Una reforma ortográfica es un cambio deliberado, a menudo sancionado u ordenado por una entidad normativa, de las reglas ortográficas. Las propuestas de reforma son bastante comunes y, a lo largo de los años, muchas lenguas han sido objeto de ellas. Algunos ejemplos recientes son la reforma ortográfica alemana de 1996 y la reforma ortográfica portuguesa de 1990, aún en proceso de ratificación.
Hay varios objetivos que pueden propiciar tales reformas: facilitar la alfabetización y la comunicación internacional, hacer más clara la etimología, o simplemente razones estéticas o políticas.
La oposición se suele amparar en que la literatura clásica se puede volver inaccesible, en la supuesta anulación de los acentos regionales, en que hay que aprenderse las nuevas grafías, en el oscurecimiento de la etimología, en la preocupación por consecuencias imprevistas o en que la lengua ya es perfecta y cualquier modificación supondría su degradación. Las reformas que principalmente eliminan dificultades innecesarias deberían tener en cuenta estos argumentos. Los esfuerzos de reforma se ven además obstaculizados por la costumbre y, en el caso de muchas lenguas, por la falta de una autoridad central que establezca nuevas normas ortográficas.
Las reformas ortográficas también pueden estar asociadas a un debate más amplio sobre el sistema de escritura oficial, así como la planificación lingüística y la reforma lingüística.
Las reformas ortográficas pueden revertirse. En rumano, la letra â se eliminó en 1953, pero se reintrodujo en 1993.
Argumentos a favor de la reforma En las lenguas con escritura alfabética o silábica, cabría esperar que la escritura o la grafía coincidieran con el habla. Sin embargo, aunque coincidan en un momento y lugar para algunos hablantes, con el tiempo no suelen coincidir para la mayoría: un sonido puede representarse con varias combinaciones de letras y una letra o grupo de letras puede pronunciarse de forma diferente. En los casos en que la ortografía tiene en cuenta rasgos gramaticales, estos también pueden ser incoherentes.
Las personas que utilizan una ortografía no estándar suelen ser objeto de juicios negativos, ya que el dominio de la ortografía estándar por parte de una persona suele equipararse a su nivel de educación formal o inteligencia. La ortografía es más fácil en lenguas con sistemas ortográficos más o menos coherentes, como el finés, el serbio, el italiano y el español, debido a que, o bien la pronunciación de estas lenguas ha cambiado relativamente poco desde el establecimiento de sus sistemas ortográficos, o bien las grafías etimológicas no fonémicas han sido sustituidas por grafías no etimológicas fonémicas a medida que cambiaba la pronunciación. Adivinar cómo se escribe una palabra es más difícil si su pronunciación ha cambiado significativamente, lo que da lugar a un sistema ortográfico etimológico como el irlandés o el francés. Estos sistemas ortográficos siguen siendo fonémicos (no fonéticos), puesto que la pronunciación puede derivarse sistemáticamente de la ortografía, aunque lo contrario puede no ser posible. El inglés es un ejemplo extremo de una ortografía defectuosa, en la que la ortografía no puede derivarse sistemáticamente de la pronunciación, pero también tiene el problema más inusual de que la pronunciación no puede derivarse sistemáticamente de la ortografía.
A lo largo de los años se han propuesto reformas ortográficas para diversas lenguas; han oscilado desde intentos modestos de eliminar irregularidades concretas, pasando por reformas de mayor alcance, hasta intentos de introducir una ortografía fonémica total, como el alfabeto shaviano o su versión revisada, el Quikscript, el último alfabeto DevaGreek, la latinización del turco o el hangul en Corea.
La redundancia de las letras suele ser un problema en la reforma ortográfica, lo que suscita el «argumento económico» —un ahorro significativo de costes en los materiales de producción a lo largo del tiempo— promulgado por George Bernard Shaw.
