thumb|Portada de una de las primeras tiradas del libro de Thomas Paine. La edad de la razón: una investigación sobre la verdadera y fabulosa teología (The Age of Reason: Being an Investigation of True and Fabulous Theology) es un tratado deísta, escrito por el radical inglés y revolucionario estadounidense del Thomas Paine, que critica a la religión institucionalizada y niega la infalibilidad bíblica. Publicado en tres partes en 1794, 1795 y 1807, gozó de gran éxito en los Estados Unidos, donde causó un resurgimiento deísta de corta duración; sin embargo, el público británico lo recibió con hostilidad por temor al crecimiento del radicalismo político debido a la Revolución francesa. La edad de la razón contiene argumentos deístas comunes; por ejemplo, pone de relieve la corrupción de la Iglesia cristiana y critica su empeño en adquirir poder político. Paine aboga por la razón en lugar de la revelación, lo que le conduce a rechazar los milagros y a ver la Biblia como una simple obra literaria y no como un texto inspirado por la divinidad. No obstante La edad de la razón no es un texto ateo, pues promueve la religión natural y aboga por un Dios creador.

La mayoría de los argumentos de Paine eran conocidos desde hacía mucho tiempo por las élites educadas, pero su presentación en un llamativo e irreverente estilo hacía atractivo y accesible el deísmo para la masa del público. El libro, además, era de bajo coste, por lo que era accesible a un gran número de compradores. Temiendo la propagación de lo que se veía como ideas potencialmente revolucionarias, el gobierno británico comenzó a perseguir a los impresores y libreros que intentaban publicarlo y distribuirlo. La edad de la razón solo produjo un breve resurgimiento del deísmo en América; sin embargo, las ideas de Paine inspiraron y guiaron a muchos librepensadores británicos del y su estilo retórico ha pervivido incluso hasta comienzos del en los textos de escritores modernos como Christopher Hitchens o en las películas de Michael Moore.

Contexto histórico Contexto intelectual: el deísmo británico del El libro de Thomas Paine seguía la tradición del deísmo británico de inicios del . Estos deístas, aunque mantenían posiciones individuales distintas, compartían un conjunto de hipótesis y argumentos que Paine articuló en La edad de la razón. La posición más importante que vinculaba a los defensores del deísmo descritos anteriormente era su llamada a la «investigación racional libre» en todos los temas y, especialmente, en los religiosos. Sosteniendo que el cristianismo primitivo se había fundado sobre la libertad de conciencia, reivindicaban la tolerancia religiosa y el fin de la persecución por motivos de religión, exigiendo de igual modo que el debate se apoyara en la razón y en la racionalidad. Abrazaban una visión newtoniana del mundo, es decir, creían que todas las cosas del universo, hasta el mismo Dios, debían obedecer las leyes de la naturaleza. Los seguidores de esta postura religiosa argumentaban que, sin un concepto de ley natural, las explicaciones acerca de los procesos de la naturaleza descenderían al nivel de la irracionalidad. Esta creencia en la ley natural les condujo a su escepticismo hacia los milagros; puesto que los milagros necesitan ser observados para ser validados, los deístas rechazaban la parte de la Biblia donde se cuentan los milagros y sostenían que tales evidencias no eran suficientes ni necesarias para demostrar la existencia de Dios. En la misma línea, los escritos de estos autores insistían en que Dios era solamente la causa prima o el primer motor y no una deidad que interfiriese en la vida cotidiana de los individuos. De este modo, rechazaban la afirmación de que solo había una «verdad» religiosa revelada o una única fe verdadera; la religión solo podía ser «sencilla, evidente, ordinaria y universal» si es que tenía que ser el producto lógico de un Dios benévolo. Hacían, pues, una distinción entre las «religiones reveladas» (que rechazaban), como el cristianismo, y la «religión natural», un conjunto de creencias universales derivadas del mundo natural que demostraban la existencia de Dios (que ellos aceptaban; razón por la cual no eran ateos).Herrick, 26-29; véase también Claeys, 178-79; Kuklick, xiii.

