miniaturadeimagen|Bandera que pudo represar a la nobleza del Reino de Asturias, precursora de la moderna bandera de Asturias. La historia de Asturias cubre el periodo desde que las tribus paleolíticas se asentaron en esta zona de la franja cantábrica hasta la sociedad posindustrial moderna de nuestros días. Sobre la etimología del término Asturias, algunos autores creen que su origen se halla en el nombre del río Astura (hoy río Esla), cuyos ribereños fueron llamados astures por los autores romanos.
Prehistoria miniaturadeimagen|Ciervo herido de la cueva de la Peña de Candamo.
Paleolítico Asturias fue ocupada por grupos humanos desde el Paleolítico Inferior (hace 100.000 años) en un periodo comprendido entre el Achelense y el Musteriense. Existen pinturas rupestres que datan de hace 30000 años y corresponden a las culturas Solutrense, Magdaleniense y Auriñaciense pertenecientes al Paleolítico Superior y propias tanto de los pueblos de la Cordillera Cantábrica como del sur de Francia.
Por medio de los yacimientos conocidos hasta el momento, se cree que los primeros pobladores de Asturias se instalaron en el litoral cantábrico y en los valles ribereños: cuevas del Pindal (Ribadedeva), de Posada, de Tito Bustillo (Ribadesella), del Buxu (Cangas de Onís), de La Peña de Candamo (Candamo) y la de La Covaciella (Cabrales).
Mesolítico: Cultura Asturiense miniaturadeimagen|Hachas de talón de finales de la Edad del Bronce, expuestas en el Museo Arqueológico de Asturias. En el Mesolítico se desarrolló una cultural original, el Asturiense, propia del oriente de Asturias y el occidente de Cantabria. Estos asentamientos se encuentran en bocas de cuevas próximas al mar o bajo abrigos, generalmente próximos a la costa, aunque también en montañas cantábricas del interior.
Neolítico
Del Neolítico asturiano quedan pruebas como los treinta dólmenes de la necrópolis prehistórica del Monte Areo, entre Carreño y Gijón, de 5.000 años de antigüedad, así como túmulos o el Ídolo de Peña Tú (Llanes). En algún momento las anteriores culturas abandonaron las cuevas y dominaron la agricultura y la ganadería.
Según Avieno, en su descripción de las costas del occidente europeo, fueron los Oestrimnios el pueblo que habitaron en un principio el norte peninsular y la costa atlántica hasta Bretaña. Serían los descendientes de unos primeros habitantes que serían un pueblo preindoeuropeo y otro indoeuropeo no celta. Estos fueron desplazados por otros que formaban el Ofiusa (nombre que recibía todo el norte peninsular): Cempsos, Sejes, Ligus y Draganos. De estos, los dráganos ocuparían la actual Asturias y serían el pueblo de origen celta que la invadió.550px|center|thumb|Vista de la Cordillera Cantábrica, frontera natural de Asturias desde la Prehistoria
Edad Antigua
Cultura castreña El periodo entre el abandono de las cuevas hasta casi la romanización es bastante desconocido. Los autores griegos o latinos hablan de tribus bárbaras y aguerridas que vivían en las selvas y montañas. Escritores romanos como Plinio el Viejo y Pomponio Mela y griegos como Estrabón hablan de dos tribus principales separadas por la Cordillera Cantábrica: los astures augustanos con capital en Asturica (la actual Astorga) cuyos dominios llegaban hasta el Duero, y los astures transmontanos que se extendían entre el río Sella y el Navia. No obstante, hoy se entiende que estas divisiones son producto de la practicidad romana a la hora de establecer sistemas administrativos y policiales, y no como muestra de identidades precisas indígenas. miniaturadeimagen|El castro de Coaña. Existe también constancia escrita de las duras luchas mantenidas entre astures y cántabros a lo largo del cauce del Sella. Así como de la rudeza y bravura de ambos pueblos y su resistencia a ser dominados por los romanos.
