La batalla de Maratón (; en griego moderno: ; ) fue un enfrentamiento armado que definió el desenlace de la primera guerra médica. Ocurrió el 12 de septiembre del 490a.C. y tuvo lugar en los campos y la playa de la ciudad de Maratón, situada a pocos kilómetros de Atenas, en la costa este de Ática. Enfrentó por un lado al rey persa Darío I, que deseaba invadir y conquistar Atenas por su participación en la revuelta jónica, y, por otro lado, a los atenienses y sus aliados (de Platea, entre otros). Una proeza recordada en esta batalla por Heródoto fue la de Filípides, que recorrió el camino de Atenas a Esparta (240 km) para pedir ayuda al ejército espartano. Esparta rehusó ayudar a los atenienses, alegando encontrarse en fechas de celebraciones religiosas.
Tras la revuelta de Jonia, Darío decidió castigar a la ciudad griega que había prestado ayuda a sus súbditos rebeldes. Después de tomar Naxos y Eretria, la expedición persa, con el consejo de Hipias, que esperaba recuperar el poder en Atenas, desembarcó en la playa de Maratón. Tras cinco días cara a cara, las falanges ateniense y platense aplastaron a la infantería persa que huyó y se embarcó de nuevo con fuertes bajas. El ejército griego se retiró rápidamente a Atenas para impedir el desembarco de la otra parte del cuerpo expedicionario persa en Falero, uno de los puertos de la ciudad.
Esta victoria puso fin a la primera guerra médica. Diez años después, tuvo lugar un nuevo ataque por orden de Jerjes I. La batalla de Maratón desempeñó un papel político importante mediante la afirmación del modelo democrático ateniense y el inicio de grandes carreras militares para los generales atenienses como Milcíades o Arístides el Justo.
Maratón sigue siendo una de las batallas más famosas de la Antigüedad, sobre todo a través de las conmemoraciones que suscitó, como la carrera de maratón en los Juegos Olímpicos de 1896 en Atenas.
Fuentes históricas
La fuente histórica fundamental de la batalla es el historiador griego Heródoto, que describe los acontecimientos en el libro VI, en los párrafos 102-117 de su Historia desde el origen de los acontecimientos a fin de preservarlos del olvido.Heródoto, Historia I.1 Sin embargo, él personalmente no estuvo envuelto en los conflictos de la Grecia de su tiempo, ni tampoco en los que se resolvieron en las guerras médicas, que tuvieron lugar cuando el historiador nacía. Se cree que escribió su libro después de la paz de Calias (449-448a.C.), pues hubo de expatriarse de Halicarnaso, su ciudad natal, y fue a escribir su Historia a los confines occidentales de la Hélade. Aun dándose el caso de sentir antipatía por Histieo y Aristágoras de Mileto, promotores de la sublevación de los jonios, según Heródoto por motivos personales, creía en la justicia de la victoria griega y admiraba tanto las virtudes helenas como la sabiduría de los pueblos asiáticos; tanto a Atenas como a Esparta. Con cierto escepticismo, procuró permanecer apartidario y relativista, e intentó establecer un criterio unitario, dando cabida a las distintas posiciones y organizar los hechos en un todo coherente.Herman Strasburger, Herodots Zeitrechnung, Wiesbaden, Steiner, 1956, pp. 129-161. Br. Sd aus Historia. Widmung des Verf.
