el Imperio colonial portugués, instalado en el imaginario de los ideólogos del régimen como un «elemento de la identidad nacional» que debía conservarse a toda costa. El país se vio abocado a invertir grandes recursos humanos y materiales en una guerra de pacificación costosa y difícil de sostener para Portugal, actitud que contrastaba con el resto de potencias de Europa, que, pese a contar con más recursos que Portugal, preferían asegurarse la salida del continente africano de la forma más conveniente y menos costosa. En la provincia de Guinea Portuguesa la situación era aún más grave, ya que había estallado una guerra abierta y el Gobierno apenas controlaba la capital regional, Bisáu, y algunas zonas cercanas. Además, las guerrillas separatistas de la provincia habían llegado incluso a ser reconocidas como el Gobierno legítimo de la provincia e incluso como Estado independiente por la Asamblea de Naciones Unidas en una declaración no vinculante en 1973.
Los conflictos en África habían generado conflictos entre la sociedad civil y la élite militar. Todo esto mientras el modelo económico propugnado por el gobierno, basado en la autarquía y en la exportación de materias primas, acompañado por un débil desarrollo industrial y un fuerte mercantilismo en todos los sectores de la economía, hacía que Portugal permaneciera como el país más pobre de Europa Occidental, y generara una fuerte emigración, principalmente hacia Estados Unidos, Canadá, Francia, Venezuela y Alemania Occidental.
Creación del Movimiento de las Fuerzas Armadas
En febrero de 1974, el presidente del Gobierno, Marcelo Caetano, fue animado por la vieja guardia del Ejército a destituir al general António de Spínola y a sus apoyos cuando trataba de modificar el curso de la política gubernamental de Defensa en las provincias africanas, que había llegado a ser demasiado costosa para el país. De hecho, Spínola había ganado fama entre los oficiales del Ejército opuestos a las políticas del Gobierno cuando en ese mismo mes publicó Portugal e o futuro (Portugal y el futuro), texto con casi 50 000 reproducciones, donde Spínola declaraba que el país no debía proseguir la guerra en África sino buscar una «solución política».
Desde ese momento en que se hicieron visibles las divisiones existentes en el seno de la élite del Gobierno, apareció Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA). Este grupo nació en secreto en 1973 entre algunos oficiales del ejército, al principio preocupados por cuestiones profesionales, pero que se politizaron rápidamente por el empantanamiento de la situación social y bélica (realmente era una guerra en toda regla) en África.
A finales de 1973, el MFA había crecido hasta convertirse en una preocupación para la policía secreta de Portugal, precisamente cuando gran parte de los apoyos de Oliveira Salazar procedían de la élite militar, a la cual el salazarismo había confiado un importante papel político con motivo de la represión de los movimientos anticoloniales. Sin embargo, los oficiales medios estaban en contra de la política de ascensos realizados por el gobierno de Caetano y por su exposición en las guerras coloniales.
La organización del MFA se decidió en diciembre de 1973 con la constitución de una Comisión Coordinadora, un secretariado formado por Otelo Saraiva de Carvalho, Vitor Alves y Vasco Lourenço junto a una comisión que se encargó del programa del MFA liderado por Meló Antunes.
El 16 de marzo de 1974, un grupo de oficiales del MFA intentó sublevar un regimiento de infantería en la localidad de Caldas de la Reina, a unos 90 km de Lisboa para marchar contra la capital. El llamado Levantamiento de las Caldas fracasó ese mismo día y este hecho motivó al régimen de Marcelo Caetano a lanzar una agresiva campaña de espionaje dentro del Ejército, ordenando detenciones y traslados de guarniciones. Los jefes del MFA, creyendo inviable una salida pacífica, concluyeron que sería necesario recurrir a un levantamiento a nivel nacional para derrocar al régimen pero que, para asegurar el éxito inmediato y evitar una guerra civil, debían ampliar su círculo de contactos y, sobre todo, acelerar los planes de la revuelta cubriendo todos los detalles precisos para no dar tiempo a la reacción gubernamental.
Según el capitán Carlos de Almada Contreiras, la idea de utilizar canciones como señal de aviso a las tropas revolucionarias surgió luego de leer el Libro blanco del cambio de gobierno en Chile, publicado por la dictadura militar de dicho país sudamericano y en donde se intentaba justificar el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 mediante la difusión de un supuesto plan de autogolpe del gobierno de Salvador Allende, denominado Plan Z; en él se presentaba un listado de canciones que supuestamente serían utilizados para indicar determinadas acciones.
