La República Social Italiana (; RSI, ), también conocida como República de Saló (Repubblica di Salò, [reˈpubblika di saˈlɔ]), fue un Estado títere de la Alemania naziRenzo De Felice (2002). Breve storia del fascismo, Milano, Mondadori, pp. 120-121Bruce F. Pauley (2003), Hitler, Stalin and Mussolini: Totalitarianism in the Twentieth Century Italy, Wheeling: Harlan Davidson, pág. 228 que existió durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, hasta que fue derrocada por los partisanos italianos. Fue establecida en el norte de Italia, que había quedado ocupado por la Wehrmacht cuando las fuerzas aliadas tomaron las regiones del sur del país.
Tenía formalmente su capital en la ciudad de Roma, pero en la localidad de Saló residían casi todos sus líderes y allí se hallaba situada además la Agenzia Stefani, órgano oficial del Gobierno italiano que enviaba desde Saló los mensajes a la prensa.
El nuevo Estado fue proclamado el 23 de septiembre de 1943. A pesar de que la RSI reclamaba bajo su soberanía la mayor parte de los territorios italianos, la realidad es que su control político se redujo a una pequeña porción territorial en el norte de Italia. Por si fuera poco, la República de Saló solo recibió reconocimiento diplomático de Alemania, Japón y sus Estados títeres, lo que reflejó la escasa influencia del nuevo régimen. Mussolini fue su primer y único jefe de Estado, constituyendo la RSI la última encarnación del modelo fascista italiano. A pesar del poder teórico que ostentaba Mussolini, oficiales de alto rango como el embajador alemán Rudolf Rahn o el comandante de las fuerzas alemanas en Italia, el general Karl Wolff, eran los que tomaban las principales decisiones políticas y militares.Tim Cooke, Adrian Gilbert, Robert Stewart, et al. (2004). History of World War II, Marshall Cavendish Corporation, ISBN 076147482X, pág. 560
Historia Surgimiento La República Social Italiana comenzó a gestarse tras la maniobra que culminó en la destitución y arresto de Mussolini el 25 de julio de 1943. Desde el mismo momento en que tuvo noticia de estos hechos, el dictador alemán Adolf Hitler desconfió del nuevo Gobierno de Pietro Badoglio y comenzó a preparar su respuesta ante la inminente capitulación del Reino de Italia ante los aliados. Los planes de Hitler incluían, como punto fundamental, la liberación de Mussolini y su restablecimiento en el poder, pese a las reticencias de muchos jerarcas nazis al regreso del Duce: Hitler prefería que un nuevo Estado fascista facilitara la acción de la Wehrmacht en territorio italiano antes que una abierta ocupación que obligara a sus tropas a moverse entre un frente de vanguardia y otro de retaguardia. miniatura|upright=1.7|izquierda|La república, las intervenciones del Eje y los Aliados y los frentes de guerra:
· Rayado: zonas de operaciones militares sometidas a la autoridad militar alemana. · Cuadriculado: zonas anexadas por Croacia. · Topos rojos: zonas bajo control partisano en 1944.
Así pues, tras el anuncio oficial de la rendición italiana a los Aliados el 8 de septiembre de 1943 (la firma del acta de capitulación se había producido en realidad cinco días antes), las tropas alemanas entraron en Italia, tomando por sorpresa a su desprevenido ejército, mientras el rey Víctor Manuel III y el mariscal Pietro Badoglio huían de Roma, dejando el campo abierto al avance germano.
El 12 de septiembre (cuatro días después de anunciarse la capitulación de Italia), un comando alemán, dirigido por el capitán de las SS Otto Skorzeny llevó a cabo la Operación Roble, esto es, la liberación de Mussolini de su prisión en Gran Sasso (Apeninos), más concretamente el hotel-refugio de Campo Imperatore donde se hallaba retenido el antiguo dictador. Una vez liberado, Mussolini fue llevado a Alemania y allí se entrevistó con Hitler.
Tras su destitución, arresto y liberación en poco menos de dos meses, Mussolini se mostraba cansado de las responsabilidades de la guerra y poco dispuesto a retomar el poder, pero Hitler le instó a volver a Italia y formar allí un nuevo Estado fascista bajo la protección de la Wehrmacht, amenazando al Duce con instalar la administración militar alemana en Italia y sujetarla a las mismas penalidades de un país ocupado en caso de no aceptar. Ante tal presión, Mussolini regresó a Italia y se instaló en Milán, desde donde el 15 de septiembre anunció la creación del Partido Fascista Republicano y, tres días después, la reanudación de la guerra al lado de Alemania y Japón. De inmediato el Duce anunció la formación de un nuevo gabinete republicano, aunque sus ministros habían sido elegidos y designados días antes por el propio Hitler.
El nuevo régimen fascista thumb|Tropas de la División Leibstandarte-SS "Adolf Hitler" en Milán (1943).
De regreso a Italia, Mussolini formó el 23 de septiembre un nuevo Gobierno, compuesto por partidarios del llamado régimen del ventenio (1922-43), aunque sin fijar su capital en Roma, pues los intereses militares alemanes lo desaconsejaban y el propio Mussolini rehuía la idea de volver a la capital, de forma que la sede del gabinete quedó establecida prácticamente en la pequeña localidad de Saló (provincia de Brescia), donde residía Mussolini. Al principio, el nuevo Estado de Mussolini se extendía desde la frontera norte de Italia hasta la ciudad de Nápoles. Sin embargo, el 27 de septiembre, la población napolitana se levantó en armas contra las tropas del Eje, obligándolas a retirarse tras cuatro días de lucha. Por consiguiente, la frontera sur de la República fascista quedó fijada en la línea Gustav, establecida por los alemanes a la altura de Cassino para cerrar a las tropas de los aliados occidentales el camino hacia Roma.
