miniaturadeimagen|Configuración tradicional de un trío de son huasteco.

El son huasteco es un estilo de son mexicano originario de la región de la Huasteca. Su origen data del y fue influenciado de rasgos musicales indígenas y españoles.

La presencia del son en México se remonta a la época virreinal según el investigador Manuel Álvarez Boada La música popular en la huasteca veracruzana (1985).

Su ritmo es ternario, en 3/4 y 6/8. Usualmente es interpretado por el conjunto huasteco, que generalmente es un trío de guitarra huapanguera, jarana huasteca y violín. Los cantantes combinan el uso del falsetto y los violines. La danza se denomina zapateado. La improvisación juega un fuerte rol en este estilo, con los músicos creando sus propias letras y arreglos.

El son huasteco forma parte de la música ternaria del Caribe colonial, estando directamente emparentado con el joropo de Colombia y Venezuela, el son jarocho de México, la cueca de Chile y la mejorana de Panamá, entre otros. Estas expresiones musicales se desarrollaron durante la Colonia con influencias de la música barroca e indígena impulsandose en el comercio interoceánico.

Regularmente entre los cantadores del trío se encuentra un falsetista principal, es muy extraño que este sea el violinista, aunque se han dado casos excepcionales, como el de Teófilo Salas. Entre los violinistas del son huasteco han destacado Elpídio Ramírez (El viejo Elpídio) Ladislao S. Hernández, Salvador Murillo, Genaro Zetina, Daniel Montes, Felipe Islas, los hermanos Padilla, El Treinta Meses, Pascasio Mercado, el Niño Cuco, Juventino Cabrera, Santiago Vidales, Sixto Lara y Ulises Sandoval.

Entre los falsetistas destaca Mariano Sánchez Carrillo del grupo "Los Trovadores Huastecos" Así también su hermano Casimiro Sánchez en la guitarra huapanguera ambos ya fallecidos y que grabaron la mejor versión del son huasteco al lado del "Viejo Elpídio" el mejor violinista del son huasteco que haya existido.

Entre los sones huastecos más populares se encuentran “La huasanga”, “La leva”, “La Rosita”, “El Zacamandú”, “Cielito lindo huasteco”, “El caimán”, “La petenera”, “El llorar”, “El gusto”, “La azucena”, “El aguanieve” y “El fandanguito”.Ángeles Contreras, 1994; 14

Entre los sones del son de la huasteca encontraremos los de costumbre, sones que se interpretan con arpa y rabel o huapanguera y rabel.

Introducción El son huasteco, (no confundir con huapango), es uno de los seis sones tradicionales que existen en México, según la tipología de Rosa Virginia Sánchez García (2005), que toma su nombre de la región conocida como la Huasteca: esa llanura que se extiende hacia el sur desde el río Pánuco, contenida al oeste por la Sierra Madre Occidental, hasta llegar a Totonacapan y el río Cazones. Actualmente corresponde principalmente a los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí y Veracruz, y en menor proporción a Hidalgo, Querétaro y Puebla. Sus orígenes, al igual que el resto de los sones tradicionales, se remontan hasta el periodo de la Colonia novohispana, cuando se introdujeron en las culturas originarias formas líricas y musicales provenientes de la península ibérica, así como instrumentos, trajes y demás elementos que constituyeron la cultura mestiza latinoamericana.

El son huasteco no ha de confundirse con el son costumbre que también existe en la región Huasteca, pero que es un son en el que prácticamente no hay lírica, sino más bien participa de la música y la danza con una dimensión ritual netamente indígena. En estos rituales si acaso puede cantarse un huapango, sin que ello signifique que sea lo mismo que un son costumbre.

Orígenes del son huasteco y sus nombres

El origen de la familia de los sones en México tiene su matriz en la lírica tradicional hispánica traída e inculcada durante el virreinato novohispano, con todo su caudal de fuentes, tradiciones, formas y códigos. Una vez aterrizada en el Nuevo Mundo, muy pronto la poesía hispánica se desarrolló en parte como sones a lo largo de toda América Latina, y estos se enriquecieron y distinguieron con cualidades propias. De tal modo fue acogida, apropiada y transmitida por los pueblos originarios, que en el caso de la Nueva España los frailes evangelistas se admiraban, no solo por cómo ejecutaban coplas y la música, sino incluso por la rapidez y habilidad con la que aprendieron a fabricar con calidad los instrumentos musicales españoles.Hernández, 2003:51

Actualmente los especialistas distinguen entre 6 y 8 géneros de son en México (jarocho, huasteco, calentano, tixtleco, jalisciense…), cada uno caracterizado por el tipo de coplas y el modo en que se interpretan, así como por la instrumentación y arreglos musicales con los que se acompañan las coplas y la manera en que se bailan. Evidentemente, estas diferencias en los sones se corresponden con el entorno natural de las distintas regiones, así como con las estructuras socioeconómicas y culturales de las comunidades a las que pertenecen.

