El Directorio fue la penúltima forma de gobierno adoptada por la Primera República francesa y constituye el último periodo de la Revolución francesa. Regido por la Constitución del Año III que aprobó la Convención termidoriana, se inició el 26 de octubre de 1795 y terminó con el golpe de Estado del 18 de brumario (9 de noviembre de 1799) que instauró el Consulado. Tras el período del «Terror» impuesto por el ala más radical de los jacobinos, se produjo un retorno hacia posiciones más moderadas.

Uno de los rasgos característicos del periodo fue el creciente protagonismo del ejército en la vida política francesa, subordinando cada vez más al poder civil, ya que se convierte en el último garante del «nuevo orden» tanto frente a los sans-culottes y a los jacobinos, como frente a los aristócratas que pretenden restablecer la monarquía. Esto se puso especialmente de manifiesto el 4 de septiembre de 1797 (18 de fructidor del año V, según el calendario republicano) cuando un golpe de Estado del ejército en connivencia con el Directorio conjuró el peligro de restauración de la monarquía al hacer frente a la mayoría monárquica de los Consejos de los Ancianos y de los Quinientos, obtenida tras las elecciones legislativas. El año anterior, 10 de mayo de 1796 (21 de floreal del año IV), el Directorio había conseguido abortar la «Conspiración de los Iguales» antes de que se produjera, siendo arrestados François Babeuf y sus seguidores que pretendían establecer una «sociedad comunista» aboliendo la propiedad. Precisamente la «amenaza jacobina» será una de las justificaciones del golpe del 18 de Brumario, ya que en las elecciones de abril de 1799 se acababa de producir el avance de los «neojacobinos».

Una de las razones que explicarían el protagonismo político del Ejército fue la reanudación de la guerra, que pierde en gran medida su carácter revolucionario. Como ha señalado Michel Vovelle, «la conquista se convierte en un medio para sacar a flote la hacienda, con el consiguiente debilitamiento de las motivaciones ideológicas». En efecto, las victorias del general Bonaparte en Italia suponen una fuente de ingresos para Francia gracias a los tributos que se imponen a los territorios conquistados, aunque eso no impide que el 30 de septiembre de 1797 (9 de vendimiario del año VI) se declare la bancarrota de la Hacienda Pública (el Estado sólo podrá hacer frente a un tercio de sus deudas y los otros dos tercios se compromete a reembolsarlos con bonos).

Tras la derrota de Austria (Tratado de Campo Formio de 17 de octubre de 1797), Gran Bretaña era el único Estado que se mantenía en guerra con Francia. En julio de 1798 Bonaparte desembarca en Egipto para bloquear la ruta de la India (la colonia más importante de Inglaterra), pero queda aislado en Egipto cuando la flota británica, al mando del almirante Nelson, hunde la flota francesa en la bahía de Abukir. Así, Inglaterra logra construir una Segunda Coalición contra Francia, con Rusia, Austria y Nápoles, además del Imperio Otomano. La guerra vuelve a Europa, los ejércitos franceses retroceden y las «repúblicas hermanas» se derrumban. En el verano de 1799 la República se ve amenazada de nuevo en su propio territorio. El 15 de agosto Bonaparte abandona Egipto y regresa a Francia. Durante su viaje se produce la victoria de los franceses sobre los austro-rusos en Zurich el 25/27 de septiembre de 1799 y la República francesa parece a salvo de la amenaza exterior. Sin embargo, Bonaparte no abandona sus planes y encabeza el Golpe de Estado del 18 de brumario (9 de noviembre de 1799).

Antecedentes thumb|upright=1.0|La Convención se levanta contra Robespierre (27 de julio de 1794)

Tras la caída de Robespierre el 28 de julio de 1794 (10 de termidor del año II, en el calendario republicano) los termidorianos (surgidos en su mayoría del grupo de la Llanura) procedieron rápidamente a deshacer la obra del periodo anterior de «El Terror». Solo cuatro días después del 10 de termidor la Convención derogó la ley del 22 de pradial y a continuación ordenó la liberación de todos los «sospechosos» presos. También de «los 73» diputados encarcelados en el otoño de 1793 por haber firmado una petición a favor de los girondinos. El 24 de agosto (7 de fructidor del año II) fueron reducidos los poderes del Comité de Salud Pública y el 12 de noviembre (22 de brumario del año III) fue clausurado el Club de los Jacobinos. El 24 de diciembre (4 de nivoso del año III) fue abolido el maximum de los precios y de los salarios, lo que provocó el agravamiento de la inflación del asignado, lo que unido al crudo invierno que heló el Sena e hizo impracticables los caminos provocará la vuelta del pan caro y del hambre (y del frío, al cortarse los suministros de leña y carbón).

La respuesta del movimiento sans-culotte se produjo meses después, el 12 de germinal del año III (1 de abril de 1795), con una insurrección popular en París que fracasó —los manifestantes que habían invadido la Convención se retiraron pacíficamente sin que hubiera ningún muerto—, lo que fue aprovechado por los termidorianos para agravar el Terror Blanco, cuyos hechos más dramáticos fueron las masacres de jacobinos en Lyon y en Marsella, y en otras ciudades cercanas, mientras que en París bandas de muscadins de la jeunesse dorée ('juventud dorada'), dirigidas por el diputado Stanislas Fréron, los perseguían a diario, así como a los sans-culottes (una de sus «hazañas» fue sacar los restos de Marat del Panteón y, según se creyó entonces, tirarlos por una alcantarilla).

