miniatura|Portada de la primera edición de Sotileza Sotileza es una novela costumbrista del escritor cántabro José María de Pereda publicada por primera vez en 1885.

La novela se desarrolla en el Santander marinero de mediados del .Época que coincide con la juventud de Pereda, es decir, de 1842 a 1856, según Simón Cabarga, citado por González Herrán (2012), p. 112. Su autor, al escribirla, se propone dos objetivos: describir la vida en tierra de las familias marineras más humildes, en un momento en que su modo de vida está desapareciendo;Esta novela «intenta preservar las costumbres de los mareantes y de la ciudad de Santander, cuando todavía la era del vapor, los trenes, el desarrollo industrial y los negocios de gran envergadura no se asentaban en el solar cántabro.» Gullón (1998), pág. 20. encarnar esta descripción en un conjunto de personajes peculiares entre los que sobresale la protagonista, Sotileza, apodo que recibe una joven huérfana al ser acogida por un matrimonio de marineros sin hijos.

La novela está plagada de referencias locales a un Santander ya desaparecido e intenta conservar un vocabulario marinero en buena parte perdido, hasta el punto de que el autor consideró necesario insertar un glosario al final del libro para hacer comprensible el texto. Contiene elementos autobiográficos y el personaje Andrés parece reflejar a Pereda de joven.

La novela fue bien recibida por la crítica, y especialmente por la ciudad de Santander, dedicataria de la novela en el prólogo, cuyos personajes, de construcción lograda, dan nombre a calles y lugares. Se la considera una de las obras más importantes de la producción de Pereda.

Personajes miniatura|Monumento a los raqueros en el puerto de Santander.

Los «raqueros». Se presentan al principio como rapaces o niños sueltos, prácticamente sin familia, viviendo en un estado asilvestrado en torno a los muelles. A lo largo de la novela van creciendo y madurando. Sus nombres son Muergo, Silda, Surbia, Sula, Cole, Guarín y Toletes. Los dos primeros son protagonistas principales de la novela. Muergo, semi-abandonado por una madre que apenas lo atiende, es el más tosco y embrutecido. Silda, huérfana, vive con la familia Mocejón —que la maltrata— hasta que es acogida por una nueva familia, la de la bodega, que le da el apodo de Sotileza.Teniendo en cuenta que la sotileza es el nombre con que se conoce la parte fina del hilo del aparejo en la que se ata el anzuelo, el tío Mechelín, encandilado por el salero de la niña, decide apodarla Sotileza:

El padre Apolinar es un personaje con base real.Apolinar Santos (Vitoria, 1800–Santander, 1871) fue dominico en el convento de Ajo. Tras la desamortización permaneció veinticinco años sin destino fijo. En 1860 se vinculó al servicio parroquial de Santander. Su labor asistencial a la población humilde, ensalzada por Pereda, consta en varios documentos de la época. Ver nota de Gullón en Pereda, 1998, p. 67. Fraile exclaustrado por los efectos de la desamortización de Mendizábal, ejerce su apostolado en los barrios marineros y se encarga de atender como puede a la educación de los raqueros. Fue él quien colocó a Silda en la familia Mocejón y será también él quien la reubique en la familia de la bodega.

La familia Mocejón (alias los de arriba). Familia muy humilde de pescadores, vive en el quinto piso de una casa de la calle Alta. El tío Mocejón es el padre, la Sargüeta, la madre; Carpia y Cleto son hija e hijo. El ambiente familiar es brutal hasta lo caricaturesco: Sargüeta y Carpia destacan por su habla cáustica y Mocejón por su mezquindad. El único que se salva es el hijo varón, Cleto —otro de los protagonistas principales de la novela—, que es serio, sensible y trabajador,Además de ser de «natural candoroso y bonachón», nos dice Pereda que «Cleto era trabajador, honradote, sano y robusto como una encina, y hasta sería guapo y buen mozo el día en que cayera en manos que cuidaran de él y le asearan con cariño.» Pereda, 1988, cap. XII, pág. 219. aunque no se entienda muy bien de dónde ha sacado esas cualidades. La familia, gracias a los oficios del padre Apolinar, acoge a la huérfana Silda. Pero la tratan mal y la golpean con frecuencia. Silda termina por escaparse, se niega a volver a esa casa y prefiere vivir entre las barcas la vida libre y desarraigada de los raqueros.

