Oriana Fallaci (Florencia, 29 de junio de 1929-Florencia, 15 de septiembre de 2006) fue una periodista, activista y escritora italiana. Fue la primera mujer italiana corresponsal de guerra. Como escritora de doce libros, vendió veinte millones de ejemplares en todo el mundo; como periodista ganó un gran prestigio internacional especialmente por sus entrevistas a personajes famosos. En 2007 el parque público Quadronno Crivelli en el centro de Milán cambió su nombre por Giardino Oriana Fallaci (Jardín Oriana Fallaci) en su homenaje.

Biografía Contribución a la Resistencia Italiana Oriana Fallaci fue la mayor de cuatro hermanas, Neera y Paola, también periodistas y escritoras, y Elisabetta, hija adoptiva de la familia Fallaci. Entre sus antepasados se cuenta una bisabuela española de Barcelona.La storia di Oriana Fallaci, quella vera Su infancia transcurrió en la Italia fascista de Mussolini. Su padre, Edoardo, albañil, era un activo partisano antifascista, y sin duda influyó en las ideas de Oriana que, todavía adolescente, fue también partisana durante la Segunda Guerra Mundial. Participó en la Resistencia contra la ocupación nazi en su región natal. La joven Fallaci se unió así al movimiento clandestino de la Resistencia "Justicia y Libertad" viviendo en primera persona los acontecimientos de la guerra: durante la ocupación de Florencia por los alemanes, el padre fue hecho prisionero y torturado en Villa Triste, y luego liberado, mientras Oriana se ocupaba del transporte de las municiones de una parte a otra del Arno, atravesando el río en el punto de seca, ya que los alemanes habían destruido los puentes. Por su activismo durante la guerra recibió a los 14 años el reconocimiento honorífico del ejército italiano.

Años 50: El debut en el periodismo Después de haber realizado estudios medios en el liceo clásico Galileo, y becada varias veces, ingresó en la Facultad de Medicina: «Me matriculé en Medicina porque el tío Bruno decía que estudiar Medicina me ayudaría a ser escritora y en aquel tiempo la Universidad no era gratis: hacía falta costeársela. Luego me quedé en periodismo que me permitía escribir y, a la vez que realizaba los estudios universitarios, escribía pequeños reportajes para un diario de Florencia» cuenta.

Dejó la medicina para dedicarse al periodismo, animada por su tío Bruno Fallaci, que fue también periodista y director de algunos semanarios. Empezó a trabajar para el Mattino dell’Italia centrale, periódico de inspiración cristiana, donde se ocupó de distintos temas: sucesos, crónica judicial y costumbres. Fue despedida del periódico porque se negó a escribir un artículo a favor de Palmiro Togliatti, como le había ordenado su director. Y así tras esto se marchó a Milán para trabajar en el semanario Época de Mondadori, que entonces estaba dirigido por su tío Bruno Fallaci, quien, para no ser acusado de favorecerla, le encomendaba los peores trabajos («encargos infames»).

En 1951 fue publicado su primer artículo para L’Europeo, en el cual se ocupaba de asuntos de modernidad, mundanería y de sucesos. En la década de 1950 recorrió toda América. En 1956 viajó por primera vez a Nueva York para escribir sobre famosos y de mundanería (sociedad, corazón, etc). De esta experiencia derivó su primer libro, Los siete pecados capitales de Hollywood (I sette peccati di Hollywood), donde describe todos los tejemanejes de Hollywood. El prólogo del libro fue escrito por Orson Welles. En este período encontró a su colega Alfredo Pieroni, con quien entabló una atormentada relación sentimental, que la llevó a sufrir un aborto espontáneo.

Los años 60

En la década de 1960 centra su actividad en Nueva York, donde se instala. En 1961 realizó un reportaje sobre la condición de la mujer en Oriente, trabajo que llegó a ser el primer gran éxito de la escritora, titulado El sexo inútil - Viaje en torno a la mujer («Il sesso inutile - Viaggio intorno alla donna»). En 1962 se publicó Penélope en la guerra («Penelope alla guerra»), su primera obra narrativa en la que cuenta la vida de Gió, una chica italiana que va a Nueva York para trabajar como argumentista, y allí se encontrará con personas de su pasado.