También se ha criticado la idea de la ortografía fonémica, ya que ocultaría las similitudes morfológicas entre palabras con distinta pronunciación, oscureciendo su significado. También se alega que, cuando las personas leen, no intentan descifrar la serie de sonidos que componen cada palabra, sino que reconocen las palabras como un todo o como una serie corta de unidades significativas (por ejemplo, morfología podría leerse como morfo+logía, en lugar de como una serie más larga de fonemas). En un sistema de ortografía fonémica, estos morfemas se vuelven menos perceptibles debido a las diversas pronunciaciones de los alomorfos. Por ejemplo, en la ortografía inglesa, la mayoría de los participios se escriben con -ed, aunque su pronunciación puede variar (véanse raised /reɪzd/ y lifted /ˈlɪftɪd/).
Una de las dificultades que presenta introducir una reforma ortográfica es reflejar las distintas pronunciaciones, normalmente asociadas a variedades diatópicas (regiones) o diastráticas (clases sociales). Si la reforma pretende ser totalmente fonémica en un dialecto modelo, los hablantes de otros dialectos encontrarán conflictos con su propio uso.
Argumentos en contra de la reforma
Todos tienen que aprenderse las nuevas grafías. Hay que reimprimir libros y otras publicaciones con la nueva ortografía. También hay que aprenderse la ortografía antigua, ya que los libros antiguos seguirán existiendo. Hay que decidir entre propuestas alternativas, no se puede contentar a todo el mundo. Incluso se puede acabar con una adopción incoherente entre comunidades de habla. Si se modifica la ortografía para que se asemeje más a la pronunciación, su etimología estará más oscurecida y se desviará de la ortografía de palabras parecidas en otras lenguas, así como de la pronunciación en otros dialectos, dificultando la comprensión del texto para los hablantes de esas lenguas y dialectos. Muchos tecnicismos son más comunes en la lengua escrita que en la oral, así que su pronunciación es casi irrelevante y no debería influir en su ortografía. Confusión durante el periodo de transición. Un sistema más sencillo puede ser más difícil de utilizar, lo que supone un obstáculo para la alfabetización funcional (por ejemplo, en coreano). La complejidad de un sistema de escritura tiene poco que ver, por no decir nada, con la alfabetización, ya que esta depende mucho del acceso a la educación. Por ejemplo, aunque la ortografía española es mucho más sencilla que la inglesa, EE. UU. tiene una mayor tasa de alfabetización que Nicaragua.
Por lenguas
Español
La Real Academia Española (RAE) reformó las normas ortográficas del español entre 1726 y 1815, dando lugar a la mayoría de las convenciones modernas. Desde entonces, la RAE ha ido realizando adaptaciones menores en su Ortografía: por ejemplo, desde 2010 ch y ll no se consideran letras del abecedario, las palabras con diptongos o triptongos ortográficos no llevan tilde, solo y los pronombres demostrativos tampoco llevan tilde, entre otras reformas.
Ha habido más iniciativas para reformar la ortografía de la lengua española: a partir de mediados del siglo , Andrés Bello consiguió que su propuesta fuese oficial en varios países sudamericanos, pero estos terminaron volviendo a la norma de la ASALE. Otra iniciativa, la Ortografía Fonética Rasional Ispanoamericana, sigue siendo un proyecto. Juan Ramón Jiménez propuso cambiar -ge- y -gi- por -je- y -ji-, pero esto solo se aplica en las ediciones de sus obras o las de su mujer, Zenobia Camprubí. Gabriel García Márquez planteó la reforma ortográfica durante el congreso de la lengua en Zacatecas y llamó la atención hacia el tema gracias a su famosa frase: "Debemos jubilar a la ortografía, terror del ser humano desde la cuna", pero aún no era la época de una reforma ortográfica.
Este , se ve más propicio para la reforma ortográfica, cuando voces como las de la doctora Karina Galperín y del maestro Antonio Marabiya, están fundamentando, sin ser refutadas, la pertinencia de iniciar una reforma ortográfica sobre la base del principio fonémico.
