Justo Antonio Suárez Sbabaro (Buenos Aires, 9 de enero de 1909 - Cosquín, Córdoba, 10 de agosto de 1938), conocido como "El torito de Mataderos", fue un popular boxeador de nacionalidad argentina, de peso liviano. La inmensa popularidad que pudo disfrutar durante su carrera superó ampliamente a sus logros deportivos.
Introducción
Justo Suárez fue el primer gran ídolo popular deportivo en Argentina. A fuerza de golpes, no solo en el ring, sino también en su vida personal, se ganó en poco tiempo la admiración de las masas populares que se sintieron identificadas con su historia de triunfo.
Nacido en una familia sufriendo pobreza extrema, Suárez llegó al estrellato deportivo en una fulgurante carrera de apenas tres años, pero casi a la misma velocidad que ascendió, quedó hundido en un ocaso muy oscuro. Apodado "el Torito de Mataderos", Suárez murió joven, porque una tuberculosis terminó con su vida cuando solo tenía 29 años.
Biografía thumb|right|250px|Suárez y su esposa, recién casados en 1930. miniaturadeimagen|Suárez, el primero de la segunda fila, en 1931. Suárez fue el decimoquinto hijo de Martín Norberto Suárez y María Luisa Sbarbaro, un matrimonio que tuvo 25 hijos y ya desde su más temprana infancia se vio obligado a trabajar en cualquier oficio posible para sobrevivir y cooperar con sus padres en mantener a la familia. Desde los 9 años Suárez trabajó de lustrabotas, canillita o "mucanguero", siendo que este nombre se daba al encargado de bajar de las canaletas la grasa liviana, llamada "mucanga", de los mataderos de Buenos Aires. Mientras tanto, el adolescente Suárez empezaba a tirar sus primeros golpes, sin demasiada ortodoxia ni mayor técnica, en un improvisado ring construido en el fondo de su casa, en la calle Guaminí del barrio bonaerense de Mataderos, de donde obtuvo su popular apodo.
Tras empezar a boxear como amateur en su primera juventud con 48 peleas seguidas sin conocer la derrota, en abril de 1928, a los 19 años, Suárez ya empezaba a luchar como profesional, lo que le permitía ganarse un poco de dinero peleando en festivales boxísticos realizados en cualquier punto de la ciudad de Buenos Aires. En uno de estos eventos de boxeo, celebrado en la Calle Florida, algo que para la época ya era todo un logro, Suárez recibió el mote que lo marcaría para el futuro: "Torito de Mataderos".
Con un estilo de boxeo arrollador, casi sin descansar ante el rival, aunque a veces con movimientos desordenados, Suárez fue demoliendo contendores con notable rapidez, por lo que sus actuaciones comenzaron a convocar cada vez más público. Fue así como llegó a conocer al entrenador y manager José Lectoure, quien le dijo “Vos peleás a la criolla, tenés que aprender”. Tras ello Lectoure, creador del mítico Luna Park, fue quien se encargó de aleccionarlo y mejorar sus tácticas.
A lo largo de 1929 Suárez empezaba a ganar gran fama en el boxeo argentino, y por primera vez las ignoradas clases bajas de Argentina veían cómo uno de los suyos salía de la pobreza para vivir con todas las comodidades, apenas gracias a su esfuerzo y talento de boxeador. Además, para entonces Suárez se había casado con Pilar Bravo, una joven operaria telefonista de la localidad de Lanús, a quien había conocido en el diario "La República".
Con una carrera brillante, ya al empezar el año 1930 Suárez estaba peleando por el título argentino liviano y era seguido por una multitud de aficionados. La vieja cancha de River Plate fue donde -con el título nacional en juego- se midió con el púgil Julio Mocoroa, al cual venció por puntos en marzo del mismo año. Para entonces, el Torito de Mataderos ya vestía trajes de primera calidad y su aspecto era más parecido a un millonario joven que a sus admiradores de clase trabajadora con quienes había compartido su infancia, aunque en realidad Suárez nunca olvidaba sus humildes orígenes y manifestaba gran respeto hacia ellos, exhibiendo un gran carisma que le atraía la simpatía del público.
Gracias a la inmensa popularidad que había conseguido en Argentina, avalada por su título de campeón nacional, Suárez viajó a mediados de 1930 a Estados Unidos, la gran meca del boxeo, para probar su talento en la escena internacional, llegando inclusive a despedirse del entonces presidente Hipólito Yrigoyen antes de partir. Otra vez Suárez destacó a gran velocidad, y en cuatro meses realizó cinco peleas derrotando ampliamente a sus rivales en todas ellas, ganando mayor fama.
A fines de 1930 Suárez volvió a Argentina con aumentada celebridad tras sus triunfos en tierra estadounidense. A su vuelta, en marzo de 1931 peleó en un Luna Park repleto contra el campeón chileno Estanislao Loayza, al cual Suárez le ganó por puntos en uno de los mejores combates que tuvo en su carrera: registró 24 triunfos, 2 caídas, 1 empate y 1 sin decisión. Entre los presentes se encontraba el entonces dictador Uriburu y dos príncipes de Gran Bretaña, Eduardo de Windsor y Jorge de Kent, tíos paternos de la futura Reina Isabel II, quienes aplaudieron de pie al Torito desde la primera fila cuando el árbitro le levantó la mano para declararlo triunfador.
thumb|left|250px|Suárez en Nueva York, 1930.