Desarrollo de la revuelta militar Madrugada del 25 de abril right|thumb|270px|En Portugal, el levantamiento que depuso a la dictadura es conocido popularmente como el 25 de abril.
El levantamiento militar comenzó, técnicamente, a las 22:55 horas del 24 de abril, con la canción «E depois do Adeus» de Paulo de Carvalho, que había representado a Portugal en el Festival de Eurovisión unos días atrás, presentada por el periodista João Paulo Diniz de la Rádio Emissores Associados de Lisboa. Este era el primer aviso para que las tropas se prepararan en sus puestos y sincronizaran relojes. A las 00:25 horas del 25 de abril, Rádio Renascença transmitió «Grândola, Vila Morena» de José Afonso. En el plan inicial la canción era otra del mismo autor, pero estaba prohibida por el régimen. Era la segunda señal pactada por el MFA para ocupar los puntos estratégicos del país, mediante una serie de actuaciones coordinadas fijadas por un puesto de mando establecido por el mayor Otelo Saraiva de Carvalho en el cuartel del Pontón en Lisboa.
En las horas siguientes, el gobierno se derrumbó. A partir de las 01:00 horas del 25 de abril, las guarniciones de las principales ciudades (Porto, Santarém, Faro, Braga, Viana do Castelo) decidieron seguir las órdenes del MFA, ocuparon aeropuertos y aeródromos, y tomaron las instalaciones de gobierno civiles. De hecho, fuera de Lisboa la situación discurrió con sorprendente calma, y a lo largo de la madrugada las autoridades fácticas del país perdieron el control del país sin resistencia ignorando totalmente la situación real del país.
Pese a que desde las 03:00 horas se emitieron continuos llamamientos radiofónicos de los que más tarde serían conocidos como «capitanes de abril» (los oficiales jefes del MFA) a la población, para que permaneciera en sus hogares, y a la policía, para no oponerse a las actividades de las tropas rebeldes, al amanecer de ese mismo día miles de civiles portugueses se echaron a las calles en varias localidades, mezclándose con los militares sublevados. En el transcurso de la madrugada, los militares rebeldes salieron de sus cuarteles y ocuparon los aeropuertos internacionales de Lisboa y de Oporto, ordenando el cese de los vuelos en todo el espacio aéreo portugués. Unidades de la marina de guerra se adhirieron a la revuelta y tomaron el control de los puertos del Atlántico, de Madeira y de las Azores.
Si bien al inicio las tropas de la aviación se mantuvieron indecisas, aceptaron seguir al MFA debido a la decidida actuación de las tropas rebeldes del ejército. En torno a las 04:00 horas, el Gobierno toma conocimiento por primera vez de la revuelta y de su magnitud, y se pierde el factor sorpresa, pero no se obedecieron las órdenes del presidente Marcelo Caetano y de sus ministros, dictadas durante las tres horas siguientes para detener a los rebeldes por la fuerzay, a las 09:00 horas, las fuerzas del MFA controlaban todos los puntos claves del país.
Tras el amanecer del 25 de abril
Uno de los hitos de aquellas concentraciones fue la marcha de las flores en Lisboa, caracterizada por una multitud pertrechada de claveles, la flor de temporada. Una camarera, Celeste Caeiro, que regresaba a casa cargada de las flores que iban a ser entregadas a los asistentes de un banquete para celebrar el primer aniversario del restaurante de autoservicio «Sir» en la calle Braamcamp (el cual fue suspendido por la situación) no pudo dar el cigarrillo que un soldado le pedía desde un tanque en la plaza del Rosío, justo al inicio del Largo do Carmo, donde los tanques de los sublevados aguardaban nuevas órdenes en una tensa espera desde la madrugada. Como la joven solo llevaba los manojos de claveles, le dio uno. El soldado lo puso en su cañón y los compañeros repitieron el gesto colocándolos en sus fusiles, como símbolo de que no deseaban disparar sus armas, extendiéndose la acción por toda la ciudad y generando el nombre con que la revuelta pasaría a la historia.
Las acciones militares rebeldes fueron protagonizadas también por el capitán Salgueiro Maia que, al frente de las fuerzas de la Escuela Práctica de Caballería, salió de Santarén para marchar sobre Lisboa con una columna de tropas. En la capital logró la adhesión de más tropas y con ellas ocupó el Praça do Comércio, en plena Plaza del Comercio de Lisboa, a primeras horas de la mañana del día 25, luchando por mantener el orden, evitar desmanes de civiles y convencer a las fuerzas militares de la capital que aún se hallaban en duda ante los sucesos.