miniaturadeimagen|250x250px|Pegatina blavera contra el pancatalanismo. El término blaverismo (en valenciano, blaverisme) es un término inicialmente despectivo que hace referencia a un movimiento regionalista valenciano de carácter anticatalanista surgido durante la Transición española en la Comunidad Valenciana, en reacción al pancatalanismo. Debe su denominación a la defensa por parte de este movimiento de la franja azul (blava en valenciano) de la señera valenciana.

El blaverismo es un movimiento popular y heterogéneo, y no esta conectado a ninguna ideología en específico, por lo que aglutina distintos sectores situados dentro de la brújula política y fuera de la misma, aunque todos coinciden en la defensa del regionalismo valenciano contra el nacionalismo catalán. Apareció como reacción al discurso fusteriano del nacionalismo valenciano. Entre las características más frecuentes de su discurso, se encuentran elementos como el populismo, el regionalismo valenciano y el provincialismo, el conservadurismo y el anticatalanismo. Entre las principales actividades contra esta última característica se encuentra el secesionismo lingüístico del valenciano respecto al catalán. Ha sido vinculado con el reaccionarismo y se ha incluido como característica la potenciación del centralismo de la ciudad de Valencia.

Surgimiento del blaverismo

Hay dos puntos de vista acerca del surgimiento del blaverismo. Los dos son parcialmente complementarios, y diferentes sensibilidades políticas pondrán más énfasis en uno u otro.

Reacción al fusterianismo thumb|La puerta de la casa de Joan Fuster en Sueca fue objeto de vandalismo blavero en 2006. Uno de los factores que explicarían la aparición del blaverismo, sería la reacción a las tesis catalanistas del escritor valenciano Joan Fuster. Fuster, en su ensayo Nosaltres els valencians (1962) y otros escritos, promulga un nacionalismo valenciano de corte esencialista, basado fundamentalmente en la lengua y en factores culturales y concluye, tras un análisis histórico de la identidad valenciana influido por el marxismo, que los valencianos, mayoritariamente o esencialmente, comparten nacionalidad con sus vecinos catalanes.

Estas tesis gozaron de éxito entre buena parte de la intelectualidad y de los universitarios de la década de 1960, por su componente antifranquista y rupturista, que a su vez contagió a la izquierda política (cuyos partidos políticos adoptan mayoritariamente la señera (senyera) y el término País Valenciano, incluso cuando sus propuestas políticas no tengan nada que ver con el catalanismo). La ruptura fusteriana no fue planteada solo en relación con el franquismo, sino también con el valencianismo anterior a la guerra civil española, y especialmente con el discurso del regionalismo valenciano, que había gozado de cierta continuidad en dicho periodo.

Lo que define al blaverismo no es la denuncia del argumento fusteriano como una falacia, sino su respuesta igualmente esencialista pero del todo antagónica. Al percibir la unidad de la lengua del catalán como base de la unidad política de los Países Catalanes, el blaverismo normalmente niega la unidad lingüística para neutralizar el pancatalanismo.

La ruptura interna del valencianismo provocada por el surgimiento del entonces bautizado como nuevo valencianismo fusteriano favorecería la derivación (y el notable éxito) de una parte del valencianismo tradicional hacia planteamientos claramente anticatalanistas, dando lugar al llamado blaverismo. Este movimiento hizo suyo un determinado universo simbólico al que el nuevo valencianismo de raíz fusteriana había renunciado, arrastrando hacia sus planteamientos a los participantes de lo que, siguiendo al profesor Antonio Ariño, cabe llamar un "valencianismo emotivo o temperamental".Antonio Ariño, El valencianisme temperamental, Raons, Valencia, Institut d'Estudis Valencians, 1991.

Es importante enfatizar que lo que define al blaverismo no es la denuncia del argumento esencialista fusteriano como "falaz", sino su respuesta igualmente esencialista pero del todo antagónica. A la afirmación de Fuster: «no es que [la bandera valenciana] sea igual [que la catalana]; es la misma. Como es el mismo el idioma, y [...] tantas otras cosas más.», el "blaverismo" responde con una negación rotunda de que ambas comunidades compartan alguno de estos aspectos.

La Transición y el papel de UCD

Algunos críticos del blaverismo, particularmente desde la izquierda, relativizan la importancia del punto de vista anterior y consideran un anacronismo el hecho de que, mientras el fusterianismo nace con la publicación de Nosaltres els valencians en 1962, el blaverismo no se manifestará hasta 1977, en plena Transición, si bien Xavier Casp o Miquel Adlert ya se situaban en posiciones legitimadoras del secesionismo lingüístico desde años atrás.

Por el contrario, estos críticos enfatizan el papel que habrían jugado al respecto políticos de la UCD valenciana como Fernando Abril Martorell, el catedrático Manuel Broseta y el abogado Emilio Attard que, después de las primeras elecciones de 1977 ganadas por la izquierda en Valencia, habrían decidido recoger la bandera del anticatalanismo para neutralizar un planteamiento político que excluía a la derecha y al regionalismo de la centralidad política y frenar el avance tanto del PSOE, como del PCE y de los nacionalistas partidarios de una buena vecindad con Cataluña, a los que se acusará de catalanistas o catalanizadores. La primera declaración anticatalanista de un dirigente de la UCD corresponderá a Attard, máximo dirigente de la formación en la provincia de Valencia, en diciembre de 1977. En 1978, el escritor Vicent Andrés i Estellés es despedido como redactor jefe del diario Las Provincias por supuestas presiones políticas procedentes de la UCD, y en junio del mismo año se publica en el mismo diario el artículo de Manuel Broseta, primero de una serie de colaboraciones estructuradoras de las ideas anticatalanistas y de la presunta estrategia de la UCD a este respecto.