En los tiempos de la “carrera espacial”, entrevistó a técnicos y astronautas de la NASA. En 1965 publicó el libro Si el Sol muere («Se il sole muore»), un diario de esa experiencia que la escritora dedicó a su padre. Para escribir ese libro encontró al jefe de proyecto de la misión, el científico alemán Wernher von Braun, que durante la Segunda Guerra Mundial proyectó para la Alemania nazi los misiles balísticos V2, que se lanzaron sobre Londres y otros objetivos europeos. La relación de la experiencia del Apollo XI (1969) está recogida en el libro Aquel día en la Luna («Quel giorno sulla Luna»), publicado en 1970. El comandante del Apolo 12, Charles Conrad, en vísperas del lanzamiento, fue a Nueva York para encontrar a Oriana Fallaci y pedirle un consejo sobre la frase a pronunciar en el momento de pisar la Luna. Ya que Neil Armstrong había dicho: «Un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad», la florentina aconsejó, dada la baja estatura de Conrad, la frase: «Para Neil sería un pequeño paso, pero para mí ha sido muy grande». El comandante, que llevó consigo a la Luna una foto de Oriana y su madre de cuando era niña, dijo exactamente esa frase cuando llegó al satélite.Pete Conrad: Apollo 12 Commander

En 1967, en calidad de corresponsal de guerra‘La corresponsal’: retrato de Oriana Fallaci, primera mujer reportera de guerra y enviada especial del periódico L'Europeo, fue a Vietnam. Volvió a ese país de Indochina doce veces en siete años, y describió la guerra criticando tanto al Viet Cong (Frente Nacional de Liberación de Vietnam o FNLV) y a los comunistas, como a los estadounidenses y a los survietnamitas, documentando las mentiras y atrocidades, pero también el heroísmo y la humanidad, de ese conflicto que fue para Fallaci una locura sangrienta. Las experiencias de un año de guerra, que vivió en primera persona, fueron recogidas en el libro Nada y así sea («Niente e così sia»), publicado en 1969.

Hacia mediados de 1968 la periodista abandonó provisionalmente el frente para volver a los Estados Unidos, para cubrir la muerte de Martin Luther King y de Robert Kennedy, y las revueltas estudiantiles de esos años. En un pasaje de Nada y así sea Oriana ridiculiza «el vandalismo de los estudiantes burgueses que osan invocar al Che Guevara, pero que viven en casas con aire acondicionado, van a la escuela con el todoterreno de papá y al night club con la camisa de seda».

El 2 de octubre de 1968, en vísperas de los Juegos Olímpicos de México 1968, durante la represión de una manifestación de protesta de los estudiantes mexicanos contra la ocupación militar del campus de la UNAM, que hoy en día se recuerda como la matanza de Tlatelolco, Fallaci resultó herida por una ráfaga de metralleta en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México. Allí murieron entre 68 y 325 jóvenes (el número preciso se desconoce). La periodista fue herida y hasta considerada muerta; fue trasladada al mortuorio de un hospital donde un cura se percató de que estaba viva. Fallaci definió la matanza como «una masacre peor de las que he visto durante la guerra».

Como corresponsal de guerra siguió también los conflictos entre la India y Pakistán, los de América del SurEl militarismo en Iberoamérica en las décadas de los 60 y 70 ... y los de Oriente Medio.Oriente Medio: una eterna encrucijada

Respecto a España, conoció a los entonces príncipes herederos de la corona, de quienes comenta en una carta fechada el 8 de enero de 1967 en Nueva York: “Sí, almorzar con Juan Carlos y Sofía es lo peor. Conozco a esos dos idiotas. Los entrevisté en Atenas antes de su estúpido matrimonio, y están hechos del mismo molde que Franco…”Las cartas privadas de Oriana Fallaci “No es sorprendente que Juan Carlos y Sofía se conviertan en rey y reina de España cuando muera el Asesino”, sigue explicando Oriana en su carta, refiriéndose al dictador español. “Son sus protegidos. Desde pequeño, Juan Carlos vivió bajo la sombra de Franco y es su robot obediente”. A Sofía, la describe así: “Es simplemente la hija de aquella reina de Grecia que […] estaba en la Juventud Hitleriana y que hizo encarcelar a 50 000 ciudadanos griegos socialistas.”

