miniaturadeimagen|Estación de Lavapiés. thumb|'Manola' del en Lavapiés, durante las fiestas autogestionadas por el vecindario en la calle del Oso. thumb|Majas en el balcón, Francisco de Goya. Lavapiés es una barriada de la ciudad de Madrid, España, ubicada dentro del más amplio barrio de Embajadores, en el distrito Centro de la capital.
En el también se conoció como barrio del Avapiés por la influencia de los sainetes de Don Ramón de la Cruz, volviendo a su antiguo nombre con el . Se ha considerado icono del «casticismo madrileño» y la «manolería». Marca su corazón la plaza de Lavapiés y su arteria más importante fue la calle Real de Lavapiés.
Aunque no aparece como entidad administrativa oficial, Lavapiés se considera el área comprendida entre El Rastro, Tirso de Molina y el Museo Reina Sofía.
Origen documentado Los documentos más antiguos sobre la existencia de habitantes en lo que hoy es el barrio, basados en los documentos del archivo del Ayuntamiento de Madrid, dicen que el origen del barrio de Lavapiés estaría en los asentamientos comerciales extramuros de finales del relacionados con el camino real de Toledo y el camino de Atocha, y la existencia del antiguo matadero en lo que hoy es El Rastro que aprovechaba el gran desnivel del barranco hacia el valle del río Manzanares para evacuar los rastros de la sangre y demás desechos de los animales sacrificados.
Topónimo thumb|Placa del callejero tradicional de Madrid, por el ceramista Ruiz de Luna. thumb|Fuente de Lavapiés, en La Ilustración Española y Americana (1872). En la toponimia moderna existe acuerdo sobre un posible topónimo de etimología popular, basado en el evidente desnivel de las calles del barrio hacia el valle del Manzanares (aprovechado para instalar el matadero de la villa) y las evidencias sobre los arroyos que corrían por el centro y los consiguientes barrizales, no parece aconsejable descartar lo obvio: "Lava-pies". En esta línea, Mesonero Romanos en cuanto al origen misterioso del topónimo Lavapiés, admitía que pudiera tener alguna relación higiénica con la gran fuente que hubo en su plaza central hasta finales del siglo . En cuanto a la denominación "El Avapiés", se considera una ultracorrección de Lavapiés, que algunos autores atribuyen al capricho de don Ramón de la Cruz.
La judería legendaria
Se rechaza como leyenda la noticia dejada por autores como Pedro de Répide o Juan Antonio Cabezas (entre otros varios cronistas de los siglos y ). Los medievalistas a partir de la segunda mitad de este último siglo, proponen que «en Lavapiés nunca hubo una judería», más allá del fruto legendario de cronistas y escritores que «orquestaron tal bulo» a partir de finales del siglo . Las frecuentes referencias a una supuesta sinagoga y a un enterramiento judío en la calle del Salitre se consideran restos de esta leyenda sin que, al parecer, exista ninguna prueba en la literatura arqueológica profesional de ambos hechos. thumb|"La Corrala", símbolo arquitectónico del Lavapiés del Madrid galdosiano del siglo , mostrando su interior a la calle de Mesón de Paredes.