Avalaba la animadversión y actitud negativa de Heródoto hacia los jonios el historiador alemán Hermann Bengtson, quien opinaba que la revuelta era absurda y estaba predestinada al fracaso.<ref>Hermann Bengtson, Grieschische, Geschichte von de Anfängen bis in der römische Kaiserzeit, 2.ª ed., Munich, 1960, pp. 147 y sigs.</ref> Otros especialistas argumentan que sí existían unas causas remotas y profundas, pese a que la autoridad persa en las polis griegas de Asia Menor no era muy opresiva, la única condición impuesta por Darío, la obediencia a un poder de naturaleza autocrática, era innegociable para los griegos. Y aunque la tradicional obediencia griega había resultado cómoda como instrumento de control, las tiranías habían pasado ya en esta etapa histórica, con lo que el odio de los griegos asiáticos albergaban hacia ese tipo de gobierno acarreaba a los persas mayor hostilidad.Cf. Heródoto, Historia IV.133, 136-137 Aducen también estos autores cuestiones de naturaleza económica como causa remota de la rebelión, aunque este punto resulta polémico, dado que Mileto estaba en su apogeo. De todas formas el aprecio de Heródoto como historiador ha aumentado progresivamente a partir de la primera corriente crítica histórica alemana, que hacían suyo el prejuicio de Plutarco hacia el de Halicarnaso y su cortedad de visión, plasmada en las Moralia, Sobre la malevolencia de Heródoto. Fue Hauvette el que comenzó a dar la vuelta a esta situación historiográfica de la Alemania del Kaiser Guillermo II.Ameédeé Hauvette-Besnault, Hérodote, historien des guerres médiques, París, Hachette et cie, 1894
Otros historiadores griegos, aparte de Plutarco, como Tucídides, le critican y reprochan su falta de rigor.Guy Bourdé, Hervé Martin, Les écoles historiques., pp. 26-27 Esta visión, como se deduce de manera implícita del párrafo anterior, se perpetuó hasta el . Después los descubrimientos arqueológicos de dicho siglo vienen a confirmar la versión de los hechos narrados por Heródoto, y es raro que haya historiadores contemporáneos que continúen estimando que inventó la mayor parte de su relato.
La Biblioteca histórica de Diodoro Sículo () es la otra gran fuente antigua sobre la batalla. Obtuvo la información en parte de una obra anterior, de Éforo de Cime. Hay alusiones en las obras de Plutarco, como la ya mencionada, Ctesias, Esquilo, e incluso Cornelio Nepote.Cornelio Nepote, Milcíades, 4
Contexto miniaturadeimagen|Playas de Maratón (actualmente) Los autores antiguos remontaban los orígenes de la primera guerra médica a la ya mencionada revuelta jónica, inscrito de hecho en el vasto movimiento expansionista del Imperio aqueménida. Darío I ya había puesto el pie en Europa, con la conquista de Tracia y la sumisión del Reino de Macedonia, que fue forzado a sumarse a la alianza persa. Sin embargo, la revuelta jónica llevaba una amenaza directa sobre la integridad del Imperio, y Darío tomó la decisión de castigar a todos aquellos que se encontraban implicados, como las ciudades del Egeo y de la Grecia continental. Atenas y la ciudad eubea de Eretria enviaron veinticinco trirremes en ayuda de las ciudades de Asia Menor,Heródoto, op. cit. V.99.1 mientras, un cuerpo expedicionario arrasaba Sardes antes de replegarse y de ser vencido en Éfeso por el sátrapa Artafernes, hermano de Darío. En 494a.C., después de seis años de conflicto, Darío terminó aplastando las ciudades rebeldes. Después, los persas sometieron por la fuerza o la diplomacia las islas del mar Egeo. Numerosas ciudades continentales recibieron embajadas del rey aqueménida pidiendo su sumisión y su doblegamiento. Atenas y Esparta se negaron e incluso, según Heródoto, asesinaron a los emisarios.Heródoto, op. cit VI.49 y VII.133
Anteriormente, en 511a.C., con la ayuda de Cleómenes I, el rey de Esparta, el pueblo ateniense expulsó a Hipias,Heródoto op. cit. V.65.2 tirano de Atenas.Cf. Heródoto, op. cit V.55 y V.62.2 Este huyó a Sardes, a la corte del sátrapa más cercano, Artafernes, y le prometió el control de Atenas si lograba restaurarlo en el poder,Heródoto op. cit. V.96 cuya familia lo había detentado en Atenas durante 36 años.Heródoto op. cit. V.65.3
