miniatura|Ilustración de la teoría geocéntrica. miniatura|Esfera armilar.

La historia de la astronomía es el relato de las observaciones, descubrimientos y conocimientos adquiridos a lo largo de la historia en materia astronómica.

La astronomía surge desde que la humanidad dejó de ser nómada y se empezó a convertir en sedentaria; Después de formar civilizaciones o comunidades empezó su interés por los astros. Desde tiempos inmemorables se ha visto interesado en los mismos. Estos han enseñado ciclos constantes e inmutabilidad durante el corto periodo de la vida del ser humano, lo que fue una herramienta útil para determinar los periodos de abundancia para la caza y la recolección o de aquellos como el invierno en que se requería de una preparación para sobrevivir a los cambios climáticos adversos. La práctica de estas observaciones es tan cierta y universal que se han encontrado a lo largo y ancho del planeta en todas aquellas partes en donde han habitado los seres humanos. Se deduce entonces que la astronomía es probablemente uno de los oficios más antiguos, manifestándose en todas las culturas humanas.

En casi todas las religiones antiguas existía una cosmogonía que intentaba explicar el origen del universo, ligando este a elementos mitológicos. La historia de la astronomía es tan antigua como la historia del ser humano. Antiguamente se ocupaba, únicamente, de la observación y predicciones de los movimientos de los objetos visibles a simple vista, quedando separada durante mucho tiempo de la Física.

Parece ser que las pirámides de Egipto fueron construidas sobre patrones astronómicos muy precisos. En 1999 se descubrió en Sajonia-Anhalt (Alemania) el famoso disco celeste de Nebra (del 1600 a. C.), que es la representación más antigua conocida de la bóveda celeste. Quizá fueron los astrónomos chinos quienes dividieron, por primera vez, el cielo en constelaciones. Los antiguos griegos hicieron importantes contribuciones a la astronomía, entre ellas, la definición de magnitud. En Europa, las doce constelaciones que marcan el movimiento anual del Sol fueron denominadas constelaciones zodiacales. La astronomía precolombina (posterior al ) poseía calendarios muy exactos.

La inmutabilidad del cielo está alterada por cambios reales que el hombre en sus observaciones y conocimiento primitivo no podía explicar, y de allí nació la idea de que en el firmamento habitaban poderosos seres que influían en los destinos de las comunidades y que poseían comportamientos humanos, y que por tanto requerían de adoración para recibir sus favores o al menos evitar o mitigar sus castigos. Este componente religioso estuvo estrechamente relacionado al estudio de los astros durante siglos, hasta que los avances científicos y tecnológicos fueron aclarando muchos de los fenómenos que en un principio no eran comprendidos. Esta separación no ocurrió pacíficamente y muchos de los antiguos astrónomos fueron perseguidos y juzgados al proponer una nueva organización del universo. Actualmente estos factores religiosos sobreviven en la vida moderna como supersticiones.

A pesar de la creencia común, los griegos sabían de la esfericidad de la Tierra. No pasó desapercibido para ellos el hecho de que la sombra de la Tierra proyectada en la Luna era redonda, ni que no se ven las mismas constelaciones en el norte del mar Mediterráneo que en el sur. En el modelo aristotélico lo celestial pertenecía a la perfección («cuerpos celestes perfectamente esféricos moviéndose en órbitas circulares perfectas») mientras que lo terrestre era imperfecto; estos dos reinos se consideraban como opuestos. Aristóteles defendía la teoría geocéntrica para desarrollar sus postulados. Fue probablemente Eratóstenes quien diseñara la esfera armilar, que es un astrolabio, para mostrar el movimiento aparente de las estrellas alrededor de la tierra.

La astronomía observacional estuvo casi totalmente estancada en Europa durante la Edad Media, a excepción de algunas aportaciones como la de Alfonso X el Sabio con sus tablas alfonsíes, o los tratados de Alcabitius, pero floreció en el mundo con el Imperio persa y la cultura árabe. Al final del , un gran observatorio fue construido cerca de Teherán (Irán), por el astrónomo persa Al-Khujandi, quien observó una serie de pasos meridianos del Sol, lo que le permitió calcular la oblicuidad de la eclíptica. También en Persia, Omar Khayyam elaboró una reforma al calendario que lo hacía más preciso que el calendario juliano, acercándose al calendario gregoriano. A finales del , el astrónomo persa Al-Farghani escribió ampliamente acerca del movimiento de los cuerpos celestes. Su trabajo fue traducido al latín en el . Abraham Zacuto fue el responsable en el de adaptar las teorías astronómicas conocidas hasta el momento para aplicarlas a la navegación de la marina portuguesa. Esta aplicación permitió a Portugal ser la puntera en el mundo de los descubrimientos de nuevas tierras fuera de Europa.

Astronomía pretelescópica

En la historia de la astronomía, la astronomía pretelescópica se refiere a las observaciones, instrumentos, teorías y conceptos astronómicos desarrollados en las distintas civilizaciones durante el período histórico que precede a la aparición y uso del telescopio refractor. Los telescopios refractores cohabitaron con las últimas observaciones pretelescópicas. Fueron rápidamente utilizados a gran escala por los observadores, como Galileo Galilei en 1609 con su perspicillum apuntando hacia el cielo.

La observación del cielo en la prehistoria

miniatura|Una escena descubierta en el pozo de la cueva de Lascaux, de aproximadamente .

Por definición, no existe información directa o escrita sobre las observaciones del cielo durante el Paleolítico y solo algunos indicios aislados permiten sospechar de ellos. Según autores raros, como la paleoastrónoma francesa Chantal Jègues-Wolkiewiez (años 1950), determinados objetos dan testimonio de la observación de las estrellas, del Sol o de la Luna dibujando una cartografía de las posiciones de los objetos celestes.