Al inicio del siglo , algunos autores aportaron estudios para desmitificar el supuesto pasado de Lavapiés como enclave de una judería en los arrabales de la Villa de Madrid. Una de las evidencias de trabajo fue que las fuentes de este mito parten de algunas obras del regionalismo tardío, predecesor del romanticismo nacionalista de finales de siglo en Europa. Ramón Mesonero Romanos, en su obra Escenas matritenses, parece adjudicar el nacimiento de esta leyenda al escritor Ramón de la Cruz y, en concreto, a la trama de su obra teatral Los bandos de Lavapiés. Aunque la supuesta judería o aljama de Lavapiés fue apoyada por autores de los siglos y como Amador de los Ríos, Antonio de Capmany o Fidel Fita, un investigador más moderno, Manuel Montero Vallejo, las calificó de «patrañas», alegando la escasa población de la zona, eminentemente rural, durante la Edad Media, opinión que también suscribe el medievalista Gonzalo Viñuales Ferreiro.Ambos profesores explican que antes de 1492, año de la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón, la villa de Madrid ocupaba el interior de los muros que se extendían por lo que hoy es la calle de la Cava Baja y Alta, muy lejos, por lo tanto, de un supuesto arrabal de Lavapiés. Dichos especialistas consideran como dato en contra de una judería en Lavapiés el hecho de que no existiera en esta zona una muralla que cerrara sus puertas al anochecer y protegiese a los vecinos, condición que se ha dado en los barrios judíos de otras ciudades de España. Insisten también en que el Madrid medieval, el altozano que después ocuparían el palacio Real y la catedral de la Almudena, quedaba muy distante de lo que luego se llamaría Lavapiés, que en dicho periodo medieval era campo de cultivo, probablemente deshabitado y sin construcciones de entidad antes del siglo , cuando ya habían sido expulsados los judíos.
Las excavaciones realizadas para la instalación del futuro Museo de las Colecciones Reales y las pruebas arqueológicas halladas refuerzan la tesis de que la judería de Madrid se extendía en el perímetro situado bajo la actual catedral de la Almudena, dentro de los muros, tal y como, por otra parte, sucede en el resto de juderías hispanas y concuerda con la extensión del Madrid medieval.
Para intentar asignar a toda costa un mítico pasado judío al barrio, algunos autores señalan la posibilidad de que en el arrabal de Lavapiés habitasen grupos de judeoconversos (cristianos nuevos) y que en su evolución cultural diese origen a algunas tradiciones a lo largo de su convivencia con cristianos viejos asentados en la misma zona entre los siglos al , como sucedió en varios pueblos y ciudades de España. Sin embargo, no existen pruebas históricas de ello ni de las mencionadas tradiciones.
La descripción de Mesonero Romanos
Cuna de la manolería
thumb|Manola, según dibujo y grabado de Antonio Rodríguez (1801).
Varios de los autores referidos o citados -Mesonero, Ramón de la Cruz, Pedro de Répide- han dejado entretenidas páginas sobre la tipología humana de Lavapiés. Anteriores a los estudios del , suelen coincidir estos y otros literatos y cronistas del casticismo madrileño en el origen hebreo de muchos vecinos de la zona, que haciendo "ostentación de cristianos nuevos" ponían el nombre de Manuel a sus primogénitos. Andando el tiempo, el barrio de los Manueles se convirtió en el barrio de los Manolos y por extensión de las Manolas y de la "manolería" en general. En ese mismo crisol castizo se fraguarían los majos o "mayos", por la costumbre festiva de adornar el mayo y elegir la maya el día de Santiago el Verde (y que luego llenarán la obra más festiva de Francisco de Goya). Rivales de manolos y majos serían a su vez los chisperos o "tiznaos" del gremio de herreros que con el tiempo se reuniría en los barrios 'altos' del otro lado de la cerca, en lo que luego será el castizo Chamberí. Y participando de la suficiente dosis de casticismo de unos y otros menudearon hasta hacerse mayoría los 'chulos y chulapos, chulas y chulapas', con una etimología que Répide recoge de origen árabe (chaul en esa lengua denomina al "mozo o muchacho"), y que ya en el Diego de Torres Villarroel menciona en sus Sueños morales en estos términos:
Cita y metáfora que parecen dejar claro el origen de otra de las singularidades del casticismo madrileño: el piropo.
"Manolas", "chulas" y "chisperas" fueron desarrollando su propia iconografía y personalidad. Así las hace cantar Vicente Cobos en su melodrama en un acto Los chisperos de Madrid:
Embrión del movimiento obrero madrileño Una de las características y singularidades del barrio es su diversidad, reflejo de una realidad plural histórica generada por las diferentes olas de migración, desde otras comunidades españolas y países, reflejado en la diversidad de sus múltiples movimientos asociativos, vecinales, sociales, culturales, deportivos...