La familia de la bodega (alias los de abajo), formada por el tío Mechelín y la tía Sidora, sin hijos, aunque tienen por sobrino a Muergo. Viven en la misma casa que la familia Mocejón pero en la bodega o planta baja. Como vecinos, conocen perfectamente el maltrato que recibe Silda.

Ante la frustración del padre Apolinar que no logra que los Mocejón cambien su actitud, se ofrecen a acoger a la huérfana. En esa casa, Silda, a la que empiezan a llamar Sotileza, crece en un ambiente de paz y cariño y comienza a desarrollar buenas cualidades, descuidando su amistad con los raqueros, aunque siga manteniendo una cierta debilidad por Muergo.

La familia del capitán de la Montañesa. La forman Pedro Colindres, alias Bitadura —marino y capitán del barco Montañesa, habitual en la travesía entre Santander y la Habana—, su mujer Andrea (la capitana) y su hijo Andrés, protagonista principal de la novela.

Esta familia representa la clase media trabajadora de Santander, ligada al mar pero no a la pesca, y residente en un barrio urbano que no pertenece a ninguno de los humildes Cabildos de Abajo o de Arriba.

Andrés es un poco mayor que los raqueros pero se recrea en jugar con ellos y dedicarse a la pesca menor por diversión. De joven, es quien lleva a Silda al padre Apolinar, al enterarse de que no quiere volver a casa de los Mocejón. Su padre quiere hacerlo marino como él, pero su madre conspira contra esa profesión tan llena de incertidumbres y peligros y Andrés termina dedicándose al comercio en el escritorio del armador de su padre.

Aunque enamorado del mar y amigo de Silda y de los raqueros, Andrés no pertenece al mundo de los mareantes. Para los pescadores de la novela es claramente un «señorito» y para Sotileza un «c...tintas».

La familia del armador de la Montañesa. Está formada por D. Venancio Liencres, rico comerciante y armador de la Montañesa y, por tanto, el patrón de su capitán, Bitadura, a quien convence para que aleje a su hijo Andrés de la azarosa vida del mar y le dedique al comercio, y para ello le da un puesto en sus oficinas.

Su mujer —cuyo nombre nunca se cita en la novela—, típica mujer clase media acomodada, todo vanidad y apariencias.Véase el inmisericorde retrato que le dedica Pereda:

Su hija Luisa, educada para ser señoritinga,La presentación que de ella nos hace Pereda es solo un poco menos cruel que la de su madre: según las aspiraciones y modelo de su madre, pero que a lo largo de la novela muestra su carácter y su buen tino, ennoviándonse al final con Andrés.

Su hijo Tolín (Antolín), compañero de colegio y muy amigo de Andrés, con quien comparte atril en el escritorio de su padre.

Otros personajes menores pero que dan color a la novela son: Reñales, patrón del Cabildo de Abajo, en cuya lancha se embarca Andrés y sufre las embestidas de la galerna; Colo, joven pescador amigo de Andrés, a quien su tío don Lorenzo, el cura loco de la calle Alta, hace estudiar latín a coscorrones; El Sobano, alcalde de mar, preside las reuniones del Cabido de Arriba, donde tiene que lidiar con Mocejón acerca del estipendio a recibir por tener recogida a Silda.

Los protagonistas de la novela son claramente cuatro: Silda/Sotileza y sus tres pretendientes: Muergo, Andrés y Cleto. Y además la población marinera y pescadora de un Santander mucho más pequeño que el actual.Santander contaba con unas 20.000 almas a mediados del siglo XIX (Madariaga de la Campa, 2003, p. 22).

