thumb|Retrato de Fernando VII encargado por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, presidida por el capitán general de Valencia Francisco Javier Elío, al pintor Vicente López. Formó parte del programa de actuaciones de los absolutistas «para inculcar en la población la imagen del rey dotado de plenos poderes». De este retrato se hicieron copias difundidas por todo el reino, «dándole así rango de retrato oficial».
El golpe de Estado de mayo de 1814 puso fin al régimen constitucional instaurado por las Cortes de Cádiz en nombre del «rey ausente» Fernando VII. Lo encabezó el propio rey y se fraguó durante su viaje de vuelta a España desde el castillo de Valençay, donde había estado confinado por Napoleón desde mayo de 1808. En diciembre de 1813, Fernando VII firmó el Tratado de Valençay, por el que el emperador francés le devolvía los derechos a la Corona española que su padre Carlos IV, cinco años antes —tras recuperar su corona cedida en el Motín de Aranjuez—, había entregado a Napoleón en las abdicaciones de Bayona, no reconocidas por la mayoría de los españoles. El golpe se planeó y organizó en Valencia, donde el rey firmó el Manifiesto del 4 de mayo, también conocido como Decreto de Valencia. Lo ejecutó en Madrid el 10 de mayo el general Francisco de Eguía con las fuerzas militares que le había proporcionado el capitán general de Valencia, el general Francisco Javier Elío. Las Cortes fueron disueltas, los liberales encarcelados y la Constitución de Cádiz fue derogada, restaurándose el absolutismo y el Antiguo Régimen.
Como ha destacado Juan Francisco Fuentes, «la facilidad con que se había consumado el golpe de Estado de mayo de 1814 respondía más a la debilidad del liberalismo que a la viabilidad de la Monarquía absoluta a estas alturas de la historia». Josep Fontana comenta: «El golpe de estado de FernandoVII, en mayo de 1814, los pilló [a los liberales] desprevenidos, mientras ordenaban que cada año se celebrasen tedeums para conmemorar la feliz vuelta del monarca al suelo español».
Antecedentes
Las abdicaciones de Bayona y el confinamiento de Fernando VII en Valençay thumb|Caricatura británica sobre las abdicaciones de Bayona titulada: "Boney ['huesudo'] en Bayona soplando una burbuja española". Aparece Napoleón (Boney) soplando una burbuja mientras bombardea Madrid. En la burbuja se encuentran, vestidos con ropajes del sigloXVII, Carlos IV, el "viejo rey", al que Napoleón llama "mi amigo"; la "más digna reina" María Luisa de Parma, a la que Napoleón le dice que de él "nada ha de temer"; el "Príncipe de Asturias" Fernando, al que llama "mi amigo y hermano"; y Manuel Godoy, "Príncipe de la Paz", al que asegura que en él tiene a su "Ángel de la Guarda".
El 19 de marzo de 1808 CarlosIV abdicó en su hijo Fernando como consecuencia de la presión a que se vio sometido durante el motín de Aranjuez instigado por el partido aristocrático o fernandino y que provocó la caída del «favorito» Manuel Godoy. El emperador francés Napoleón, cuyas tropas estaban entrando en España para invadir Portugal en virtud del Tratado de Fontainebleau, pero cuyo propósito de someter a la monarquía española era cada vez más evidente, decidió intervenir en la crisis dinástica española y consiguió que CarlosIV y su hijo, proclamado como FernandoVII, junto con el resto de miembros de la familia real, acudieran a Bayona. Fernando VII llegó el 20 de abril y el 30 Carlos IV y su esposa, María Luisa de Parma. Precisamente la noticia de la partida del resto de la familia real hacia Bayona provocó un levantamiento antifrancés en Madrid el 2 de mayo, que sería secundado en otros muchos lugares donde se formaron Juntas que asumieron el poder, dando inicio así a la que sería conocida como la Guerra de la Independencia.
