La batalla de Santa Cruz de Tenerife tuvo lugar el 30 de abril de 1657 en el contexto de la guerra anglo-española de 1655-60, en la que la república inglesa liderada por Oliver Cromwell estaba enfrentada a la España de Felipe IV por el control del comercio con las Indias.

La armada inglesa al mando del almirante Robert Blake y el contraalmirante Richard Stayner penetró en el puerto de la ciudad y atacó a la flota de Indias que el general Diego de Egües y su segundo José Centeno tenían allí amarrada tras haber llegado desde Veracruz y La Habana. En el transcurso del combate, que se prolongó durante todo el día, hubo 300 muertos en el bando español y resultaron destruidas ocho de las naves allí fondeadas, aunque la carga que transportaban, desembarcada antes de la batalla, logró mantenerse a salvo. Por la parte inglesa se reportaron 50 muertos y 120 heridos. Empujadas por un viento favorable, todas las naves inglesas consiguieron salir del puerto maltrechas.

Contexto histórico thumb|left|130px|Felipe IV.

Crisis en España

La década de los años 1640 no había sido fácil para España, bajo el reinado de Felipe IV y la privanza del Conde-Duque de Olivares y más tarde de Luis de Haro: los alzamientos independentistas ocurridos en Cataluña (1640), Andalucía (1641), Sicilia (1646), Nápoles (1647) y Aragón (1648) habían sido sofocados, pero persistía la guerra de independencia de Portugal; la guerra de Flandes había terminado en 1648 con la pérdida de Holanda; la guerra de los Treinta Años, terminada en Europa el mismo año, tenía su continuación en la guerra contra Francia; los ingresos provenientes de las Indias disminuían,Carlos Álvarez Nogal: Las remesas americanas en las finanzas de la Real Hacienda, págs. 53 - 88. en gran parte por los ataques de piratas y corsarios ingleses y holandeses a las colonias; las graves epidemias de 1647-52Joaquín de Villalba: Historia cronológica de las pestes...que han acaecido en España, págs. 71-108. habían diezmado la población; la hacienda pública, agotada con tanto gasto, había suspendido pagos (una vez más) en 1647, debiendo recurrir el Estado a renegociaciones de la deuda externa, subidas de impuestos y devaluaciones de la moneda. Fue lo que posteriormente se llamaría la crisis de 1640, enmarcada en el desarrollo de la decadencia española.

Guerra civil en Gran Bretaña thumb|right|130px|Oliver Cromwell.

En las islas británicas, la época había sido aún peor: Inglaterra, Escocia e Irlanda, las tres bajo el reinado de Carlos I de Inglaterra, estaban enfrascadas en las Guerras de los Tres Reinos, una serie de conflictos provocados por la intolerancia religiosa entre católicos, covenanters y protestantes y por las diferencias políticas entre parlamentarios y realistas. A la guerra de los Obispos (1639) siguieron la primera guerra civil inglesa (1642-45), la guerra civil escocesa, la segunda guerra civil inglesa (1648-49), la ejecución de Carlos I, la instauración de la república y la tercera guerra civil inglesa (1649-51), mientras Irlanda era ocupada militarmente tras las guerras confederadas.

En 1653 Oliver Cromwell había asumido el poder absoluto sobre los tres reinos como Lord Protector. Atrás quedaban más de 800.000 muertosCharles Carlton: Going to the wars: the experience of the British civil wars, pág. 211 y ss. y ya la república estaba embarcada en una nueva guerra contra Holanda motivada por la rivalidad comercial entre ambos países.

