Lancia (en el término municipal de Villasabariego, León, España) fue una antigua ciudad astur y romana de la provincia Tarraconense, la más importante de los astures. Se encontraba en una meseta entre los ríos Porma y Esla denominada genéricamente El Castro que engloba otros topónimos menores bien documentados como El Pico del Castro, Valdealbura, La Encrucijada, El Praduño, Socesáreo y El Talancón. Actualmente solo se conservan visibles restos de algunas edificaciones. Las excavaciones arqueológicas continúan en la actualidad.
Contexto geográfico miniatura|280px|Imagen gráfica de lo descrito en el texto de la izquierda.
Su ubicación explica la elección de este cerro por su fácil defensa, al encontrarse elevado sobre las llanuras aluviales de los valles de los ríos Esla (llamado Astura por los romanos) y Porma, cuya fertilidad constituía sin duda la base de la economía agropecuaria de la ciudad. Su superficie es llana pero con una prolongada inclinación desde el noroeste al suroeste. Se encuentra a 840 m, de media, sobre el nivel del mar. La superficie coincide con los restos de una terraza del río Esla de época Cuaternaria, correspondiente a un tercer nivel situada a +40 m. Su situación coincide con las coordenadas 5°25′47″ de longitud Oeste y 42°31′45″ de latitud Norte.Conforme a la hoja nº 162 (M.T.N. de Gradefes. Esc. 1:50.000) (Hoja del Servicio Geográfico del Ejército. Topografía Militar de España, Mapa General. Serie L, nº 162).
Fuentes literarias y epigráficas Lancia aparece citada en:González Alonso, E. (1997), «Lancia. Fuentes e historiografía», en Lancia, 2, León, pp. 181 y ss. Ptolomeo la nombra como una más entre las ciudades de los astures, (Ptol., Geogrph. II, 6, 28). El Itinerario de Antonino la sitúa en la vía I a nueve millas de la mansio de ad Legio VII Gemina y a veintinueve de Camala (Itin. Ant., 395, 3). Plinio el Viejo menciona a los lancienses como pueblo dentro de los astures, (Plin., Nat. hist. III, 28): «Iunguntur iis Asturum XXII populi divisi in Augustanos et Transmontanos, Asturica urbe magnifica. in iis sunt Gigurri, Paesici, Lancienses, Zoelae. numerus omnis multitudinis ad CCXL liberorum capitum». Floro narra su caída a manos de Carisio y cómo éste la respetó después de haber derrotado a los restos del ejército astur al final de las guerras cántabro-astures para que «sin quemar fuese mejor monumento de la victoria romana», (Flor., Epit., II, 33). Dión Casio relata el mismo episodio y le otorga el calificativo de «la ciudad más importante de los astures» (D. Cass., Hist., LIII, 25, 8). Orosio da una versión de los hechos, prácticamente idéntica a la de Floro, en sus Historias contra los paganos (Oros., Hist., VI, 21, 9-10).
Quizá los pasajes más elocuentes en cuanto a los hechos y características de la ciudad sean los de Floro, Dion Casio y Orosio:
Historia Prehistoria y protohistoria La vida del yacimiento antes de la época romana puede resumirse por los materiales aparecidos del Paleolítico Inferior, Neolítico Final y primeras fases de la Edad de los Metales y Segunda Edad del Hierro.
Lancia era la ciudad más importante de los astures y algunos autores la consideran la capital de los mismos, aunque no consta que su organización como grupo precisara de una ciudad como cabeza del mismo ni se tiene constancia de que así fuera. El enclave se sitúa a unos 14 km de León y a algo más de 1 km de Mansilla de las Mulas.
Época romana En el año 25 a. C. el general romano Publio Carisio atacó la ciudad y consiguió someterla, pero la libró de ser destruida por sus soldados para que «sin quemar fuese mejor monumento a la victoria romana» («ut cum in captam urbem faces poscerentur aegre dux impetrauerit ueniam ut uictoriae Romanae stans potius esset quem incensa monumentum»).
Se reconstruyó como ciudad romana a lo largo del y se abandonó definitivamente en el , al menos en la zona central de la ciudad; es posible una cierta pervivencia en áreas periféricas, delatada por materiales sueltos fuera de contexto estratigráfico.
Investigación arqueológica El yacimiento fue declarado bien de interés cultural con categoría de zona arqueológica en 1994. Las referencias más antiguas se pueden rastrear ya en el y lo reconocen desde los siglos y arqueólogos e investigadores como Saavedra, Ricardo Velázquez Bosco, el Padre Fita, Gago Rabanal, J. Sanz Martínez, Antonio Blázquez, José María Luengo, Francisco Jordá Cerdá, Eladio Isla, Carmen García Merino y Manuel Abad, quienes contribuyeron de forma notable al progreso de las investigaciones.
Restos arqueológicos
Reconocidos investigadores han excavado el yacimiento arqueológico de Lancia ya desde el . Lamentablemente, tales estudios nunca han estado acompañados de la adecuada conservación de los restos ni de su pública apertura o visita. En la actualidad, la Diputación de León, a través del Instituto Leonés de Cultura, realiza campañas de excavaciones anuales.
Recientemente, la construcción de la autovía A-60 (León-Valladolid) ha sacado a la luz un interesantísimo barrio industrial con hornos y fundiciones, una edificación con planta basilical y una necrópolis, entre otros múltiples restos, que, dada la cercanía al yacimiento central de Lancia, se interpretan como el emplazamiento que las fuentes documentales denominan Sublancia.
