El Imperio Nuevo de Egipto fue el periodo histórico que comienza con la reunificación de Egipto bajo Amosis I (c. 1550 a. C.) y que termina hacia el 1070 a. C. con la llegada al trono de los soberanos de origen extranjero, dando paso al Tercer Periodo Intermedio. Lo componen las dinastías XVIII, XIX y XX. Transcurre entre el Segundo periodo intermedio, y el Tercer periodo intermedio de Egipto. Las dos últimas dinastías, XIX y XX, se agrupan bajo el título de Etapa Ramésida.
Primeras campañas militares
Ahmose I (1550-1525 a. C.), a pesar de ser descendiente directo de los gobernantes de la XVII dinastía tebana, es considerado el primer soberano de la dinastía XVIII porque fue el unificador de Egipto. Este rey prosiguió su actividad militar en Asia, al poco tiempo tomó la ciudad de Sharuhen (en la actual franja de Gaza). Esta región tenía gran importancia geopolítica y económica, ya que controlaba el principal paso de Egipto hacia el norte, en la franja costera. Es muy probable que las primeras campañas asiáticas de Ahmose estén relacionadas con las operaciones militares contra los hicsos, las ciudades del Canaán meridional parece ser que estaban en el área de influencia de Avaris.
Las guerras contra los hicsos y en Asia permitieron la formación de un ejército organizado y veterano. La mayor ocupación de los primeros reyes de la dinastía XVIII fue continuar la obra de Ahmose, es decir, lograr la imposición militar tanto en Nubia como en el Levante, como en el caso de su hijo, Amenhotep o Amenofis I (1524-1504 a. C.), que extendió la frontera más allá de los límites del reinado anterior. El sucesor de Amenhotep, Thutmose o Tutmosis I (1504-1492), realizó importantes incursiones sobre Canaán y Siria, llegando hasta el Éufrates.
Economía
thumb|200px|Trabajadores egipcios. Pintura en una tumba Tebana. Las campañas militares, además de proveer gran cantidad de tributos, posibilitaban la expansión económica. Las explotaciones mineras eran organizadas directamente por el gobierno faraónico y protegidas mediante presencia militar. Entre ellas destacan:
De oro, piedra y diorita (utilizada esta última para la elaboración de esculturas) de Nubia. El gobernador egipcio de Nubia poseía el título de "supervisor de las minas de oro de Amón". De cobre y de piedras preciosas (turquesa) del Sinaí. De oro, pórfido y alabastro en el desierto Oriental.
Es interesante la elección de los "dioses protectores" de las explotaciones mineras: Amón, muy popular en Nubia, de las de oro de dicho país, y Hathor de las de turquesa del Sinaí. La riqueza minera era monopolizada por el gobierno, que la utilizaba para la construcción y reparación de edificios públicos, especialmente templos, palacios y necrópolis, de modo destacado en Tebas. Era común sepultar a los reyes y los miembros de la familia real en la capital, así es como la necrópolis real se situó frente a Karnak, a la altura de Tebas, pero en la margen occidental del Nilo, o sea, la opuesta.
Estaba en auge el comercio a gran escala, con Asia o con otros puntos del Mediterráneo Oriental que, por otra parte, no se había interrumpido en ningún momento ante la presencia hicsa en el delta durante el Período Intermedio. Hay pruebas de que el comercio a través del mar Rojo y el océano Índico alcanzó gran desarrollo. Las fuentes egipcias mencionan intercambios con Punt (identificado en la actual Somalia), y se hallaron objetos egipcios de la dinastía XVIII en la región ecuatorial de África oriental que, si no significa el alcance de las expediciones comerciales egipcias, atestigua el desarrollo comercial de los pueblos de la cuenca del Índico.
