La palabra dragón (del latín draco, y este del griego δράκων, drákon ‘serpiente’) se refiere a un ser mitológico mayormente similar a un reptil o serpiente, cuya presencia; aunque con características diferentes, es mencionada en distintas culturas de todo el mundo.
Dentro de las distintas mitologías que hablan sobre dragones, los más conocidos son: los dragones europeos, derivados de las tradiciones populares europeas y de la mitología de Grecia y Oriente Próximo, y los dragones orientales, de origen chino, coreano, japonés, vietnamita y de otros países de Extremo Oriente. Las dos tradiciones surgieron probablemente de forma independiente, pero en su desarrollo se han influido mutuamente.
La palabra aparece también en la tradición cristiana: el Apocalipsis se refiere a Satanás como el gran dragón, la serpiente antigua.Apocalipsis 12:9; Apocalipsis 20:2.
El dragón, es uno de los seres mitológicos más conocidos, ha sido inspiración de diferentes relatos y poemas, algunos de los cuales han sido llevados al cine. La primera aparición de los dragones fueron unos amuletos de jade de la cultura Hongshan, en China, hace aproximadamente entre 6700 y 4900 años.
Etimología La palabra dragón entró en el idioma inglés a principios del a partir del francés antiguo dragon, que, a su vez, proviene del latín draco (genitivo draconis), que significa «serpiente enorme, dragón», del griego antiguo δράκων, drákōn (genitivo δράκοντος, drákontos) «serpiente».Ogden (2013): 4.Δράκων, Henry George Liddell, Robert Scott, A Greek-English Lexicon (1940), en el proyecto Perseus. Consultado el 4 de septiembre de 2024. El término griego y latino se refería a cualquier gran serpiente, no necesariamente mitológica.Ogden (2013): 2-4. La palabra griega δράκων probablemente se deriva del verbo griego δέρκομαι (dérkomai) que significa «veo», cuya forma aoristo es ἔδρακον (édrakon). Se cree que esto se refería a algo con una "mirada mortal», o ojos inusualmente brillantes o «afilados»,Wyld, Henry Cecil (1946). The Universal Dictionary of the English Language. p. 334. o porque los ojos de una serpiente parecen estar siempre abiertos; cada ojo en realidad ve a través de una gran escala transparente en sus párpados, que están permanentemente cerrados. La palabra griega probablemente deriva de una raíz indoeuropea *derḱ- que significa «ver»; la raíz sánscrita दृश् (dr̥ś-) también significa «ver».Skeat, Walter W. (1888). An etymological dictionary of the English language. Oxford: Clarendon Press. p. 178.
Características La creencia en dragones se sustenta en los diversos mitos. Estos aparecen en muchas culturas. Se ha planteado, para darle explicación a este fenómeno, que fuera el descubrimiento de fósiles de dinosaurios o de pterosaurios los que llevaron a esas culturas a imaginar seres parecidos. A menudo, se creía que estos seres seguían vivos, generalmente en lugares lejanos. Durante la época de Las Cruzadas, era posible encontrar en los mercados y otros lugares de exposición de Europa «restos de dragón», que en realidad eran restos de cocodrilos procedentes de Egipto, Arabia y de países de Asia.
Funciones en las distintas culturas
thumb|right|Cuadro de Eugène Delacroix Apolo combatiendo con la serpiente Pitón.
En Occidente el simbolismo alrededor del dragón es esencialmente el de la lucha.Diccionario ilustrado de los monstruos, pág. 142 Sin embargo, la lucha entre el dragón y un héroe o un dios tiene distintos significados. En estos míticos combates el dragón asume dos papeles: el de devorador y el de guardián, que tienen finalmente una sola raíz: el de un ser místico en espera, cuya acción implica la muerte –o el nacimiento– de un orden universal.
Así, en un principio, los dragones fueron devoradores de dioses –algunos mitos se refieren a estas criaturas como la causa de los eclipses, por ejemplo–, o sus enemigos –caso de Apofis y Pitón, enemigos del sol–. Posteriormente los dragones fueron fuerzas a las que se les ofrecían doncellas en sacrificio. No tardaron en concebirse como devoradores de hombres. De todos modos, ese papel no se aleja del de guardián, que implica la espera y el mantenimiento de un orden que preludia una reinvención del universo o el descubrimiento de un lugar sagrado. Justamente porque son guardianes de algo sagrado, simbolizan el puente a otro mundo o la prueba de todo héroe.
En ocasiones se distancian las actitudes tomadas en las culturas del mundo frente a la figura del dragón y la lucha que supone, particularmente si se compara la idea de dragón que existe en el Extremo Oriente con la predominante en Occidente. Los dragones chinos (long), los japoneses (ryū) y los coreanos (yong) son vistos generalmente como seres benévolos, mientras que los europeos son en su mayoría malévolos.
Sin embargo, los dragones malévolos no están restringidos a Europa: entre otras culturas, esta interpretación se mantiene también en la mitología persa. El tema es complejo. Ha variado a lo largo de la historia. Como ejemplo, entre los romanos, típicos representantes del Occidente antiguo, el dragón era considerado un símbolo de poder militar.
Para la cultura cristiana el dragón simboliza el mal y la destrucción, Se convierte en un animal al que hay que eliminar. Existen varios ejemplos, como el arcángel San Miguel luchando contra un dragón, o el dragón que se revuelve contra la lanza de San Jorge.
