El Partido Carlista es un partido político español establecido entre 1970 y 1972 que afirma ser continuador de la organización histórica del carlismo. Tiene su origen en el radical cambio ideológico protagonizado por un sector juvenil minoritario de la Comunión Tradicionalista, vinculado a Carlos Hugo de Borbón-Parma, que se hizo con el control de la organización tras la expulsión de la familia Borbón-Parma de España en 1968.

Defiende el socialismo autogestionario y el federalismo, reclamando «el derecho a la autodeterminación de los pueblos y de las nacionalidades españolas». En cuanto a la jefatura de Estado, no se declara monárquico, sino accidentalista. En materia religiosa se definió como aconfesional.

Tras su creación y desde la oposición al franquismo, el Partido Carlista siguió convocando las tradicionales concentraciones de Montejurra que había organizado anteriormente la Comunión Tradicionalista, pero no logró retener a la mayoría de los carlistas españoles que, desconcertados y dispersos, a principios de los años 70 se desvincularon de este partido. Algunos de ellos fundaron en 1975 una nueva Comunión Tradicionalista abanderada por Sixto Enrique de Borbón, que quiso adueñarse del viacrucis de Montejurra y dio lugar a los violentos sucesos de Montejurra de 1976.

Aunque tuvo cierta notoriedad en la Transición, desde 1979 el Partido Carlista desempeña un papel testimonial en la política española. En el País Vasco y Navarra pasó a denominarse Partido Carlista de Euskadi (EKA).

Historia Orígenes

El proceso que culminaría en el llamado Partido Carlista se remonta al año 1957, cuando el joven príncipe Carlos Hugo hizo su primera aparición en la romería de Montejurra. Por aquel entonces, el carlismo javierista, que defendía la acción del Requeté en la guerra civil pero se sentía marginado por el régimen franquista desde el decreto de Unificación, había empezado a colaborar con las autoridades en vistas a la posibilidad de que Franco instaurase una monarquía tradicional. Carlos Hugo, a su vez, aspiraba a ser designado rey de España de acuerdo con lo establecido en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado.

Tras su llegada a España, el príncipe se dejó asesorar por el catalán Ramón Massó, al que nombró jefe de su Secretaría Política. Massó había sido designado en 1955 Delegado Nacional de la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET), rama estudiantil del sector carlista leal a Javier de Borbón-Parma, y, junto con el resto de los jóvenes que componían aquella secretaría, trabajó con el dirigente carlista José María Valiente (sucesor de Manuel Fal Conde) en su nueva política de colaboración con el régimen. Para estos jóvenes, el principal adversario de los carlistas ya no era Franco, sino Juan de Borbón.

Los secretarios presentaron al príncipe Carlos Hugo como un líder político que encarnaba los «verdareros principios del 18 de julio», pero al mismo tiempo se oponía al centralismo, al capitalismo y al aislamiento. El viraje en sentido izquierdista de los secretarios se haría cada vez más patente a raíz del Concilio Vaticano II, que proclamó una doctrina en materia de libertad religiosa a la que siempre se había opuesto el carlismo. miniaturadeimagen|160px|derecha|Portada de la revista Montejurra, 1964 En estas circunstancias, a lo largo de la década de 1960 tendría lugar la pugna entre dos sectores enfrentados en el seno de la organización que abanderaba Javier de Borbón-Parma: los llamados «progresistas», partidarios de las innovaciones ideológicas, y los llamados «integristas», defensores del clásico tradicionalismo español. Los primeros obtuvieron una importante victoria en 1965, cuando lograron ocupar puestos clave en el organigrama carlista, en lo que se dio en llamar «golpe de Estado de los secretarios».

El giro se vio refrendado por el ascenso de José María de Zavala (1924-1992) a la secretaría general de la Comunión en 1966. Ese mismo año el procurador en Cortes José Ángel Zubiaur exigía la anulación del Decreto de Derogación del Concierto Económico de Vizcaya y Guipúzcoa durante los actos de Montejurra,Diario Vasco, 10 de mayo de 1966 mientras en un sector de la juventud carlista de las Provincias Vascongadas y Navarra se producía un acercamiento a las posiciones del nacionalismo vasco. A partir de entonces empezó a notarse también un cambio en el lenguaje que dejó perplejos a muchos carlistas veteranos. Estos enviaron numerosas cartas a Valiente e incluso al pretendiente Don Javier, rogándole que la Comunión Tradicionalista mantuviese sus principios. El «integrista» Roberto G. Bayod, por ejemplo, acusaba a Massó de haber echado veneno contra la religión y la tradición con sus ideas socialistas, calificándolo como «el último Maroto», y alertaba de que el carlismo estaría condenado a desaparecer si el príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma era como lo presentaba el periodista José Carlos Clemente.

Sin embargo, los secretarios de Carlos Hugo, que habían creado el mito de Carlos Hugo como príncipe socialista, afirmaron desvincularse del carlismo en un manifiesto firmado en mayo de 1967, ya que, de acuerdo con Ricardo de la Cierva, Carlos Hugo había vuelto al «integrismo».

En aquel nuevo giro en su política, el príncipe Carlos Hugo llegó a declarar con motivo de la celebración del 18 de Julio de 1967:

miniaturadeimagen|160px|izquierda|Montejurra, tardofranquismo Aun así, el sector progresista finalmente no abandonaría el partido y con ocasión del acto de Montejurra de 1968, el Movimiento Obrero Tradicionalista y la AET publicaron un manifiesto en el que realizaban el siguiente balance de los treinta años de la dictadura franquista:

La expulsión de Carlos Hugo de España por parte del régimen franquista y la elección al año siguiente de su rival Juan Carlos de Borbón como futuro rey supuso el abandono brusco de la estrategia que consistía en bascular entre la oposición y la colaboración con el régimen franquista, y se dieron pasos agigantados en el que los partidarios de Carlos Hugo designaron como la "clarificación ideológica" del carlismo, que desembocó en la formulación de un carlismo socialista autogestionario.