En nuestro caso, la Huasteca es la categoría geocultural con la que se ha denominado más claramente el son que nos ocupa. El nombre de huapango resulta un tanto ambiguo porque es utilizado indistintamente por trovadores y especialistas para hablar tanto de algunos sones del Sotavento veracruzano, como para distinguir sones tradicionales de los sones llamados “de autor”, así como para hablar de la fiesta en la que se desarrolla con todo su potencial este género lírico-coreográfico. De tal modo que son o huapango huasteco es la denominación más precisa con la que se suele referir a esta expresión lírica.Juárez, 2012:35

A pesar de que los téenek —o huaxtecos, según los llamaban los mexicas— son el pueblo más antiguo del que se sabe que han habitado en la Huasteca, parece que desde muy temprano convivieron con otras culturas. A pesar de haber sido la cultura predominante junto con otros pueblos nahuas no emparentados con los mexicas, desde tiempos precolombinos convivieron con tepehuas, otomíes, totonacos y pames y, a partir de la Colonia, con afrodescendientes y mestizos. A partir de este momento, con la colonización de la llanura en el por parte de los conquistadores españoles para la cría de ganado, los pueblos originarios fueron desplazados y se reagruparon cada vez más hacia las serranías.Juárez, 2012:26

En cuanto a la etimología de la palabra “huapango”, la versión más aceptada sostiene que deriva del náhuatl cuahpanco, nombre compuesto por cuahuitl (‘leño, madera’), ipan (‘sobre o en’) y el locativo -co, lo cual construye un significado que remite a la tarima sobre la que se zapatea el son huasteco.Standford, 1984:44 Por otra parte, Baqueiro Fóster (1942) sostiene que “huapango” es la síncopa de la frase “huaxtecas de Pango”, donde Pango es el nombre prehispánico del río al que los españoles se refirieron como “Pánuco”, y que de denominar inicialmente al pueblo desplazó su significado para denotar a una de sus prácticas culturales. Por último, otros más aseguran que el nombre de “huapango” deriva de “fandango”, de donde también procedería la alusión al zapateado con el que se baila el huapango huasteco.

Para terminar, se necesario mencionar otro nombre con el que se puede confundir el son huasteco y que en realidad se trata de una variante o subgénero. Al poco tiempo de concluida la Revolución mexicana, el Estado vio la necesidad de conocer la cultura de las distintas regiones del país con el fin de configurar una nueva identidad nacional que se correspondiera con las transformaciones política y social posrevolucionarias. A partir de esas políticas se empiezan a conocer distintos géneros líricos, y los canales de comunicación los acercan a lugares en donde no se conocían. Por otro lado, los flujos migratorios hacia los centros urbanos, particularmente a la capital del país, hicieron que convergieran músicos y trovadores de distintas regiones y que se suscitaran influencias y evoluciones en los géneros. En específico, el son huasteco fue influido sobre todo por la canción ranchera, de cuyo contacto surge el llamado huapango moderno, o con más exactitud canción huapango, pues al adoptar el estribillo en su versificación acerca su estructura más a la de la canción, que por la década de los 40 empieza a circular en los medios de comunicación. Al hacer esto, la canción huapango se distingue del son huasteco en tanto que cierra su forma e interpretación a la dictada por su autor, y deja fuera la posibilidad de introducir libremente coplas sabidas o improvisadas. La influencia de la canción ranchera es todavía mayor cuando llega a cambiarse la instrumentación del trío por el acompañamiento de guitarra sexta.Juárez, 2012:44

Con el avance del , el son huasteco se sigue enriqueciendo con otros géneros y extiende sus dominios, por ejemplo a la Huasteca chilangueña, en donde existe actualmente una comunidad huapanguera originaria de la Ciudad de México, que interpreta, improvisa y compone nuevos sones huastecos.

Lírica El son huasteco se nutre del caudal de coplas que existen en la lírica tradicional mexicana. En ese sentido, no es raro que podamos escuchar coplas en un huapango huasteco como El caimán en un son jarocho, o incluso en sones tradicionales de otros países de las Antillas o Sudamérica. Incluso se da el caso de sones —como La petenera, La llorona, La malagueña, El querreque, El cielito lindo— que son famosos en distintas regiones y que llegan a compartir coplas. En estos casos, la interpretación vocálica y la musicalización hacen perfectamente distinguibles una versión jarocha, por ejemplo, de una huasteca. El son huasteco tiene una serie de recursos específicos a la hora de ser interpretado: por ejemplo, el descante de una segunda voz, o bien el característico laraleo. En cuanto al análisis métrico, estos recursos no alteran la estructura de las coplas aunque sí han de considerarse para su vinculación con la música.Sánchez, 2005

La copla La poesía del son huasteco consta de un universo abierto de coplas con distintos temas y variadas formas. En tanto que este son pertenece a una tradición colectiva y popular, las coplas de igual manera han sido transmitidas por generaciones, muchas veces sólo a través de la memoria. Por lo tanto, el repertorio de coplas aumenta, por un lado, con coplas nuevas que merecen la aprobación de los trovadores que las aprenden e interpretan, integrándolas al caudal anónimo del repertorio huasteco; o por otra parte, por la diversificación de algunas coplas ya conocidas a las que se les hacen variaciones. De igual manera, podemos decir que ese universo abierto de coplas también se reduce en el momento en el que son olvidadas otras tantas que dejan de cantarse.

La poesía de los sones en México está compuesta en su totalidad por unidades llamadas coplas. A diferencia de las estrofas en general y de otras formas de la lírica popular —como las canciones o los corridos—, las coplas son unidades autónomas en tanto que su estructura sintáctica y semántica es autosuficiente, i. e. no queda “abierta” para ser completada por otra estrofa que le siga, como otras manifestaciones que recurren a estrofas encabalgadas. En sí mismas, las coplas tienen un significado completo, y en gran medida a esto se debe la flexibilidad de la estructura lírico-musical de los sones.Sánchez, 2005:402