miniaturadeimagen|derecha|alt=retrato del economista Adam Smith, quien acuñó el término "mano invisible"|Adam Smith «Mano invisible» es una metáfora inspirada en el filósofo moral escocés Adam Smith que describe los incentivos que los mercados libres suelen crear para que las personas con intereses propios actúen en pro del interés público. Fue acuñada en su La teoría de los sentimientos morales (1759), y popularizada gracias a su obra magna, La riqueza de las naciones (1776), a pesar de que solamente aparece una vez en cada uno de dichos textos, en relación con las restricciones a la importación:
Generalmente, se acepta que tanto la teoría de la mano invisible como el laissez faire —expresión popularizada por el fisiócrata Vincent de Gournay en la década de 1750— representan los fundamentos ideológicos del liberalismo clásico, aunque esta última expresión no se menciona ni dogmática ni literalmente en ningún trabajo de Adam Smith (ni tampoco en los trabajos de otros economistas de la misma corriente, como David Ricardo o Thomas Malthus).
En su Teoría de los sentimientos morales, Smith aduce que, contrariamente a lo asegurado por Thomas Hobbes, el egoísmo psicológico no constituye las bases de todo comportamiento humano, sino que esas se encuentran en el proceso de simpatía (o empatía), a través del cual un sujeto es capaz de ponerse en el lugar de otro, aun cuando no obtenga beneficio de ello. Lo anterior, junto a un egoísmo racional, llevaría indirectamente al bienestar general de las sociedades a través del proceso de una mano invisible. Posteriormente, en La riqueza de las naciones, Smith profundiza o modifica esta lógica, indicando que dicho proceso se ve expresado a través de la competencia y de otros mecanismos que serían capaces por sí mismos de asignar con eficiencia y equidad tanto los recursos como el producto de la actividad económica. (ver eficiencia económica). Esta aparente modificación o contradicción en la propuesta ha dado origen al llamado problema de Smith: «El “problema de Smith” es fruto de lecturas positivistas que no consideran el contexto general ni las interrelaciones existentes entre las distintas partes del programa de investigación smithiano. En realidad, se puede comprobar que existen muy importantes analogías entre la configuración social propuesta en La teoría de los sentimientos morales y la armonía del mercado de La riqueza de las naciones, hasta el punto de que forman parte de un mismo paradigma».José Atilano Pena López y José Manuel Sánchez Santos: Los fundamentos morales de la economía: una relectura del problema de Adam Smith (conclusiones)
La sugerencia de la mano invisible, como generalmente se la entiende, supone la acumulación de la problemática de la justicia social —independientemente de la acción al respecto por el Estado— solo en la política económica o, más específicamente, en la actividad económica por sí sola. Según esta visión, la mano invisible compensa las acciones y regula las conformaciones sociales.
Posteriormente, ya en pleno el economista de la escuela austriaca Friedrich Hayek buscó reemplazar o complementar la sugerencia con la de un «orden espontáneo», que conduciría a «una asignación más eficiente de los recursos de la sociedad que cualquier diseño puede lograr».Hayek, citado por Petsoulas, Ch., en: El liberalismo de Hayek y sus orígenes: su idea de orden espontáneo y la Ilustración escocesa. Routledge. 2001. p.2.
Sin embargo, algunos críticos han expresado que tal «orden espontáneo» carece de cualquier fundamento moral o ético,Hayek mismo sugiere explícitamente esta percepción: «[…] Me temo que he conmovido a mis amigos más cercanos al negar que el concepto de justicia social tenga algún significado, cualquiera sea el mismo». […] «Porque la justicia se refiere a reglas de conducta individual. Y ninguna regla de la conducta de los individuos puede tener el efecto de que las buenas cosas de la vida sean distribuidas de una manera determinada […]»; en «Ideas de gran actualidad»: Entrevista a Friedrich August Von Hayek - El camino desde la servidumbre; y «En el pasado, ha sido la sumisión a las fuerzas impersonales del mercado lo que ha hecho posible el desarrollo de la civilización. Es esta sumisión lo que nos permite a todos construir algo que es mayor que lo que cada uno de nosotros pudiera construir». Hayek: camino de servidumbre, cap.XIV.Por ejemplo: Antonio Argandoña R. argumenta que: «Está claro, pues, que para Hayek la ética no es un conjunto de reglas que ordenan la conducta del hombre en orden a un fin, sino la imposición ciega de la evolución que limita la libertad de la persona a fin que el conjunto quede favorecido con mayores niveles de vida y con mayor potencial de crecimiento de la población» y «Bueno es el que respeta las instituciones del orden extenso —propiedad, justicia, familia, etc.— para alcanzar el resultado social de la supervivencia del conjunto. Y ese criterio no tiene, por supuesto, ninguna pretensión de permanencia. No hay virtudes, no hay aprendizaje moral en el individuo, ni avance o retroceso en su fin, ni realización o deterioro de su humanidad. Pero todo eso no es demasiado incoherente si, como afirma Hayek: “la vida no tiene otro objetivo que la vida misma”»; en pp.11 y 12, respectivamente.De acuerdo con Leonard P. Liggio, esto resalta una ambivalencia en relación al concepto de orden espontáneo: «Si lo percibimos como una teoría “libre de valores” —como Hayek sugiere que es— sigue que su utilidad política —más allá de una aceptación de cualquiera sea la situación— depende de que se pueda asumir que se posee una visión del desarrollo histórico que la misma propuesta del orden espontáneo sugiere no se puede tener. La alternativa es sugerir que posee o implica un sistema de valores ético-políticos, pero en tal caso la teoría sería solo un “concepto en clave” por el de la mano invisible», en L. P. Liggio: en Literature of Liberty, invierno de 1982, vol.5, N.º4 . aspecto que es central a la posición de Smith y posiblemente a cualquier tentativa de justificar sus propuestas económicas en términos de «dar a cada cual lo que corresponde».Los derechos naturales de las personas , por Juan Fernando Carpio.
