La testosterona es una hormona esteroidea sexual del grupo andrógeno y se encuentra en mamíferos, reptiles, aves y otros vertebrados. En los mamíferos, la testosterona es producida principalmente en los testículos de los machos y en menor medida en los ovarios de las hembras; las glándulas suprarrenales segregan asimismo pequeñas cantidades. Es la principal hormona sexual masculina y también un esteroide anabólico.
En los varones, la testosterona desempeña un papel clave en el desarrollo de los tejidos reproductivos masculinos como los testículos y la próstata, así como en la promoción de los caracteres sexuales secundarios, por ejemplo, el incremento de la masa muscular y ósea y en el crecimiento del pelo corporal. Además, es esencial para la salud y el bienestar, además de la prevención de la osteoporosis.
En promedio, la concentración de testosterona en el plasma sanguíneo en un hombre adulto es diez veces mayor que la concentración en el plasma de una mujer adulta, pero como el consumo metabólico de la testosterona en los hombres es mayor, la producción diaria es unas 20 veces mayor en los hombres. Además, las mujeres son más sensibles a la hormona.
La testosterona es conservada a través de la mayoría de los vertebrados, aunque los peces producen una ligeramente distinta llamada 11-cetotestosterona. Su homólogo en los insectos es la ecdisona. Estos esteroides ubicuos sugieren que las hormonas sexuales tienen una historia evolutiva antigua.
Efectos fisiológicos
En general, los andrógenos promueven la biosíntesis proteica y el crecimiento de los tejidos con receptores androgénicos. Los efectos generados por la testosterona se pueden clasificar como virilizante y anabólico, aunque la distinción es un poco artificial, ya que muchos de los efectos se podrían considerar como ambos. La testosterona es anabólica, significando que promueve el crecimiento de masa ósea y muscular. Efectos anabólicos incluyen el crecimiento de la masa muscular y la fuerza, el incremento de la densidad ósea y la fuerza, y la estimulación del crecimiento longitudinal y la maduración de los huesos. Efectos androgénicos incluyen la maduración de los órganos sexuales, particularmente el pene y la formación del escroto en el feto, y después del nacimiento (usualmente en la pubertad) una profundización de la voz, el crecimiento de la barba y el vello axilar. Muchos de estos caen en la categoría de caracteres sexuales secundarios.
Los efectos de la testosterona también pueden ser clasificados por la edad de su ocurrencia. Para los efectos postnatales en ambos hombres y mujeres, estos son mayoritariamente dependientes de los niveles y duración de la testosterona libre circulante.
Prenatales
Los efectos androgénicos prenatales ocurren entre las cuatro y seis semanas de gestación. Virilización genital (fusión de la línea media, uretra fálica, adelgazamiento escrotal, crecimiento fálico); aunque el rol de la testosterona es mucho menor que el de la dihidrotestosterona. Desarrollo de la próstata y las vesículas seminales. Identidad de género.
Infancia temprana
Los efectos androgénicos en la infancia temprana son los menos entendidos. En las primeras semanas de vida del infante masculino, los niveles de testosterona aumentan y se mantienen en el rango puberal por algunos meses, pero suelen alcanzar los niveles apenas detectables de la niñez a los 4-6 meses de vida. La función de este aumento en los humanos es desconocida. Se ha especulado que la «masculinización del cerebro» está ocurriendo, ya que no se han identificado cambios significativos en otras partes del cuerpo. Sorprendentemente, el cerebro masculino es masculinizado por la testosterona, siendo aromatizada a estrógeno, que cruza la barrera hematoencefálica y entra al cerebro masculino, mientras que los fetos femeninos tienen alfa-fetoproteína que se une a los estrógenos, de modo que el cerebro femenino no es afectado.
Prepuberales
Los efectos androgénicos prepuberales son los primeros efectos observables del incremento en los niveles de andrógenos al final de la infancia, ocurriendo en ambos niños y niñas. Olor corporal como los adultos Incremento aceitoso en la piel y pelo, acné Pubarquia (aparición de vello púbico) Vello axilar Crecimiento, maduración ósea acelerada Pelo en el labio superior y patillas.
Puberales
Los efectos androgénicos puberales empiezan a ocurrir cuando los niveles androgénicos han sido más altos que los de un adulto femenino durante meses o años. En los varones, estos suelen ser efectos puberales que ocurren más al final de la pubertad, y se dan en mujeres después de periodos prolongados de niveles elevados de testosterona libre en la sangre. Agrandamiento de las glándulas sebáceas, que es el conducto por donde sale el pelo o vello. Esto podría causar acné. Agrandamiento fálico o clitoromegalia no patológica. Incremento de la libido y de la frecuencia de erecciones o crecimiento clitórico El vello púbico se extiende hacia los muslos y para arriba hacia el ombligo Vello facial (patillas, barba, bigote) Pérdida del pelo (alopecia androgénica) Vello pectoral, vello periareolar, vello perianal Vello en las piernas Vello axilar La grasa subcutánea disminuye Incremento de la fuerza y masa muscular Profundización de la voz Crecimiento de la nuez de Adán Crecimiento del tejido espermatogénico en los testículos, fertilidad masculina Crecimiento de la mandíbula, cejas, barbilla, nariz, y remodelación de los contornos de los huesos faciales Los hombros se vuelven más amplios y la caja torácica se expande Termina la maduración ósea y el crecimiento óseo. Esto ocurre indirectamente vía los metabolitos del estradiol y por lo tanto ocurre de forma más gradual en los hombres que las mujeres.