Otra fuente de información es la tradición narrativa y el léxico de lenguas antiguas o vivas. Así, la designación indoeuropea de los «osos» polares o del «alce» para la estrella polar, y de varios otros asterismos y constelaciones, testimonia una cultura muy antigua, al igual que el nombre más reciente de Septentrión (‘siete bueyes’ [bajo el yugo]) que equivaldría a una cultura agrícola. Las correspondencias de nociones míticas comunes entre zonas distantes (Europa y América del Norte, en particular) no parecen fortuitas, lo que implicaría una herencia de al menos de antigüedad.

Según el arqueólogo estadounidense Alexander Marshack (1918-2004), las indentaciones grabadas en un hueso de águila desenterrado en el abrigo Blanchard y que datan de hace unos corresponderían a anotaciones lunares: su número y posición podrían estar relacionados con lunaciones.Marshack, Alexander (1972): The roots of civilization: the cognitive beginning of man’s first art, symbol and notation. Nueva York: McGraw-Hill, 1972. Según Chantal Jègues-Wolkiewiez, la ornamentación específica de las grutas del sur de Francia, cuando corresponde por ejemplo a los solsticios, sería otro elemento significativo. Esta autora incluso considera que las pinturas de estas cuevas podrían ser cartas estelares. Para ella, el escenario del Pozo de la cueva de Lascaux (de unos de antigüedad) supondría conocimientos astronómicos: sugiere reconocer allí una representación de las Pléyades y del zodíaco.

El significado profundo de estos mapas se desconoce; podría ser religioso o de calendario, marcando los períodos importantes de migración de animales, de caza, etc. Esta hipótesis, inicialmente cuestionada en nombre de diversos prejuicios, científicos o no,Neyret, F. (2007) - « "Lascaux, le ciel des premiers hommes" ou La scientifique indépendante, le reporter et la chaîne culturelle », La Newsletter de l’OZ , novembre 2007, 029, . resulta estimulante una vez que se tiene en cuenta la interdisciplinariedad. La falta de evidencia arqueológica explícita no significa en modo alguno que la observación del cielo no desempeñara ningún papel entre los humanos prehistóricos: esto está bien atestiguado en las culturas contemporáneas de cazadores-recolectores, como los aborígenes australianos.

Del Neolítico los yacimientos encontrados se multiplican aunque su interpretación sigue siendo delicada. La implantación de calendarios, que atestiguan un conocimiento cierto de la evolución del cielo, fue de vital importancia para estas civilizaciones agrarias. La capacidad de anticipar eventos estacionales o anuales hizo posible la planificación. Por tanto, se dio una interpretación religiosa a las posibles causas de los fenómenos celestes.

El surgimiento de las prácticas agrarias fue quizás acompañado por la práctica de diversos cultos uranos (que se relacionan con el cielo, espacio dedicado a lo sagrado) y, con ellos, de la astronomía y de la astrología (así como en otros lugares, la astrología caldea y la china).

miniatura|Stonehenge, 2800 a. C.: se supone que esta construcción megalítica se realizó sobre conocimientos astronómicos muy precisos. Un menhir que supera los 6m de altura indica, a quien mira desde el centro, la dirección exacta de la salida del Sol en el solsticio de verano. Algunos investigadores opinan que ciertas cavidades pudieron haber servido para colocar postes de madera capaces de indicar puntos de referencia en el recorrido de la Luna.

Innumerables sepulturas de esta época están orientadas hacia una dirección particular del cielo. Entre los descubrimientos arqueológicos asociados a la práctica del calendario, cabe mencionar los conos rituales de oro desenterrados en Francia y el sur de Alemania, interpretados como los tocados de los sacerdotes de un culto solar, y el disco de Nebra. El círculo de Goseck, trazado hace casi 7000 años, es el observatorio solar más antiguo conocido.

Los vestigios que han aparecido del Neolítico, como los grandes círculos megalíticos de los que los más conocidos son Nabta Playa, de 6000 a 6500 años de antigüedad, o Stonehenge (Wiltshire, Inglaterra), erigido entre 5000 y 3500 años antes del presente, difícilmente pueden calificarse como observatorios. Su función era sobre todo religiosa, y la observación, si hubo alguna observación, se limitaba a la identificación ritual de las alineaciones solares, tal vez lunares o planetarias (Venus), en el momento de la salida y puesta de esos cuerpos en determinados períodos de tiempo del año. Además, los grupos culturales que los erigieron no cumplen las condiciones antes expuestas: se caracterizan en particular por la ausencia de escritos y de documentos que permitan deducir con certeza que la función de los monumentos megalíticos comportaba efectivamente un componente astronómico, o que incluso la astronomía jugase un papel importante dentro de tales grupos. Aunque Camille Flammarion, por ejemplo, y muchos otros antes y después de él, hablarán en relación con losde círculos megalíticos de «monumentos con finalidad astronómica» y «observatorios de piedra». Pero los estudios arqueoastronómicos llevados a cabo durante los últimos treinta años han matizado fuertemente tal afirmación.

Desde los años 1970, la arqueoastronomía, que se dedica al estudio de este tipo de construcciones y de su significado astronómico, se ha convertido en una disciplina independiente.

Entre los lugares arqueológicos que han sido considerados por algunos como lugares para la observación astronómica, se encuentran:

Europa prehistórica

miniatura|El disco celeste de Nebra, Alemania, 1800- miniatura|Funciones calendáricas del sombrero dorado de Berlin c.