miniaturadeimagen|Página del Libro de las claras e virtuosas mugeres, edición de 1499. El Libro de las claras e virtuosas mugeres es un texto encomiástico. Se compuso en el periodo más agitado de Juan II de Castilla, con el gobierno revuelto y los enemigos ganando terreno. El mismo autor, Álvaro de Luna, afirma en la conclusión del tercer libro que alternó lo que definió como sus dos deberes: luchar por Castilla y su rey, y defender a las mujeres de las malas lenguas. Dos días antes de dar fin a su libro, el condestable concluyó el asedio de Atienza con éxito, zona que había sido ocupada por los navarros. La obra se finalizó el 14 de agosto de 1446. Fue escrita por el valido del rey Juan II, Álvaro de Luna, con la colaboración de algunos autores como Juan de Mena. La obra consta de un proemio y tres libros, donde narra ejemplos de mujeres bíblicas, paganas y cristianas, en este mismo orden. Álvaro de Luna escribió esta obra en respuesta a la misoginia de la época impulsada por escritores como Boccaccio. Este texto tuvo una gran difusión en la época, y es incluso probable que estuviera incluido en la biblioteca de la reina Isabel la Católica.

Contexto literario La figura de Juan II es descrita por los historiadores como un rey débil de voluntad y descuidado en los intereses de su reino. Sin embargo, su madre, Catalina Lancaster, le inculcó su pasión por las letras. La Corte brillaba por la presencia de los mayores eruditos de la época. Juan II contaba con más de doscientos poetas, entre ellos destacan Diego de Valera y Juan de Mena, entre otros. Los poemas que se componían se ofrecían en grandes fiesta realizadas en la Corte, que eran acompañadas con música. Gracias a la presencia de estos eruditos el humanismo se hace hueco en la Corte juaniana. Esta recuperación de la Antigüedad se verá reflejada en autores como el anteriormente mencionado, Juan de Mena, el Marqués de Santillana, e incluso, Don Álvaro, cuya obra, Libro de las claras e virtuosas mugeres tiene gran influencia. Álvaro de Luna firma en 1446, cuando aún se encontraba en la villa de Atienza, la obra de Libro de claras e virtuosas mugeres, cuya finalidad era defender la naturaleza virtuosa de la mujer que había sido atacada en diversas ocasiones con una fuerte crítica misógina. Esta escritura misógina tiene largas raíces en la tradición occidental anterior. Encontramos grandes referencias, como la Sátira VI de Juvenal y un célebre fragmento de De nuptiis de Teofrasto. Esta tradición se forma de manera muy enriquecida con argumentos religiosos en contra de la mujer. El Discurso misógino se establece como tema de actualidad en la época medieval. La literatura era hostil con la mujer. En diversas obras medievales podemos observar este discurso, donde se describe a la mujer con los típicos topoi, entre ellos destaca la maldad femenina. Boccaccio en un primer momento escribió dos obras con un elevado componente misógino: De casibus virorum illustrium y Il corbaccio. Más tarde se retractó con la obra De claris mulieribus. Autoría Álvaro de Luna escribió una valiosa poesía, aunque sin duda alguna su gran obra maestra es el Libro de las claras e virtuosas mugeres. Gómez Redondo apunta que aunque tuviera a su disposición una officina, el libro refleja toda su personalidad autoral: «Es sospechable que los familiares de Luna le sirvieran datos, cuando no biografías ya formadas, pero parece cierta una intervención personal de don Álvaro en el diseño y construcción formal de la obra, a tenor de las correspondencias que pueden establecerse con su pensamiento y con su visión política y cultural » Aunque el libro no fuera escrito por él en su totalidad y hablando desde un punto de vista referencial y teniendo en cuenta que corresponde en su totalidad al mundo del valido de Juan II, sin lugar a dudas, el libro estaría escrito para su persona y la proyección de sí mismo que quería proyectar en sociedad: un hombre de armas pero a la vez un hombre letrado defensor de las mujeres. Género El Libro de las claras e virtuosas mugeres pertenece la literatura didáctica moral dedicada a la figura femenina, que en el comienzan a ganar importancia y a ponerse de moda. De este mismo género destaca posteriormente en el la obra de Fray Luis de León, La perfecta casada. En el tratado se combinan materias diversas como la prosa doctrinal de tipo religioso, político, filosófico, pedagógico, etc. Este género nace para defender la posición misógina que en el . Aparte de la obra del condestable encontramos obras como Libro de las mujeres ilustres de Alonso de Cartagena, Tratado en defensa de las mugeres, escrita por Diego de Valera, dos años antes de la publicación de la obra de don Álvaro.

Estilo El tratado está escrito en un momento clave de la historia del castellano. Es aquí cuando se producen ciertos cambios a nivel lingüístico en la lengua, que podemos observar comparando los tres libros que componen la obra. En la Edad Media los sermones tenían un adoctrinante (docere, explicare et diputare). Sin embargo, los sermones renacentistas buscan entretener (venerari, gratulari et laudare). Don Álvaro aglutina estas dos ideas en su obra. Libro de las claras e virtuosas mugeres posee unos preámbulos al principio de la obra, con cierta conexión interna temática y lingüística, que se dedica a estudiar cuestiones teológicas sobre la naturaleza de la mujer. Hay momentos en la obra donde Luna hace ver al lector la excelencia de la virtuosa y, después, hace una pequeña comparativa entre la historia de la dama en cuestión y un hombre valeroso elogiado por la tradición. El libro, en forma de tractatus latino con una argumentatio constituida por exemplas en forma tripartita, denota fuertes raíces medievales. Sirve, también, como método para conocer no solo el fondo cultural del autor sino también su época, que poco a poco se alejaba del arraigado medievalismo. La elocución es suave y digna de la mejor prosa tratadística del momento. Debido al método compositivo de utilizar diversas fuentes y escribir a partir de estas, podríamos considerar a este escrito un gran difusor de fuentes de la Antigüedad clásica como las Décadas de Tito Livio, de la Edad Media como Leyenda aurea de Jacobo de Vorágine, y del humanismo como De mulieribus claris. El Libro de las claras e virtuosas mugeres proporciona además, valiosos datos sobre el programa personal y político de su autor. Finalmente, Gómez Redondo apunta que el texto es el que mejor permite conocer el modelo cultural de la corte juanina.

