thumb|Edward G. Robinson en Little Caesar (1931). Se conoce como cine de gánsteres al género cinematográfico que tiene como tema principal el crimen organizado. A diferencia de otros géneros cuyo tema central es el delito, en el cine de gánsteres predomina el punto de vista del propio criminal, lo que hace que muchas de estas películas resulten moralmente ambiguas; en ocasiones, obras de este género han sido acusadas de glorificación de la violencia, por lo que han tenido frecuentes problemas con la censura.
Surgido en Estados Unidos en los años 1930, sus primeras películas emblemáticas incluyen El enemigo público (1931), Little Caesar (1931) y Scarface (1932). Tras la Segunda Guerra Mundial, el género decayó debido a las limitaciones impuestas por el código Hays, y resurgió en los años 1970 gracias al éxito de El padrino (1972), de Francis Ford Coppola. Desde entonces, el género se ha visto significativamente enriquecido por el trabajo del director Martin Scorsese, especialmente con el filme Goodfellas (1990).
El cine de gánsteres ha explorado diferentes comunidades y contextos: mafias italoestadounidenses (trilogía de El padrino), criminales judíos (Érase una vez en América), pandillas afroestadounidenses (Boyz n the Hood), cárteles hispanos (Scarface y Carlito's Way) y criminalidad de origen irlandés (Gangs of New York y The Departed). Este cine combina realismo, violencia estilizada y, en ocasiones, comedia o sátira (Some Like It Hot, Bullets Over Broadway o Made). Aunque este género se ha desarrollado principalmente en los Estados Unidos, existen ejemplos de cine de gánsteres en otras cinematografías, con ejemplos como Salvatore Giuliano (1962) en Italia, Círculo rojo (1970) en Francia y Asesino implacable (1971) en el Reino Unido.
Descripción general En 2008, el American Film Institute definió el cine de gánsteres como un género «centrado en el crimen organizado o en criminales marginales dentro de un contexto ambientado en el ». Ese mismo año, el instituto lo incluyó entre los diez «géneros clásicos» en su lista 10 Top 10. Dicha selección reconoce tres películas producidas entre 1931 y 1932: Scarface, El enemigo público y Little Caesar. Entre 1933 y 1966, solo una obra del género fue incorporada a la lista, White Heat (1949), hecho que se atribuye en parte a las restricciones impuestas por el Código Hays. Este sistema de censura fue reemplazado en 1968 por el sistema de calificaciones de la Motion Picture Association.
A partir de la década de 1960, el género experimentó una revitalización significativa en el marco del movimiento conocido como Nuevo Hollywood. Directores asociados a este período realizaron cinco de las seis películas mejor posicionadas en la lista: Bonnie and Clyde (1967), de Arthur Penn; El padrino (1972) y El padrino II (1974), ambas dirigidas por Francis Ford Coppola; Scarface (1983), una reinterpretación del filme homónimo de 1932 dirigida por Brian De Palma; y Goodfellas (1990), de Martin Scorsese. Uno de los motivos temáticos recurrentes del cine clásico de gánsteres es la representación del ascenso y la caída del protagonista criminal.
Durante la década de 1970, el desarrollo de la teoría de los géneros como campo de estudio académico propició una clasificación más precisa del cine de gánsteres, diferenciándolo de otros subgéneros, en particular del wéstern. Este género ha sido caracterizado principalmente en función de su contexto histórico, ideológico y sociocultural. De acuerdo con la teórica Martha Nochimson, pueden identificarse tres categorías principales dentro del cine de gánsteres: las películas que narran las acciones de rebeldes fuera de la ley, como Bonnie and Clyde; los melodramas centrados en figuras criminales antagonistas, con quienes se oponen tanto los personajes víctimas como el espectador, como Key Largo; y, de manera predominante, aquellas obras que siguen a un protagonista gánster inmigrante o marginal, con quien el público tiende a identificarse.
Películas de gánsteres en los Estados Unidos Hollywood de los primeros tiempos miniaturadeimagen|James Cagney en Ángeles con caras sucias (1938).
En 1931 y 1932, se produjeron tres de las películas de gánsteres más perdurables de la historia: Scarface, Little Caesar y El enemigo público, que continuaron siendo tres de los mayores exponentes del género. La instauración de la ley seca en los Estados Unidos en 1920 provocó una explosión del crimen y la representación del contrabando de alcohol es una ocurrencia frecuente en muchas de las primeras películas sobre mafiosos. A medida que avanzaba la década de 1930, Hollywood también experimentó con historias de criminales rurales y ladrones de bancos, como John Dillinger, Baby Face Nelson y Pretty Boy Floyd. El éxito de estos personajes en el cine se puede atribuir a su relevancia en las noticias, ya que sus hazañas emocionaban a un pueblo que se había cansado del gobierno ineficaz y la apatía en los negocios.Baxter, p. 9.
