La batalla de los llanos del Bagradas, batalla del Bagradas (el antiguo nombre del río Meyerda) o batalla de Túnez fue una batalla librada en la primavera de 255 a. C., nueve años después del inicio de la primera guerra púnica, entre un ejército cartaginés bajo Jantipo y otro romano bajo Marco Atilio Régulo que terminó con victoria para los primeros. Los años anteriores a la batalla, la recién construida Armada romana estableció la superioridad naval sobre Cartago, ventaja que los romanos utilizaron para invadir la patria cartaginesa, que en la actualidad estaría situada en Túnez, en el norte de África. Después de desembarcar en la península del cabo Bon y llevar una exitosa campaña, la flota volvió a Sicilia sin Régulo, quien se quedó con quince mil quinientos hombres para asegurar el alojamiento en África durante el invierno.

En lugar de asegurar su posición, Régulo avanzó hacia la ciudad de Cartago y derrotó a un ejército cartaginés por el camino en la batalla de Adís. Los romanos continuaron y capturaron Túnez, a tan solo dieciséis kilómetros de Cartago. Desesperados, los cartagineses pidieron la paz, pero los términos propuestos por Régulo eran tan duros que decidieron seguir luchando. Encargaron el adiestramiento de su ejército y, más tarde, el mando al comandante mercenario espartano Jantipo.

En la primavera de 255 a. C., Jantipo dirigió a un ejército fuerte en caballería y elefantes contra la fuerza de infantería romana, quienes no tuvieron una respuesta efectiva contra los elefantes cartagineses. Los cartagineses expulsaron a la caballería romana, que era inferior en número, del campo de combate y enviaron a la suya, que terminó por rodear a la mayoría y aniquilar a la mayoría de romanos; quinientos sobrevivieron y fueron capturados, incluido Régulo. Una fuerza romana compuesta por dos mil hombres evitó ser rodeada y retrocedió hacia Aspis. La guerra continuó durante catorce años más, mayormente en Sicilia o en las aguas cercanas, antes de acabar con una victoria romana; los términos ofrecidos a Cartago esta vez fueron más generosos que los propuestos por Régulo.

Fuentes thumb|upright=0.41|alt=A monochrome relief stele depicting a man in classical Greek clothing raising one arm|Polibio «un historiador notablemente bien informado, trabajador y perspicaz». La fuente principal de casi todos los aspectos de la primera guerra púnica es el historiador Polibio (200 a. C.-118 a. C.), un griego enviado a Roma en 167 a. C. como rehén. Sus obras incluyen un manual —ahora perdido— sobre tácticas militares, pero sí se conservan Las Historias, escritas después de 146 a. C., esto es, aproximadamente un siglo después de la batalla de los llanos del Bagradas. La obra de Polibio se considera ampliamente objetiva y neutral entre los puntos de vista cartaginés y romano.

Los registros escritos cartagineses fueron destruidos junto con su capital, Cartago, en 146 a. C., por lo que el relato de Polibio de la primera guerra púnica se basa en varias fuentes griegas y latinas, ahora perdidas. Polibio era un historiador analítico y siempre que era posible entrevistó personalmente a los participantes de los eventos sobre los que escribió. Sólo el primer libro de los cuarenta que comprende Las Historias trata de la primera guerra púnica. La precisión del relato de Polibio se ha debatido mucho durante los últimos ciento cincuenta años, pero hay consenso entre los historiadores modernos en aceptarlo en gran medida al pie de la letra, y los detalles de la batalla en las fuentes modernas se basan casi por completo en interpretaciones de él. El historiador viajó junto a Escipión Emiliano a muchos de los lugares relacionados con los acontecimientos del 256-255 a. C. mientras dirigía un ejército durante la tercera guerra púnica. El historiador Andrew Curry considera que «Polibio resulta ser bastante confiable»; mientras que Dexter Hoyos lo describe como «un historiador notablemente bien informado, trabajador y perspicaz». Existen otras historias posteriores de la guerra, pero en forma fragmentaria o resumida, y generalmente describen las operaciones militares en tierra con más detalle que en el mar. Los historiadores modernos también suelen tener en cuenta las historias posteriores de Diodoro Sículo y Dion Casio, aunque el historiador Adrian Goldsworthy afirma que «el relato de Polibio suele preferirse cuando difiere de cualquiera de los otros relatos».

Otras fuentes sobre el combate son las inscripciones, los datos arqueológicos y la información empírica de reconstrucciones como la del trirreme Olympias. Desde 2010, se han recuperado varios artefactos del yacimiento cercano de la batalla de las Islas Egadas, la lid final de la guerra, que se libró catorce años después. Su análisis y la recuperación de otros elementos continúan.

Situación En 264 a. C. los estados de Cartago y Roma entraron en guerra, la denominada primera guerra púnica. Cartago era una potencia marítima bien establecida en el Mediterráneo occidental; Roma había unificado recientemente la Italia continental al sur del río Arno. La expansión de Roma hacia el sur de Italia probablemente hizo inevitable que entrase en conflicto con Cartago por el dominio de Sicilia, incluso si la contienda se desataba por algún pretexto. La causa inmediata de la guerra fue la disputa por el control de la ciudad siciliana de Messana (la moderna Mesina).