El barrio fue polígono industrial de Madrid, con fábricas como Real Fábrica de Coches, Cerveza de Lavapiés o la Real Fábrica de Tabacos, conocida como Tabacalera. comenzándose a organizar el movimiento obrero madrileño, con anterioridad a la creación del PSOE y UGT, en centros obreros o centros de sociedades obreras, como el de la calle Salitre que albergó de 1874 a 1882 diferentes sociedades obreras, la cooperativa socialista y la mutualidad obrera.
Especial relevancia en su desarrollo tuvieron Las Cigarreras abanderadas durante décadas del movimiento obrero y el feminismo.
Abandono en la posguerra thumb|La 'republicana' fuente de Cabestreros, en 2007. thumb|Ruinas y espacio urbano de las Escuelas Pías de San Fernando, en 2009. El estigma de arrabal, primero, y ‘barrio bajo dejado de la mano de Dios’, que Lavapiés casi tuvo desde su origen y que ilustró páginas inmortales de Galdós y buena parte de la novela social del siglo , se continuó con el abandono en que cayó tras la guerra civil española. Como paradójicos ejemplos de ello pueden citarse: la fuente de Cabestreros y el hecho insólito de que se conservara en ella una de las pocas menciones a la República que existen en un monumento público madrileño, ya que tales menciones fueron sistemáticamente eliminadas por el franquismo. Otra paradoja, dada la profunda religiosidad del régimen de Franco, fue el estado de abandono y ruina en que permanecieron las Escuelas Pías, situadas en la que –ya en el siglo – sería llamada plaza de Agustín Lara. El conjunto religioso fue incendiado y saqueado por cenetistas un día después del estallido de la guerra civil española, el 19 de julio de 1936.Arturo Barea en su relato autobiográfico La forja de un rebelde, vol. III. La llama, Madrid, Bibliotex (Biblioteca El Mundo), 2001, págs. 122–124, relata que las Escuelas Pías llevaban ya algún tiempo siendo utilizadas como polvorín por la Falange, que realizaba instrucción militar en su patio bajo el manto de una asociación católica. El 19 de julio de 1936 una ametralladora disparó desde la torre hacia las calles de Embajadores y Mesón de Paredes, matando a un transeúnte e hiriendo a otros cinco. Pero hay que indicar que este relato se da en todas las ocasiones en que los anarquistas incendian y saquean iglesias. En los documentales anarquistas de los incendios del 19 de julio en Barcelona, se justifican de la misma manera. Películas que por su crudeza fueron luego utilizadas por la propaganda de la otra zona. Lo cierto es que la iglesia fue saqueada y robada y las imágenes destrozadas (Libro de Elías Tormo, Las iglesias de Madrid, reedición de 1979).
Abundando en ese referido abandono del Lavapiés madrileño, el conjunto de las Escuelas Pías se mantuvo tal y como quedó tras el incendio, hasta que entre 2002 y 2005 (en el periodo de la VII legislatura de España), se aprovecharon las ruinas para construir una biblioteca y un Centro Asociado de la UNED, creando un entorno ciudadano de diversa traza arquitectónica.
Transformación thumb|Fachada decorada en la calle de los Ministriles Chica. thumb|Mural callejero en el viejo edificio de la Fábrica de Tabacos, en la glorieta de Embajadores.
A partir de la década de 1970 un flujo de gente joven fue relevando en Lavapiés a los tradicionales vecinos del Madrid chulo y castizo de la postguerra, atraídos por la abundancia de viviendas de renta baja. El progresivo abandono de los inmuebles por sus dueños y la proliferación de casas abandonadas hizo que en los noventa se instalasen allí colectivos libertarios, anarquistas y okupas: llegando a considerarse en algunos medios esta zona de Madrid como una de las de mayor densidad de casas ocupadas. En el inicio del es el barrio con mayor cantidad de asociaciones y movimiento vecinal de Madrid.