thumb|right|200px|Sello de la Renaixença catalana dedicado a Wifredo el Velloso La Renaixença o Renaixensa ( o ) fue un movimiento cultural y literario en algunos territorios de habla catalanovalenciana, que llega a su esplendor durante la segunda mitad del . Su nombre surgió de la voluntad de hacer renacer el catalán o valenciano como lengua literaria y de cultura después de los siglos de diglosia respecto al castellano (periodo llamado genéricamente Decadència). Es paralelo a otros similares, como el Rexurdimento gallego. La palabra fue acuñada por primera vez en 1864 por el dramaturgo Eduard Vidal i Valenciano.

Los autores más importantes de este movimiento fueron Joan Maragall, Jacinto Verdaguer y Buenaventura Carlos Aribau y uno de los puntos clave de su difusión fueron los Jocs Florals. El estilo de la Renaixença es parecido al Romanticismo europeo, predominio de los sentimientos, la exaltación patriótica y los temas históricos. La lengua utilizada mezclaba cultismos y neologismos con palabras de la cultura popular.

Historia

thumb|200px|Número del 24 de agosto de 1833 del periódico El Vapor donde apareció publicada la Oda a la Patria de Buenaventura Carlos Aribau que inició la Renaixença. thumb|200px|Primera página del primer número de Lo verdader catalá, el primer periódico escrito íntegramente en catalán. El grabado en el que aparece un catalán vestido con el traje tradicional junto a las cuatro barras está acompañado del siguiente pie en catalán: Por tierra observa el catalán con amargura/su industria, su comercio y agricultura. El inicio de la Renaixença se ha situado tradicionalmente en agosto de 1833 cuando se produjo la publicación de la Oda a la Patria de Buenaventura Carlos Aribau en el diario El Vapor, a la que siguieron los 27 poemas en catalán de Joaquim Rubió y Ors que publicó en el Diario de Barcelona a partir de 1839 y que fueron reunidos en el libro titulado Lo Gayter del Llobregat (1841), el seudónimo del autor, quien en la introducción exponía su programa literario, basado en el amor a «las cosas de sa patria» y en la reivindicación del idioma que «desgraciadament se pert dia a dia» y del que algunos se avergüenzan de que se les «sorprengue parlant en catalá». Rubió y Ors también decía (en catalán):

El interés del movimiento se centró en la literatura, y dentro de ella en la poesía, por lo que se considera como uno de sus hitos la celebración de los primeros Jocs Florals en 1859 organizados por el Ayuntamiento de Barcelona —aunque tuvo un antecedente en 1841 con el certamen poético convocado por la Academia de Buenas Letras, en el que resultaron premiados un poema de Rubió y Ors sobre los almogávares y una memoria histórica de Braulio Foz sobre el compromiso de Caspe—. Los Jocs con sus tres premios ordinarios —a la fe, la patria y el amor— fomentaron los poemas de exaltación historicista y los tres discursos rituales —del presidente, el secretario y uno de los mantenedores— se convirtieron en «una cátedra de regionalismo», según se dijo tiempo después, que atraían a un público numeroso y variado. Así, «los Jocs avivaron el sentimiento de catalanidad, mientras proclamaban la españolidad de Cataluña».

Sin embargo, como denunció a principios del el líder nacionalista catalán Enric Prat de la Riba, los que impulsaban los Jocs Florals, «lloraban los males de la lengua catalana y en su casa hablaban en castellano; enviaban a los Juegos Florales hermosas composiciones llorando trágicamente los males de Cataluña, y fuera del redil de los Juegos ya no se acordaban de Cataluña y se asociaban con sus enemigos». Proponían la huida hacia un pasado idealizado en un momento de grandes cambios económicos y sociales, ya que, a excepción del liberal progresista Víctor Balaguer —aunque su primera poesía en catalán la dedicó A la Verge de Montserrat—, la mayor parte de los integrantes de la primera Renaixensa fueron afines al moderantismo. Rubió y Ors, por ejemplo, fue mucho más conocido en España por obras integristas como El libro de las niñas (1845) o Manual de elocuencia sagrada (1852) y en el discurso que pronunció ante la reina Isabel II con motivo de la apertura del curso 1861-1862 de la Universidad de Barcelona, defendió que «las universidades, manteniéndose católicas, sean en España las encargadas de impedir que el error se derrame por nuestro suelo». También fue muy conservador y clerical, Antoni de Bofarull, autor del primer folletín en catalán L'orfeneta de Menargues o Catalunya agonisant (1862). thumb|300px|left|Cuadro histórico de Claudio Lorenzale (1843-1844) que representa la leyenda de las cuatro barras de sangre del escudo del condado de Barcelona. Al mismo tiempo se produjo el resurgimiento de la historiografía catalana, que arranca en 1836 con la publicación de las Memorias para ayudar a formar un diccionario crítico de escritores catalanes, de Félix Torres Amat —«la primera historia indirecta de la literatura catalana»— y Los condes de Barcelona vindicados, de Próspero de Bofarull y Mascaró —«una historia a la vez crítica y laudatoria de los primeros condes-reyes»—, a las que siguieron tres años después Recuerdos y bellezas de España de Pau Piferrer, que en palabras de su autor relata con pasión «las felices épocas de los Raimundos y los Jaimes» y elogia a todos los que fueron «el sostén de las libertades de su patria, que nunca consintieron que fuesen holladas por mano de Rey», por lo que esta obra es considerada como la primera «en dibujar las grandes líneas de la historia nacional de Cataluña», en palabras de Josep Fontana, quien además señala que en ella se esboza «el cuadro esencial de los hechos que hoy conmemoramos como los hitos de la nacionalidad, incluyendo el 11 de septiembre». thumb|right|Víctor Balaguer, uno de los escritores principales de la Renaixença, impulsor del periódico La Corona de Aragón.

