|thumb|300px|El Apolo de Belvedere. Es una copia romana del , se basa en un original perdido de finales del , aunque es muy probable que sea un pastiche basado en más de un original. Según Fleming y Honour, su postura casi danzarina, su físico afeminado, complejo peinado y rostro bello contrasta con las estatuas masculinas de la Atenas del . Debe mencionarse que con Alejandro Magno se estableció entre los griegos la moda de ir afeitado. Se denomina período helenístico, helenismo o periodo alejandrino (Ἑλληνισμός en griego clásico; Ελληνιστική περίοδος en griego moderno; Hellenismus en latín) a una etapa de la Antigüedad mediterránea posterior a la Grecia Clásica, sus límites son las muertes de Alejandro Magno () y de Cleopatra VII y Marco Antonio (). Le sigue el predominio del Imperio romano conseguido por su conquista del Egipto ptolemaico, que significó el final del último gran Estado helenístico.Hemingway, Sean (2013). Art of the Hellenistic Age and the Hellenistic Tradition. Metropolitan Museum of Art.Hellenistic Age. Encyclopædia Britannica, 2013. El término helenístico viene del verbo hellazein, que significa «hablar griego o identificarse con los griegos» y se refiere a las sociedades influenciadas por la cultura griega después de las conquistas de Alejandro Magno. Debe distinguirse de helénico, que se refiere directamente a pueblos de etnia griega y que proviene de la palabra griega antigua Hellás (Ἑλλάς), que se usaba para referirse al territorio propiamente griego.
Después que el Reino de Macedonia conquistó al Imperio aqueménida en 330 a.C., desintegrándose poco después,Rempel, Gerhard (2008). Hellenistic Civilization. Western New England College. se establecieron reinos helenísticos en Asia Occidental (seléucidas y atálidas), Balcanes (antigónidas), Norte de África (Egipto ptolemaico) y Asia del Sur (grecobactrianos e indogriegos). Las principales dinastías surgidas fueron los seléucidas, antigónidas y ptolemaicos. Así, vastos territorios acostumbrados a ser gobernados por oficiales persas que hablaban arameo pasaron a ser gobernados por nobles macedonios greco parlantes. Esto resultó en la afluencia de colonos griegos y la exportación de su cultura e idioma a estos nuevos reinos, creando un espacio cultural que llegaba hasta el subcontinente indio. Estos nuevos reinos también fueron influenciados por las culturas indígenas, adoptando prácticas locales cuando se consideraban beneficiosas, necesarias o convenientes. Así, el helenismo representa una fusión entre la cultura griega clásica y las de Asia y África. Dicho sincretismo en creencias religiosas y rituales fue alentado por los gobernantes helenos para legitimar su poder ante los locales.
Como resultado surgió el griego koiné (κoινή, «común»), una versión simplificada del dialecto ático, que se convirtió en la lengua franca de esa parte del mundo gracias a que se instaló un sistema educacional que adoctrinó a los hijos de los aristócratas locales en la filosofía, matemáticas, ciencias naturales, ideales de belleza y orden y reverencia por el atletismo que tenían los griegos. Al mismo tiempo, ciudades clásicas como Atenas, Esparta o Tebas, entre otras, entraron en decadencia y el centro cultural del mundo griego pasó de Atenas a Alejandría y en menor medida Pérgamo, Antioquía del Orontes, Siracusa Seleucia del Tigris y Rodas. El impacto fue tal que siglos después, escritores griegos y romanos relataban que el griego era una lengua muy usada en Egipto, Siria e incluso lejano Oriente, que las obras de Homero, Eurípides o Sófocles se leían por toda Asia, especialmente entre la nobleza persa, y los habitantes de India, Bactriana y el Cáucaso adoraban a los dioses olímpicos.
