Diego Rísquez Cupello (Juan Griego, Estado Nueva Esparta, 15 de diciembre de 1949 - Caracas, Venezuela, 13 de enero de 2018) fue un director de cine, actor, artista plástico y fotógrafo venezolano. Su obra cinematográfica se extiende desde el cine experimental en formato Super-8 de los años setenta hasta el largometraje de distribución comercial, con un corpus de trece películas que incluye cortometrajes y largometrajes rodados a lo largo de cuatro décadas. La totalidad de su producción parte de referencias a la historia, la cultura y las artes visuales venezolanas, con especial atención a los héroes de la independencia, la pintura venezolana y los símbolos patrios.

Fue una de las figuras centrales de la llamada Vanguardia del Super-8, en Venezuela.

Biografía

Infancia y educación Rísquez fue el segundo de los cuatro hijos de Angelina Cupello Menda y del doctor Rafael Rísquez Iribarren, médico, profesor universitario, presidente de la Academia Nacional de Medicina y de la Federación Médica Venezolana. Su abuelo y bisabuelo también presidieron esa Academia. Este último, el doctor Francisco Antonio Rísquez, fue miembro de la Academia Venezolana de la Lengua y de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, rector de la Universidad Central de Venezuela y uno de los fundadores de la Cruz Roja venezolana; sus restos descansan en el Panteón Nacional de Venezuela.

Por razón del trabajo del padre, la familia Rísquez Cupello residió en Italia, Suiza y Estados Unidos. En Suiza, Diego Rísquez culminó el bachillerato en 1967. De regreso en Caracas, ingresó a la Universidad Católica Andrés Bello, donde cursó sucesivamente las carreras de Derecho, Sociología y Comunicación Social sin completar ninguna de ellas.

Inicios artísticos (1971–1975) Es en esta etapa de estudiante universitario que Rísquez ubica el inicio de su vida artística. Específicamente en 1971, cuando participó en el montaje de una versión satírica de Hamlet, dirigida por el profesor Antonio Oliveri para el teatro universitario. Poco después asistió a clases de actuación con Levy Rossell e hizo teatro de calle sin diálogos con el grupo Tiempo Común de Hugo Márquez. Estas experiencias se prolongaron por dos años. A lo largo de ese tiempo Rísquez trabajó en obras como Bodas de sangre y Los mendigos, y consideró dedicarse definitivamente a la actuación. 

Rísquez sitúa el comienzo de su actividad artística en 1971, cuando participó en el montaje de una versión satírica de Hamlet dirigida por Antonio Oliveri para el teatro universitario de la UCAB. Poco después asistió a clases de actuación con Levy Rossell e integró el grupo de teatro de calle Tiempo Común, dirigido por Hugo Márquez, con quien trabajó durante dos años en espectáculos sin diálogos que priorizaban la expresión corporal. Entre las obras en que participó durante este período figuran Bodas de sangre y Los mendigos.

En ese mismo año de 1971 formó junto a Carlos Oteyza, Alberto D'Enjoy y Gonzalo Ungaro el Grupo Semilla, colectivo orientado a la práctica cinematográfica como reacción al predominio de las clases teóricas en la Escuela de Comunicación Social. El grupo realizó el cortometraje Siete notas (1971), en 16 mm, blanco y negro y sin diálogos, que retrata siete facetas de la vida de un joven de clase media caraqueña. Dirigida por Oteyza, la cinta se exhibió en la muestra de cortometrajes venezolanos celebrada en el Teatro Chacaíto de Caracas en 1973. Rísquez participó como actor protagonista y colaboró en el guion.