Entre los continuadores de estas obras pioneras destacaron Víctor Balaguer, con Bellezas de la historia de Cataluña (1853) e Historia de Cataluña y de la corona de Aragón (1860) —cuyo propósito según el autor era reivindicar para España «un único, sí, unido, pero confederado», y Antoni Bofarull, quien además de editar las grandes crónicas medievales catalanas inició en 1876 la Historia crítica (civil y eclesiástica) de Cataluña. El historiador Jaume Vicens Vives señaló en el siglo siguiente que la obra de Balaguer proporcionaba argumentos a los poetas patrióticos y la de Bofarull a los juristas y a los políticos.

Los conceptos de lengua y patria quedan equiparados por Herder en el romanticismo alemán. La Renaixença se consolida en el entorno de una burguesía culta que encuentra en el romanticismo un interés por el propio pasado. Se reivindica un pasado glorioso durante la formación de las diferentes naciones europeas, en la Edad Media. En el transcurso del movimiento que conocemos como Renaixença, se utiliza poco este término ante Renacimiento, refiriéndose a la lengua, a la literatura y a la patria. La primera vez que hay constancia del uso del término es cuando Pere de Rosselló realiza un discurso como secretario de los Juegos Florales de 1869. El 1871, se fundó la revista quincenal La Renaixença, pero en sus artículos se continúa empleando la palabra Renacimiento para referirse a la patria y a las letras catalanas.

La Renaixença es el periodo literario que va desde el final de la Decadencia hasta el Modernismo, enmarcado por un movimiento cultural y de concienciación nacionalista más amplio (alcanza todas las manifestaciones culturales), surgido dentro de la burguesía a raíz de las transformaciones provocadas por la Revolución Industrial. Así, la Renaixença se identifica claramente con el "redreçament" cultural catalán y, sobre todo, con la recuperación de su lengua.

Contexto histórico El absolutismo tendrá el último de sus episodios durante el reinado de Isabel II. Los conflictos se suceden durante todo el . Las tres guerras carlistas, los hechos de 1835 con la primera quema masiva de conventos y la insurrección de Barcelona contra Espartero en 1843 son los episodios más trágicos. Fue el preludio del nacionalismo catalán que se hizo visible a finales del .M Pilar Molina y otros, Cataluña: historia y memoria, Fascículos del HOY, Enciclopedia catalana, 1995, ISBN 84-412-2482-X

El estilo de la Renaixença es cercano al Romanticismo europeo, con predominio de los sentimientos, la exaltación patriótica y los temas históricos. La lengua empleada mezcla cultismos y neologismos con palabras de la cultura popular. La Renaixença se identifica con el "redreçament" cultural catalán y, sobre todo, con la recuperación de su lengua. El programa de la Renaixença pretende, sobre todo, la plena identificación entre lengua y patria. Porque la burguesía acabe concienciándose, el movimiento reivindica estos puntos: El descubrimiento y divulgación de los clásicos grecolatinos y de toda la literatura de tradición oral. La creación de la literatura catalana (en cualquier género), conducida por una lengua normativizada. La creación de instituciones nuevas que empujen la nueva dinámica literaria (editoriales, prensa…) y el reforzamiento de las instituciones ya existentes (Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona…).

Etapas La lengua catalana nunca había perdido su uso social, pero dos factores podían amenazar la continuidad del catalán como lengua vehicular. El primero fue el abandono de las clases altas de la lengua catalana como lengua para la cultura, hacía más de un siglo que no era una lengua oficial. El segundo la inminente voluntad estatal de universalizar la alfabetización.

Los periodos que siguen a continuación reflejan la realidad del principado. En Valencia el fenómeno de la Renaixença es más disipado por carencia de una burguesía que lo sustente. En las islas hay que destacar la figura de Marià Aguiló.

Los conceptos de lengua y patria quedan equiparados por Herder en el romanticismo alemán. La Renaixença se consolidó en torno a la burguesía culta que encontró en el romanticismo un interés por el pasado propio. Se reivindicaba un pasado glorioso durante la formación de las diferentes naciones europeas, en la Edad Media.

La diglosia (1833-1859) La lengua catalana dispone de manifestaciones de carácter popular como obras de teatro, goigs y coloquios, pero la burguesía adoptó la costumbre aristocrática de escribir en castellano. La mayoría de la literatura es de tema catalán pero escrita en castellano. El hecho de que todavía se dictaban leyes o normativas escolares en contra del uso de la lengua catalana nos indica su persistencia en el uso cotidiano.

1833 Publicación del poema Oda a la Patria de Buenaventura Carlos Aribau

El prestigio de la lengua catalana (1877-1892) Se introducen las teorías naturalistas y realistas que afectan sobre todo al teatro y la narrativa, como también a la prosa. Aparece el narrador más importante: Narcís Oller. Verdaguer y Guimerá se consolidan como autores.

1879 Aparece el Diari Català 1886 Valentí Almirall publica Lo Catalanisme 1892 La Unió Catalanista presenta las Bases de Manresa

Antecedentes