Para Smith ese elemento de justicia tiene una función fundamental como «el pilar principal que mantiene todo el edificio» (de la vida social) (véase Teoría de los sentimientos morales), es decir, es el fundamento que hace posible mantener una cohesión social; cohesión que sustenta el orden público necesario —en la opinión de Smith— para asegurar el buen funcionamiento económico.Para profundizar este aspecto, véase, por ejemplo, David Lieberman: Adam Smth on Justice, Rights and the Law.
Telón de fondo
Las ideas de Adam Smith no solamente buscaron ser un tratado sistemático de economía, sino también uno de moralidad, constituyendo un ataque frontal a la doctrina mercantilista. Al igual que los fisiócratas, Smith intentaba demostrar la existencia de una ley de la naturaleza, que funcionaría con más eficacia cuanto menos se la perturbara.
Para Smith, la propuesta se enmarca en el «teísmo racional» típico de su tiempo,Karl Popper resume la situación así: «La revolución naturalista contra Dios reemplazó la palabra Dios con la palabra Naturaleza. Casi todo lo demás fue dejado sin cambio. Teología, la ciencia de Dios, fue reemplazada con la Ciencia de la Naturaleza. Las leyes de Dios por las Leyes de la Naturaleza; el poder y voluntad de Dios por el poder y voluntad de la Naturaleza (las fuerzas naturales); y más tarde, el diseño de Dios y el Juicio Divino por la Selección Natural. El determinismo teológico fue reemplazado por un determinismo naturalístico, es decir, la omnipotencia y omnisciencia divina fueron reemplazados por la omnipotencia de la Naturaleza y el conocimiento absoluto (producido por) la Ciencia». Popper: «Predicción y Profecía», en Conjeturas y refutaciones: el desarrollo del conocimiento científico. Ediciones Paidós Ibérica. ISBN 978-84-7509-146-4., cap.16. como ejemplo de la manifestación de la Divina Providencia, algo que, junto a un número predeterminado de instituciones a partir de las cuales se mantiene el orden social, tiene las características de bendición divina por las riquezas que crea. El espectador imparcial (la humanidad) no puede negar ni la existencia de ese orden natural ni las implicaciones que de eso siguen: la existencia de Dios y la justicia del orden social existente:
Consecuentemente, en su Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones Smith llama al primer libro De las causas del adelantamiento y perfección en las facultades productivas del trabajo; y del orden con que su producto se distribuye naturalmente entre las diferentes clases del Pueblo. A mayor abundancia, la conclusión de ese primer libro re-afirma: «Todo el producto anual de la tierra y del trabajo de una nación... naturalmente se divide, como ya se ha observado, en tres partes; la renta de la tierra, los salarios del trabajo, y las ganancias del capital (stock en el original), y constituye un ingreso a tres órdenes diferentes de personas; los que viven de rentas, los que viven de salarios, y los que viven por la ganancia. Esas son los tres órdenes originarios, y principales partes componentes de toda sociedad civilizada, de cuyos ingresos esos de todos los otros órdenes últimamente se derivan» (LibroI, cap.XI: Conclusión). Es en ese contexto en el que Smith introduce la metáfora de la mano invisible.
Smith consideraba que la división del trabajo y la ampliación de los mercados abría posibilidades ilimitadas para que la sociedad aumentara su riqueza y su bienestar social mediante la expansión de producción especializada y el comercio entre las naciones, abriendo así el camino de la industrialización y de la aparición del capitalismo moderno en el .
Tanto los fisiócratas —de quienes se origina el famoso laissez faire— como Smith ayudaron a generalizar la idea de que, ya que existe un orden natural aplicable a la economía, sigue que ese orden exige la no intervención del Estado, porque las cosas se van a acomodar conforme a una voluntad o mecanismo superior, omnisciente:
Todo lo anterior parece sugerir o es generalmente interpretado como significando que —en la opinión de Smith— el sistema económico tal y como existía o existe no deja lugar a una objeción moral acerca de las injusticias a las que el sistema de mercado pueda dar lugar. Parece que para Smith, «el resultado de la distribución —quién posee qué— de las consecuencias no intencionadas de las acciones individuales no admite reclamos morales insatisfechos más allá de que esas acciones no hayan causado daño a la propiedad o persona de otros. Cualquier resultado del mercado es tan justo como cualquier otro».Matthew Braham: Sin embargo, esa no es una interpretación universalmente aceptada.Ver Braham, op citJosé Atilano Pena López y José Manuel Sánchez Santos: LOS FUNDAMENTOS MORALES DE LA ECONOMÍA: UNA RELECTURA DEL PROBLEMA DE ADAM SMITH (conclusiones)Amartya Sen: Adam Smith y el mundo contemporáneoMarta Pedrajas; LA TRANSFORMACIÓN ÉTICA DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA EN AMARTYA SEN. UNA RECUPERACIÓN DE ADAM SMITHAmartya Sen y la ética económica
Crítica