La constitución Dei Verbum es una constitución dogmática resultado del Concilio Vaticano II, en la que se expone, como dice el mismo documento, "la doctrina genuina sobre la divina revelación y sobre su transmisión para que todo el mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame". La expresión latina Dei Verbum significa Palabra de Dios, y fue tomada -como es costumbre en los documentos católicos de importancia- de las palabras iniciales del documento.

Dei Verbum fue aprobada por la asamblea de obispos con 2344 votos a favor y 6 votos en contra, y posteriormente fue promulgada por el papa Pablo VI en noviembre de 1965. La generación de este documento catalizó muchos de los cambios en la orientación del mismo Concilio, y dio lugar a una etapa nueva en la historia de la Iglesia en cuanto a la forma de estudiar, interpretar, reflexionar y vivir los contenidos de las Sagradas Escrituras.

La génesis de la Constitución de la Revelación (un título corto comúnCf. por ejemplo Karl Lehmann, Ralf Rothenbusch (eds.): Gottes Wort in Menschenwort. Die eine Bibel als Fundament der Theologie (= Quaestiones disputatae. Vol. 266). Herder, Freiburg i. B. 2014, ISBN 978-3-451-02266-1.) abarcó desde el principio hasta el final del Concilio. Dei verbum está considerado uno de los textos más significativos del Concilio y supuso una "ruptura epocal" que abrió "perspectivas nuevas y decisivas respecto a la comprensión teológica de la Revelación"Claus-Peter März: La Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación "Dei Verbum". En: Teología Contemporánea. Vol. 58, nº 1, 2015, pp. 54-63, aquí p. 54.

Además de examinar el concepto de revelación, el documento aclara la relación entre Tradición y Santa Escritura. Al hacerlo, también hace hincapié en la forma correcta de entender la Sagrada Escritura, abriendo así posibilidades para el uso del exégesis histórico-crítica en la teología católica.

Historia La constitución dogmática Dei Verbum es, sin lugar a dudas, el documento de gestación más dramática en el marco del Concilio Vaticano II, ya que dio lugar a un cambio drástico en la orientación del mismo apenas un mes después de comenzado, luego de un debate intenso, una votación apasionante y una intervención personal del papa Juan XXIII.

La versión final de la Constitución sobre la Revelación fue precedida por tres versiones. El preparado esquema conciliar De fontibus revelationis (Sobre las fuentes de la Revelación) fue escrita por Sebastian Tromp SJ y habla de dos fuentes de revelación diferentes en su contenido, la Sagrada Escritura y la Tradición. Además, el esquema afirmaba la inerrancia de la Escritura también con respecto a las declaraciones históricas.Klaus Schatz: Concilios Generales - Puntos Focales de la Historia de la Iglesia. 2ª edición, Schöningh, Paderborn 2008, ISBN 978-3-506-99492-9, p. 296. No fueron tanto las afirmaciones teológicas -estaban respaldadas por pronunciamientos papales- las que suscitaron grandes críticas, sino más bien el "espíritu de temor y desconfianza contra los exégetas y, sobre todo, la falta de orientación pastoral y ecuménica".Klaus Schatz: Concilios generales - Puntos focales de la historia de la Iglesia. 2ª edición, Schöningh, Paderborn 2008, ISBN 978-3-506-99492-9, p. 297. Además, se caracterizó por una visión instructiva de la revelación, que entendía la revelación exclusivamente como instrucción, es decir, comunicación.Claus-Peter März: La Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación "Dei Verbum". En: Teología Contemporánea. Vol. 58, núm. 1, 2015, pp. 54-63, aquí p. 56.