Cuando Atenas exigió a Persia que entregara a Hipias para ser enjuiciado, los persas se negaron, lo que provocó que la ciudad ática se enemistara abiertamente con los persas, y que en vísperas de la revuelta jónica (499-494a.C.), enviara 20 trirremes en ayuda de los jonios.Heródoto op. cit. V.97 El tirano ateniense huyó probablemente a la corte del rey Darío durante la revuelta.left|thumb|Mapa de las regiones en la antigüedad; en oscuro, la región donde se desató la revuelta.|alt=|200x200pxLa ciudad de Eretria también había enviado ayuda, cinco trirremes,Heródoto op. cit. V.99.1 aunque no sirvió de mucho ya que la rebelión fue subyugada. Esto alarmó a Darío, que deseaba castigar a las dos ciudades. En 492a.C., envió un ejército bajo el mando de su yerno, Mardonio, a Grecia continental. Empezó con la conquista de Macedonia y obligó a Alejandro I a abandonar su reino, mientras que en el camino al sur, hacia las ciudades estado griegas, la flota persa fue diezmada por una tormenta al costear el promontorio del monte Athos, perdiendo 300 naves y 20 000 hombres. Mardonio fue forzado a retirarse a Asia. Los ataques de los tracios infligieron pérdidas al ejército aqueménida en retirada.Cf. Heródoto, op. cit VI.43-45 Darío aprendió, quizás a través de Hipias, que los Alcmeónidas, una poderosa familia ateniense, se opusieran a Milcíades, quien en ese momento era el político más prominente de Atenas. Si bien ellos rehusaron ayudar a restablecer a Hipias, puesto que habían contribuido a derrocarlo, según Heródoto, puesto que «eran enemigos declarados de la tiranía».Heródoto op. cit. VI.121.1-2 Sobre este asunto la historiografía moderna discrepa.Cf. Alcmeónidas#Alcmeónidas y Pisistrátidas
Algunas polis creyeron que una victoria persa era inevitable y necesitaban asegurar una posición mejor en el nuevo régimen político surgido tras la conquista persa de Atenas.Heródoto, Introducción al libro VI, traducción y comentarios de Gabriel Syntomoros, Zitros Editions (2005). Darío, deseando aprovecharse de esta situación para conquistarla, lo que aislaría a Esparta, conquistaría al resto de los griegos del Egeo y consolidaría su control sobre Jonia. Para esto Darío pensaba en hacer dos cosas:
Sacar al ejército de sus murallas y derrotarlo en campo abierto. Lograr la rebelión de la ciudad para rendirse a los persas.
A finales de 491 o inicios de 490a.C., una expedición naval de seiscientos trirremes zarpó de Cilicia rumbo a Jonia al mando de Artafernes, hijo del sátrapa de Lidia —el que hizo el trato con Hipias—, y del almirante medo Datis, enviada para aplastar a los insumisos.Heródoto op. cit. VI.94 Mardonio, había sido relevado del mando por el gran número de naves perdidas en la tempestad que se abatió sobre ellas al costear el Athos.Cf. Heródoto, VI.44.3
Ahora bien, desde Cilicia no arrumbaron las naves a lo largo de la costa asiática en dirección al Helesponto y Tracia, sino que a partir de Samos, costearon Icaria, rebasaron el mar Icario,Zona del mar Egeo comprendida entre Samos, al norte y la isla de Cos, al sur. Cf. Estrabón, Geografía X.5.13 y navegaron entre las islas Cícladas, pues no se atrevían a circunnavegar el Monte Athos dado que dos años antes sufrieron un desastre mientras surcaban dichas aguas, y además para tomar la isla de NaxosDarío decidió enviar una expedición puramente marítima cuya resistencia al ataque persa en 499a.C. llevó a la revuelta jónica. y la fuerza de Eretria y Atenas para someterse al Gran Rey o ser destruida, debían seguir esa ruta.Heródoto, op. cit. VI.95.2 Naxos fue saqueada, sus templos quemados, y los naxios que pudieron escapar huyeron a la zona central de la isla, que era montañosa.Heródoto, op.cit.96La ciudad de Naxos se hallaba en el noroeste de la isla.
thumb|Mapa de la campaña militar persa.|alt=|200x200px