En Bayona, Napoleón logró mediante presiones y amenazas que CarlosIV y FernandoVII, con la anuencia del resto de la familia real, le cedieran los derechos de la Corona española, y él a su vez designó como nuevo rey de España a su hermano mayor José Bonaparte. FernandoVII, su hermano don Carlos y su tío don Antonio quedaron confinados en el «Château» de Valençay. Desde este «dorado retiro» FernandoVII escribiría cartas muy afectuosas a Napoleón, felicitándole por sus victorias en España y expresándole su deseo de convertirse en «hijo adoptivo suyo».
Las abdicaciones de Bayona no fueron reconocidas por las Juntas y estas juraron su fidelidad a FernandoVII, mientras que una minoría ―los «afrancesados»― apoyó a JoséI, quien se instaló en el Palacio Real de Madrid, tras haberse aprobado el Estatuto de Bayona que regiría la «monarquía josefina». Las Juntas «patriotas», por su parte, constituyeron una Junta Suprema Central que más tarde fue sustituida por una Regencia que asumía las funciones del «rey ausente» FernandoVII. Se convocaron Cortes que se reunieron en Cádiz, ante el avance de las tropas francesas, y el 24 de septiembre de 1810, el mismo día en que iniciaron sus sesiones, acordaron que «reconocen, proclaman y juran de nuevo por su único y legítimo Rey al Señor D. FernandoVII de Borbón y declaran nula, de ningún valor ni efecto la cesión de la corona que se dice hecha a favor de Napoleón, no solo por la violencia que intervino en aquellos actos injustos e ilegales, sino principalmente por faltarle el consentimiento de la Nación», y a continuación proclamaron que en ellas residía la «soberanía nacional». Partiendo de esta declaración de principios, las Cortes de Cádiz elaboraron y aprobaron una Constitución con la oposición de los diputados «serviles». Fue promulgada el 19 de marzo de 1812, cuarto aniversario de ascenso al trono de FernandoVII. En su artículo 179 se volvía a afirmar: «El Rey de las Españas es el Sr. D. FernandoVII de Borbón, que actualmente reina». Se instauraba así una monarquía constitucional y, junto con los decretos aprobados por las Cortes, se ponía fin al Antiguo Régimen. Con las Cortes de Cádiz comenzaba «el largo ciclo de la Revolución liberal española».
El Tratado de Valençay thumb|250px|left|Mapa de la intervención de las tropas anglo-portuguesas comandadas por Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, en la Guerra de la Independencia.
A partir de la segunda mitad de 1812 la guerra contra Napoleón cambió de signo y comenzó a ser favorable a la Sexta Coalición. En la península ibérica las tropas anglo-portuguesas al mando de Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, entraban en España y derrotaban a los franceses el 22 de julio en la batalla de los Arapiles, obligándoles a levantar el sitio de Cádiz al mes siguiente. En octubre se iniciaba la trágica retirada de la Grande Armée de Rusia. Al año siguiente se reanudaba la ofensiva aliada y el 21 de junio de 1813 el ejército anglo-portugués de Wellesley, junto con un ejército español, derrotaba a los franceses en la batalla de Vitoria, obligando a José I Bonaparte a abandonar España una semana después. Le acompañaron los «afrancesados» que le habían apoyado, constituyendo así el primer exilio español de la historia contemporánea.
A principios de julio los franceses evacuaban Valencia para replegarse hacia Cataluña y el 31 de agosto sufrían una nueva derrota en la batalla de San Marcial, cerca de San Sebastián, lo que supuso el principio del fin de la Guerra de la Independencia (la Peninsular War, para los británicos), iniciada con el Levantamiento del 2 de mayo de 1808. En octubre los aliados infligían una gran derrota a Napoleón en la batalla de Leipzig y poco después cruzaban el río Rin, amenazando a Francia desde el noreste, mientras Wellesley atravesaba el río Bidasoa y penetraba en territorio francés por el suroeste.
thumb|Habitación del castillo de Valençay que ocupó FernandoVII durante su cautiverio.