Casus belli: el comercio en las Indias

Desde el descubrimiento de América, las Bulas Alejandrinas otorgaban a la Corona de Castilla el derecho exclusivo a la conquista y el monopolio comercial en las Indias,Bula inter caetera de 1493: «Y bajo pena de excomunión latae sententiae en la que incurrirá automáticamente quien atentare lo contrario, prohibimos severamente a toda persona de cualquier dignidad, estado, grado, clase o condición, que vaya a esas islas y tierras después que fueran encontradas y recibidas por vuestros embajadores o enviados con el fin de buscar mercaderías o con cualquier otra causa, sin especial licencia vuestra o de vuestros herederos y sucesores». confirmados posteriormente por las leyes de Indias,Leyes de Indias: Libro III, título I, ley i, donde se establece la posesión española de las Indias: «Que las Indias Occidentales estén siempre unidas a la Corona de Castilla, y no se puedan enagenar». Libro III, título XIII, ley viii, donde se prohíbe a los extranjeros el comercio en las Indias: «Que nadie contrate, ni rescate en las Indias con estrangeros ni corsarios». según las cuales el comercio por parte de mercantes extranjeros estaba considerado por las autoridades españolas como contrabando.Rafael Antúnez y Acevedo: Memorias históricas sobre la legislación y gobierno del comercio de los españoles con sus colonias en las Indias Occidentales (1797), págs. 267-278.

Las relaciones anglo-españolas habían sido cordiales desde que en 1630 el tratado de Madrid puso fin a la guerra que habían mantenido Felipe IV y Carlos I, e incluso España había sido el primer país en reconocer a la nueva república, pero en 1654 Cromwell, disconforme con el monopolio comercial español sobre las Indias, envió sin previo aviso hacia el Caribe una expedición militar bajo el mando de William Penn y Robert Venables con el objetivo de establecer una base de operaciones y apoderarse de la flota del tesoro española.Charles Harding Firth: The narrative of General Venables...relating to the expedition to the West Indies and the conquest of Jamaica; Instrucciones de Cromwell a la expedición, págs. 107-115 (inglés). Tras ser rechazados en su ataque a La Española, éstos marcharon contra Jamaica, desalojando a las fuerzas españolas allí presentes. España exigió la restitución de la isla y se reafirmó en su derecho al monopolio comercial en las Indias. Al fracasar las negociaciones diplomáticas, Felipe IV ordenó cortar las relaciones con Inglaterra y confiscar los bienes de los ciudadanos ingleses en España;Ángel Alloza: La represalia de Cromwell (2000). Cromwell respondió con una declaración formal de guerra contra España.Manifesto of the Lord Protector, publicado el 26 de octubre de 1655, redacción atribuida a John Milton.

En el transcurso de la guerra Cromwell señaló como objetivo prioritario la captura de la flota de Indias española, que anualmente llegaba desde América cargada de riquezas. Ya en 1656 la armada inglesa atacó la flota de Juan de Hoyos, capturando parte de su carga, y durante todo el año siguiente el almirante Robert Blake y su segundo Richard Stayner se mantuvieron frente a las costas de Andalucía acechando la llegada de una nueva flota.

Preparativos

La flota de Indias fondea en Tenerife La flota de Indias, formada por dos galeones, ocho mercantes y un patacheCesáreo Fernández Duro: Bosquejo biográfico del almirante D. Diego de Egües y Beaumont (1892), pág. 14. bajo el mando de Diego de Egües y de su segundo José Centeno, salió de Veracruz cargada con la plata americana en agosto de 1656, y tras hacer escala en La Habana, donde una docena de fragatas inglesas habían estado acechando su llegada hasta unos días antes, llegó a La Palma el 18 de febrero, desde donde marchó hasta Tenerife. El 26 del mismo mes zarpó hacia la península, pero a la altura de Gran Canaria fue alcanzada por un mensajero del gobernador de Canarias Alonso Dávila advirtiéndole de la presencia de la flota inglesa en las costas de Andalucía. Este aviso y la rotura de un mástil de la nao capitana convenció a Egües para volver al abrigo del puerto de Santa Cruz.Informe de Diego de Egües a Felipe IV sobre la travesía del Atlántico, Fernández Duro, págs. 29-46. Habiendo recibido instrucciones de Felipe IV para permanecer allí hasta nueva orden, Egües ordenó desembarcar la carga de las naves y ponerla a salvo de un hipotético ataque inglés.Instrucciones de Felipe IV a Egües sobre su permanencia en Tenerife, Fernández Duro, págs. 48-50. El 14 de marzo comenzó la operación de descarga de las naves, fijándose un plazo de dos meses para la terminación de la misma. right|thumb|120px|Robert Blake.