Segunda Edad del Hierro Las fases de la Segunda Edad del Hierro se representan en el yacimiento por restos de fondos de viviendas construidas con postes hincados, con hogares y hornos domésticos y por algunos restos de construcciones de adobe, pertenecientes todos ellos a los siglos y a. C.
En las excavaciones de finales del y principios del se hallaron los restos del poblado prerromano, tal vez el mismo que según las fuentes habitaron los astures sometidos en el año 25 a. C. por las legiones de Augusto al mando del general Publio Carisio.
Se trata de un conjunto todavía pequeño de suelos de tierra pisada, cubetas excavadas en el substrato arcilloso y rellenas de ceniza, áreas de fuegos, hogares, hoyos de poste, etc., que responden a los residuos de un área de hábitat, donde se localizan a la sazón vestigios óseos y cerámicos que pertenecen a una fase cultural de la Segunda Edad de Hierro, que podría fecharse desde el s. al a. C., de marcado acento centromeseteño y, por lo tanto, emparentados con las culturas celtiberizadas. La localización de esta área ha conducido a su valoración abriendo nuevas hipótesis sobre una extensión mayor que la admitida originalmente para el poblado prerromano, sobre el grado de integración de los intercambios con el medio circundante, de interesantes consecuencias en el marco geográfico en el que se inserta, y acerca de los vínculos con las zonas próximas de clara identidad cultural.
Las estructuras más importantes se exhumaron debajo de la estancia VIII, según la numeración que Jordá asignó a las termas por él descubiertas, identificada posteriormente como apodyterium. Aquí se descubrieron dos niveles por debajo del suelo de época romana. El primero estaba formado por una superficie empedrada con pequeños guijarros de río que se disponía sin demasiado orden sobre parte del área intervenida. Se destacaban en él la existencia de alineamientos de piedra del lugar que, de momento, no se han identificado funcionalmente, a la par que se constataba la presencia de elementos desechados: fauna, restos de molino circular, etc. Este espacio parece corresponder a un lugar de tránsito, sin duda la que marca el final de la vida del poblado prerromano y la primera constancia de la presencia romana, ya que en el mismo se halló algún fragmento de terra sigillata italica.
La fase que precedió a este nivel, sin duda la más reveladora en cuanto a la clasificación cultural, se ha determinado por la presencia de alineaciones de agujeros de postes que enmarcan suelos apisonados de arcilla, en ocasiones estratificados, que responden a estructuras que cerrarían espacios domésticos. Lamentablemente, no se pueden conocer en toda su extensión debido a que los cimientos de las termas romanas se excavaron por debajo de este nivel, desmontándolos en parte.
Al exterior del recinto descrito existen bolsadas de cantillos, planchas arcillosas de formas ovoideas que han sellado nuevos hoyos (de mayor tamaño) y paquetes de gravas, todo ello situado en un entorno de difícil comprensión funcional.
El resto de las evidencias de la fase prerromana se han puesto de relieve en los cortes parciales de los suelos del edificio de los baños romanos. Por ejemplo, en la estancia IV una bolsada cenicienta deparó cerámicas celtibéricas y un mango de asta de ciervo; y en la estancia I se conservan residuos de suelos. Al sur, en la zona que luego ocupó la palaestra, se registraron bolsones oscuros y, también y especialmente, en el corte realizado en el pasillo distribuidor de las termas. En este lugar, bajo una zona de circulación que debe datar de la fase de construcción de las termas, se observó un suelo que contenía un pequeño silo y una cubeta rellena de carbón vegetal con cierre arcilloso de superficie enrojecida por el calor.
miniatura|278px|La conocida como «Fíbula de Lancia», fíbula celtíbera de bronce hallada en Lancia (siglo o a. C., M.A.N., Madrid).
Al norte de las termas, fuera del edificio, donde Jordá había identificado una calle romana compuesta por cantos rodados, se realizó un sondeo en 1999 que puso en evidencia un enchinarrado muy cuidado, de canto pequeño de río, con ligera pendiente hacia el centro, de bordes regulares, donde se había amortizado algún fragmento de molino de vaivén.
Buena parte de las características descritas manifiestan una ostensible relación con el centro de la Meseta, donde, cuando se exhuman niveles de ocupación de la fase celtiberizada en los grandes poblados vacceos, aparecen por doquier «pavimentos de cantos rodados, enlosados de caliza, adobes alargados, pisos de arcilla, molinos circulares, enlucidos, hoyas excavadas, orificios de postes, etc.».
Entre los diversos materiales localizados, merecen mencionarse aquí una fíbula de tipo simétrico, un resorte de fíbula y un botón con perforación central, todos ellos en bronce, y algún mango trabajado en asta de cérvido.
Los escasos datos que de momento ofrecen los hallazgos arqueológicos han llevado a plantear una cronología para los niveles prerromanos hallados bajo las termas romanas en torno a finales del y, principalmente, durante todo el
La ciudad astur-romana Merced a las investigaciones y a las fuentes literarias, las características de la ciudad astur-romana posterior se conocen algo mejor. Tras las guerras de Augusto contra cántabros y astures, la vida en el asentamiento continuó. Este pervive sin aparentes problemas durante el d. C. e, incluso, da muestras de un cierto vigor económico hacia el final de esa centuria y durante la siguiente, hecho que parece confirmar tanto el posible acceso a la condición de municipium en época flavia (fines del d. C.), como el impulso urbanístico que suponen la construcción del macellum a principios o mediados del d. C. y las thermae, quizá algo anteriores en su fase inicial pero modificadas a la vez que se construye el edificio comercial.
La condición municipal de la ciudad puede plantearse como hipótesis gracias a una inscripción de Tarragona:C. I. L. II, 4223; Alföldy, G., R. I. Tarraco. 287.