Mientras algunos deístas aceptaban la revelación, la mayoría sostenía que la restricción de la revelación a pequeños grupos, o incluso a una sola persona, limitaba su poder explicativo. Además, muchos consideraban que las revelaciones cristianas, en particular, eran contradictorias e irreconciliables. Según estos escritores, la revelación podía reforzar las pruebas de la existencia de Dios, ya evidente en el mundo natural, pero con más frecuencia fomentaba la superstición entre las masas. La mayoría de ellos sostenía que los sacerdotes habían corrompido deliberadamente el cristianismo en su propio beneficio, mediante la promoción y la aceptación de los milagros, rituales innecesarios y doctrinas ilógicas y peligrosas (esas acusaciones por lo general se referían al priestcraft, algo así como «clero», un término peyorativo usado por los deístas para denunciar «intrigas sacerdotales»). La peor de estas doctrinas era la del pecado original con la que, según ellos, los líderes religiosos habían esclavizado a la población humana al convencer a las personas de que precisaban la ayuda del sacerdote para superar su naturaleza pecaminosa. Los deístas, por tanto, se consideraban a sí mismos como intelectuales libertadores.Herrick, 30-39; véase también Claeys, 178-79.

Contexto político: la revolución francesa 200px|left|thumb|George Cruikshank, Las armas de los radicales (1819) analizando los excesos de la Revolución francesa. Cuando en 1794 se publicó la primera parte de La edad de la razón, muchos ciudadanos británicos y franceses se habían desilusionado de la Revolución francesa. El reinado del terror había comenzado, Luis XVI y María Antonieta habían sido juzgados y ejecutados y Gran Bretaña estaba en guerra con Francia. Los pocos británicos radicales que todavía apoyaban la Revolución francesa y sus ideales eran vistos con profunda sospecha por sus compatriotas. La edad de la razón pertenece a esta etapa posterior y más radical de la reforma política británica, que abrazaba abiertamente el republicanismo y el ateísmo y que ejemplifican textos como el de La justicia política de William Godwin (1793). A mediados de la década las voces moderadas habían desaparecido: En 1791 había muerto Richard Price, el clérigo disidente cuyo sermón sobre la libertad política había inspirado las Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790) de Edmund Burke, y Joseph Priestley se vio obligado a huir a América después de que la multitud quemase su casa y su iglesia.Butler, Marilyn. Romantics, Rebels and Reactionaries: English Literature and its Background 1760-1830. Oxford: Oxford University Press (1981), 49; Bindman, 118.

El gobierno conservador, liderado por William Pitt, respondió a esa creciente radicalización procesando a varios reformistas por libelo sedicioso y traición a la patria, en los famosos juicios por traición de 1794. Después de los juicios y del ataque a Jorge III, los conservadores lograron aprobar la Ley de Reuniones Sediciosas y a la Ley de Prácticas Desleales (también conocidas como las «dos actas»). Estas actas prohibían el derecho de reunión para los grupos radicales, como La Sociedad de Correspondientes de Londres (LCS) y alentaron las denuncias contra los radicales por declaraciones «calumniosas y sediciosas». Por miedo a las persecuciones, y desencantados con la Revolución Francesa, muchos reformistas dejaron la causa. La LCS, que anteriormente había unificado a disidentes religiosos y políticos reformistas, se fracturó cuando Francis Place y otros dirigentes ayudaron a Paine a publicar La edad de la razón; los miembros más religiosos de la sociedad se retiraron en señal de protesta y la LCS perdió alrededor de una quinta parte de sus miembros.Thompson, 148; Claeys, 190.

