El Concierto para piano y orquesta n.º 24 en do menor (K.491) es un concierto compuesto por Wolfgang Amadeus Mozart para teclado (normalmente un piano o fortepiano) y orquesta. Mozart comenzó la composición del concierto en el invierno de 1785 y lo concluyó el 24 de marzo de 1786, tres semanas después de la finalización del Concierto para piano y orquesta en la mayor. Dado que Mozart iba a interpretar la obra él mismo, la parte del solista no estaba escrita por completo. El estreno se llevó a cabo a principios de abril de 1786 en el Burgtheater de Viena. Cronológicamente es el vigésimo de los veintitrés conciertos para piano originales que Mozart compuso.
Mozart únicamente compuso dos conciertos para piano en una tonalidad menor, el otro es el n.º 20 en re menor. Ningún otro concierto para piano de Mozart cuenta con una mayor variedad de instrumentos: la obra está compuesta para cuerdas, instrumentos de viento-madera, trompas, trompetas y timbales. El concierto consta de tres movimientos: el primero, Allegro, en forma sonata, es el de mayor duración de todos los primeros movimientos compuestos hasta la fecha; el segundo movimiento, Larghetto, está en su relativo mayor, es decir, mi mayor y cuenta con un tema principal sorprendentemente simple; el último movimiento, Allegretto, vuelve a la tonalidad de partida y presenta un tema seguido de ocho variaciones.
Esta obra es una de las más avanzadas de Mozart en el género de concierto. Ludwig van Beethoven y Johannes Brahms se encuentran entre sus primeros admiradores. El musicólogo Arthur Hutchings lo consideró como el mejor concierto para piano y orquesta del salzburgués.
Contexto
miniaturadeimagen|El concierto fue estrenado en el Burgtheater de Viena Mozart compuso el concierto durante el invierno de 1785-1786, durante su cuarta temporada en Viena. Fue el tercero de una serie de tres conciertos para piano compuestos en rápida sucesión: los otros fueron el n.º 22 en mi mayor y el n.º 23 en la mayor. Mozart terminó de componer el n.º 24 poco antes del estreno de Las bodas de Fígaro; las dos obras recibieron los números adyacentes 491 y 492 del catálogo Köchel. Aunque compuestas en las mismas fechas, ambas contrastan entre sí en gran medida: la ópera está compuesta casi en su totalidad en tonalidades mayores, mientras que el concierto es una de las pocas obras de Mozart en una tonalidad menor. El pianista y musicólogo Robert D. Levin sugiere que el concierto podría haber servido como una vía de escape para los aspectos más sombríos de la creatividad de Mozart mientras componía la ópera cómica. El estreno del concierto tuvo lugar el 3 o el 7 de abril de 1786 en el Burgtheater de Viena. Como venía siendo costumbre, Mozart tocó la parte de solista al mismo tiempo que dirigía desde el teclado.
En 1800, Constanze, la viuda de Mozart, vendió el manuscrito original de la obra al editor Johann Anton André, de Offenbach del Meno. Pasó por varias manos privadas durante el , antes de que sir George Donaldson, un filántropo escocés, la donara al Royal College of Music en 1894. El College sigue custodiando la partitura a día de hoy. La partitura original no contiene indicaciones de tempo; el tempo de cada movimiento se conoce solo a partir de los registros que Mozart hizo en su catálogo. Las partes orquestales en la partitura original están escritas de una manera nítida. La parte solista, por otro lado, está a menudo incompleta dado que en muchas ocasiones Mozart solo escribía la parte exterior en los pasajes de escalas o acordes rotos (arpegios). Esto sugiere que improvisó gran parte del papel solista cuando interpretó la obra. La partitura también contiene adiciones posteriores, incluyendo la del segundo tema de la exposición de la orquesta en el primer movimiento. Existen errores esporádicos de escritura, que el musicólogo Friedrich Blume atribuye a que Mozart «escribía a toda prisa y bajo presión interna».
Descripción
El concierto se divide en tres movimientos: Allegro en do menor (3/4) Larghetto en mi mayor (4/4) Allegretto (Variaciones) en do menor (4/4)
El concierto está orquestado para una flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerdas; esta es la mayor variedad de instrumentos para los que Mozart compuso alguno de sus conciertos. Es uno de los dos conciertos para piano de Mozart que emplea dos oboes y clarinetes —el otro, su Concierto para dos pianos, tiene clarinetes solo a partir de la versión revisada—. El clarinete no era un instrumento habitual dentro de la orquesta. Robert D. Levin escribe: «la riqueza de la sonoridad del viento, debido a la inclusión de los oboes y clarinetes, es la característica tímbrica central del concierto: una y otra vez en los tres movimientos los vientos dejan a las cuerdas en un segundo plano». El instrumento solista del concierto está indicado en la partitura como «clave». Este término a menudo denota un clavecín, pero en este concierto Mozart se refería al término genérico que abarca el fortepiano, versión del del piano moderno, que entre otras cosas tenía mayor capacidad dinámica que el clave.
Primer movimiento
El primer movimiento es el de mayor longitud y complejidad que Mozart jamás haya compuesto en el género concertístico. Está compuesto en compás de 3/4, que, junto con los conciertos para piano de Mozart n.º 11 en fa mayor y n.º 14 en mi mayor, son los únicos que también comienzan en compás ternario.