Entre los años 1969 y 1970 la mayor parte de las secciones de la AET y la totalidad de las del MOT pasaron a denominarse Comités Estudiantiles Carlistas y Comités Obreros Carlistas.

Fundación miniaturadeimagen|160px|derecha|Don Javier, 1970 Entre los años 1970 y 1972, en los llamados Congresos del Pueblo Carlista celebrados en Arbonne (Francia), la nueva dirección de la Comunión Tradicionalista, bajo los auspicios del príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma, propuso una serie de cambios ideológicos. Según el historiador Francisco Javier Caspistegui, las decisiones estaban tomadas con antelación y los congresos sirvieron para arrogarse una supuesta participación activa de las bases, del «pueblo carlista». Durante estas asambleas fue abandonada la denominación de «Comunión Tradicionalista», uno de los nombres que había tenido el carlismo desde su establecimiento como partido político en 1869, y cambiada por la de «Partido Carlista», que consideraban que había sido la denominación primigenia del movimiento. El refundado Partido Carlista, desechando el ideario tradicionalista, se definió como democrático, socialista y federal desde posiciones claramente izquierdistas, en medio de una profunda división entre la militancia entre tradicionalistas y partidarios del cambio, siendo expulsado el que hasta entonces había sido jefe delegado de la Comunión Tradicionalista, José María Valiente.

En este proceso fue fundamental la participación, en estrecha colaboración con Carlos Hugo, del secretario general del partido, José María de Zavala, y del periodista Josep Carles Clemente, encargado la dirección ideológica, que desarrolló entonces su teoría de diferenciación entre Carlismo y Tradicionalismo. Esta línea ideológica significó la culminación de un proceso de renovación iniciado en la década de 1960 por los sectores estudiantiles AET y obreros MOT del carlismo, en el cual fue especialmente fuerte la influencia del catolicismo progresista y del Concilio Vaticano II. Los detractores de estos Congresos afirmaron que se estaba rompiendo con la tradición política del carlismo, mientras que sus defensores afirmaban que se trataba de una necesaria actualización de acuerdo con los profundos cambios estructurales de la sociedad española, que en muy poco tiempo había experimentado un alto grado de desarrollo industrial y urbano. Se ha afirmado que el cambio ideológico fue uno de los factores que produjo el retraimiento progresivo de la base popular carlista, que ya no sabía a qué atenerse, descendiendo el número de participantes en la concentración anual de Montejurra de casi 100000 en la década de 1960 a unos 5000 a inicios de los 70.

Los días 17, 18 y 19 de julio de 1970 fue celebrado cerca de Vera de Bidasoa un Congreso de la Juventud Carlista por parte de las posiciones más radicales. Se constituyeron entonces unas llamadas «Fuerzas Activas Revolucionarias Carlistas» con el fin de presionar hacia la izquierda los ritmos evolutivos del aparato central del Partido Carlista, que consideraban muy lentos. El 23 de agosto de 1970, cinco miembros cercanos a ETA de los Grupos de Acción Carlista, grupo marginal partidario de la nueva línea del Partido Carlista, hicieron estallar una bomba en la imprenta del periódico El Pensamiento Navarro, que en 1970 se había desvinculado del nuevo partido por su cambio ideológico.

El 27 de julio de 1971 fue reestructurada la Junta Suprema del Carlismo (máximo organismo directivo), cesando en sus cargos Juan J. Palomino y Ricardo Guiz de Gauna. En su nueva composición estaba conformada por el equipo de la Secretaría General, los representantes de las juntas regionales e Ignacio Romero Osborne, por la Hermandad Nacional de Antiguos Combatientes de los Tercios de Requetés. El mismo año Carlos Hugo y Zavala decidieron presentar candidaturas carlistas a las elecciones a procuradores en las Cortes fanquistas por el tercio familiar, con la intención de aprovechar el periodo electoral para hacer propaganda del partido. De los candidatos promovidos, fueron elegidos como procuradores Manuel Escudero Rueda y Gabriel Zubiaga Imaz, por Guipúzcoa; Juan Botanch Dausa, por Gerona; y Fidel Carazo Hernández, por Soria.

En febrero de 1972 Javier de Borbón-Parma, tras sufrir un grave accidente de tráfico, transfirió la dirección del partido a su hijo Carlos Hugo de Borbón-Parma. Ante los ataques que recibía la nueva línea ideológica y política del Partido Carlista desde diferentes posiciones, en 1973 apareció una carta firmada por Javier de Borbón-Parma en el boletín I.M., en la cual se señalaba que:

miniaturadeimagen|230px|derecha|Mariano Zufía y jóvenes militantes pamploneses, tardofranquismo Los sectores tradicionalistas negaron que este y otros manifiestos fuesen atribuibles al rey, y en 1973 los carlistas valencianos del Círculo Aparisi y Guijarro manifestaron en su boletín que esos conceptos disonaban del clásico estilo, vocabulario y pensamiento de Don Javier, y que la nueva dirección del partido se estaba aprovechando de la lealtad de los carlistas hacia su viejo rey «para colar en las conciencias patrones ideológicos prefabricados». Por su parte, Ramón María Rodón afirma en su tesis doctoral que en la década de 1970 Don Javier se encontraba ya muy debilitado física y mentalmente, razón por la que, según Rodón, su primogénito y sus hijas María Teresa, Cecilia y Nieves «lo manejaban y lo instrumentalizaban con mucha facilidad», haciéndole firmar documentos de cuyo contenido no se enteraba.