Adultos
Los efectos de la testosterona en adultos son claramente más demostrables en el varón que en la mujer, pero son igualmente importantes para ambos sexos. Algunos de estos efectos pueden disminuir cuando los niveles de testosterona se reducen en las últimas décadas de la vida adulta.
miniatura|center|600px|Rangos de referencia para exámenes de sangre, mostrando los niveles de testosterona para un adulto masculino en celeste (centro-izquierda) La testosterona es necesaria para el desarrollo normal del espermatozoide. La testosterona activa genes en las Células de Sertoli, quienes promueven la diferenciación de espermatogonia. Regula la respuesta aguda del HHA (eje hipotalámico-hipofisario-adrenal) bajo un desafío de dominancia. Energía física y mental. Mantenimiento del trofismo muscular. La testosterona regula la población de los receptores Tromboxano A2 en megacariocitos y plaquetas y por lo tanto la agrupación de plaquetas en seres humanos. La testosterona no causa o produce efectos nocivos en el cáncer de próstata. En individuos que se han sometido a terapia de privación de testosterona, los incrementos de testosterona más allá de niveles de castrado han demostrado que incrementan la rapidez de propagación de un cáncer prostático existente. Estudios recientes han mostrado resultados conflictivos acerca de la importancia de la testosterona en el mantenimiento de la salud cardiovascular. Sin embargo, mantener niveles normales de testosterona en hombres de tercera edad ha demostrado la mejora de varios parámetros que se piensan que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares, tales como el incremento de la masa magra, las disminución de la grasa visceral, disminución del colesterol total y el control sobre los niveles glucémicos. Bajo un desafío de dominancia, la testosterona puede que juegue un papel en la regulación de la respuesta de «lucha o huida». Enamorarse disminuye los niveles de testosterona en los hombres, mientras que incrementa los niveles de las mujeres. Se especula que estos cambios en los niveles de testosterona resulten en la reducción temporal de las diferencias de comportamiento entre ambos sexos. Se ha comprobado que cuando la testosterona y las endorfinas en el semen eyaculado se encuentran con la pared cervical después de una relación sexual, las mujeres reciben un golpe de testosterona, endorfina y oxitocina, y los varones después del orgasmo experimentan un incremento de endorfinas y un incremento marcado en los niveles de oxitocina. Esto añade al entorno fisiológico acogedor en el tracto reproductivo femenino para la concepción, y luego para la alimentación del embrión, y estimula el sentimiento de amor, deseo y cuidado paternal en los varones (esta es la única vez que los niveles de oxitocina del varón rivalizan con los de las mujeres). Estudios recientes sugieren que los niveles de testosterona juegan un papel importante en la toma de riesgos durante decisiones financieras. La administración de testosterona hace a los varones más egoístas, siendo más probable que castiguen a otros por ser egoístas con ellos. La paternidad también rebaja los niveles de testosterona en los varones, sugiriendo que los cambios en el comportamiento y emocionales promueven el cuidado paternal. En los animales (tetraoninos y los lagartos ágiles), los niveles altos de testosterona han sido relacionados con una reducción en la actividad del sistema inmunitario. La testosterona parece haberse vuelto parte del sistema de señalización honesta entre las potenciales parejas en el curso de la evolución.
Cerebro
Como la testosterona afecta al cuerpo entero (a menudo agrandando ciertos órganos, como el corazón, los pulmones, el hígado, etc., los cuales suelen ser más grandes en los varones que en las mujeres), el cerebro también lo es por esta diferenciación «sexual»; la enzima aromatasa convierte la testosterona en estradiol que es la responsable de la masculinización del cerebro de los roedores machos. En el sexo masculino, llega a crear ciertas interacciones que pueden alterar sus sentidos, como provocar pensamientos lujuriosos y estimular el apetito sexual.
La testosterona puede hacer que el hombre tenga pensamientos lujuriosos. El sexo del hombre crea ciertos olores que pueden llegar a ser placenteros o incómodos dependiendo del nivel de testosterona. Ese aroma es originado por una glándula sudorípara que al mismo tiempo manda señales al cerebro, estimulando el apetito sexual.
Hay algunas diferencias entre el cerebro masculino y el femenino (posiblemente, el resultado de niveles distintos de testosterona), una de ellas es el tamaño: el cerebro humano masculino es, en promedio, más grande. En un estudio danés de 2003, se encontró en los hombres que tenían un largo total de 176000km (kilómetros) de fibras mielinizadas a la edad de 20, mientras que las mujeres tenían un total de 149000km.Marner, L., Nyengaard, J. R., Tang, Y., Pakkenberg, B. (2003). Marked loss of myelinated nerve fibers in the human brain with age. J Comp Neurol. 462(2):144-52. Sin embargo, las mujeres tienen más conexiones dendríticas entre las células del cerebro.
Un estudio realizado en 1996 no detectó ningún efecto a corto plazo en el estado de ánimo o comportamiento por la administración de dosis suprafisiológicas de testosterona durante 10 semanas en 43 hombres sanos. Otro estudio halló una correlación entre la testosterona y la tolerancia de riesgo en la elección de carrera entre las mujeres.