Ruperto Elichiribehety Arhancet (27 de marzo de 1888 - 7 de abril de 1929) fue un capitán de navío uruguayo.

Sus orígenes Nació el 27 de marzo de 1888 en San Carlos, Maldonado. El antiguo solar vasco navarro, aquel que tantos hombres de templanza diera al mundo, estaba destinado a marcar también nuestra tierra con la impronta de su sangre impar, fueron sus padres José Elichiribehety y doña María Arhancet, franceses originarios de Mauleón, en los Bajos Pirineos.

Las aulas del colegio Juan de Dios Curbelo, en la Villa de San Carlos que le viera nacer, fueron el lugar de formación que complementó en su niñez la base recibida en el hogar. En la primera juventud dejó para siempre la antigua población bajando a Montevideo, donde cursó estudios secundarios en el Colegio Seminario.

La espiritualidad del ambiente familiar y de las casas de enseñanza que frecuentó, cimentaron la vocación humanista que ya nunca abandonaría al joven Elichiribehety, aún durante la dura etapa de su pasaje por la Academia Militar General y la Escuela Naval, de cuya primera promoción formó parte. Ingresó a la Academia General Militar el 23 de febrero de 1905.

Al iniciarse los cursos de la Escuela Naval se anotó en ellos el 1 de abril de 1907 graduándose como Guardia Marina el 22 de diciembre de 1909. Se le dio como primer destino el crucero "Montevideo", ascendiendo en agosto de 1910 a Alférez de Navío, y en 1915 es promovido a Teniente de Navío.

La Expedición Nacional al Sur de 1916 En 1914, el explorador inglés Sir Ernest Shackleton llevó a cabo una nueva expedición al Polo Sur y quedó atrapado en los hielos al llegar al mar de Weddell.

La presión de la masa helada trituró el casco del "Endurance" y los tripulantes debieron refugiarse en un témpano que anduvo por meses a la deriva. En abril de 1916, lograron alcanzar la Isla Elefante y desde allí, Shackleton, con algunos de sus hombres logró arribar a las Malvinas, desde donde envió una solicitud de auxilio para rescatar a los que aún continuaban en la isla.

Ante la ausencia de auxilio inmediato Uruguay, a pesar de carecer de barcos adecuados se ofreció a intentar el rescate aprontándose la pequeña nave "Instituto de Pesca N.º 1" de casco de hierro, que tendría al comando al entonces Teniente de Navío don Ruperto Elichirebehety.

Esta nave, originalmente "Princess Royal", fue construida en Aberdeen (Inglaterra) y dedicada a la pesca en el Mar del Norte en 1906. En diciembre de 1912 pasa a la empresa "La Pescadora Argentina", es rebautizada "Diez", la cual es adquirida por el Instituto y Estación de Pesca del Uruguay en 8.000 libras el 1.º de diciembre de 1914. Sus características eran: eslora máxima 45,62 m, manga máxima 7,05 m, puntal 3,65 m, tonelaje total 339,52 ton y 152,79 ton netas.

Ya en 1916, el Teniente de Navío Ruperto Elichiribehety se enfrenta a la responsabilidad de comandar la expedición a la Isla del Elefante. Era tenido, con razón, por hombre dotado de cultura e inteligencia relevante, condiciones que le distinguen en el medio militar y social, sin restarle un ápice de sus dotes naturales de amabilidad y bondad.

A esas figuras de señorío tan especial no pueden escapar las situaciones importantes, que más que brindárselas, les reclaman. Así Elichiribehety respondió a la atracción de la soledad antártica que retenía desafiante a los náufragos del "Endurance", y ofreció su concurso a la iniciativa de rescate.

La oficialidad que le secundó en esa arriesgada campaña era encabezada por el Alférez de Navío Amoldo Pedro Camps Molina, nacido en Rivera en abril de 1884.

Integraba la Plana Mayor del crucero "Montevideo" cuando manifestó su voluntad de unirse a la partida salvadora, evidenciando la precisa firmeza que distinguiría toda su carrera, integrante de la Promoción N.º 2 de la Escuela Naval, egresado en 1910.