En 1973, a raíz de un proceso penal vinculado al Caso Vegas Pérez, fue recluido durante ocho meses en la Cárcel Modelo de Caracas. Desestimado el caso por deficiencias en la instrucción del expediente, Rísquez marchó al extranjero. Durante los dos años siguientes residió en Francia e Italia, y viajó por Malasia, Tailandia, Singapur e Indonesia. En París actuó en el Teatro N, dirigido por Emilio Galli, en espectáculos basados en la improvisación y la expresión corporal, y realizó un taller con el director Robert Wilson, que experimentaba entonces con la comunicación no verbal y preverbal. En Roma fotografió eventos organizados por la Galería L'Atico, uno de los centros de la transvanguardia italiana. En ese mismo período conoció al cineasta estadounidense Jack Smith, pionero del underground norteamericano de los años sesenta, quien lo contrató como fotógrafo para la obra en diapositivas La historia de Roma.

Obras plásticas y Super-8 (1975–1984) En 1975 Rísquez regresó a Venezuela. Utilizando los medios disponibles (cámara fotográfica, proyector de diapositivas, objetos elaborados por él mismo) comenzó a producir ensamblajes en materiales diversos, performances y happenings, con motivos recurrentes que reaparecerán en toda su producción posterior: los colores de la bandera nacional, la naturaleza tropical, los héroes de la independencia venezolana y los símbolos patrios. Estas actividades contaron con el apoyo de la periodista Margarita D'Amico, quien organizó muestras dentro y fuera de Venezuela con trabajos de Rísquez, y de los artistas plásticos Claudio Perna y Alejandro Otero.

En 1976 presentó en el I Festival Internacional de Cine de Vanguardia Súper 8 de Caracas la obra A propósito de Simón Bolívar (1976), conocida como Simón Bolívar haciendo pipí, que el director considera el primer título de su filmografía. El trabajo integraba la proyección en Súper 8 con la actuación en vivo de Rísquez, quien duplicaba sobre el escenario de la Cinemateca Nacional de Venezuela la imagen proyectada de sí mismo; llevaba también una escultura que echaba agua. La Gobernación del Distrito Federal, patrocinante del festival, censuró la obra por su aproximación a la figura del Libertador.

En 1977 el cortometraje Poema para ser leído bajo el agua participó en el II Festival Internacional de Cine de Vanguardia Súper 8 de Caracas. Dirigido y protagonizado por Rísquez, narra sin diálogos la historia de amor entre una sirena que llega a la orilla del mar Caribe y el hombre que la conquista. Ese mismo año se realizó Radiografías de naturalezas vivas, componente de un espectáculo multimedia que se exhibió en la Sala Mendoza de Caracas entre el 22 de septiembre y el 9 de octubre, y en el que la proyección en Súper 8 convivía con radiografías de objetos tropicales como plátanos y queso blanco.

En 1978 produjo A propósito de la luz tropikal, homenaje a Armando Reverón, cortometraje concebido como registro fílmico de la luz del trópico que el pintor recreó durante su «período blanco».

En 1979 presentó A propósito del hombre del maíz en la muestra de vídeo del Festival de Caracas, organizada por Margarita D'Amico. En esta obra la película en Súper 8 forma parte de una puesta en escena que incluye vídeos, diapositivas, música electrónica, 200 kilos de maíz y la actuación de Rísquez en interacción con el público. Ese mismo año, tres obras suyas se mostraron en Buenos Aires como parte de la exposición colectiva 20 artistas venezolanos de hoy.

La trilogía americana (1979–1988) Con el inicio de los años ochenta, Rísquez estrenó su primer largometraje: Bolívar, sinfonía tropikal (1979), filmado en Súper 8 y premiado en el Festival Nacional de Cine de Mérida de 1980 y en el V Festival Internacional del Nuevo Cine Súper 8 de Caracas. La cinta reproduce la iconografía patriótica venezolana a partir de pinturas de Tito Salas, Centeno Vallenilla, Juan Lovera, Martín Tovar y Tovar, Cristóbal Rojas y Arturo Michelena, y pone en escena episodios de la historia de la independencia tomados de los libros de texto escolares, sin diálogos. Ampliada posteriormente a 35 mm, la película se presentó en dos ediciones consecutivas (1981 y 1982) de la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, circunstancia que marcó el inicio de la proyección internacional de la obra de Rísquez.