La identificación de la UCD con el ideario blavero llegó a ser prácticamente absoluta. Durante las negociaciones del Estatuto de Autonomía valenciano, la UCD defendió: a) la bandera coronada tricolor, contra la cuatribarrada que defendían los ponentes socialistas y comunistas; b) la denominación valenciano para la lengua propia, como era tradición llamarla, constaría sin referencia alguna a su filiación lingüística; c) la denominación de Reino de Valencia para la comunidad autónoma, contra la de País Valenciano que defendía la izquierda. A pesar de su posición minoritaria, la UCD valenciana hará valer su capacidad de bloqueo para imponer sus tesis en todos estos puntos, menos en el último. Finalmente, la UCD rechazó la denominación País Valenciano en el Congreso de los Diputados y se acabó adoptando la actual denominación, sugerida por Emilio Attard, de Comunidad Valenciana.

Símbolos del blaverismo

Como se ha señalado anteriormente, el blaverismo se define, por encima de todo, por su negación de que existan elementos simbólicos y culturales importantes que sean compartidos por catalanes y valencianos. El blaverismo como movimiento social en defensa de la personalidad valenciana asume el tradicionalismo basado en el Antiguo Reino de Valencia, en la bandera coronada con franja azul y afirmando el valenciano como lengua propia y distinta del catalán.María Ángeles Abellán López, Gonzalo Pardo Beneyto, La nueva configuración del sistema de partidos valenciano. Una aproximación institucionalista, Convergencia, Universidad autónoma del estado de México, 2018, pp.175-200

La bandera thumb|200px|left|El Palleter, escultura de Emilio Caladín, profusamente utilizada en la iconografía blavera. La tradicional señera tricolor valenciana con la franja azul coronada junto al mástil, es desde la segunda mitad del , por privilegio real, el símbolo privativo u oficial de la ciudad de Valencia. Si este símbolo de la ciudad resultaba o no aplicable por extensión al resto del Reino de Valencia es una cuestión para la que existe un margen de discusión desde el punto de vista académico, ya que si bien la señera del rey (cuatribarrada), común a todos los territorios de la Corona de Aragón, tenía presencia en buena parte del territorio, la senyera tricolor, al igual que el escudo urbano, dada la macrocefalia ejercida por Valencia, era casi siempre utilizada en los atlas y documentos diversos para distinguir al Reino de Valencia de los demás (para Aragón se colocaba el escudo con las barras rojigualdas y para los condados catalanes el escudo del condado de Barcelona). Con el resurgimiento del sentimiento identitario valenciano, a finales del y principios del , la bandera tricolor adquirirá un carácter protagonista como símbolo privativo que en algunas ocasiones compartirá con la señera cuatribarrada desnuda (que será también honrada como el Pendón de la Conquista, encontrado el 1838). thumb|La bandera de la Comunidad Valenciana es la reivindicada por el blaverismo. Desde el fusteranismo se promovió el uso exclusivo de la señera cuatribarrada desnuda (a la que se considera la bandera legítima del antiguo Reino de Valencia) como símbolo compartido con el resto de los territorios de habla catalana, los denominados por esta corriente como Países Catalanes. A partir de ese momento, la bandera tricolor se convierte en un elemento fundamental para el blaverismo, por su valor a la hora de diferenciarse con Cataluña. A pesar del valor simbólico de la señera con franja azul para el movimiento, no serán los blaveros los únicos sectores que mostrarán preferencia por esta bandera como la oficial para la Comunidad Valenciana, si bien el Consejo del País Valenciano oficializó una bandera cuatribarrada que, sin llevar franja azul, se diferenciaba de la de Cataluña por incluir el escudo de la Generalidad Valenciana en el centro.

En el Estatuto de Autonomía de 1982, la señera tricolor coronada fue designada bandera oficial de la Comunidad Valenciana.

La cuestión lingüística

Sin duda, la vertiente lingüística del movimiento es su rasgo más definitorio, tal y como asumen los principales diccionarios valencianos (entre ellos el Diccionari normatiu valencià de la AVL).

Por oposición a la caracterización por Joan Fuster de la lengua catalana-valenciana como elemento decisivo para construir una identidad cultural y política, los blaveros abogan por un uso dialectalizante del valenciano, y rechazan las unitaristas Normas de Castellón de 1932 para optar por las diferentes normativas ortográficas secesionistas del catalán propuestas por la Real Academia de Cultura Valenciana a partir de 1978. Este proceso se inicia con el ensayo de Miquel Adlert En defensa de la llengua valenciana: perqué i cóm s’ha d’escriure la que es parla (1977) y los protagonistas del mismo serán el propio Adlert y el poeta Xavier Casp, quienes evolucionaron durante la década de 1970 desde una postura unitarista inicial. thumb|225px|right|Estado del domicilio del presidente de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, Ramon Ferrer, después del ataque realizado por el Grup d'Acció Valencianista durante la madrugada del 23 de mayo de 2013.Ataque vandálico contra la casa del presidente de la Acadèmia de la Llengua notícia en El País del 23 de mayo de 2013