El 1 de diciembre de 1943 el nuevo Estado de Mussolini adoptó oficialmente el nombre de República Social Italiana, declarando formalmente abolida la monarquía de la Casa de Saboya, mientras que Mussolini y los miembros de su gabinete disponían su residencia permanente en Saló, donde permanecerían hasta el final de la guerra. La nueva república seguía jurídicamente los marcos constitucionales del antiguo Reino de Italia, pero sin monarquía ni parlamento, concentrando aún más la autoridad política en las manos de Mussolini. Pese a esta concentración, el nuevo régimen actuaba bajo la enorme influencia de los mandos militares de la Wehrmacht, que constituían el verdadero poder en la RSI.
El recién creado Partido Fascista Republicano (PFR) quedó bajo el control y liderazgo del periodista Alessandro Pavolini,Álvaro Lozano (2012). Mussolini y el fascismo italiano, Marcial Pons Eds. de Historia, pág. 493 que a la postre también se convertiría en uno de los principales colaboradores de Mussolini durante sus últimos años de gobierno.
El nuevo Gobierno mussoliniano centró gran parte de sus energías en la represión de los antiguos miembros del Gran Consejo Fascista que habían derrocado al dictador en julio de 1943: el proceso de Verona (8-10 de enero de 1944) supuso la condena a muerte y ejecución de 5 de los citados ex jerarcas fascistas que se hallaban en poder de sus antiguos correligionarios (un sexto procesado fue condenado a 30 años de reclusión). Entre los ejecutados se encontraba el conde Ciano, yerno del propio Mussolini, quien había votado el año anterior en favor de la destitución del Duce. Los 13 antiguos miembros del Gran Consejo Fascista que se hallaban en paradero desconocido, fueron condenados a muerte en rebeldía.
Política interna thumb|Mussolini ante un miliciano fascista adolescente (1944)
Durante la existencia de la República Social Italiana, Mussolini mantendría varias entrevistas con Hitler, siendo la última conocida la que tuvo lugar el 20 de julio de 1944, la tarde posterior al atentado contra el dictador alemán. El Duce solía regresar de tales entrevistas con renovados ánimos sobre un posible vuelco de la situación militar. Sin embargo, la realidad no tardaba en devolverle al más completo pesimismo, acentuado por la evidencia ante las masas italianas sobre su escasa autoridad efectiva sobre el país, así como la de su Gobierno, subordinados del todo a los designios de Berlín, obligados a dar preferencia a las conveniencias estratégicas de la Alemania Nazi aun cuando éstas fueran incompatibles con los intereses de sus teóricos aliados italianos.
La ocupación militar alemana generó que las SS nazis también intervinieran en la represión contra la Resistencia italiana y en la deportación de los judíos italianos a los campos de exterminio nazi. La comunidad judía italiana había sido hasta entonces discriminada desde 1938 pero nunca perseguida activamente por las autoridades fascistas, pero al tornarse Italia en otro país ocupado por el nazismo empezaron ya desde 1943 los arrestos y deportaciones contra los judíos residentes en suelo italiano.
En tal situación, Mussolini trataba de ganarse al pueblo con medidas populistas que resultaban casi siempre de imposible realización práctica, como las anunciadas 18 aperturas sociales de Verona, al tiempo que la hiperbólica propaganda organizada por Roberto Farinacci (que insistía en presentar al Tercer Reich como aliado y no como potencia ocupante) solo conseguía desacreditar aún más al régimen y aumentar la ya de por sí creciente simpatía del pueblo italiano hacia la Resistencia y los Aliados. Las continuas huelgas paralizaban la economía del Estado fascista, debido al fuerte descenso en el nivel de vida entre los obreros y a la incapacidad del propio régimen para atender las necesidades básicas de la población en cuanto a alimentación y servicios médicos.
En este afán de buscar apoyo popular, el propio Mussolini pidió la ayuda del antiguo ideólogo comunista Nicola Bombacci, quien apoyó al régimen al redactar una serie de programas para la transformación económica de Italia, bajo el nombre de Socialización fascista, aprovechando el hecho de que ya no existía en la RSI la influencia monárquica de la Casa de Saboya y que toda posible oposición al régimen sería aplastada por los alemanes. Mussolini intentó presentarse ante la población como un auténtico socialista ansioso de reformas extremas, alegando que las presiones de la guerra le habían impedido ejecutar su original programa revolucionario en contra del capitalismo y del marxismo, con lo cual el Duce intentaba volver a las ideas socialistas que había asumido hacía 30 años durante sus años juveniles.
En la práctica las "leyes socialistas" de Mussolini casi nunca pudieron aplicarse debido a la franca desaprobación de los nazis, que se opusieron a cualquier tipo de socialización de la economía, logrando mantener la industria pesada del norte de Italia en manos privadas, aunque bajo estrecho control de las autoridades militares de la Wehrmacht, y anulando todo intento de Mussolini y sus colegas por introducir reforma alguna. Además el control efectivo del Duce sobre el territorio italiano era muy precario y dependía de la cooperación voluntaria de los jefes de la Wehrmacht (quienes incluso llegaron a designar autoridades municipales italianas por su cuenta sin considerar al régimen mussoliniano).
Dependencia hacia el Tercer Reich thumb|derecha|Bandera de guerra de la República Social Italiana. La bandera oficial fue la tricolor carente de símbolos, aunque su utilización fue nula.
La dependencia del régimen respecto a la Alemania nazi era casi completa en cuanto al sostén militar y las necesidades de su economía, pues casi toda la producción industrial italiana debió dirigirse al mercado alemán, siendo que la aguda escasez de combustibles vitales en Italia (como petróleo y carbón) hacía indispensable importarlos de Alemania.