Exposición
miniaturadeimagen|450x450px|El tema principal del primer movimiento tal y como aparece al comienzo de la exposición orquestal El primer movimiento sigue la forma sonata habitual en los conciertos de la época clásica. Comienza con la exposición por la orquesta, seguida por la exposición del piano solista, una sección de desarrollo, una recapitulación, una cadenza y una coda. Dentro de este esquema convencional, Mozart incorpora una amplia innovación estructural. La exposición orquestal, de 99 compases de duración, presenta dos grupos de material temático, uno primario y otro secundario, ambos en la tonalidad de do menor. La orquesta abre el tema principal al unísono, pero no muy fuerte sino en un dulce piano. El tema es ambiguo tonalmente: no se establece la tonalidad principal de do menor hasta la cadencia final en el decimotercer compás. También es de gran riqueza cromática, ya que en sus trece compases utiliza la totalidad de las doce notas de la escala cromática.
La exposición del piano solista sigue su contraparte orquestal y es aquí donde Mozart se salta la convención preestablecida ya desde el principio: el piano no entra con el tema principal. En cambio, tiene un pasaje solista de 18 compases, que, una vez concluido, da paso al tema principal por la orquesta. El piano luego retoma el tema en el compás séptimo. También se sale de los cánones convencionales el hecho de que la exposición del piano solista no reafirma el tema secundario de la exposición orquestal. En cambio, presenta una sucesión de nuevo material temático secundario. El musicólogo Donald Tovey consideró que esta introducción de material nuevo «subvierte la doctrina de que la función del tutti introductorio [la exposición orquestal] es la de predecir lo que el solista va a decir».
Llevados unos cien compases a lo largo de la exposición del piano solista, que ahora se encuentra en el relativo mayor de mi, el piano toca una trino cadencial, que lleva a la orquesta desde la séptima dominante a la tónica. Esto sugiere al oyente que la exposición individual ha llegado a su fin, pero Mozart le da un nuevo tema a los vientos. La exposición continúa durante unos 60 compases más, antes de que otro trino cadencial produzca la conclusión real, lo que provoca un ritornello que conecta la exposición con el desarrollo. El pianista y musicólogo Charles Rosen sostiene que Mozart creó así una «doble exposición». Rosen también sugiere que esto explica porqué Mozart alargó sustancialmente la exposición orquestal durante el proceso de composición: necesitaba una exposición orquestal de mayor duración para equilibrar su contraparte solista «doble».
Desarrollo
El desarrollo comienza con una repetición de la exposición del piano solista, esta vez en el relativo mayor de mi. El Concierto n.º 20 es el único ejemplo en los conciertos de Mozart en el que la exposición del piano solista y el desarrollo comienzan con el mismo material. En el concierto n.º 24, el material se despliega en el desarrollo de una manera diferente a la exposición solista: el motivo del solo de apertura, con su semicadencia, se repite cuatro veces, con una intervención de los instrumentos de viento-madera, como si hiciera una «pregunta» tras otra. La última «pregunta» en do menor es contestada mediante una escala descendente desde el piano, que lleva a que la orquesta exponga el tema principal del movimiento en fa menor. Luego se desarrolla el tema orquestal: el motivo de los compases cuarto y quinto del tema desciende a través de un círculo de quintas, acompañado por una elaborada filigrana en el piano. Después de esto, el desarrollo procede a un tormentoso intercambio entre el piano y la orquesta, que el erudito del sobre Mozart Cuthbert Girdlestone describe como «una de las pocas [ocasiones] en Mozart donde la pasión parece realmente desencadenada», y que Tovey describe como un pasaje de «gran y delicada masividad». El intercambio se resuelve en un pasaje en el que el piano reproduce una línea aguda de semicorcheas, sobre las cuales los vientos repiten recuerdos del tema principal. Este pasaje de transición finalmente modula a la tonalidad de partida de do menor, llevándonos al inicio de la recapitulación con una nueva reexposición, por parte de la orquesta, del tema principal del movimiento.
Recapitulación, cadenza y coda
El amplio abanico de material temático presentado en las exposiciones orquestales y del piano solista suponen un reto para la recapitulación. Mozart consigue recapitular todos los temas en la tonalidad de partida de do menor. Los temas expuestos, necesariamente comprimidos, se presentan en un orden distinto y en su nueva forma contienen algunos momentos de virtuosismo para el solista. El último tema en ser recapitulado es el tema secundario de la exposición orquestal, que no se ha escuchado en los últimos 400 compases y ahora se escucha adornado por tresillos en el piano. La recapitulación concluye con el piano tocando semicorcheas arpegiadas seguidas de un trino cadencial que llevan al ritornello, que a su vez dirige a un calderón que da la entrada a la cadenza del solista.
Mozart no compuso una cadenza para el movimiento, o al menos no existen evidencias de que lo hubiera hecho. Numerosos compositores e intérpretes posteriores, como Johannes Brahms, Ferruccio Busoni y Gabriel Fauré, han compuesto su propia versión. A diferencia de otros conciertos de Mozart, la partitura no indica al solista que debe terminar su cadenza con un trino cadencial. La omisión del habitual trino es quizás algo deliberado y es posible que Mozart quisiera que la cadenza conectara directamente con la coda.
La típica coda mozartiana suele concluir con un tutti orquestal y un tacet para el solista. En este movimiento, Mozart rompe con esta convención y el solista interrumpe el tutti con un virtuosístico pasaje de semicorcheas que acompaña a la orquesta con los acordes finales en do menor en pianissimo.
Segundo movimiento
thumb|450px|El tema principal del segundo movimiento destaca por su simplicidad. Donald Tovey describe el cuarto compás, extremadamente desnudo y nada ornamentado, como «ingenuo», pero considera que Mozart quería que así fuera Alfred Einstein dijo que el segundo movimiento del concierto «se sitúa en la más pura y emotiva tranquilidad y tiene una expresión de transcendente simplicidad». El movimiento es un Larghetto en mi mayor y en compás de , también denominado como alla breve. Las trompetas y timbales no tienen música escrita para este movimiento.