Bolívar, sinfonía tropikal es la primera parte de la llamada «Trilogía americana», denominada por el propio Rísquez «Tríptico». Los dos títulos siguientes fueron Orinoko, Nuevo Mundo (1984) y Amérika, terra incógnita (1988).

Orinoko, Nuevo Mundo (1984) se rodó en Súper 8 y fue posteriormente ampliada a 35 mm. El guion resultó de la colaboración entre Rísquez y el investigador y curador Luis Ángel Duque. El río Orinoco vertebra un recorrido por trescientos años de historia que abarca desde la llegada de Cristóbal Colón hasta el período que precede la independencia venezolana. La película se exhibió comercialmente en París.

Amérika, terra incógnita (1988), última entrega de la trilogía, se rodó en Super-8 y Super-16 y fue ampliada a 35 mm. Luis Ángel Duque colaboró nuevamente con Rísquez en el guion. El filme se centra en las consecuencias de la Conquista de América en territorio europeo, a través de la historia de un conquistador que vuelve a la Corona con los tesoros del Nuevo Mundo, entre ellos un indio del que se enamora la princesa de la corte y con quien concibe, según la ficción del relato, «el primer príncipe bastardo americano en una corte europea». Se exhibió comercialmente en París y en Nueva York. Como los dos títulos anteriores, fue reseñada por la revista especializada francesa Cahiers du Cinéma y seleccionada para la Quincena de Realizadores de Cannes.

La producción de la trilogía atravesó condicionamientos económicos variables. Bolívar no obtuvo financiación estatal para la producción, aunque sí apoyo oficial para la ampliación de formato. FONCINE denegó el crédito de producción de Orinoko, pero concedió créditos de terminación e incentivos para esa película. Amérika obtuvo ya un crédito de producción estatal. Las exhibiciones internacionales de los tres títulos funcionaron como aval ante las instituciones públicas que administraban los subsidios cinematográficos venezolanos.

Actividades en artes escénicas y plásticas (1979–1987) Paralelamente a su filmografía, Rísquez desarrolló una actividad continuada en los ámbitos escénico y plástico. En 1979 actuó bajo la dirección de Temístocles López en el espectáculo musical Los caballeros de la mesa redonda, y creó una «escultura viviente» en el Castillete de Reverón, con la actuación de Gastón Barbou en el papel del pintor y la proyección del cortometraje A propósito de la luz tropikal. En 1983 encarnó a Francisco de Miranda en el performance Miranda en La Carraca, basado en la pintura de Arturo Michelena y presentado en la muestra colectiva Autorretrato de la Galería de Arte Nacional. En 1984 participó en El viaje inverso, intervención colectiva presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas que recreaba una acción realizada el año anterior por Rísquez y un grupo de artistas en el Pabellón de Venezuela de la Bienal de Venecia. También en 1984 fue jurado de la sección «Obras de Arte no objetual» del 42.º Salón de Artes Visuales Arturo Michelena de Valencia. En 1985 el performance Las meninas (o el triunfo de la representación), concebido por Rísquez y Luis Ángel Duque, fue seleccionado para el III Salón Nacional de Jóvenes Artistas. En 1987 participó en el proyecto colectivo La conquista del espacio, con el que Venezuela se presentó en Alemania en el marco de Documenta 8.

La transición al cine de diálogos (1991–2000) Karibe kon tempo (1994), cuarto largometraje de Rísquez, representó para el director una etapa de transición respecto a la trilogía. Por primera vez rodó directamente en 35 mm y partió de un guion con diálogos y situaciones contemporáneas. El protagonista es un pintor que abandona las relaciones sociales y comerciales vinculadas a su oficio para vivir de acuerdo con sus principios.