Erich Hermann Wilhelm Vögelin, conocido como Eric Voegelin, (; Colonia, Alemania; 3 de enero de 1901 - Stanford, Estados Unidos; 19 de enero de 1985) fue un politólogo y filósofo político de origen alemán, refugiado desde 1938 en Estados Unidos, país del cual adoptó la nacionalidad en 1944. Fue profesor de Ciencia Política en las universidades de Viena, Luisiana, Múnich y Stanford.
Estudió derecho en la Universidad de Viena, tuvo como directores de tesis doctoral a Hans Kelsen y Othmar Spann. Desde 1928 trabajó como profesor asociado de Ciencia Política en la Facultad de Derecho de su Universidad hasta que, con la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938, tuvo que huir con su familia, primero a Suiza y después a Estados Unidos, donde se establecería como ciudadano exiliado, al igual que otros alemanes coetáneos como Hannah Arendt, Albert Einstein, Vicki Baum, Bertolt Brecht, Leo Strauss o Thomas Mann.
Se establecería en Luisiana, donde impartió clases en la Universidad Estatal, hasta que en 1958 aceptó una oferta para ocupar una cátedra de Ciencias Políticas en la Universidad de Múnich que había estado vacía desde la muerte de Max Weber en 1920. Tras una década en Alemania, en 1969, desencantado con la situación política y social encontrada, regresó a Estados Unidos, esta vez a la Hoover Institution de la Universidad de Stanford, en California, donde continuaría con su trabajo hasta su muerte en 1985.
Obra intelectual Eric Voegelin trabajó a lo largo de su vida para estudiar la violencia política endémica del a través del estudio de campos como la filosofía política, la historia de las ideas o el sentido común.
Voegelin publicó numerosos libros, ensayos y revisiones de los mismos. Uno de sus primeros trabajos Die politischen religionen (Las religiones políticas), de 1938, trata de las ideologías totalitarias y sus semejanzas estructurales con la religión. Su magnum opus publicado en inglés en varios volúmenes es Order and History, que comenzó a publicar en 1956 y continuó los siguientes veintinueve años. Sus Conferencias Charles Walgreen en 1951, publicadas en la revista The new science of politics, se consideran generalmente como el prolegómeno de esta obra. Igualmente dejó muchos manuscritos inéditos, incluyendo una Historia de las ideas políticas que se ha ido publicado desde su muerte en ocho volúmenes.
Order and History fue concebido originalmente como un examen en seis volúmenes de la "historia del orden" ocasionado por la experiencia personal de Voegelin acerca del desorden de su tiempo. Los primeros tres volúmenes, Israel and Revelation (1956), The World of the Polis (1957) y Plato and Aristotle (1957), se centran en las concepciones acerca del orden en el Oriente Próximo y la Antigua Grecia. Incorpora así para la democracia moderna la importancia de las concepciones de la democracia no sólo de Atenas sino también de Jerusalén.
Voegelin entonces se encontró con dificultades que retardaron la publicación de los siguientes volúmenes, unido a su traslado a la Universidad de Múnich. Así, pasaron diecisiete años hasta que publicó el cuarto volumen de Order and History, que vería la luz en 1974 con el título The Ecumenic Age. Mientras tanto, sus nuevos estudios fueron publicados en alemán en 1966 en la colección Anamnesis: Zur Theorie der Geschichte und Politik. Rompió con el patrón cronológico de los volúmenes anteriores investigando las representaciones del orden a lo largo del tiempo, desde la Lista Real Sumeria a Friedrich Hegel.
El último volumen de Order and History, In Search of Order, escrito al final de su vida académica, fue publicado póstumamente en 1987. Uno de los puntos principales que trata Voegelin en este trabajo es que el sentido del orden es conducido por la experiencia de la trascendencia. Esta trascendencia no puede ser definida ni ser descrita completamente, aunque puede ser transportada por los símbolos. Un sentido particular del orden trascendental sirve como base para un orden político particular. Es de esta manera que la filosofía política se convierte en una filosofía del sentido. Las percepciones pueden fosilizarse como dogma. La base principal del trabajo del filósofo político es seguir estando abierta a la verdad del orden, y transmitirlo a otros.
Voegelin está más interesado en las conceptos ontológicos que se presentan a través de la experiencia, que de las cuestiones epistemológicas sobre cómo sabemos que una visión del orden es o no verdadera. Para Voegelin, la esencia de la verdad es la confianza. Toda la filosofía comienza con la experiencia divina. Puesto que la experiencia muestra a Dios como bueno, uno puede confiar en que la realidad es conocible, pues, como interpreta de René Descartes, Dios no miente.
El trabajo de Voegelin no cabe en ninguna clasificación estándar, aunque algunos de sus lectores han encontrado semejanzas en él con los trabajos de coetáneos como a Ernst Cassirer, Ludwig Wittgenstein, Martin Heidegger o Hans-Georg Gadamer. Como teólogo político debe remitirse al Conde Joseph de Maistre. Voegelin tiene un estilo inabarcable y de un conocimiento amplísimo, inventa términos o utiliza a menudo conceptos viejos de nuevas maneras. Sigue la regla académica alemana: si el tema es difícil, el estilo debe ser difícil. Sin embargo, hay patrones en su trabajo con el cual el lector se puede familiarizar más rápidamente.