La ofensiva aliada puso a Napoleón en una muy difícil situación militar lo que le llevó a plantearse repatriar el ejército que tenía desplegado en España, que era especialmente valioso porque estaba compuesto por veteranos. Así que decidió enviar al conde de La Forest a Valençay donde se encontraba confinado FernandoVII para que acordara con él un tratado que pusiera fin a las hostilidades con España a cambio de la devolución de sus derechos al trono a los que había renunciado seis años antes en Bayona. Ante las posibles dudas de FernandoVII, Napoleón le ofreció que volvería a España como rey absoluto. «Es una restauración entera y completa de lo que existía antes de la guerra de España lo que el emperador propone» («C’est une restauration entière et complète de ce qui existait avant la guerre d’Espagne que l’empereur se propose»), se decía en las instrucciones que Napoleón había entregado a La Forest. Y poco más adelante se insistía en ellas: «Es necesario que el Príncipe [Fernando] entre en España después de que el tratado haya sido ratificado por la Regencia y que tan pronto como haya puesto el pie en su reino se encontrará con la misma autoridad que tenía su padre» («Il faut que ce Prince [Fernando] rentre en Espagne après que le traité aura été ratifié par la Régence et qu’aussitôt qu’il aura mis le pied dans son royaume, il s’y retrouve avec la même autorité qu’avait son père»).
Por otro lado, con esta propuesta Napoleón ignoraba los derechos al trono español de su hermano José I, que aunque hacía cinco meses que había cruzado la frontera franco-española, seguía siendo el rey de España de acuerdo con la legalidad imperial. Sobre esta cuestión los dos hermanos discutieron agriamente durante las conversaciones con FernandoVII. El 29 de diciembre, veinte días después de la firma del Tratado, JoséI volvió a protestar ante el emperador y este le contestó de forma tajante: «Ya no sois rey de España» (“Vous n’êtes plus roi d’Espagne”). Y añadió: «No quiero España para mí, ni quiero disponer de ella; pero ya no quiero entrometerme en los asuntos de este país excepto para vivir allí en paz y tener disponible mi ejército» («Je ne veux pas l’Espagne pour moi, ni je n’en veux pas disposer; mais je ne veux plus me mêler dans les affaires de ce pays que pour y vivre en paix et rendre mon armée disponible»).
El 8 de diciembre de 1813 el conde de La Forest, en nombre de Napoleón, y el duque de San Carlos, en nombre de FernandoVII, firmaron el que sería conocido como el Tratado de Valençay (que finalmente llevaría la fecha del 11 de diciembre), por el que Napoleón reconocía como rey de España a FernandoVII y se comprometía a retirar las tropas francesas que todavía permanecían en la península, estableciéndose la paz entre los dos Estados. Esto implicaba que España rompía su alianza con Inglaterra y abandonaba la Sexta Coalición antinapoleónica. En el Tratado, FernandoVII aceptaba conceder una amnistía a los «afrancesados».
Inmediatamente el duque de San Carlos viajó a Madrid ―donde se encontraban desde enero de 1814 las Cortes, la Regencia y las autoridades constitucionales― con el objetivo de conseguir el requisito imprescindible para que entrara en vigor el tratado: que la Regencia constitucional y las Cortes lo ratificaran, lo cual era una misión en extremo difícil porque esas mismas Cortes habían aprobado el 1 de enero de 1811 un decreto por el que declaraban que no reconocerían ningún acto del rey FernandoVII hasta que no hubiera recuperado plenamente la libertad y estuviera en España; el decreto también decía que cualquier violación del mismo sería considerado como «un acto hostil contra la patria». El duque llevó consigo el texto del tratado y un mensaje de Fernando VII a la Regencia en el que este presentaba el acuerdo con Napoleón como «la Paz más ventajosa» en ese momento.
thumb|230px|El Duque de San Carlos, por Francisco de Goya y Lucientes (1815). Museo de Zaragoza.