Disposición general de la obra El Libro de las claras e virtuosas mugeres se divide en tres partes muy diferenciadas; un proemio en el que se establece el plan general de la obra, cinco razonamientos dispuestos en cinco preámbulos que desarrollan las razones de la defensa y, finalmente, tres libros marcados cronológicamente en los que narra más de cien casos de mujeres virtuosas del mundo bíblico, clásico y cristiano. El proemio es escaso pero a la vez completo. Desarrolla uno de los ejemplos más claros de intencionalidad al que pudiera aspirar un escritor medieval: rescatar la memoria de todas las mujeres, de todos los estados, pueden ser santas como imperiales, o reales, etc. Según el modelo de los tres estamentos comunes a la Edad Media, vemos que Luna mantiene la defensa de las mujeres desde las capas más altas del estamento noble hasta las más bajas (pudiendo llegar a otros estados). Cabe destacar la posibilidad de una salvación de mujeres del tercer estado, lo que nos hace pensar que Álvaro de Luna podría estar pensando en su propia madre, la plebeya Cañeta. También contesta a Boccaccio quien sí menciona a algunas mujeres (quien al fin y al cabo es una de sus fuentes fundamentales), aunque con un fin muy distinto. Tras el proemio, Luna comienza su largo catálogo de mujeres con cinco preámbulos en los que procura la función total y mensaje de su obra. Ridiculiza hasta el punto más absurdo el argumento de sus contemporáneos misóginos quienes mantenían que las mujeres son poco virtuosas. Así pues, al encontrar ejemplos de virtud en todos los momentos de la historia, la mujer debe ser lo contrario, virtuosa por naturaleza. Además, entiende que si la mujer y el hombre tienen la misma capacidad para la virtud, también, deberían tener la misma capacidad para la salvación. También, se aborda una contestación ante el dedo acusador que culpa a la mujer del pecado original. Debido a su estructura tripartita, en la obra se ve reflejada la cultura eclesiástica. Esto se debe a los propósitos (las virtudes de la mujer a seguir), por los modelos elegidos y la erudición debida al uso de las fuentes cristianas. Esto demostraría que este libro, e incluso podríamos decir que toda la literatura del en general, es más medieval que humanista, pues bien se puede considerar al Libro de las claras e virtuosas mugeres una obra de transición. Luna entiende que de igual manera que Jesucristo limpió el pecado de los hombres, la Virgen María, al dar a luz al Salvador, limpió el de las mujeres. El libro de Luna basa su defensa de la mujer en la Biblia, pues en determinadas partes se critica a los hombres deshonestos y no por ello se extiende la crítica a todos los hombres de igual manera que no se debe hablar de que la Biblia critique a todas las mujeres puesto que solo lo hace de las deshonestas. Llega incluso a mencionar de pasada eso sí el encomio a la mujer virtuosa. Finalmente, mantiene que la primera de todas las mujeres virtuosas debe ser por necesidad, la Virgen María. Luna acoge su obra la protección de la Virgen como en un ejemplo del activismo marianista bajo el que se forma. Tras los cinco preámbulos Luna pasa a escribir los casos de las mujeres virtuosas mencionadas. Esta parte es en propiedad un catálogo de mujeres que reescribe la historia de la mujer en disposición cronológica con una división en tres secciones o libros. Desde la primera página, se introduce una serie de calificativos concretos para cada tipo de mujeres. Las mujeres bíblicas eran claras, santas y virtuosas, mientras que las romanas son claras y virtuosas pero no santas y las del tercer libro son virtuosas y santas pero no claras. El primer libro: las mujeres bíblicas Luna recogen el primer libro aquellas mujeres que vivieron bajo la ley de la escriptura (el Antiguo Testamento). Aunque las dos últimas aparecen también en el nuevo punto, Luna combina historias bíblicas muy conocidas con otras menos difundidas y sigue la cronología genealógica que lleva a la Virgen. Comienza el listado de mujeres famosas partiendo de la Virgen María, de este modo, Luna responde a una tradición cuatrocentista que cristianiza las famosas invocaciones que iniciaban los largos poemas griegos. Usa la exclamación, un procedimiento retórico muy común en otro de los discursos medievales a los que se acerca la obra de Luna: la hagiografía. De este modo, Luna combina el modelo de la narración épica cristianizada con el de laja hagiografía y el compendio.

El segundo libro: las mujeres del mundo clásico En la disposición casi cronológica del libro de Luna, las mujeres que se destacan después de los ejemplos de virtud del Antiguo Testamento son aquellas que no viven bajo ley de scriptura sino de Natura,es decir, que no conocen la palabra revelada. Este segundo libro presenta el listado más largo de mujeres de los tres repertorios, ochenta y nueve historias contando las digresiones. De este modo, Luna divide el segundo libro en dos secciones: las mujeres romanas y las mujeres gentiles no romanas.