La última tentativa de insurrección sans-culotte se produjo entre el 1 y el 4 de pradial del año III (20-25 de mayo de 1795) en la que los amotinados invadieron esta vez con armas y de forma violenta la Convención al grito de «Pan y la Constitución de 1793». Tropas leales a los termidorianos consiguieron aplastarla y en la Convención se eliminó el último foco de montañeses y se desarmó a los sans-culottes, poniendo fin así a su alternativa del «pueblo en armas» («no se produciría otra revuelta de las clases bajas en las calles de París hasta la Revolución de julio de 1830, una generación más tarde», ha señalado Jeremy D. Popkin). Por esas mismas fechas los termidorianos firmaban la paz con los reinos de Prusia y de España, miembros de la Primera Coalición, y solo Gran Bretaña, Austria y los Estados italianos mantuvieron su enfrentamiento con la República francesa, por lo que la guerra dejó de ser el problema más grave de Francia. Asimismo el 21 de febrero de 1795 (3 de ventoso del año III) proclamaron la «libertad de cultos», aunque organizados de forma privada, poniendo fin al así al movimiento descristianizador y a su alternativa del «Culto al Ser Supremo». thumb|Insurrección realista del 13 vendimiario del año IV (5 de octubre de 1795). Sin embargo, el peligro de la contrarrevolución no desapareció. Entre el 23 y el 27 de junio de 1795 (5/9 Mesidor del año III), se produce el desembarco de emigrés en Quiberon, derrotados por el general Hoche, aunque rebrota la guerra de la Vendée, región que parecía pacificada tras haber alcanzado en febrero un acuerdo con su principal dirigente François Charette (que incluía que el clero refractario pudiera celebrar el culto católico y la exención de la levas y de impuestos para sus habitantes por diez años). Por su parte el hermano de Luis XVI, autoproclamado como Luis XVIII tras la muerte en prisión del delfín Luis XVII, reclama desde Verona el trono de Francia. El 5 de octubre (13 de vendimiario del año IV) una nueva insurrección realista, esta vez en París, intenta restablecer la monarquía. El ejército, al mando del joven general Bonaparte, es el encargado de reprimirla. Veinte días después la Convención se disuelve al grito de «¡Viva la República!», una vez que había aprobado en agosto, tras dos meses de debates, una nueva Constitución (la Constitución del Año III), que, según Albert Soboul, se propuso «obstaculizar el camino, tanto a la democracia como a la dictadura, y volver a los principios de 1789, pero interpretados y dirigidos en el sentido de los intereses burgueses».

La Constitución del año III, refrendada por un plebiscito celebrado el 24 de septiembre de 1795, restauró el sufragio censitario —solo unas 30 000 personas eran las que elegían a los diputados— y recuperó la distinción entre «ciudadanos activos» y «ciudadanos pasivos» —François-Antoine de Boissy d'Anglas, uno de los redactores de la nueva Constitución y que fue quien presentó el proyecto ante la Convención, declaró: «Un país gobernado por los propietarios está dentro del orden social»; también proclamó que «la igualdad absoluta es una quimera»—. El poder legislativo quedó formado por dos cámaras —el Consejo de los Ancianos, compuesto por 250 diputados con edades superiores a los 40 años; y el Consejo de los Quinientos, 500 diputados mayores de 30 años— renovadas en un tercio anualmente, y el ejecutivo por un Directorio de cinco miembros, nombrados por los Ancianos a propuesta de los Quinientos, siendo renovado cada año uno de sus miembros. El Directorio nombra a su vez a los seis ministros responsables ante él y no ante los Consejos, pero carece de la iniciativa legislativa al aplicarse una estricta división de poderes. En conclusión, según Soboul, «la primacía de los notables fue restaurada; los derechos del hombre no fueron ya más que los del hombre propietario».

Además los termidorianos intentaron asegurarse la continuidad en el poder en el nuevo régimen del Directorio aprobando el llamado «decreto de los dos tercios», según el cual dos tercios de los diputados elegidos para los dos nuevos Consejos tenían que ser diputados de la Convención. «¿En qué manos se dejará el depósito sagrado de la Constitución?» se había preguntado uno de los miembros de la Comisión constitucional para justificar el «decreto de los dos tercios». Sin embargo, la mayor parte de los convencionales que resultaron elegidos eran moderados o «realistas enmascarados» y el tercio restante «se componía esencialmente de realistas y católicos», según Soboul. «Bajo esos estos auspicios se abría la nueva experiencia constitucional que comienza con el Directorio», añade este historiador.

Primer directorio (1795-1797) Según Jeremy D. Popkin, el nuevo régimen del Directorio se enfrentaba a un gran desafío ya que «tenía pocos partidarios verdaderos, el argumento más sólido a su favor era que las alternativas —el regreso del intransigente Luis XVIII o un resurgimiento del jacobinismo militante— eran demasiado aterradoras para contemplarlas siquiera». «La gente corriente podía renegar del carácter elitista del nuevo gobierno, pero la existencia del Terror la había dejado demasiado desilusionada para levantarse contra él», añade Popkin.

Según Albert Soboul, «los termidorianos creyeron asegurarla [la preeminencia social, la autoridad política] para la burguesía, pero en el marco del régimen liberal y en un país en donde se recrudecía todavía la guerra civil y la guerra extranjera. La Vendée no se había extinguido, ni tampoco se había reducido la coalición. [...] Para dirigir la guerra, el nuevo régimen heredaba un asignado desvalorizado y un ejército desorganizado. La aplicación de la Constitución del año III... tenía que resentirse de esas dificultades».

Nombramiento de los cinco primeros directores thumb|Retrato oficial del director Paul Barras, con la abigarrada vestimenta que llevaban los cinco miembros del Directorio —el sombrero de plumas en la mano izquierda—.