Argumento thumb|Mapa de Santander en 1908, donde se aprecia la situación del puerto, del muelle y de la calle Alta. Durante la redacción Pereda se lamenta de que apenas tiene argumento para una novela que avanza y avanza en descripciones pero que resulta flaca de acción. Pero, al final, logra enhebrar una trama suficiente, y conseguida, en torno a la figura de Sotileza. Esta trama se desarrolla en dos tiempos: el de la niñez de los protagonistas (cuando son «crisálidas»), y el del final de su adolescencia y entrada en la madurez (son ya «mariposas»).

Fase «crisálidas» Silda Mules es una niña huérfana, hija de un pescador muerto en un naufragio. Vive en uno de los barrios de pescadores de Santander, en la calle Alta, del Cabildo de Arriba (hay otro Cabildo de pescadores, el de Abajo).

Estaba recogida en casa de una sórdida familia que la maltrataba y esclavizaba. El padre, el tío Mocejón, es un pescador insensible, que va a lo suyo. La madre y la hermana, sardineras, son envidiosas y maldicientes. El hijo, Cleto, también pescador, tiene un corazón honrado y noble y no las soporta.

Silda, huyendo de los golpes que recibe, se escapa. La encuentra Andrés Colindres, hijo del capitán del navío la Montañesa, D. Pedro Colindres, Bitadura. Andrés es un muchacho de clase media que se mezcla con los «raqueros», niños semi-abandonados, raterillos del puerto. Entre ellos está Muergo, monstruo de fealdad, a quien Silda siempre mostrará afecto por haberla salvado de morir ahogada en la Maruca.

Andrés moviliza al padre Apolinar, quien hace que Silda sea acogida en una nueva casa, situada en la bodega o planta baja del mismo edificio donde vive la familia Mocejón. La nueva familia la forman el tío Mechelin y la tía Sidora, buenas gentes de la mar que, además, la acogen no por el dinero que paga, cuando paga, el Cabildo por mantener a la muchacha. Ahora es querida y bien tratada y ella responde en la misma moneda.

Fase «mariposas»

Transcurren los años y, ya pasada la pubertad, encontramos de nuevo a los protagonistas. La madre de Andrés, Andrea, quiere para su hijo un futuro alejado de los peligros del mundo de la mar y busca para él una ocupación en el despacho de don Venancio Liencres, comerciante y armador, quien lo pone a trabajar, como escribiente, junto con su propio hijo, Tolín. De este modo Andrés entra en contacto con la familia de su jefe y conoce a su hija Luisa quien, en silencio, se prenda de él.

miniatura|izquierda|Sotileza en una ilustración de Cecilio Pla Por su parte, Silda es ahora una muchacha lozana y saludable, además de buena y sensata. Se la conoce por el nombre de Sotileza, --la parte más fina del aparejo--, en alusión a sus cualidades.

La pretenden Cleto, el hijo de los Mocejón, a quien Sotileza, ajena al resentimiento, una vez cosió un botón de sus calzones pese a que días antes había sido dolorosamente empujada por él. Cleto, consciente de la familia de donde proviene y corto de expresión, consulta con Andrés y con el padre Apolinar antes de decidirse a visitarla y declarar su intención de casarse con ella. Sotileza le rechaza.

También la pretende, de un modo muy tosco, Muergo, que la visita con alguna frecuencia por ser sobrino de la familia de la bodega. Aunque Sotileza le mira bien, no le admite sus intentos de propasarse.

También la desea el propio Andrés, que sigue cultivando su amistad desde que eran niños. La visita con frecuencia en la casa de la bodega, a cuya familia él y su padre hacen diversos favores, en especial la donación de una lancha al tío Mechelín para que ya no dependa de otros patrones. Pero cuando Andrés se insinúa a Sotileza, esta le para los pies, aunque se nota que él no le es indiferente.

Un día que Andrés la visita, la mujer y la hija de Mocejón, resentidas y envidiosas de Sotileza, encierran a ambos cuando están solos en la casa de la bodega y dan voces al pregonero con el fin provocar un escándalo y manchar la impoluta reputación de Sotileza. Las sardineras tratan de hacer ver que la familia de la bodega está «vendiendo» a Sotileza como pago de la lancha recibida. Este escándalo traerá diversas consecuencias: