Territorio Chileno Antártico, también denominada como Antártica Chilena, es la denominación que recibe en Chile un sector del continente antártico, ubicado entre los meridianos y , sobre el que el país mantiene una reclamación territorial. El sector, que se solapa parcialmente con las áreas reclamadas por Argentina (Antártida Argentina, se solapa entre los meridianos y al sur del paralelo ) y por el Reino Unido (Territorio Antártico Británico, se solapa entre los meridianos y al sur del mismo paralelo), es reclamada por la República de Chile —el país más cercano geográficamente— como parte integrante de su territorio.
Administración El territorio reclamado por Chile abarca las islas Shetland del Sur, la península Antártica (denominada como «Tierra de O'Higgins» en el país) y sus islas adyacentes (la isla Alejandro I, la isla Charcot, y parte de la Tierra de Ellsworth, entre otras). Posee una superficie de . Sus límites se encuentran definidos por el decreto 1747, promulgado el 6 de noviembre de 1940 y publicado el 21 de junio de 1955, del Ministerio de Relaciones Exteriores, el cual establece que:
Administrativamente, el área forma parte de la comuna Antártica, la cual es la única comuna de Chile que no posee una municipalidad, debido a esto las comunas Antártica y Cabo de Hornos se agruparon y siendo ambas administradas desde la municipalidad de Cabo de Hornos, con sede en Puerto Williams. La comuna Antártica es una de las dos comunas de la provincia Antártica Chilena, la cual, a su vez, forma parte de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena.
Las reclamaciones territoriales chilenas sobre la Antártica se basan principalmente en consideraciones históricas, jurídicas y geográficas. El ejercicio de la soberanía chilena sobre el Territorio Chileno Antártico se hace efectiva en todos los aspectos que no se encuentran limitados por la firma del Tratado Antártico de 1959. Este tratado destinó las actividades antárticas exclusivamente a fines pacíficos de los países firmantes y adherentes, congelando los litigios territoriales e impidiendo la realización de nuevas reclamaciones o la ampliación de las existentes mientras dure su vigencia. La creación de bases y las visitas de los presidentes de la República han sido importantes acciones para ejercer de manera efectiva la soberanía.
Chile cuenta actualmente con trece establecimientos operativos: cuatro refugios y nueve bases antárticas activas. Cuatro de estas últimas son permanentes y cinco de verano.
Historia Argumentación chilena respecto de sus derechos antárticos derivados de títulos hispanos
thumb|left|250px|Mapamundi de Abraham Ortelius (1572), en donde aparece la Terra Australis Incognita.
Durante muchos años los cartógrafos y exploradores europeos especularon con la existencia de la Terra Australis Incognita, un inmenso territorio que se creía ubicado más al sur del estrecho de Magallanes y de la isla Grande de Tierra del Fuego y que suponían llegaba hasta el polo sur.
El 7 de junio de 1494, España y Portugal firmaron el Tratado de Tordesillas. Este tratado otorgaba derechos sobre los territorios recién descubiertos a ambas monarquías según una línea que iba de polo a polo que nunca fue demarcada; a los en la interpretación clásica española, y más al occidente según la interpretación portuguesa. Las áreas antárticas reclamadas hoy por Chile, aún desconocidas en ese entonces, caían dentro de la zona que se atribuía España.
El tratado fue avalado en 1506 por la bula pontificia Ea quae pro bono pacis, por lo que se hizo obligatorio para todos los países católicos, pero no fue reconocido por los Estados europeos no católicos e incluso por algunos que sí lo eran, como Francia. Por esa razón, para Gran Bretaña, Países Bajos, Rusia y otros países, las áreas antárticas fueron luego de su descubrimiento consideradas res nullius, es decir tierra de nadie sujeta a la ocupación de cualquier nación.
miniaturadeimagen|Mapa de la gobernación española de la Terra Australis (1539-1555). Posteriormente, fue incorporada a la gobernación de Chile. El 24 de enero de 1539 el emperador Carlos I de España firmó una capitulación con Pedro Sánchez de la Hoz nombrándolo gobernador de las tierras al sur del estrecho de Magallanes, llamadas entonces Terra Australis, y de las islas no asignadas que descubriese:
Sin embargo, esta capitulación no tuvo efecto alguno y el 12 de agosto de 1540 Sánchez de la Hoz cedió todos sus derechos a la gobernación de la Terra Australis al conquistador de Chile Pedro de Valdivia, quien en 1545 fue elegido gobernador de Nueva Extremadura o de Chile por el cabildo de Santiago, reuniendo las gobernaciones. El 29 de septiembre de 1554 el emperador traspasó la gobernación de la Terra Australis a Jerónimo de Alderete: (...) de la otra parte del dicho Estrecho de Magallanes, lo cual no pudo ser reclamado por Valdivia porque había fallecido en diciembre de 1553. El 29 de mayo de 1555 Alderete fue además designado gobernador de Chile hasta el estrecho de Magallanes. Los sucesivos gobernadores de Chile tuvieron el encargo de explorar los territorios al sur del estrecho, transfiriéndose el dominio a la gobernación de Chile. El Estado chileno, como uno de los sucesores de los derechos de España en la región, considera que heredó los títulos jurídicos sobre la tierras antárticas originados en la capitulación de la Terra Australis.
Una de las obras más importantes de la literatura hispana, el poema épico «La Araucana» (1569) de Alonso de Ercilla, es considerada también por Chile como favorable a su argumentación, ya que se puede leer en la séptima estrofa de su Canto I:
Y en la cuarta estrofa de su Canto III:
Existen también crónicas y mapas, tanto de Chile como de Europa, que indican la pertenencia de la Terra Australis Antártica como parte de la Capitanía General de Chile.
En 1603 el almirante Gabriel de Castilla salió de Valparaíso para reconocer las costas de Chile y llegó a la costa sudoccidental hasta el grado 64 sur, descubriendo las primeras tierras antárticas. En 1616 se descubrió el cabo de Hornos.
El 30 de abril de 1606 Pedro Fernández de Quirós tomó posesión de todas las tierras del sur hasta el polo para la corona de España en la isla Espíritu Santo en Vanuatu, a la que llamó Austrialia del Espíritu Santo pensando que era parte de la Terra Australis Incognita.Canal Social
Avistamientos antárticos no verificados El navegante español Gabriel de Castilla zarpó de Valparaíso en marzo de 1603 al mando de tres naves en una expedición encomendada por su primo hermano, el virrey del Perú Luis de Velasco y Castilla, para reprimir las incursiones de corsarios neerlandeses en los mares al sur. Al parecer esa expedición alcanzó los 64° de latitud sur. No se han hallado aún en archivos españoles documentos que confirmen la latitud alcanzada y si realizaron avistamientos de tierras, sin embargo, el relato del marinero neerlandés Laurenz Claesz (en un testimonio sin fecha, pero probablemente posterior a 1607), documenta la latitud y la época. Claesz declara que él:
300px|miniaturadeimagen|En el mapa Tabula geographica Regni Chile de 1646 muestra la Terra Australis Incognita al este de Tierra del Fuego. Otro documento neerlandés publicado en Ámsterdam en tres idiomas en 1622 afirma que a los hay tierra «muy alta y montañosa, cubierta de nieve, como el país de Noruega, toda blanca, que parecía extenderse hasta las islas Salomón», lo que podría confirmar un avistamiento previo a la publicación. Las tierras avistadas serían las islas llamadas desde el con el nombre de Shetland del Sur. El documento neerlandés, tal cual se puede notar, aunque ya distinguía la separación entre Tierra del Fuego y la Antártica aún mantenía la creencia de que el continente hoy llamado Antártica incluía a Australia y zonas próximas a las ecuatoriales islas Salomón en las que se suponían grandes minas de oro.
Otros historiadores atribuyen el primer avistamiento de tierras antárticas al marino neerlandés Dirk Gerritsz, que habría encontrado las islas hoy denominadas Shetland del Sur. Según su relato, su nave fue desviada de curso por una tormenta después de trasponer el estrecho de Magallanes, en el viaje de ida de una expedición neerlandesa a las Indias orientales en 1599. Existen dudas sobre la veracidad del relato de Gerritsz.
En los mapas de la época, el continente antártico y Australia formaban parte de un inmenso continente conjetural llamado Terra Australis Incognita. El primero en descubrir la existencia de un mar que separaba a América de la posible Terra Australis Incognita fue el español Francisco de Hoces en 1525,Oyarzun, Javier, Expediciones españolas al Estrecho de Magallanes y Tierra de Fuego, 1976, Madrid: Ediciones Cultura Hispánica motivo por el cual el mar por él recorrido es conocido en España como mar de Hoces, aunque es más frecuente en la cartografía la denominación pasaje de Drake para referirse al mismo, nomenclatura que además es la utilizada en Chile, ya que algunas fuentes hablan de que Francis Drake habría pasado por allí. La existencia del paso de Drake se confirmó cuando el navegante holandés Willem Schouten se convirtió en el primero en navegar alrededor del cabo de Hornos en su ruta hacia las Indias Orientales en 1616. En 1772, el explorador británico capitán James Cook circunnavegó el océano Austral.
Descubrimiento de la Antártica thumb|250px|Mapa alemán de la Antártica de 1891; Adolf Stielers Handatlas, publicado por Gotha: Justus Perthes.
Tras la independencia de las colonias americanas, las nuevas repúblicas se reconocieron entre sí el principio del uti possidetis, es decir, los nuevos Estados tendrían como límites aquellos heredados de las colonias españolas de las cuales se originaban. Por ende, la República de Chile estaba constituida por todas aquellas tierras que pertenecieron anteriormente a la Capitanía General de Chile y asumió luego que esos títulos incluían derechos sobre la Antártica.
Una hipótesis no probada es que en el la península Antártica y los archipiélagos de las Antillas del Sur fueron frecuentemente visitados por cazadores de focas españoles e hispanoamericanos, quienes habrían ocultado los territorios en cuestión para evitar la competencia (en especial de los británicos). La presencia de estos cazadores estaría atestiguada por el encuentro de posibles restos de sus refugios en las costas orientales de la península Antártica. En esta época ya existía la certeza de un continente blanco al sur del pasaje de Drake, separado de la Tierra del Fuego. En apoyo de esta hipótesis se cita que el 25 de agosto de 1818 el Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata otorgó la primera concesión para la caza de focas y pingüinos en territorios correspondientes al continente antártico a Juan Pedro de Aguirre. En el petitorio que Aguirre había presentado el 18 de febrero solicitó autorización para la instalación de un establecimiento para caza de lobos marinos en alguna de las islas existentes a la altura del polo sur. Se sabe también que el foquero rioplatense Spiritu Santo al mando del capitán Carlos Tidblom, fue seguido en septiembre de 1819 desde las islas Malvinas por el bergantín estadounidense Hercilia al mando de Nathaniel Palmer alcanzándolo en la isla Decepción en las Shetland del Sur. El hecho de que estos foqueros se dirigieran a las islas con rumbo fijo suele ser considerado como prueba de que las conocían anteriormente.