En 256 a. C. la guerra se había convertido en una lucha en la que los romanos intentaban derrotar a los cartagineses de manera decisiva y, como mínimo, controlar toda Sicilia. Estos últimos estaban comprometidos con su política tradicional de esperar a que sus oponentes se desgastaran, con la expectativa de recuperar algunas o todas sus posesiones y negociar un tratado de paz mutuamente satisfactorio. Los romanos eran una potencia experimentada en el ataque por tierra, y gracias a esto ganaron el control de gran parte de Sicilia. La guerra llegó a un punto muerto en el que los cartagineses estaban enfocados en defender sus pueblos y ciudades; estas estaban en su mayoría en la costa y por lo tanto podían ser abastecidas y reforzadas sin que los romanos pudieran usar su ejército superior para interferir.

miniaturadeimagen|izquierda|300 px| El foco de la guerra se desplazó al mar, donde los romanos tenían poca experiencia; en las pocas ocasiones previas a la guerra que habían necesitado presencia en el mar, optaron por pequeñas escuadras proporcionadas por sus aliados. En el 260 a. C., los romanos decidieron construir una flota, para conseguir esto, utilizaron un quinquerreme cartaginés naufragado como modelo para sus propios barcos. La frustración por el continuo estancamiento de la guerra terrestre en Sicilia, combinada con las victorias en Milas (260 a. C.) y en Sulci, llevó a los romanos a desarrollar un plan para invadir la patria cartaginesa situada en el corazón del Norte de África y así conseguir amanezar su capital (en la actualidad cerca de Túnez). Ambos bandos decidieron establecer la supremacía naval, por lo que gastaron grandes cantidades de dinero y mano de obra para poder mantener e incrementar el tamaño de sus armadas.

La tradición romana fijaba que el mando de los ejércitos correspondía a dos hombres elegidos anualmente, los cónsules. A principios del 256 a. C., la armada romana, compuesta por trescientos treinta buques de guerra más un número desconocido de transportes, zarpó desde Ostia, el puerto de Roma, comandada conjuntamente por los dos cónsules del año, Marco Atilio Régulo y Lucio Manlio Vulsón Longo. Embarcaron unos veintiséis mil legionarios provenientes de las fuerzas romanas sicilianas. Los cartagineses eran conscientes de las intenciones romanas, por lo que, en consecuencia, reunieron todos los buques de guerras que tenían disponibles, trescientos cincuenta, bajo Hannón y Amílcar, frente la costa sur de Sicilia con la intención de interceptarlos. Con un total de 680 buques de guerra y aproximadamente 290 000 tripulantes e infantes de marina, la batalla probablemente fue la más grande de la historia a causa de los combatientes involucrados. Cuando se encontraron en la batalla del cabo Ecnomo, los cartagineses confiaron en sus habilidades superiores de maniobra de barcos y tomaron la iniciativa, ya que pensaban que estas serían decisivas para conseguir la victoria. Después de un prolongado y confuso día de lucha, los cartagineses terminaron siendo derrotados, con pérdidas de treinta barcos naufragados y sesenta y cuatro capturados a pérdidas romanas de veinticuatro barcos hundidos.

Preludio thumb|upright=1|alt=a map of what is now north-east Tunisia, showing the advance, main military clashes and retreat of the invading Roman army in 256-255 BC|1: Los romanos desembarcan y capturan Aspis. (256 a. C.) 2: Victoria romana en Aspis. (256 a. C.) 3: Los romanos ocupan Túnez. (256 a. C.) 4: Jantipo parte de Cartago con un gran ejército. (255 a. C.) 5: Los romanos son derrotados en la batalla de Túnez. (255 a. C.) 6: Los romanos se retiran hacia Aspis y abandonan África. (255 a. C.)

Como resultado de la batalla, el ejército romano comandado por Régulo y Longo desembarcó en África cerca de Aspis, en la península del cabo Bon, y empezó a devastar los campos cartagineses en búsqueda de víveres para alimentar a los noventa mil remeros y tripulantes, y a los veintiséis mil legionarios. Capturaron a veinte mil esclavos, grandes rebaños de ganado, y después realizaron un breve asedio a la ciudad de Aspis. El Senado romano envió órdenes para que la mayoría de los barcos romanos y una gran parte del ejército regresaran a Sicilia bajo el mando de Longo, probablemente a causa de las dificultades logísticas para abastecer a más de cien mil hombres durante el invierno. Para no perder la presencia en África, dejaron a Régulo con cuarenta barcos, quince mil infantes y quinientos jinetes. Este último era un experimentado jefe militar que había conseguido el cargo de cónsul en el 267 a. C., cuando fue galardonado con un triunfo por su victoria sobre los mesapios. Sus órdenes eran debilitar el ejército cartaginés mientras esperaba a que llegaran los refuerzos en primavera. Se esperaba que lo lograse a base de incursiones y fomentando rebeliones entre los territorios sometidos por Cartago, pero los cónsules tenían amplía discreción para actuar como considerasen oportuno. Régulo optó por llevar a su ejército tierra adentro. Avanzó hasta la ciudad de Adís, a unos sesenta kilómetros al sudeste de Cartago, y la asedió. Los cartagineses, mientras tanto, llamaron a Amílcar de Sicilia con cinco mil soldados de infantería y quinientos de caballería. Este último y dos jefes previamente desconocidos llamados Asdrúbal y Bostar se unieron para comandar un ejército fuerte en caballería y elefantes y de aproximadamente el mismo tamaño que el romano.