Reinados de Tutmosis II a Tutmosis IV
Tutmosis II o Tutmose II (1492-1479), el hijo de Tutmose I, tuvo que aplastar una sublevación en Nubia durante sus primeros años de reinado, reforzar sus posesiones en el Sinaí y detener invasiones de beduinos, en la frontera con Arabia. El traspaso de mando era aprovechado por las regiones sometidas para rebelarse, pues era un momento de debilidad de la monarquía. La sucesión de Tutmose II resultó conflictiva. La legitimidad del faraón se lograba mediante el matrimonio de este con su hermana; así, en este caso en particular, se buscaba mantener pura la descendencia de la familia del fundador Ahmose I. Pero durante la dinastía XVIII no hubo —en la mayoría de los casos— descendencia masculina de la unión entre hermanos, así que los reyes llamados Tutmose (I, II y III) son hijos de esposas secundarias.
Esto posibilitó, tras la muerte de Tutmose II sin descendencia legítima masculina (tampoco él era estrictamente legítimo en el sentido de que era hijo de una esposa secundaria), la ascensión de Hatshepsut, su hermanastra y esposa real, cuya sangre era más pura. Hatshepsut, con el apoyo del clero de Amón, se proclamó faraón (1473-1458), relegando a Tutmose III, hijo de Tutmose II. La coronación de una mujer como faraón era un caso atípico pero tenía precedentes. En el reinado de Hatshepsut se sitúa el auge del comercio con Punt, vía Mar Rojo. El principal interés era el incienso utilizado para los rituales egipcios. Incluso Hatshepsut logró producir incienso en el propio Egipto. thumbnail|right|150px|Hatshepsut, Museo Egipcio, El Cairo. Muerta Hatshepsut, Tutmose III o Tutmosis III (1479-1425), hijo de Tutmose II, comenzó a reinar de hecho. Según algunos autores fue quien eliminó las referencias a Hatshepsut en los templos. Desde el comienzo de su reinado tuvo que enfrentarse a sublevaciones en Siria, patrocinadas por el reino hurrita de Mitani (en el norte de la Mesopotamia). Derrotó a la confederación siria comandada por Kadesh en las cercanías de Meggido (Canaán), sorprendiéndolos por la retaguardia, y luego tomó la ciudad. Fortaleció su poder en Canaán, y siguió hacia Siria, donde tomó diversas ciudades sirias pro-hurritas, llegando incluso a cruzar el Éufrates. La arqueología muestra para esta época grandes destrucciones en las ciudades de Canaán y Siria que pueden haber sido provocadas por las campañas de Tutmose. Además realizó unas cuantas expediciones militares más en Nubia. Las campañas de Tutmose III acumularon gran cantidad de botines y tributos, incluso de potencias extranjeras, como Chipre, Creta, Babilonia y Hatti. Construyó templos en Karnak (cerca de Tebas, al sur), y en Heliópolis y Menfis (al norte).
Durante el reinado del hijo de Tutmose III, Amenhotep o Amenofis II (1427-1400), se recrudeció la guerra con Mittani. Este soberano realizó una campaña en la que recibió tributo de Mittani y de Hatti (hititas, reino de la actual Turquía central). Las campañas periódicas de los faraones de la XVIII dinastía parecen estar dirigidas a lograr el reconocimiento y tributo de las ciudades estados de Siria y Canaán, y de potencias extranjeras (mediante la fuerza o la intimidación), intentando además mermar la influencia de Mittani; no se trataba de enfrentamientos directos entre las dos potencias (Egipto y Mittani).
Con Tutmose IV (1400-1390), comenzó un período de paz, con alianzas matrimoniales entre los reyes hurritas y egipcios, y se fortaleció la posición en Nubia y el Levante. Tutmose IV hizo construir gran cantidad de templos —especialmente en el norte— dedicados al culto solar (Ra), para contrarrestar el poder del culto al dios Amón, concentrado este en la capital, Tebas.
Administración y diplomacia durante los reinados de Amenhotep III y Ajenatón
El ministro Amenhotep (hijo de Hapu) es un buen ejemplo de una carrera política ascendente durante el reinado de Amenhotep III, el cual destaca por su organización y estabilidad, siendo considerado el apogeo de la dinastía XVIII.