Se fundaron numerosas ciudades que siguieron el modelo de las polis (ciudades-estado) clásicas, con constituciones escritas, ciudadanía limitada y edificios públicos, incluidos templos, gimnasios, mercados y bibliotecas basadas en la arquitectura griega. Sin embargo, los grandes y ricos reinos establecidos por los sucesores de Alejandro Magno, junto a la monarquía de Siracusa, desplazaron a las polis como las principales unidades políticas. Así, la cultura política basada en asambleas de ciudadanos que debatían la política de su ciudad y la defendían como soldados a tiempo parcial fue reemplazada por una dominada por reyes gobernantes y hombres de negocios. El sentimiento de lealtad patriótica a la polis fue suplantado un cosmopolitismo sin fidelidad a ningún Estado en particular. En consecuencia, los ciudadanos se volvieron más individualistas, lo que se ejemplifica en el surgimiento de escuelas filosóficas centradas en la vida personal y de las religiones mistéricas. A nivel religioso, la ética pasó a quedar cada vez más en mano de distintas escuelas filosóficas, hubo nuevas interpretaciones para los dioses olímpicos o se los identificó con foráneos, y se introdujo un culto extranjero que satisfacía las necesidades que los ritos tradicionales no podían cumplir.
Los eruditos e historiadores están divididos sobre qué evento señala el fin de la era helenística. Existe una amplia gama cronológica de fechas propuestas que han incluido la conquista final del corazón del mundo griego por la República romana en el , después de la guerra aquea, la derrota del Egipto ptolemaico en Accio en el , después de la muerte de Adriano en el 138, o el traslado de la capital de Roma a Constantinopla por Constantino el Grande en 330. Sin embargo, la mayoría de los eruditos y arqueólogos lo fechan en el 31 o .
Etimología El término «helenístico» lo usó por primera vez el historiador alemán Johann Gustav Droysen en Geschichte des Hellenismus (1836 y 1843), a partir de un criterio lingüístico y cultural, es decir, la difusión de la cultura propia de las regiones en las que se hablaba el griego (ἑλληνίζειν, hellênizein), o directamente relacionadas con la Hélade a través del propio idioma. Siguiendo a Droysen, los términos helenístico y helenismo han sido usados en múltiples contextos. El teólogo inglés Matthew Arnold usa helenismo en contraste de hebraísmo.
Historia La conquista de Alejandro Magno,
thumb|izquierda|La Venus de Médici. Es la mejor conservada de las 33 copias o versiones conocidas de una original perdida y que pudo realizar en los siglos o . Según Fleming y Honour, la primera pudo ser influenciada por la Afrodita de Cnido, aunque es menos idealizada y más rolliza y flácida, mostrando un atisbo de coquetería en su giro de cabeza y una actitud seductora con su gesto protector en las manos. Se denota el típico tratamiento del mármol en el período, buscando que su textura se asemejara a la suavidad y calidez de la carne para indicar elegancia, mundanidad y sofisticación a la vez. Victoriosas sobre el Imperio aqueménida en las guerras médicas, las polis (ciudades-estado) de la Hélade rápidamente se debilitaron en la larga guerra del Peloponeso, sin embargo, los persas no pudieron aprovecharse por sus propios problemas internos. La situación en que las polis y los persas desperdiciaron sus recursos en continuas guerras endémicas continuó por décadas, mientras que al norte de la Hélade Filipo II llegaba al trono del Reino de Macedonia en 358 a.C., quien rápidamente aseguró su poder sobre todo su reino, creó un ejército bien entrenado y empezó a intervenir en la política interna griega. Veinte años después, habiendo vencido a atenienses y tebanos, impuso su paz y fue proclamado hegemón de la Liga de Corinto contra los persas. Sin embargo, en 336 a.C., fue asesinado y su hijo de 20 años fue proclamado rey como Alejandro III, siendo reconocido como nuevo hegemón después de su aplastante victoria sobre Tebas dos años más tarde. Durante su breve reinado Macedonia pasó de ser un pequeño reino balcánico a la fuerza conquistadora del imperio de Darío III Codomano, venciéndole en tres grandes batallas: río Gránico, Issos y Gaugamela. Después, Alejandro Magno se dedicó a la lenta y difícil conquista de las satrapías de Asia Central y asegurar el dominio sobre el valle del río Indo. En ese momento, presionado por sus agotadas tropas, hubo de renunciar a proseguir con su epopeya, regresando a lo que se había convertido en el núcleo de su imperio, Babilonia. Probablemente él esperaba que esta ciudad se volviera la capital de su reino y de su proyecto cultural, pero su corta vida trunco esos planes.