Otro Alférez de Navío, el salteño de veinticuatro años Juan José San Martín Abellanal, también formó parte del osado grupo desde un principio. Este Oficial, que había revistado como Soldado del Batallón de Infantería N.º 4 antes de ingresar a la Marina Militar, se encontraba destinado en el cañonero " 18 de Julio" cuando se aceptó su ofrecimiento para participar en la expedición, integrante de la Promoción N.º 4 de la Escuela Naval, egresado en 1914.

Hasta la noche previa a la zarpada, todas las fuentes de información coinciden en reconocer la presencia a bordo del "Instituto de Pesca N.º 1", de Elichiribehety, Camps y San Martín, así como también del Jefe de Máquinas Ramón Folch Bonafont, Alférez de Navío asimilado que servía a bordo del crucero "Montevideo" tras haberlo hecho en la vieja cañonera "General Rivera", en cuya trágica voladura resultó lesionado.

Sin embargo, la Plana Mayor no estaría completa hasta la mañana del mismo día en que el vapor zarpó para el sur, cuando se le sumó el Alférez de Navío Héctor Castells Carafi, un joven barcelonés de nacimiento, que hasta entonces no había visto contemplados sus deseos de tomar parte en el viaje y sufría por el rechazo a su generosidad.

Tan inconsolable dolor le embargaba, que la propia madre decidió presentarse a Elichiribehety rogándole intercediera para satisfacer las juveniles ansias de servir de su hijo, integrante de la Promoción N.º 3 de la Escuela Naval, egresado en 1911. La bonhomía del jefe expedicionario, unida a los particularísimos mecanismos propios de entonces, dieron solución al punto, y así un sonriente Castells Carafi nos observa desde las fotografías tomadas antes de zarpar.

Junto a la Oficialidad oriental viajó el Teniente de Navío de la Reserva de la Armada Real Británica, George E. Ryan, del transporte "Macedonia". Su presencia a bordo fue debida a la solicitud que el representante diplomático inglés en Montevideo presentara ante las autoridades nacionales, movido quizá por aquella desconfianza hacia Shackleton a que aludimos, y no a lo que se supuso una codirección oriental-británica de la expedición.

Este Teniente bajó a tierra el día 7 de junio, víspera de la zarpada del "Instituto de Pesca N.º l", acompañando a su Comandante junto a otros dos oficiales, dirigiéndose todos a la Legación de su país. Una vez concedido el correspondiente permiso para que se verificase la participación de Ryan en el viaje a Elefante, el Comandante del "Macedonia" regresó al buque con los restantes Oficiales, zarpando de inmediato por las exigencias de neutralidad de Montevideo, mientras que aquel era presentado a la gente de a bordo por el embajador Mitchell Innes, revistando a partir de ese momento como agregado a la expedición según definitivamente lo aclara el Comandante Elichiribehety en su informe al Ministerio de Guerra y Marina.

El riesgo supuesto por la empresa que se iba a acometer, hizo insoslayable la necesidad, entre otras, de contar con auxilio sanitario a bordo, y al efecto la Asistencia Pública envió al Practicante Oscar Rodríguez Rocha, un adelantado estudiante de medicina que se había presentado voluntariamente para ello.

El personal subalterno de la expedición se integró con hombres de la Escuadra Nacional, tripulantes originales del vapor pesquero, y personal contratado.

El crucero "Montevideo" envió a sus voluntarios: el radiotelegrafista Luis M. de los Santos, el cocinero José Vidal, los cabos de Mar Pedro Correa y Juan Villa, el Cabo de Cañón Jesús Amor, los marineros Carlos Rosales y Umberto Fassolo, el ayudante de carpintero Arnaldo D'Urso, los foguistas Nicanor Breijo, Manuel Pereira y Leoncio Núñez, y los carboneros Manuel Giménez y Modesto Nogueira. También el cañonero " 18 de Julio" supo del entusiasmo de nuestros hombres, y uno de sus tripulantes, el Marinero Manuel de Souza, ofreció servir en la expedición, y para ello se le comisionó a órdenes de Elichiribehety.