La política, combinada con el clima social y económico de la época, influyó en la forma en que se realizaban las películas de crimen y en cómo se representaban los personajes. Muchas de estas películas sugieren que los criminales son una creación de la sociedad, más que simples rebeldes de la misma. A menudo, las películas de gánsteres están estrechamente relacionadas con la realidad del crimen, reflejando el interés público en un aspecto particular de la actividad criminal. Así, el cine de gánsteres se convierte, en cierto sentido, en una historia del crimen en los Estados Unidos. Varias de las películas de crimen de los años 1930 abordaron los conflictos de clase y etnia, especialmente las primeras, reflejando dudas sobre qué tan bien funcionaba el sistema estadounidense. Muchas películas transmitían el mensaje de que los criminales eran el resultado de una sociedad moral y económicamente deficiente, y muchos protagonistas criminales eran retratados con orígenes extranjeros o provenientes de las clases bajas. Así, el criminal cinematográfico suele ser capaz de evocar simpatía y admiración en el espectador, quien a menudo desvía la culpa de los hombros del criminal hacia una sociedad cruel en la que el éxito es difícil. Al final de la década de 1930, las películas de crimen se volvieron más figurativas, representando metáforas, en lugar de los relatos más directos producidos a principios de la década, mostrando un creciente interés por ofrecer un mensaje que invitara a la reflexión sobre el carácter criminal.Christensen, p. 79.
Sin embargo, a partir de mediados de la década de 1930, el Código Hays y sus requisitos —que imponían que toda acción criminal fuera castigada y que todas las figuras de autoridad fueran respetadas— hicieron que el género de gánsteres se debilitara durante las siguientes tres décadas. Los forajidos fueron reemplazados por figuras de la ley y el género sobrevivió principalmente en producciones «B», mientras Hollywood se enfocó en otros temas. La censura cinematográfica impuso fuertes limitaciones al contenido relacionado con el crimen. No se autorizaba la aparición de ciertas armas, como las automáticas, ni la descripción minuciosa de actos delictivos o el uso de armamento. Del mismo modo, estaba prohibido representar la muerte de policías a manos de criminales. Cuando una película incluía personajes involucrados en actividades ilegales, la historia debía dejar claro que dichas acciones tenían consecuencias y que el delito no quedaba impune dentro del propio filme.
A partir de mediados de la década de 1930, la industria cinematográfica estadounidense comenzó a reorientar sus producciones de crímenes hacia relatos centrados en los agentes de la ley, como G Men (1935), en lugar de glorificar a los criminales. Esta tendencia estuvo motivada tanto por la moral impuesta por el Código Hays como por la presión de censores y sectores de la sociedad preocupados por el impacto de la violencia y el delito en pantalla. En este contexto, la notoriedad de figuras criminales como John Dillinger llevó a que los estudios de Hollywood acordaran no producir películas sobre su vida, por temor a glamurizar su figura. Antes de su muerte en 1934, la oficina del Código Hays prohibió explícitamente la realización de biografías cinematográficas sobre Dillinger, y los estudios firmaron un acuerdo para cumplir con esta restricción. Asimismo, el FBI intervino para garantizar que cualquier aparición de Dillinger en el cine se limitara a su captura o muerte, evitando que se presentara de manera sensacionalista o heroica.
El padrino como obra pionera del cine sobre la mafia italoestadounidense
Con la abolición del Código Hays a finales de la década de 1960, los estudios y cineastas se encontraron libres para producir películas que abordaban temas que anteriormente habían estado vedados. En 1972 se estrenó El padrino, del director Francis Ford Coppola. La historia épica de la familia Corleone —su transición generacional desde la posprohibición hasta la posguerra, sus intrigas fratricidas y su retrato del entramado criminal de la América de mediados del — se convirtió en un enorme éxito tanto crítico como comercial. La película llegó a representar cerca del 10 % de la recaudación total de todas las películas estrenadas en 1972. Obtuvo el Óscar a la mejor película, así como el premio al mejor actor para Marlon Brando y es ampliamente considerada una de las grandes obras del cine. En 1974, El padrino II se convirtió en la quinta película más taquillera del año y recibió once nominaciones a los Premios Óscar.
El impacto de estos éxitos no pasó desapercibido para Hollywood. A lo largo de las décadas de 1970 y 1980, los estudios produjeron de forma constante películas centradas en gánsteres italoestadounidenses y en la Mafia, algunas de ellas con gran reconocimiento crítico.
El legado de Scorsese y otros exponentes del cine de gánsteres Tras el Código Hays, una de las primeras películas de la era del Nuevo Hollywood fue Bonnie and Clyde (1967), el relato ambientado en la era de la Gran Depresión dirigido por Arthur Penn. La película fue uno de los mayores éxitos de taquilla de 1967 y obtuvo dos Premios Óscar, además de ocho nominaciones adicionales, incluida la de mejor película. Sin embargo, tanto esta como otras obras similares quedaron eclipsadas posteriormente por el éxito de la saga de El padrino. En Mean Streets (1973), Martin Scorsese dirigió un relato de estilo cinéma vérité sobre un joven aspirante a mafioso y su amigo jugador compulsivo.
Por su parte, Sergio Leone dirigió la producción ítalo-estadounidense Érase una vez en América (1984), sobre un grupo de criminales judíos que alcanza notoriedad en el mundo del crimen organizado de la ciudad de Nueva York. Ese mismo año, Francis Ford Coppola presentó The Cotton Club, sobre un músico de los años 1930 que comienza a trabajar con el gánster judío Dutch Schultz para avanzar en su carrera. La película The Untouchables (1987), de Brian De Palma, recibió cuatro nominaciones a los premios Óscar y Sean Connery ganó el premio al mejor actor de reparto por su interpretación de un colaborador de Eliot Ness en la caída de Al Capone. No obstante, otras producciones incurrieron en estereotipos y en el uso gratuito de la identidad italoestadounidense para caracterizar a personajes secundarios vinculados al crimen, lo que generó un rechazo en sectores de la comunidad de origen italiano.