En ese momento sus dominios se extendían desde el río Danubio al Indo y desde Egipto hasta el río Sir Daria. Para asegurar su poder, trató de asociar la clase dirigente del fenecido imperio de los persas a la estructura administrativa macedonia, creando una monarquía que mezclara la herencia cultural helénica y asiática, pero su prematura muerte en , cancelo sus planes. Para empeorar todo, no se había preocupado de dejar establecida ninguna sucesión. Tenía un medio hermano por parte de padre y que era retrasado mental, Filipo Arrideo, y dos hijos: Heracles, hijo bastardo nacido de una concubina llamada Barsine, y Alejandro IV, quien nació de su esposa Roxana meses después de su muerte.
El período de los diádocos, 323–
De esta forma, los llamados diádocos (διάδοχοι, «sucesores»), es decir, los generales de Alejandro Magno, empezaron a combatir entre sí por el control del imperio durante 40 años hasta el año 281 a.C.. En el proceso, la familia del fenecido rey de Macedonia, su madre Olimpia, su hermana Cleopatra, y sus dos hijos fueron asesinados y su imperio rápidamente se fragmentó. Inicialmente se pensó en un regente, eligiéndose al viejo general Antípatro de Macedonia, quien murió sorpresivamente y Pérdicas asumió el cargo, pero cuando intentó someter al sátrapa de Egipto, Ptolomeo, fue asesinado y la regencia fue disputada entre Casandro, hijo de Antípatro, y Poliperconte, nombrado por Antípatro. Casandro se alió con los sátrapas Ptolomeo, Lisímaco y Antígono contra Poliperconte y Eumenes, venciendo los primeros. La disputa por quien era el guardián de los reyes se resolvió cuando la familia real fue asesinada por Casandro y los sátrapas se proclamaron abiertamente reyes. De estos, Antígono se consideraba el legítimo heredero de todo el imperio y creó el reino más fuerte, pero fue vencido y muerto por una alianza de los demás diádocos en Ipsos. Luego, los vencedores siguieron disputándose el botín hasta la muerte de Lisímaco en Corupedio y el regicidio del antiguo oficial de Alejandro Magno, Seleuco. El profesor John Warry especulaba que quizás Alejandro III, poco antes de morir, vio que era inevitable la fragmentación y guerra civil entre esos señores de la guerra y por ello no se molestó en nombrar un sucesor.
El equilibrio del De esta forma, se estableció a inicios del un precario equilibrio entre las tres dinastías descendientes de los diádocos, los llamados epígonos (επιγονος, «los nacidos después»): los antigónidas en Macedonia, los seléucidas en Medio Oriente y los ptolemaicos en Egipto. Se les unían estados menores relacionados con ellos, como los atálidas en el Reino de Pérgamo, Magas de Cirene, Hierón II de Siracusa y los reinos de la costa anatolia del mar Negro (Bitinia, Paflagonia, Ponto, Capadocia, Armenia y Atropatene). Sin embargo, equilibrio no significó la paz, pues seléucidas y ptolemaicos continuaron gastando sus recursos en guerras por el control del Levante, destacando el gran choque en Rafia. Las anteriores guerras permitieron a las polis griegas recuperar parte de su independencia, aunque muchas habían perdido definitivamente su poder e influencia.
En el caso de los seléucidas, su extenso y heterogéneo imperio demostró ser difícil de mantener y pronto sus monarcas empezaron a perder el control de varias partes hasta que Antíoco III el Grande consiguió revitalizarlo a finales de la centuria. En el proceso, a mediados de siglo, Diodoto I se proclamó independiente y creó el Reino grecobactriano, pero Antíoco III conseguiría reimponer la soberanía seléucida durante su campaña oriental.