A este periodo pertenecen muestras de la presencia humana en Asturias como son los castros. Entre ellos, el castro de Coaña es un poblado astur construido a comienzos de nuestra era cerca de la capital del concejo de Coaña. Perdió importancia a partir del y se le ha relacionado con las explotaciones auríferas en el Navia. Otros castros en Asturias destacados son el de Pendía (Boal), El Chao Samartín (Grandas de Salime), San Chuis (Allande), Os Castros (Taramundi), Cabo Blanco (El Franco), La Sobia y La Cogollina (Teverga), la Campa Torres (Gijón), Caravia y así hasta una cifra en torno a los 300.
Romanización
miniaturadeimagen|Replica de Augusto de Prima Porta en Gijón, la ciudad con mayor legado romano de Asturias. izquierda|miniaturadeimagen|Ofensivas romanas contra los Astures y Cántabros durante las Guerras Cántabras (29 a. C.-19 a. C), última fase de la Conquista de Hispania (218 a. C.-19 a. C). A finales del los romanos tenían la necesidad de terminar la conquista de toda la península ibérica. En ese momento sólo los pueblos del norte: Astures y Cántabros no estaban bajo el yugo romano. La motivación principal del interés imperial por esta región era el oro del subsuelo del área noroccidental peninsular, conocido para los romanos por la expedición contra Gallaecia de Bruto; también el joven emperador Augusto necesitaba de alguna victoria que glorificase su posición. En el año 29 a. C. se unen los vacceos, astures y cántabros en su lucha contra los romanos, y estos concentraron todo su poder militar en el norte peninsular. César Augusto tuvo que ponerse personalmente al frente de sus tropas.
Augusto planificó cuidadosamente la guerra, creando extensas redes de suministro para sus ocho legiones movilizadas: I Augusta, II Augusta, IV Macedónica, V Alaudae, VI Victrix, IX Hispanensis, X Gemina y XX Valeria Victrix, sumando unos 50 000 hombres. La complicada orografía asturiana y la feroz resistencia astur, organizada mediante guerra de guerrillas, alargaron la invasión romana hasta el año 19 a. C. La mayoría de la guerra se desató entre el 26 y el 22 a. C, habiendo varias batallas como el asedio del monte Medulio.
Siempre según las fuentes grecolatinas, en el año 25 a. C. los astures cruzaron los montes de la Cornisa Cantábrica y acamparon en el río Astura (río Esla). Dividiendo sus fuerzas en tres columnas pretendían atacar a otros tantos campamentos romanos. De no haber sido por la traición de la ciudad de Brigaecium que avisó a los romanos dándoles tiempo a reorganizarse y rechazar el ataque, los astures hubieran arrasado las tropas del general Publio Carisio. Tras sufrir esta derrota, los astures se refugiaron en el oppidum de Lancia que fue atacada y ocupada por el legado de Lusitania.
Sin embargo, esta victoria no supuso el final de la resistencia astur. En efecto, los romanos tuvieron que enfrentarse con sucesivas rebeliones que periódicamente surgían a causa del trato recibido del invasor o del levantamiento de impuestos. Así pues, hubo varias rebeliones en el 24 a. C., 22 a. C. y una última en el 19 a. C. que fue la más duramente represaliada. Augusto con el deseo de una rápida pacificación le dejó el mando de sus tropas a su mejor estratega: Agripa.
La romanización comenzó de manera militar, asegurando el territorio montañés, plagado de castros, mediante campamentos como el de La Carisa. El control militar permitió una fiable extracción de minerales preciosos, especialmente en El Bierzo mediante las minas de Las Médulas, ya en León. Gran número de astures fueron reclutados en el ejército romano para emprender campañas defensivas en las fronteras del Imperio Romano.
Alta Edad Media
Monarquía visigoda La caída y desmembración del Imperio romano, que no pareció haber ejercido mucha influencia en el territorio astur, se produce en el . En el , la invasión de la Península por los visigodos y suevos es rechazada por los astures, manteniéndose por consiguiente al margen de la influencia cultural germánica.
Entre el y el VIII se instaló en Asturias el cristianismo primitivo.