Este esquema fue discutido polémicamente a mediados de noviembre de 1962. Hubo propuestas iniciales de la Cámara del Concilio, incluso de Josef Cardenal Frings,Benedicto XVI: Últimas conversaciones. Con Peter Seewald. Droemer, Múnich 2016, ISBN 978-3-426-27695-2, p. 157. para emprender una revisión completa del esquema.Cfr. Klaus Schatz: Concilios generales - Puntos focales de la historia de la Iglesia. 2ª edición, Schöningh, Paderborn 2008, ISBN 978-3-506-99492-9, p. 297. Una votación mal entendida el 20 de noviembre de 1962 sobre si la discusión sobre el esquema estaba concluida no alcanzó la mayoría de dos tercios necesaria. Esto provocó confusión y ambigüedad sobre si el esquema ya había sido adoptado. Por ello, el Papa Juan XXIII retiró el esquema del orden del día al día siguiente y nombró una nueva comisión de opositores y partidarios del esquema discutido para llevar a cabo una transformación fundamental. Esta "comisión mixta" estaba presidida por los cardenales Alfredo Ottaviani y Augustin Bea SJ, Sebastian Tromp y Johannes Willebrands fueron nombrados secretarios.Klaus Schatz: Concilios generales - Puntos focales de la historia de la Iglesia. 2ª edición, Schöningh, Paderborn 2008, ISBN 978-3-506-99492-9, p. 298.Joseph Ratzinger, Alois Grillmeier, Béda Rigaux: Constitución dogmática sobre la divina revelación. En: Josef Höfer, Karl Rahner (eds.): Lexikon für Theologie und Kirche. 2ª edición, vol. 13, Herder, Friburgo de Brisgovia 1967, pp. 497-583, aquí p. 501. Juan XXIII resolvió el problema mediante su intervención, reclamada sobre todo por Paul-Émile Cardenal Léger. Al mismo tiempo, envió con ello una "clara señal de la posibilidad de poder rechazar un esquema preparado sin incitar a un conflicto con el jefe de la asamblea" Giuseppe Alberigo: Juan XXIII: Vida y obra del Papa conciliar. Matthias-Grünewald-Verlag, Mainz 2000, ISBN 3-7867-2288-9, p. 215.La eliminación del texto propuesto permitió una nueva discusión sobre el Apocalipsis.Benedicto XVI: Últimas conversaciones. Con Peter Seewald. Droemer, Múnich 2016, ISBN 978-3-426-27695-2, p. 158.

Las sugerencias de cambios de la Comisión Teológica fueron incorporadas a este segundo texto, creándose así la tercera versión. En septiembre de 1964, ese texto fue debatido en el Concilio y se elaboró una cuarta versión. Ésta sólo pudo ser discutida en la IVª  sesión, en septiembre de 1965, y se incorporaron otras propuestas de enmiendas ("modi").Karl Rahner, Herbert Vorgrimler: Introducción a la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum. En: Dieselben: Kleines Konzilskompendium. Todos los textos del Concilio Vaticano II. 35ª edición, Herder, Freiburg im Breisgau 2008, ISBN 978-3-451-29991-9, pp. 361-366, aquí p. 361. Dos modos muy importantes en DV 9 y 11 vinieron del Papa Pablo VI,Klaus Schatz: Concilios Generales - Puntos Focales de la Historia de la Iglesia. 2ª edición, Schöningh, Paderborn 2008, ISBN 978-3-506-99492-9, p. 329 y ss. quien, sin embargo, no prescribió ninguna formulación.Claus-Peter März: La Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación "Dei Verbum". En: Teología Contemporánea. Vol. 58, núm. 1, 2015, pp. 54-63, aquí p. 58. En la quinta versión resultante, el documento fue aprobado poco antes del final del Concilio en su última sesión, el 18 de noviembre de 1965.

El documento en el período preparatorio del Concilio La Comisión antepreparatoria del Concilio recibió 102 proposiciones que condensaban las sugerencias llegadas de todo el mundo sobre problemas referidos a la interpretación de las Sagradas Escrituras. La Comisión teológica preparatoria, presidida por el cardenal Alfredo Ottaviani, elaboró diversos esbozos, entre los que ocupaba un puesto importante el tema de las fuentes de la Revelación. A fines de 1961 ya existía un esquema de Constitución dogmática, que fue corregido, aprobado por el Papa en julio de 1962 y distribuido.

Principales preocupaciones en el proceso de creación Tres motivos caracterizan la creación de la Constitución y el debate en torno a ella: primero, la (re)valoración de la tradición; segundo, la aceptación del método histórico-crítico en la exégesis bíblica; y tercero, la nueva actitud positiva de los cristianos católicos hacia la Biblia.Joseph Ratzinger, Alois Grillmeier, Béda Rigaux: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación. En: Josef Höfer, Karl Rahner (eds.): Lexikon für Theologie und Kirche. 2ª edición, vol. 13, Herder, Friburgo de Brisgovia 1967, pp. 497-583, aquí p. 498 y ss.