La armada inglesa se dirige hacia Canarias Entretanto la flota inglesa, 23 navíos de guerra bajo el mando del almirante Robert Blake con John Bourne como vicealmirante y Richard Stayner como contraalmirante, había pasado el invierno frente a la costa andaluza esperando capturar la flota de Indias a su llegada a Cádiz. Habiendo recibido inteligencia sobre la llegada de Egües a Tenerife y sobre los tratos en que andaban los españoles con el holandés Michiel de Ruyter para transportar el tesoro a Flandes, la armada inglesa puso rumbo a Canarias.Charles Harding Firth: Blake and the battle of Santa Cruz, incluido en The english historical review (1905), vol. XX, págs. 228-250.

El puerto de Santa Cruz La actual ciudad de Santa Cruz era por aquel entonces un núcleo de aproximadamente 1.125 habitantes, dependiente del ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna. Su puerto, en forma de semicírculo, estaba protegido por el castillo de San Cristóbal y por una serie de reductos armados con artillería y mosquetería y unidos entre sí por una muralla paralela a la costa (el castillo de San Juan, más al sur, quedaba fuera de tiro; el de Paso Alto era sólo un fortín en esta fecha).César-Javier Palacios: Orígenes de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, págs. 49-52, detalla 3 castillos y 10 reductos en la ciudad. Las naves estaban amarradas borda con borda, lo más cerca posible de tierra; además de la flota de Egües se encontraban en el puerto otras naves más hasta el número de 16. Alonso Dávila era el capitán general de las islas, que en previsión de posibles ataques había dispuesto una fuerza numerosa: Tenerife contaba para su defensa con 10 000 hombres, 1000 arcabuces, 300 mosquetes y 150 quintales de pólvora. Otros personajes destacados en la defensa de la plaza fueron el lugarteniente de Dávila, Bartolomé Benítez de la Cueva, el corregidor y capitán a guerra Ambrosio de Barrientos, el sargento mayor Juan Fernández Franco, el castellano de San Cristóbal Fernando Esteban Guerra de Ayala y su mujer Hipólita Sopranis.Antonio Rumeu de Armas: Piratería y ataques navales contra las islas Canarias (1947), tomo III, cap. XXX.José Desiré Dugour: Apuntes para la historia de Santa Cruz de Tenerife (1875), págs. 58-63.

Ataque inglés al puerto de Santa Cruz La batalla right|thumb|240px|El St. George, capitaneado por Blake, en Santa Cruz. Cuadro de Charles Dixon. A las 8 de la mañana del lunes 30 de abril, 12 fragatas inglesas encabezadas por el Speaker de Richard Stayner se adentraron en fila en el puerto hasta situarse tan cerca de las naves españolas como para que éstas les dejaran a cubierto de los proyectiles lanzados desde el castillo y los reductos, y tras desplegarse comenzaron a luchar contra estas. Poco después el resto de la flota inglesa, con Blake al mando, tomó posición más afuera, empezando un intenso intercambio de fuego de artillería con las baterías de tierra.

Los barcos mercantes españoles fueron abordados fácilmente por los ingleses; sólo los galeones de Egües y Centeno consiguieron oponer cierta resistencia, pero superados en número, a mediodía fueron incendiados por sus capitanes para evitar que fuesen tomados por los enemigos. Las fragatas inglesas intentaron tomar como presas los navíos abordados, pero perdida ya toda la flota española, la artillería arreció en su ataque contra los ingleses, y Blake dio órdenes de abandonar e incendiar todos los barcos españoles.