El desastre de la Vega de Granada, también conocido con el nombre de batalla de Elvira o batalla de Sierra Elvira,También es conocido por otros nombres, como batalla de la Vega o batalla de la Vega de Granada. fue un combate librado el día 25 de junio de 1319 en la localidad granadina de Pinos Puente, cerca de Granada, entre las fuerzas del reino de Castilla y las del reino nazarí de Granada, que resultaron vencedoras.La mayoría de las fuentes señalan que el desastre tuvo lugar el día 25 de junio de 1319, y así consta en el Cronicón Cordubense de Fernando de Salmerón. Cfr. Lomax (1982), p. 631. Y Don Juan Manuel también consignó lo mismo en su Chronicon Domini loannis Emmanuelis, publicado en 1860 por Antonio Benavides Fernández de Navarrete en el tomo I de sus Memorias de Fernando IV de Castilla, donde consta que: «ERA M.CCC.LVII. obierunt Infantes Dns. Joannes, et Dns. Petrus in Vega Granatae in Juº». Cfr. Benavides (1860), p. 677.
La batalla supuso un desastre para el reino de Castilla, la frontera con Granada quedó desprotegida,El prestigioso medievalista Manuel García Fernández señaló que este desastre fue muy conocido ya en su propio tiempo porque la conmoción fronteriza y militar fue enorme en toda Castilla y también en Aragón. Cfr. García Fernández (1998b), pp. 162-163. y en ella murieron, en las cercanías del Cerro de los Infantes, los infantes Juan y Pedro de Castilla, que eran los jefes del ejército cristiano y los tutores del rey Alfonso XI durante su minoría de edad junto con la reina María de Molina, que quedó oficialmente como única tutora hasta que fue acompañada, en 1320, por el infante Felipe de Castilla, su hijo, y por don Juan Manuel, nieto de Fernando III. Además, la mayoría de los historiadores, basándose en los testimonios musulmanes y cristianos de la época, afirman que los cristianos planeaban conquistar la ciudad de Granada y finalizar de ese modo la Reconquista, y el historiador Andrés Giménez Soler afirmó respecto a las consecuencias del desastre que:
Fuentes Las principales fuentes cristianas que describieron detalladamente el desastre son la Crónica y la Gran Crónica de Alfonso XI, y en menor medida, el Poema de Alfonso Onceno, ya que son las tres obras fundamentales sobre el reinado de Alfonso XI. Y numerosos historiadores musulmanes, mencionados en su mayor parte por Saleh Eazah al-Zahrani en un artículo de 2009 sobre el desastre desde el punto de vista musulmán, también escribieron acerca del mismo, aunque la mayor parte de sus afirmaciones ya fueron desmentidas a principios del por el historiador Andrés Giménez Soler, que demostró la falsedad de muchas de las afirmaciones de los cronistas musulmanes.
Un ejemplo de la falsedad de la mayoría de las afirmaciones de los cronistas musulmanes cuando hacen referencia a este desastre es que algunos de ellos consignaron que los infantes Pedro y Juan murieron a causa de las heridas recibidas en él, pero la mayoría de los medievalistas españoles no dudan en afirmar actualmente, basándose en las crónicas cristianas antes mencionadas y en otras pruebas, que ambos murieron ciertamente durante la batalla, pero en ambos casos por causas naturales. Y a pesar de que ha transcurrido más de un siglo desde su publicación, los artículos de Andrés Giménez Soler sobre este desastre, que aparecieron entre 1904 y 1905 en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, siguen siendo frecuentemente mencionados por los medievalistas modernos cuando hacen referencia a esta batalla, ya que él fue el primero en comparar los testimonios de cristianos y musulmanes.
Algunos cronistas musulmanes consignaron que 25 reyes cristianos participaron en la expedición junto con más de soldados, y que más de de ellos murieron en el desastre junto con otras numerosísimas exageraciones y falsedades, pero Giménez Soler, basándose en diversos cronistas señaló que el número de caballeros cristianos presentes en el desastre debía ascender a unos 9.000.
Preparativos de la expedición (1318-1319) 250px|thumb|Retrato imaginario del papa Juan XXII. Cuando finalizaron las Cortes de Medina del Campo de 1318, los infantes Pedro y Juan y los «hombres buenos de la tierra» acordaron entrar a «correr e talar» la Vega de Granada, y establecieron que las fuerzas a sus órdenes se reunirían para ello en la ciudad de Córdoba en el mes de junio de 1319, y según consta en el capítulo XVIII de la Gran Crónica de Alfonso XI. Y durante el invierno de 1318 comenzaron a acumularse los pertrechos necesarios para la expedición y se agilizaron los movimientos de tropas por parte de los castellanos, que según consta en el Poema de Alfonso Onceno reunieron a «muchas gentes de cruzada», aunque el historiador Luis Fernández Gallardo señaló que esa expresión posiblemente englobaba a todos los cristianos que tomaron parte en la campaña, ya que no es probable que todos ellos hubieran realizado las ceremonias propias del cruzado.