Inglés
La ortografía del inglés contiene muchas irregularidades por diversos motivos. El inglés ha conservado por lo general las grafías originales al tomar prestadas palabras, y lo que es aún más importante, el inglés empezó a escribirse e imprimirse de forma generalizada durante el periodo del inglés medio. El desarrollo posterior del inglés moderno incluyó un gran desplazamiento vocálico y muchos otros cambios en la fonología, pero se mantuvieron las grafías antiguas, que ya no corresponden con la pronunciación. Por otra parte, muchas palabras se modificaron para reflejar su etimología latina o griega. Por ejemplo, debt («deuda») se escribía det/dette en el inglés medio temprano, y la b no se estandarizó hasta el siglo por su etimología latina debitum; lo mismo ocurrió con quer/quere, que se reformuló como choir («coro») en el siglo , siguiendo el modelo del griego χορός; la pronunciación no se modificó en ningún caso.Oxford English Dictionary, 1.ª edición, ss.vv. miniaturadeimagen|311x311px| El presidente Theodore Roosevelt fue criticado por apoyar la campaña de ortografía simplificada de Andrew Carnegie en 1906. El inglés moderno tiene entre 14 y 22 fonemas vocálicos y diptongos, según el dialecto, y 26 o 27 fonemas consonánticos. Es imposible realizar una simple representación fonema-letra de este idioma con las 26 letras del alfabeto inglés. Por ello, la mayoría de las propuestas de reforma ortográfica incluyen grafemas de varias letras, al igual que la ortografía inglesa actual (por ejemplo, los dos primeros fonemas de sheep /ˈʃiːp/ están representados por los dígrafos sh /ʃ/ y ee /iː/, respectivamente). Los signos diacríticos y el uso de nuevas formas como Ʒʒ también han formado parte de las propuestas de reforma ortográfica. El enfoque más radical sugiere descartar por completo el alfabeto latino en favor de algún otro sistema de escritura, como el alfabeto Deseret.
Los críticos han afirmado que un sistema fonémico coherente sería impráctico. Por ejemplo, la distribución de fonemas difiere entre el inglés británico y el estadounidense; además, mientras que la Received Pronunciation del inglés presenta unas 20 vocales, algunos dialectos no nativos del inglés tienen 10 o incluso menos. Por tanto, un sistema fonémico no sería universal.
Se han hecho una serie de propuestas para reformar la ortografía del inglés. Algunas fueron propuestas por Noah Webster a principios del siglo . Su objetivo era distinguir el uso estadounidense del británico. Algunas de sus propuestas dieron lugar a las diferencias entre la ortografía estadounidense y la británica.
Chino (romanización)
En los años cincuenta, el Comité de Reforma Lingüística de la República Popular China ideó la ortografía hanyu pinyin y la promulgó como el sistema oficial de romanización de la China continental. Desde que el pinyin se convirtió en la norma internacional de romanización del chino en 1982, los otros sistemas de romanización (como el Wade-Giles, el gwoyeu romatzyh o el latinxua sin wenz) apenas se usan.
La República de China (Taiwán) siguió usando el sistema de romanización Wade-Giles hasta comienzos del siglo , cuando se introdujo la romanización tongyong pinyin. El tongyong pinyin se ha adoptado esporádicamente en la isla, pero también se ha criticado su incoherencia. El hanyu pinyin, el mismo sistema que se usa en el continente, se adoptó formalmente en 2009.
Neerlandés
El neerlandés ha sufrido una serie de reformas ortográficas importantes desde 1804, con distintos niveles de apoyo oficial y aceptación popular en las zonas de habla neerlandesa.
La Unión de la Lengua Neerlandesa, fundada en 1980 por los Países Bajos y Bélgica, es ahora el organismo que realiza las reformas oficiales. En 1995 publicó la reforma del Libro Verde, y en 2005 volvió a cambiar la ortografía.
Francés