Conceptos teóricos políticos Teología política Ya en sus últimas obras, especialmente en su inacabado "In search of Order" y en "The ecumenic Age", Voegelin se concentra en dar una idea precisa de su teoría de la consciencia, lo cual es la base de su filosofía y de la noción de orden social y político. Para Voegelin el aspecto experiencial, es decir, la forma en que el sujeto experimenta la existencia es lo fundamental. El ser humano comparte su existencia con los demás en su sociedad y el resto del universo, junto con la presencia divina. Voegelin concibe esto como el "tetragrámaton" (Israel and Revelation), que está en la base del orden personal y social. El hombre, especialmente, el filósofo y el religioso experimentan como Verdad una determinada relación entre la divinidad, su sociedad y el cosmos. Esa verdad es en sí imposible de transmitir si no es a través de símbolos y mitos. Estos son relatos, que son el resultado de la necesidad de comunicar experiencias humanas, sean filosóficas (noéticas) o sean neumáticas (espirituales o religiosas). Esa convicción se comunica a otros. Si éstos a su vez experimentan esta cercanía a la Verdad, entonces esa verdad se constituye en un núcleo en torno al cual se organiza un determinado orden social. Para Voegelin, por tanto, la Historia no es una sucesión de hechos externos, sino que es sobre todo la historia de lo experimentado por el Hombre como Verdad, y la historia del orden social y político no es la historia de las formas de gobierno, sino que es la historia de cómo el ser humano de cada sociedad experimenta su existencia y su experiencia de Verdad compartida con su sociedad, el cosmos y la divinidad. La historia se compone de explicaciones del origen de las divinidades (Teogonías) del mundo (cosmogonías), y el orden social en el que vive, de descripciones de cultos colectivos y, sobre todo, de escritos originales de aquellos que experimentaron por primera vez inspiraciones filosóficas, míticas o visiones inspiradas por la divinidad y las transcribieron en forma de ideas, símbolos y mitos.
Voegelin afirma que existe una "estructura de la realidad", que se relaciona con la estructura de la consciencia del ser humano; para Voegelin, esa estructura es parte de la naturaleza humana. La consciencia de participación en la existencia junto con los demás en la sociedad y el cosmos, junto con los símbolos y relatos que estructuran y dan sentido a esa existencia son una consecuencia de esa estructura de la consciencia. Para Voegelin, la tarea de la Historia política y de la Filosofía es progresar en el conocimiento de esa estructura de la realidad/consciencia que comprende no solo o principalmente la realidad externa, objeto de la ciencia moderna, sino de la realidad "iluminada desde dentro" por la consciencia, oon sus símbolos y mitos, sin lo cual toda noción de orden personal o político o siquiera de noción de verdad pierde su sentido.
Voegelin indaga en esa historia, particularmente en las experiencias filosóficas o religiones de hombres señalados, como Platón, Aristóteles, San Pablo o San Agustín, pero también Confucio, Maní, Buda, los sacerdotes egipcios, los profetas y patriarcas del Antiguo Testamento y otras figuras reales o míticas que escribieron acerca de sus experiencias o eran, en sí mismas, las experiencias de otros. De sus experiencias, Voegelin intenta extraer elementos comunes de la estructura de la consciencia. En "The Ecumenic Age", Siguiendo su metodología de estudiar preferentemente las testimonios de primera mano a través de los escritos de autores originales, Voegelin no estudia directamente a Jesucristo por ejemplo, sino a través de las experiencias personales de los que escribieron acerca de él, sobre todo, San Pablo. A Voegelin no le interesa el dogma o los mitos, que considera literalizaciones o simbolizaciones destinadas a preservar o promover el orden social. Se interesa en la experiencia original en sí misma, y cómo ésta desencadena una cascada de especulaciones simbólicas y míticas. La experiencia inicial es inalcanzable e indescriptible, ya que la escritura del filósofo o el profeta sujeto de la inspiración ya refleja una primera interpretación escorada de acuerdo con la costumbre o los problemas de cada época que lo aleja de su fuente original.
Compactibilidad y diferenciación
Un aspecto omnipresente en la interpretación voegeliniana de las experiencias de Verdad es el grado de compactibilidad o diferenciación de estas. En las primeras civilizaciones los seres humanos tienen un visión compacta de la existencia: la divinidad, el cosmos y el orden político-social forman una sola unidad, porque el relato que explica la creación del cosmos, la divinidad y el orden político forman un relato único. Esto constituye una forma de consciencia, que es el resultado de la iluminación de hombres individuales de cuyo nombre no guardamos recuerdo en su mayor parte, aunque en Homero y Hesiodo se puede ver casi de primera mano el surgimiento de la imaginación mítica compacta que dio sentido a la civilización griega hasta que llegaron los filósofos. En ese tipo de sociedad, las manifestaciones políticas de apoyo al líder son manifestaciones religiosas de exhaltación de los dioses. No hay separación entre política y religión. En la especulación filosófico-religiosa de los imperios cosmológicos, como Voegelin los llama, los dioses están en este mundo dirigiendo la sociedad y la naturaleza. El faraón si no es el mismo un Dios, actúa por su delegación y en ello se basa su legitimidad.
En "Order and History - Israel and Revelation" se describen la estructura compacta de las religiones Egipcia y mesopotámica. En esa misma obra, posteriormente Voegelin describe la diferenciación creada por la noción de Dios transcendente en el pueblo judío, que ya estaba a punto de surgir en la especulación mítica egipcia, fruto de la incompletitud de cualquier mito de la creación, que tiene que partir forzosamente de un principio más allá de lo creado por definición. Esa tensión acaba de estallar en la iluminación Mosaica. Por si, esa noción de Dios transcendente cambia el sentido de la historia, de la legitimidad política y del cosmos. El dios transcendente de los judíos abarca no solo la propia sociedad, sino todas las naciones y todas las formas de gobierno, superando la noción de un mitología y una religión para cada ciudad o cada pueblo. La medida en la que la idea de Verdad y el orden social están unidos la da el hecho de que la idea de un Dios transcendente hace forzoso el éxodo de Egipto (Israel and Revelation).