La revalorización de la tradición resultó de los dogmas de la Immaculada Concepción de María (1854) y de la Asunción de María al cielo (1950), ambas justificadas por la tradición. En este contexto, se planteó la cuestión del desarrollo del dogma y, por tanto, se habló de un proceso de tradición, no de una tradición materialmente tangible.Joseph Ratzinger, Alois Grillmeier, Béda Rigaux: Constitución dogmática sobre la divina revelación. En: Josef Höfer, Karl Rahner (eds.): Lexikon für Theologie und Kirche. 2ª edición, vol. 13, Herder, Friburgo de Brisgovia 1967, pp. 497-583, aquí p. 498. Además, la interpretación del Concilio de Trento y sus declaraciones sobre el principio luterano Sola-scriptura fue debatida en profundidad durante los años del Concilio. Este debate fue suscitado por las tesis de Josef Rupert Geiselmann, según las cuales el Concilio de Trento no se había pronunciado sobre la completitud de la Escritura. Durante el Modernismo se había producido la condena doctrinal eclesiástica de muchos exegetas que utilizaban el método histórico-crítico. Ahora se consideraba necesario un posicionamiento del Concilio sobre esta cuestión. Aunque la relación entre exégesis crítica y exégesis eclesiástica no se había aclarado claramente, había quedado claro que ya no se podía evitar un método histórico-crítico.Joseph Ratzinger, Alois Grillmeier, Béda Rigaux: Constitución dogmática sobre la divina revelación. En: Josef Höfer, Karl Rahner (eds.): Lexikon für Theologie und Kirche. 2ª edición, vol. 13, Herder, Freiburg im Breisgau 1967, pp. 497-583, aquí p. 499. En este sentido, se confirmaron todos los métodos de investigación que revelan el mensaje original de los profetas y apóstoles.Thomas Söding: Theologie mit Seele, Der Stellenwert der Schriftauslegung nach der Offenbarungskonstituion Dei Verbum. En: Jan-Heiner Tück (ed.): El recuerdo del futuro. El Concilio Vaticano II. Herder, Friburgo de Brisgovia 2012, ISBN 978-3-451-32568-7, pp. 423-448, aquí p. 438. El movimiento bíblico, que, al igual que el movimiento litúrgico y el movimiento ecuménico había caracterizado el período preconciliar, impulsó al Concilio a fomentar el compromiso espiritual de los católicos con la Sagrada Escritura.

El documento en la primera etapa conciliar Iniciado el Concilio propiamente dicho, el tema de las fuentes de la Revelación ocupó el segundo lugar en los debates, a los que precedió una presentación del cardenal Ottaviani y la acostumbrada relación del ponente.

Las discusiones duraron del 14 al 21 de noviembre de 1962. En ellas tomaron parte 104 oradores, y se puso de manifiesto un contraste tan llamativo entre dos tendencias conciliares, que el Consejo de presidencia creyó necesario hacer una votación exploratoria antes de proseguir. La exploración dio por resultado que 1368 Padres conciliares deseaban la interrupción de los debates, 822 su continuación, mientras que 19 votos fueron nulos.

La forma indirecta en que se había hecho la consulta creó una situación difícil, porque los 1368 votos no alcanzaban los dos tercios de votos requeridos (1473) para retirar el esquema. Por otra parte, era evidente que seguir discutiéndolo no llegaría a ningún puerto, puesto que la mayoría era contraria a él. Esto motivó la intervención directa del mismísimo Juan XXIII, quien ordenó la retirada del texto y la formación de una Comisión mixta, presidida en esta oportunidad por los cardenales Ottaviani y Augustin Bea, para que lo reelaborase.

El documento en la segunda y tercera etapa conciliar 150px|thumb|left|El cardenal Augustin Bea colaboró en la dirección de la comisión que reelaboró el documento. El 23 de abril de 1963, Juan XXIII autorizó la distribución del nuevo esquema a los Padres conciliares sobre el cual, como era de esperar, cayeron miles de observaciones durante la segunda etapa conciliar.