Monarquía asturiana (718-910)
thumb|220x220px|Puente de origen medieval aunque de diseño romano en Cangas de Onís En el momento en que los musulmanes ganaron, en la batalla de Guadalete (711), al reino visigodo de Toledo, los cristianos de Toledo huyen para buscar refugio en Asturias. Es en este momento cuando las reliquias que hoy se guardan en la Cámara Santa de la Catedral llegan a Asturias. Primero se guardaron en el Monsacro (Montes de Morcín) y luego en Oviedo. Esta región nunca sufrió una intensa arabización, ya que las ocupaciones por parte de los musulmanes eran eventuales y tenían más un carácter de razzias. izquierda|miniaturadeimagen|La Cruz de la Victoria, reliquia de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo. En el año 716 se produce en Asturias una primera revuelta contra el poder musulmán, al mando de un caudillo (probablemente noble) llamado Don Pelayo. Esta revuelta fue sofocada y Pelayo detenido y encarcelado.
Don Pelayo consigue huir en el año 717 de Córdoba, llega al río Piloña en 718 y ese mismo año consigue convertirse en jefe de los Astures, tras conversar y convencer a los pueblos astures de la necesidad de unir sus fuerzas frente "al enemigo común". En mayo de 722 tiene lugar un segundo enfrentamiento en la Batalla de Covadonga contra el general árabe Munuza. Esta fue más una victoria guerrillera que militar. Don Pelayo, con la intención de consolidar su triunfo, se proclama rey en Cangas de Onís, fundando el Reino de Asturias.
La monarquía asturiana, a consecuencia de varias escisiones y reagrupaciones, daría paso en los siglos siguientes a los Reinos de León, de Galicia, de Castilla y de Portugal. A partir de ese momento y hasta 1492 la península ibérica estará dividida en una parte musulmana y otra cristiana. miniaturadeimagen|Santa María del Naranco, de estilo prerrománico asturiano. Con Fruela la capitalidad pasó a Oviedo. Allí, el abad Máximo y su sobrino Fromestano habían construido un cenobio benedictino sobres las ruinas de un castro romano. Castro que, en tiempos de Augusto, protegía la cercana ciudad de Lucus Asturum (probablemente en la zona de Lugones) y se situaba en lo alto de la colina Obetao. Alfonso II el Casto amuralla la ciudad, construye la primitiva basílica de San Salvador y la basílica de San Julián de los Prados.
Durante el entre los reinados de Ramiro I y Alfonso III el Magno se construyen: San Miguel de Lillo, Santa María del Naranco, la iglesia de San Salvador de Valdediós y Santa Cristina de Lena, mayores ejemplos del arte prerrománico asturiano.
El Reino de Asturias se fracciona tras la muerte del rey Alfonso III el Magno, quien reparte sus dominios entre tres de sus cinco hijos. Estos dominios incluían, además de Asturias, el condado de León, el de Castilla, el de Álava, el de Galicia y el de Portugal (que entonces era solo la frontera sur de Galicia). García se quedó los dos primeros condados fundando el Reino de León. Ordoño II se quedó con Galicia y Portugal, y Fruela II se quedó Asturias y heredó, más tarde, el reino de León de su hermano García I, que no tuvo descendencia.
Baja Edad Media y Edad Moderna 293x293px|thumb|Vista de la Catedral de Oviedo.
Tras la unión de los dos reinos el de Asturias y el de León, la capitalidad pasó a la bien amurallada y romana ciudad de León. Con lo que Asturias se convirtió en una región apartada y de difícil acceso, únicamente visitada con objeto de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, cuando los peregrinos del Camino de Santiago se desviaban hasta Oviedo para visitar las reliquias de la Catedral.
Movimientos secesionistas
La pérdida de esta influencia provocará varios movimientos secesionistas; unos de los más importantes serían, en el , el levantamiento del conde Gonzalo Peláez en contra del rey Alfonso VII y de Urraca, que gobernaba Asturias en nombre del Rey.
Origen del Principado de Asturias