En cuanto al gobierno de las posesiones extranjeras, en Nubia había un gobernador egipcio; en cambio en Asia la hegemonía egipcia se basaba en relaciones entre el gran rey (de Egipto) y el pequeño rey vasallo (de cada una de las ciudades asiáticas), además había tres provincias con gobernador egipcio. Estas eran, de sur a norte: Canaán (con gobernador en Gaza), Apu (en Kumidu) y Amurru (en Simurru).
Con Tutmosis IV, y en especial en el reinado de su hijo Amenofis o Amenhotep III (1390-1355), comenzó un período en el cual las relaciones internacionales con las potencias asiáticas (Mittani, Asiria, Babilonia, Hatti, Chipre) se desarrollaron en general amistosamente. Las Tablillas de Amarna, halladas en la que fue la ciudad de Ajetatón, (la capital de Amenhotep IV), son la principal fuente para estudiar las relaciones diplomáticas durante los reinados de Amenhotep III y Amenhotep IV. Algunas atestiguan el intercambio de princesas (para ser casadas con el rey o con miembros de la realeza) y de "presentes" (una especie de comercio entre las casas reales). Otras, como ya se mencionó, reseñan las relaciones del faraón con sus pequeños vasallos del Levante. Acerca de esto último, los soberanos asiáticos que mantenían relaciones diplomáticas con Egipto, se quejaban de que los pequeños reyes vasallos del faraón robaban sus caravanas.
Ajenatón y sus sucesores
thumb|100px|Ajenatón, Louvre.
Al fallecer Amenhotep III, lo sucedió su hijo Amenhotep IV (1352-1335), que cambió su nombre a Aj-en-Atón (servidor de Atón), y la capital pasó de Tebas a Ajetatón (horizonte de Atón). A los pocos años de su reinado abandonó Tebas, donde el clero era más poderoso que el propio rey, y fundó una nueva capital en el Egipto Medio, llamada Ajetatón, situada en la actual Amarna. A partir de ese momento se recrudeció la persecución contra el amonismo, no solo dentro de los sacerdotes tebanos, sino los de otras regiones egipcias, y hacia a la población. Se impuso de forma obligatoria el culto a Atón, y se suprimieron todos los demás dioses, llegando a una forma de monoteísmo. Además, se comenzó a destruir templos e imágenes y, sobre todo, a borrar los nombres de las demás divinidades.
Hacia el final de su reinado la situación, incluso dentro de la misma corte de Amarna, era caótica. Al parecer, Ajenatón estaba más interesado en temas religiosos o artísticos que en la administración del Estado. Ay, un funcionario de la corte, había alcanzado gran influencia. Tras la muerte de Ajenatón, lo sucedió primero Semenejkara (1338-1336). No se sabe gran cosa de este personaje, incluso se duda sobre su identidad: tal vez se tratara de un pariente de Ajenatón (¿su hermano?); en cambio hay quien afirma que se trata de la reina de Ajenatón, Nefertiti, y luego su hijo Tut-anj-Atón, todavía menor de edad, ocupando el gobierno efectivo de este último el visir: Ay. Tutanjatón cambió su nombre al de Tutankamón, volviendo a la religión de Amón, en alianza con el clero.
Expansión hitita
Hatti (reino de Anatolia central), al verse acorralado por sus vecinos, tuvo que basarse en su capacidad militar para sobrevivir como estado. Pronto surgieron reyes militarmente fuertes que dieron fin a una serie de crisis dinásticas. El más destacado de ellos fue Suppiluliuma I, quien conquistó Cilicia (región costera de la actual Turquía en la frontera con Siria), entrando entonces en contacto con la esfera de influencia de Mittani. Suppiluliuma evitó una guerra de posiciones con los hurritas invadiendo Mittani por el norte, y en los años siguientes tomó o redujo a vasallaje a las ciudades-estado sirias, la mayoría dependientes de Mittani. Más tarde logró instalar un rey pro-hitita en Mittani, apareciendo a su vez otro enemigo de los hititas apoyado por la vecina Asiria. Esto significó la definitiva decadencia de Mittani.