Historia de la publicación En diciembre de 1792, la segunda parte de Los derechos del hombre de Paine fue declarada sediciosa en Gran Bretaña y se vio forzado a huir a Francia con el fin de evitar su detención. Consternado por el giro de la revolución francesa hacia el laicismo y el ateísmo, compuso la primera parte de La edad de la razón entre 1792 y 1793:

Aunque Paine escribió el libro para los franceses, se lo dedicó a sus «amigos ciudadanos de los Estados Unidos de América», aludiendo a su vínculo con los revolucionarios estadounidense.Davidson y Scheick, 103-106.

No se sabe con certeza cuándo escribió Paine la primera parte. Según los estudiosos Edward Davidson y William Scheick, Thomas Paine probablemente redactó el primer borrador a finales de 1793, Davidson y Scheick, 103-106. pero según su biógrafo David Hawke, habría sido a principios de 1793.Hawke, 292-294. Tampoco está claro si la edición francesa de la primera parte se publicó en 1793. François Lanthenas, que tradujo La edad de la razón al francés en 1794, escribió que fue publicada por primera vez en Francia en 1793, pero no se ha podido identificar categóricamente ningún libro que se ajuste a esta descripción. Para una discusión sobre la posible traducción del texto francés de 1793, véase Gimbel (1957). Joel Barlow publicó la primera edición en inglés de la primera parte en 1794, en Londres, vendiéndola a solo tres peniques.

Entre tanto los jacobinos, una poderosa facción revolucionaria de Francia, consideraron que Paine era demasiado moderado y lo encarcelaron. Estuvo preso durante diez meses y fue condenado a la guillotina. Logró escapar de la muerte por casualidad, ya que el signo de su ejecución no estaba bien colocado en la puerta de su celda.Kuklick, xix-xxi. Cuando James Monroe garantizó su puesta en libertad en 1794, comenzó inmediatamente a trabajar en la segunda parte de La edad de la razón, a pesar de su frágil salud. La segunda parte fue publicada por primera vez en Londres por H. D. Symonds, en una edición clandestina, en octubre de 1795. Al año siguiente, Daniel Isaac Eaton publicó la primera y segunda parte y las vendió al precio de un chelín y seis peniques. Eaton posteriormente se vio obligado a huir a los Estados Unidos tras haber sido declarado culpable de difamación sediciosa por la publicación de otras obras radicales.Smith, p. 108. El propio Paine financió el envío de 15 000 ejemplares de su obra a los Estados Unidos. Más tarde, Francis Place y Thomas Williams colaboraron en una edición que vendió cerca de 2000 copias. Williams también publicó su propia edición, pero el gobierno británico lo incriminó y confiscó los panfletos.Claeys, pp. 187s.

A finales de la década de 1790, Thomas Paine viajó de Francia a los Estados Unidos, donde escribió la tercera parte de la obra: Un examen de los pasajes del Nuevo Testamento, citando las profecías relativas a Jesucristo del Antiguo Testamento. Temiendo represalias desagradables e incluso violentas, Thomas Jefferson convenció a Paine de no publicar la tercera parte en 1802. Cinco años después, Paine decidió hacerlo a pesar de saber la reacción que causaría.

Tras la condena de un año de trabajos forzados a Thomas Williams por haber publicado La edad de la razón en 1797, ninguna edición se vendió abiertamente en Gran Bretaña hasta 1818, cuando Richard Carlile la incluyó en una edición de la obra completa de Paine. El precio era de un chelín y seis peniques, y la primera impresión de 1000 ejemplares se vendió en un mes. Inmediatamente, publicó una segunda edición de 3.000 ejemplares. Al igual que Williams, Carlile fue perseguido por libelo sedicioso y blasfemo. En Gran Bretaña, las persecuciones en torno a La edad de la razón duraron treinta años desde la primera edición, afectando a numerosos editores y más de un centenar de libreros.Bronowski, Julius. William Blake and the Age of Revolution. Londres: Routledge & Kegan Paul (1965), 81; Claeys, 190; Wiener, 108s.