Los años 70 y el encuentro con Panagoulis El 21 de agosto de 1973 la periodista florentina conoció a Alexandros Panagoulis, uno de los líderes de la oposición griega a la Dictadura de los Coroneles, que fue perseguido, torturado y encarcelado durante mucho tiempo. Se encontraron el día que salió de la cárcel: Fallaci fue su pareja hasta la muerte de él, ocurrida en un misterioso accidente de circulación el 1 de mayo de 1976. En 1975 Fallaci y Panagoulis colaboraron en las investigaciones sobre la muerte de Pier Paolo Pasolini, amigo de la pareja. Oriana fue la primera en denunciar el móvil político del homicidio del poeta. El mismo año se publicó el libro Carta a un niño que nunca nació (Lettera a un bambino mai nato), dedicado a un hijo que Fallaci esperaba y que, sin embargo, perdió. Para la escritora fue un gran éxito editorial y vendió cuatro millones y medio de ejemplares en todo el mundo. Fallaci describió la vida de Panagoulis en su novela Un hombre (Un uomo), publicada en 1979, y también en una larga entrevista, que luego fue recogida en Entrevista con la historia (Intervista con la Storia). Fallaci siempre consideró el accidente de Panagoulis un verdadero homicidio político, ordenado por políticos que habían hecho carrera con la junta militar. La muerte de su amado marcó profundamente la vida de la escritora. A su actividad como reportera siguieron entrevistas a importantes personalidades de la política, análisis de los principales hechos de crónica y de los temas contemporáneos más relevantes. Entre los personajes entrevistados por Fallaci estuvieron el rey Husein I de Jordania, Vo Nguyen Giap, Pietro Nenni, Giulio Andreotti, Giorgio Amendola, el arzobispo Makarios, su amado Alexandros Panagoulis, Nguyen Cao Ky, Yasser Arafat, Mohammad Reza Pahlavi, Haile Selassie, Henry Kissinger, Walter Cronkite, Federico Fellini, Indira Gandhi, Golda Meir, Nguyen Van Thieu, Zulfikar Ali Bhutto, Deng Xiaoping, Willy Brandt, Sean Connery, Leopoldo Galtieri (a quien directamente llamó "torturador"), Muamar el Gadafi o el ayatolá Jomeini (durante la entrevista Fallaci lo increpó como «tirano» y se quitó el chador, que se le exigió para realizar la entrevista; Khomeini, irritado, hizo referencia a la periodista en un discurso posterior llamándola “aquella mujer” y afirmando que no debía ser un ejemplo a seguir). Algunas de esas entrevistas fueron recogidas en el libro Intervista con la Storia, publicado en 1974. Tanto en sus libros como en sus artículos y crónicas, mostraba un estilo muy personal, provocativo que la situaba siempre en la más plena controversia. En sus trabajos Oriana Fallaci, partía de la hipótesis de que lo importante de las entrevistas no son las preguntas sino las respuestas: Si una persona tiene talento, se le puede preguntar la cosa más trivial del mundo: siempre responderá de modo brillante y profundo. Si una persona es mediocre, se le puede plantear la pregunta más inteligente del mundo: responderá siempre de manera mediocre. En 1976, Fallaci apoyó las listas del Partido Radical, también para las campañas feministas.

El rector del Columbia College de Chicago le entregó la licenciatura honoris causa en literatura y dijo de ella que era “Una de las escritoras más leídas y amadas del mundo”. Fallaci escribió también para importantes periódicos y revistas como el New Republic, el New York Times Magazine, Life, Le Nouvel Observateur, The Washington Post, Look, Stern, y el Corriere della sera.

Desde los años 80 hasta el final