El papa Juan XXII concedió el carácter de cruzada, a petición del infante Pedro, a la expedición contra el reino de Granada, y también le concedió las tercias y las décimas de los diezmos que se recaudaran en Castilla, a condición de que no rubricase ningún acuerdo de paz con los musulmanes, «so pena de obidiençia e del amor de la Santa Eglesia».El infante Pedro, a cambio de la ayuda del pontífice, se comprometió con éste a combatir personalmente a los musulmanes durante tres años y a tener cierto número de caballeros y galeras durante todo el año y el doble en verano. Y también se estableció que en las tierras conquistadas el diezmo y la primicia corresponderían a la Iglesia y que en ellas no permanecería ningún musulmán a menos que se bautizara, que las mezquitas serían convertidas en iglesias, que de cada diez villas, ciudades o castillos conquistados uno correspondería a la Iglesia de Roma y quedaría exento de toda jurisdicción, y que el infante Pedro no alcanzaría treguas o acuerdos de paz con los musulmanes sin el consentimiento de la Iglesia romana. Cfr. Fernández Conde et al (1982), pp. 363-364. Y el rey Jaime II de Aragón, yerno del infante Pedro de Castilla, también planeó hacer dos campañas sucesivas contra los musulmanes granadinos pero no conquistar ningún territorio, sino devastar el de sus enemigos y causarles el mayor daño posible con un hipotético ejército de hombres, y aunque el papa le concedió las mismas prerrogativas que al infante Pedro respecto a la cruzada, a Jaime II le parecieron insuficientes y se abstuvo de participar en la expedición.
Y debido a los acuerdos antes mencionados, el infante Pedro se vio obligado a quebrantar la tregua que había acordado con el rey Ismail I de Granada y a combatir contra él, y se excusó ante él alegando que debía actuar así por temor al pontífice y a la excomunión, y le devolvió las parias que aquel le había entregado. Y en la Gran Crónica de Alfonso XI consta que el monarca granadino manifestó «muy grand pesar» por todo ello y que comunicó lo siguiente al infante Pedro, convirtiendo la guerra entre ambos en un «auténtico juicio de Dios»:
La violación de la tregua acordada con los granadinos por el infante Pedro fue también muy criticada por los propios castellanos,El autor de la Gran Crónica de Alfonso XI llegó a afirmar que la violación de la tregua que había acordado con el rey de Granada fue el único acto censurable cometido en su vida por el infante Pedro: «E en todos los fechos que fizo este ynfante don Pedro non fallan los omes que le rreptar sy non esto solo, en quebrantar las paces que avia puesto con el rrey de Granada e su verdad, e pasar la fe e fieldad que Dios estableçio entre los hombres en comunal mente. Et avn sospechan los omes que esta fue la ocasión por que este ynfante don Pedro fue muerto, segund adelante oyredes a do fuere su lugar». Cfr. Catalán (1977), p. 309. que posteriormente llegarían a afirmar, al igual que el rey de Granada, que el desastre fue un «castigo divino» por haberla quebrantado, aunque el infante Pedro manifestó «que el non seria fijo del rrey don Sancho (IV) sy en pocos años, dándole Dios vida, non fiziese que la Casa de Granada fuese torrnada a la Corona d´España, e que los fijos dalgo de Castilla labrasen todos e criasen. E destas palabras que dixo el ynfante Don Pedro peso mucho a los castellanos». Y los granadinos, por su parte, enviaron unos embajadores al sultán de Fez para que sus tropas les ayudaran en su lucha contra los castellanos, pero aquel se disculpó ante ellos alegando que su hijo se había rebelado contra él y que no podía ayudarles, y el célebre historiador musulmán Ibn Jaldún afirmó que fueron precisamente las rebeliones del hijo del sultán de Fez contra su padre las que animaron a los castellanos a atacar el reino de Granada.
El infante Pedro se dirigió poco después a Toledo, según consta en la Crónica de Alfonso XI, donde se reunieron con él los maestres de las órdenes militares de Santiago y Calatrava y el arzobispo de Toledo, Gutierre Gómez de Toledo, a los que ordenó que hicieran los preparativos necesarios y se dirigieran a la frontera con sus tropas para que se reunieran allí con él. Y poco después dicho infante fue a la ciudad extremeña de Trujillo y se reunió con el maestre de la Orden de Calatrava, al cual entregó 3000 doblas de oro para que la Corona pudiera recuperar el castillo de Trujillo, que había sido anteriormente empeñado por su hermano, el difunto rey Fernando IV. Y al mismo tiempo, el infante ordenó al maestre de Calatrava que hiciera los preparativos necesarios y se preparara para reunirse con él en la frontera.330px|thumb|Vista del castillo de Tíscar.
Posteriormente el infante Pedro se dirigió a la ciudad de Sevilla, donde, según consta en la Gran Crónica de Alfonso XI «mando fazer ay muchos picos, e labro ay quatro yngenios», que cumpliendo sus instrucciones fueron llevados a Córdoba, y después, pasando por los municipios de Écija y Hornachuelos,Hay constancia de que el día 19 de marzo de 1319 el infante Pedro se encontraba en Écija, ya que ese día confirmó a la Iglesia de Córdoba, en nombre del rey Alfonso XI, el privilegio que le habían otorgado los anteriores monarcas de que nadie pudiera morar a la fuerza en las casas de los canónigos, racioneros y clérigos. Y también está documentado que el día 3 de abril de 1319 dicho infante se hallaba en el municipio cordobés de Hornachuelos, ya que hallándose allí confirmó nuevamente a la Iglesia de Córdoba, y en nombre de Alfonso XI, el privilegio que les había confirmado pocos días antes en Écija. Cfr. García Fernández (1988), p. 13. llegó a la ciudad jienense de Úbeda, donde se reunió con los maestres de las órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara y con los arzobispos de Toledo y de Sevilla, y hallándose allí con ellos el infante les comunicó que tenía intención de conquistar el castillo de Tíscar, ya que «era la mas fuerte cosa que tenian los Moros», y se dirigió hacia allí con ellos y comenzó a asediarlo. Y en la Crónica de Alfonso XI consta que dicha fortaleza, acaudillada por Mahomad Handon, se rindió tras varios días de asedio, y que sus 4500 habitantes la abandonaron y su seguridad quedó garantizada hasta que llegaron a Baza.