De los tripulantes del "[Instituto de Pesca N.º l]" fueron de la partida los maquinistas lro. y 2.º. Juan Aminore y Juan José Domínguez, el , Contramaestre Juan Martínez, los marineros José María Galo y Antonio Alonso, los foguistas Antonio Olivera y José López, y el carbonero Domingo Alonso. Se contrató a un enfermero, que fue Francisco Castelar, y dos hombres que revistarían como marineros: Guillermo Thomas y Bernardo Lange.

De este último personaje nada conocemos excepto una fotografía que le muestra gastando un sombrero de aire extravagante; en cuanto a Thomas le sabemos hermano del presidente de una institución montevideana de caridad, y viajero a las regiones del Sur a bordo de naves argentinas.

Tan heterogénea tripulación podrá sobrellevar sin inconvenientes los sacrificios que supone una empresa como la que emprendiera, gracias a 2 factores: el espíritu común y la acción del Jefe Expedicionario.

Lo primero es comprensible, pues el carácter de voluntarios que le signa, es de suyo una actitud interior común que unirá el grupo ante las dificultades de cada momento y la presunción de un difícil futuro.

Mas la homogeneidad que de ello surge tiene un valor estático que puede verse superado por la gravedad de algunos acontecimientos, siendo allí donde asumió su papel la conducción impecable, paternalmente severa y protectora, del Comandante Elichiribehety. Se aprecia al repasar las Órdenes Generales de él emanadas, que no bien se hace a la mar con su buque, resuelve con energía y brevedad la compleja cuestión que plantea relacionar jerárquica y orgánicamente a personas de tan diversos orígenes, como era el caso de la tripulación a su mando. Solucionado ese primer punto, librará la conducción a un trato de humana y considerada camaradería.

Bastará con ver el desarrollo del viaje austral para reconocer el efecto de tal proceder. Fueron estos hombres de la estirpe de los mejores, quienes hicieron posible una página de la historia, ganando para la Patria el título de generosa, y exaltando la humilde condición de un pequeño buque pesquero al lugar de honor que corresponde a las naves de las grandes hazañas.

La expedición zarpó de Montevideo el 9 de junio de 1916, arribando en una semana a Puerto Stanley, donde se le unió Shackleton, quien luego de advertir lo peligroso del viaje insistió en que aquel que quisiese hacerlo abandonase la misión. Luego de conocer la unánime voluntad de seguir adelante, se zarpó el 17 de junio de 1916.

Puede decirse sin lugar a dudas que la expedición al Sur fue una verdadera causa nacional, de cuya magnitud dan cuenta las publicaciones del momento declarando que "la excursión a los mares antárticos casi inaccesibles" es producto de una "heroicidad nada vulgar en esta época", que "pone a prueba a nuestro pueblo", trayendo honor y prestigio al país", y son hechos "que corroboran la ilusión de los que creen que hay todavía mucho de incontaminado y de bueno, de altruista y de hidalgo, de desinteresado y de generoso en el alma de los pueblos y en el espíritu de los hombres".

Aquí en tierra firme no eran menos atendidas las noticias que traían desde las Malvinas los viajeros que habían pasado por allí recientemente, destacándose entre ellas las expresiones del Obispo Every, D.D., llegado el 8 por la noche a bordo del "Oronsa", y del médico Vicente Subiza, quien también estuvo en contacto con Shackleton y brindaba así fehacientes versiones de la opinión del explorador respecto a las posibilidades de supervivencia y rescate de sus hombres.

Mientras todo esto ocurre, allá en el mar la telegrafía sin hilos llevaba a los nuestros palabras desde la patria ya lejana, que van condensadas en los despachos que firman el ministro de Guerra, el Senado, varios Jefes y oficiales de la Armada, el embajador británico y el Club Inglés, entre otros, piezas magníficas de reconocimiento y apoyo que insuflaron más fuego, si cabe, en aquellos valientes corazones.

El radio del ministro Sánchez resume impecablemente cuanto se deseaba a los marinos, diciendo así: "Teniente de Navío R.L. Elichiribehety - Valor, confianza, serenidad. Deseóles felicidad y espero triunfo. Salúdalo Ministro de Guerra y Marina".