A mediados de 1931 Suárez regresaba a Estados Unidos para buscar el título del mundo, pero esta meta se tornó en extremo difícil. De hecho, en su camino hacía el título mundial tuvo que enfrentarse con un boxeador muy duro como Billy Petrolle, que no era púgil de renombre pero se ganaba la vida probando la potencia de grandes figuras antes de una gran cita. Petrolle fue demasiado exigente y el Torito de Mataderos cayó vencido en 9 asaltos en junio de 1931, lo que fue su primera derrota como profesional. Al mismo tiempo, también su vida personal sufría porque en ese mismo año su esposa abandonaba el matrimonio, terminando Suárez ese 1931 como divorciado.
La oportunidad de Suárez para campeonar mundialmente en los pesos livianos se había esfumado y tras agosto de 1931 el Torito de Mataderos retornaba a su patria. El fracaso en la segunda gira estadounidense fue el comienzo del fin, en especial porque la tuberculosis ya estaba causando serios problemas en la salud de Suárez. En marzo de 1932, el peleador Víctor Peralta le ganaba a Suárez el cinturón de campeón nacional argentino; esto trajo aparejada la separación del Torito con Lectoure, quien fue su representante y mentor, al vencer el contrato que los vinculaba.
Tras ello, Suárez empezaba a ver consumidas sus fuerzas por una tenaz tuberculosis, mientras se relacionaba con empresarios oportunistas y poco escrupulosos en cuidar la salud del Torito, que continuaba empeorando. Tras tres años inactivo, y sin forma física para rendir en una pelea, Suárez retornaba en octubre de 1935 al ring de boxeo en el Luna Park para pelear contra su amigo, el púgil Juan Pathenay, quien admitió el combate con la consigna de no pegarle con mucha fuerza. Así y todo, el Torito perdió la pelea por puntos, ante la consternación de los asistentes y del propio triunfador tras constatar el mal estado de salud del deteriorado ídolo popular.
La enfermedad estaba dañando con mayor intensidad la salud de Suárez, y tras la derrota ante Pathenay el Torito de Mataderos se trasladó a la ciudad de Córdoba con el poco dinero que le quedaba todavía, olvidado por la mayoría de los aficionados y la prensa. Tres años después Suárez moría en un hospital de Cosquín por tuberculosis, por completo empobrecido, cuidado lealmente apenas por su hermana Rosalía Suárez, ya muy lejos de la gloria que lo había acompañado en el pasado.
Al saberse la noticia en el resto de Argentina, por pedido popular sus restos fueron traídos hasta Buenos Aires desde Cosquín. Cuando ya en la Capital Federal el cortejo fúnebre lo conducía al cementerio de la Chacarita, la muchedumbre que lo despedía levantó de modo espontáneo el ataúd y lo llevó hasta el Luna Park, con la finalidad de que sus seguidores le dieran el último adiós en el mismo lugar donde el Torito de Mataderos había escrito varias de las páginas más insignes de su efímera historia deportiva.
Al día de hoy sus restos permanecen en esa necrópolis, en el panteón de la "Casa del Boxeador", donde reposan también figuras del boxeo como Raúl Landini, Pascual Pérez, Alfredo Prada o, hasta 2013, José María Gatica.
Justo Suárez en la memoria popular
El 16 de julio de 1930, el popular cantor de tangos Charlo grabó el tema "Muñeco al suelo" (con letra de Venancio Clauso y música de Modesto Papavero), dedicado a Justo Suárez.
Justo Suárez es el protagonista del cuento titulado precisamente Torito (publicado en el libro Final del juego, 1956), uno de los relatos más famosos de Julio Cortázar, quien fuera un gran admirador de Suárez. El cuento está relatado en primera persona a la manera de un monólogo interior, como si se tratara del pensamiento del propio Justo Suárez, y comienza así:
En 1994, en el disco Pampas Reggae, de Los Pericos, se le hace homenaje con el tema "Torito".
En 2001 se estrenó una película llamada I love you... Torito, que trata acerca de la vida de Justo Suárez.
La calle de Mataderos (un antiguo tramo de la actual Francisco Bilbao) sobre la cual se encuentra el estadio del Club Atlético Nueva Chicago y la plazoleta ubicada en la intersección de las Avenidas Directorio, Cnel. Cárdenas y la calle Cosquín, llevan su nombre. Además, en ese barrio hay un busto que lo recuerda, en la esquina de Alberdi y Murguiondo. En el mismo barrio de Mataderos hay un complejo de viviendas populares que también inmortaliza su nombre.
El dibujante Héctor Germán Oesterheld creó en la década de 1950 una historieta llamada El Indio Suárez, narrando la historia de un boxeador de origen humilde quien, a fuerza de disciplina y trabajo duro, logra hacerse de una brillante carrera deportiva, primero como pugilista y tras ello como entrenador. El personaje está claramente inspirado en Justo Juárez, de quien Oesterheld era admirador. La historieta contó con dibujos de Carlos Freixas.
Justo Suárez aparece en la novela La sangre que corre, de Myrtha Schalom, editada en 2012 por Galerna. Si bien no es el protagonista de la obra, su historia tiene un desarrollo y se muestra lo que fue la vida del "Torito", su ascenso en el mundo del boxeo y su vínculo con el barrio de Mataderos.
En 2025 se publicó la novela ¡Torito! del escritor Enrique Medina, en la cual su biografía es ficcionalizada.
Referencias
Enlaces externos Horacio Pagani, "Justo Suárez, un fenómeno que sobrevive", diario Clarín, 10 de agosto de 1998. Charlo canta "Muñeco al suelo" "Cortázar: el boxeo y el jazz, dos pasiones de cronopios", entrevista a Julio Cortázar, por Antonio Trilla, Madrid, 1983. Todas la peleas de Justo Suárez en BoxRec "Justo Suárez, el boxeador de la eterna sonrisa gardeliana", en La Nueva Cuento de Julio Cortázar sobre Justo Suárez Video de la pelea de Justo Suárez contra Ray Miller, en YouTube
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