Entre las distintas culturas de diversos pueblos, este animal mitológico está cargado de significación emblemática. Por tanto, no existe un solo concepto simbólico relacionada con el dragón. Lo cierto es que existen muchos significados emblemáticos de gran importancia referidos a esta criatura entre los pueblos del Extremo Oriente, especialmente entre la India y China, así como entre los japoneses y las Filipinas. En tal sentido, en los pueblos del valle del Indo se identifica al dragón con Agni, personificación del cielo, que con sus innumerables ojos vigila al tiempo que protege a quien le pide ayuda; es decir, con el origen y el principio del cielo y la Tierra.
Pero donde adquiere mayor importancia el significado emblemático del dragón es el relacionarlo con el poder de los gobernantes y emperadores de pueblos o aldeas.
Oriente
Oriente Próximo En Oriente Próximo, la figura del dragón simbolizaba el mal y la ruina. En Enuma Elish, una epopeya escrita alrededor del 2000 a. C., la diosa Tiamat era un dragón que simbolizaba los océanos y comandaba las hordas del mal, cuya destrucción previa era necesaria para crear un nuevo universo ordenado.
También en la Biblia el dragón representa el mal. En la mitología persa destaca el caso de Azi Dahaka, un dragón malévolo. En Rumanía, se habla del dragón geta-dacio, que tenía cabeza de lobo y cola de serpiente. Esta imagen era empleada en la guerra, ya que en la bandera de Dacia aparece un dragón.
Extremo Oriente
left|150px|thumb|Estampa japonesa de un dragón.
thumb|Dragón vietnamita en Hoi An, Quang Nam.
En muchas culturas orientales los dragones eran, y en algunos cultos son todavía, reverenciados como representantes de las fuerzas primitivas de la naturaleza y el universo.
En Oriente, el dragón siempre se ha considerado una criatura benéfica y un símbolo de buena fortuna.
A diferencia de sus congéneres occidentales, los dragones orientales no tienen alas, aunque normalmente pueden volar gracias a la magia. Son más similares en apariencia a la Serpiente Emplumada de los mitos de los pueblos prehispánicos de Mesoamérica.
Un dragón típico de Oriente tiene cuernos de ciervo, cabeza de caballo, cuello de serpiente, garras de águila, orejas de toro y bigotes largos como los de los siluros. En las leyendas chinas hay dragones que vigilan los cielos, o que traen la lluvia, o que controlan los ríos y arroyos. En Japón, donde se les atribuye ser entes sabios, amables y siempre dispuestos a ayudar, los dragones han sido, durante siglos, el emblema oficial de la familia imperial.
Los dragones chinos y los japoneses simbolizan el poder espiritual supremo, el poder terrenal y celestial, el conocimiento y la fuerza, y por lo tanto son benévolos. El dragón es la insignia más antigua del arte de estos países. Proporcionan salud y buena suerte y viven en el agua. Según las antiguas creencias chinas, traen la lluvia para la recolección. Por eso el dragón se convirtió en el símbolo imperial de ese país.
En el Himalaya representan la buena suerte.
Corea, como se expresó antes, también tiene dragones, de similar carácter positivo.
Europa thumb|La leyenda de San Jorge y el dragón, por Paolo Uccello ().
thumb|Dragón del parque de Europa, situado en el barrio Cuatro Caminos en La Coruña, Galicia (España). Las tribus nórdicas de Europa asociaban su folclore con varios aspectos terroríficos del dragón.
La mitología germana incluye al dragón (Nidhug o Níðhöggr) entre las fuerzas del inframundo. Se alimenta de las raíces de Yggdrasil, el fresno sagrado que extiende sus raíces a través de todos los mundos. Los antiguos escandinavos (los vikingos) adornaban las proas de sus barcos esculpiéndolas en forma de dragón. Usaban esta decoración en la creencia de que así asustarían a los espíritus (landvættir) que vigilaban las costas a las que llegaban. También los dragones aparecen en poemas germanos: en Beowulf, un poema épico anglosajón, el más antiguo que se conserva. Un hombre llamado Beowulf, que había librado a su pueblo de un monstruo mitad hombre y mitad diablo, luego convertido en el rey, lucha contra un dragón, disputa en la que ambos mueren. En el Cantar de los Nibelungos, un poema épico medieval anónimo, Sigfrido mata a un dragón, llamado Fafnir, y al ungirse con su sangre se hace inmune a todo mal.
Para los celtas, el dragón era una divinidad de los bosques, cuya fuerza podía ser controlada y utilizada por los magos. Entre los conquistadores celtas de Britania fue símbolo de soberanía, y durante la ocupación romana de la isla adornó los estandartes de guerra, convirtiéndose en un símbolo heráldico y luego militar.
En la mitología griega existen varios dragones que fueron usados por los dioses, o eran temidos por ellos mismos. Existen en el mito antiguo el dragón Ladon, de cien cabezas, que custodiaba el jardín de las Hespérides, además de Tifón, Lamia, el dragón de Delfos o Pitón, Amphisbaena (dragón de dos cabezas que nació de la sangre de Medusa cuando cayó una gota en el desierto de Libia), basilisco y la famosa Hidra de Lerna. Entre los romanos el dragón era considerado símbolo de poder y sabiduría.
miniaturadeimagen|Representación de un dragón sobre cerámica valenciana (siglo XIV).
Para la mitología eslava, el dragón era una de las formas que adoptaba el dios Veles, señor del mundo subterráneo, adversario de Perún, dios del trueno.
Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalipsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores.
En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado. La lucha contra este sirvió para aumentar la motivación de los reinos cristianos. Al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y de los reinos cristianos sobre el diablo. La leyenda de san Jorge y el dragón, ilustrada en la figura de la derecha, muestra claramente este significado. Se presentaban a menudo también como representaciones de la apostasía, la herejía y la traición, pero también de cólera y envidia, y presagiaban grandes calamidades. Varias veces significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza.