Político (en griego Πολιτικός) es el último de un conjunto de cuatro diálogos de Platón. Es precedido por Parménides, Teeteto y el Sofista.

En el texto del Político, asistimos a una discusión entre Sócrates, el matemático Teodoro, otro estudiante llamado también Sócrates (al que se le nombra como "Joven Sócrates"), y un filósofo desconocido que expone las ideas del político. Este filósofo es un extranjero proveniente de Elea al que en distintas versiones se conoce como "el visitante".

El texto en sí es continuación del diálogo del Sofista, que presenta una conversación entre Sócrates, Teeteto y el visitante.

Se lee en la obra Introducción al "Político" que la intención del escrito de Platón es la de explicar que el mando o poder político necesita de un tipo especializado de conocimiento.John M. Cooper y D.S. Hutchinson (edd.): Introduction to Politikos (Introducción al "Político"). El político era quien poseía ese conocimiento para gobernar correcta y justamente, además de representar los mejores intereses de sus ciudadanos. El diálogo muestra que los políticos deben estar gobernados por este conocimiento o gnosis. Este llamado está dirigido contra aquellos que, en opinión del visitante, gobiernan en Grecia en esa época: aquellos que dan la apariencia de poseer ese conocimiento, pero en realidad sólo son sofistas o imitadores.

Por lo que afirma el visitante o extranjero, un sofista es aquel que no conoce la forma correcta de hacer las cosas, pero que aparenta ante los demás que sí. La idea del extranjero de cómo se ha de obtener el conocimiento para gobernar es mediante divisiones sociales. El visitante se esfuerza en especificar dónde y por qué son necesarias tales divisiones para que se pueda gobernar apropiadamente.

Contexto histórico de la obra Según I.M. Crombie, la mayor evidencia de los ideales políticos de Platón puede hallarse en su propia experiencia en Sicilia, según consta en sus cartas. Hacia 387 a.C., año en que Platón visita Siracusa, las regiones meridionales de Italia y Sicilia se encontraban bastante pobladas de habitantes de las colonias griegas, quienes mantenían su propia cultura. Estas civilizaciones se hallaban continuamente amenazadas por indígenas italianos, en Italia y por los cartaginenses de la parte septentrional de África, en Sicilia. Ante la intromisión de los pueblos no griegos, quienes comandaban la resistencia eran los habitantes de la ciudad de Siracusa, la más importante de la Sicilia griega. Cuando Platón arriba por vez primera a Siracusa, esta se encontraba gobernada por un comandante en jefe anualmente reelegido, Dionisio I, quien al morir en 368, fue sucedido por su hijo Dionisio II. Para mantener y reforzar su poder, Dionisio el joven se vio en necesidad de luchar contra la presión de los cartagineses sobre Sicilia, contra las tendencias autosuficientes de las otras ciudades griegas y contra el partido democrático de Siracusa. Platón no permaneció por mucho tiempo en Siracusa durante su primera visita y se cree que no tuvo mucha influencia sobre Dionisio I. En 387, cuando Dionisio II accede al poder, Dión, yerno de Dionisio I, convenció al nuevo gobernante de enviar por Platón esperanzado de convertir al tirano, como él mismo se había sido convertido a las doctrinas platónicas, veinte años antes.

De vuelta en Siracusa y durante los primeros cuatro meses, Platón y Dión aconsejaban al nuevo gobernante respecto a su estilo de vida para que lograra tener hombres de confianza y así colocarlos a cargo de las ciudades reconquistadas por Dionisio I (muchas devastadas por los cartagineses) con el objeto de integrarlas, finalmente, a su imperio. Según Crombie, afirma Platón que todo esto fue comunicado a Dionisio I de una manera sutil y diplomática, pero ante la alarma encendida entre algunos cortesanos, Dión fue enviado al exilio cuatro meses después.Ibid., p. 171

Luego de un tiempo Platón regresó a su patria y en 362 Dionisio II mandó por él, pero el filósofo se negó a regresar, decisión que se modificó gracias a la presión de Arquitas de Tarento y Dión, ya que las relaciones con Tarento eran de gran importancia para la civilización griega de occidente y debido a que Dionisio II prometió resolver la problemática con Dion sólo si Platón volvía. Cuando Platón regresa a Siracusa, Dionisio II se negó a que Dión recibiese la renta de sus propiedades y esta fue la causa de una ruptura con Platón. Sin embargo, Dionisio el joven no dejó que este se fuera. En Siracusa había conflictos entre los mercenarios de Dionisio II, situación aprovechada por el tirano para atacar a los jefes de la resistencia anti-tiránica, puntualmente a Heráclides, por quien Platón intercedió. Tiempo después, el filósofo supo que los mercenarios intentaban asesinarle y con la ayuda de Arquitas de Tarento logró abandonar Siracusa. En 357, Dión reunió una tropa que le arrebató Siracusa a Dionisio II. A partir de este suceso, Dión intentó gobernar Siracusa y administrar los negocios griegos en Sicilia. Dión se proponía establecer un gobierno constitucional pero autoritario. Sin embargo, se oponía, al igual que Dionisio II, al partido democrático encabezado por Heráclides. Frente a esta situación, Dión mandó a matar al líder de los democráticos y a los partidarios del joven gobernante les disgustó esta situación; debido a esto Dión fue asesinado en 353 por Calipo, un ateniense de su propio círculo de amigos.Ibid., p. 172

Según A. H. Armstrong, el desenlace de la muerte de Dión fue producto de una serie de conspiraciones y contra conspiraciones de las que formaron parte algunos miembros de la Academia; sin embargo, dentro de esta se mantenía viva la llama de querer establecer un “Estado perfecto” gobernado por filósofos, más allá de que llegada la última etapa de su vida Platón se haya convencido de que en un mundo imperfecto lo mejor que puede esperar un filósofo es la institución de un gobierno de las buenas leyes.

En 352 el hermanastro de Dionisio II, Hiparino reconquistó la ciudad y se mantuvo en el poder durante dos años. A través de una carta a los partidarios de Dión se da la última intervención de Platón en los asuntos políticos de Siracusa. En ella, propone un gobierno constitucional presidido por Hiparino, Dionisio y el hijo de Dión como monarcas aliados, quienes debían nombrar una asamblea constituyente, establecer una magistratura, un Senado y un gobierno sin violencia.Crombie, I. M. op. cit., p. 173

Según Crombie, fue en Siracusa y no en Atenas donde Platón intentó poner en práctica sus ideales acerca de un filósofo gobernante. Atenas era una democracia todavía autosuficiente; Siracusa, en cambio, era una tiranía por lo que Platón consideró que era mejor intervenir políticamente solo cuando la comunidad estuviera preparada para aceptar modificaciones fundamentales, impuestas por un tirano o puestas a pruebas en una colonia recientemente fundada. Platón estaba convencido de que las demandas de un mejor nivel de vida son las responsables de los conflictos y que el filósofo puede intervenir o ser de utilidad cuando es posible imponer una escala de valores a una comunidad. De aquí el interés de Platón por los tiranos, capaces de imponer una escala de valores necesaria, no estando de acuerdo el filósofo, sin embargo, con una tiranía en el sentido más común de la palabra.ibid.

Fecha de composición y cronología relativa William Guthrie afirma en su obra Historia de la filosofía griega, que no quedan dudas respecto a la posición relativa que ocupa el político entre el resto de los diálogos platónicos, como una continuación del Sofista. Respecto a la fecha de composición, Guthrie afirma que, en el mejor de los casos, no es del todo seguro datar la composición del Político con relación a las andanzas de Platón en Sicilia, pero ubicarlo entre 367 y 362 es, probablemente, lo más certero.

Una opinión distinta presenta el filósofo Cornelius Castoriadis en su libro Sobre el Político de Platón. Afirmando también que casi todos los autores optan por situarlo entre 367 y 360, Castoriadis prefiere una fecha más tardía, ya que la datación utilizada por la mayoría de los estudiosos de la obra platónica es una que está fuertemente ligada a los viajes de Platón a Sicilia. Castoriadis pone en duda la tradición de las Cartas, en especial la séptima, llegando a negar los dos últimos viajes de Platón a Sicilia bajo los siguientes argumentos: que Diodoro de Sicilia y Aristóteles no dicen palabra alguna respecto a estos viajes, siendo que en 367 y 362 este último estaba en la Academia y que habla de Dión en La Política. Otro argumento utilizado por Castoriadis es que realizar el tercer viaje significaría una cierta incapacidad por parte de Platón para juzgar a las personas por haber creído nuevamente en las promesas de Dionisio, incapacidad que, en su opinón, es dificultoso atribuirle al autor de La República. Castoriadis afirma que estas cartas fueron falsificadas tempranamente en la Academia para, por un lado, justificar a un Platón que insiste constantemente en llevar a cabo sus ideas y, por el otro, redimir el comportamiento de dos alumnos de la Academia: Dión, casi tirano, y Calipo, su asesino.

Sin embargo, afirma Castoriadis, es la belleza y profunididad de la Carta séptima lo que se opone a la tesis de su falsedad, en conjunto con el contenido mismo de la carta, donde se describe el saber último, descripción que se corresponde adecuadamente con lo que se expone el El Banquete, Fedro, y La República acerca de la relación del alma con el saber. Esto último, declara Castoriadis, hace pensar que si esta carta no es del todo auténtica, no lo es en lo que se refiere al tercer viaje, pero sí respecto a la relación del conocimiento con su objeto.

Situación dramática En este diálogo los personajes son los mismos que los del Sofista: Sócrates, de muy poca participación, ya en su último año de vida (399 a. C.); el Extranjero de Elea que, al igual que en el Sofista, es el encargado de dirigir el rumbo de la conversación; el matemático Teodoro de Cirene; Teeteto, que permanece en silencio; y por último, el Joven Sócrates, que en este diálogo es el encargado de contestar a los razonamientos del Extranjero de Elea. Ambos diálogos ocurren el mismo día y por eso tanto uno como otro siguen cronológicamente a otro diálogo platónico que tiene lugar el día anterior: el Teeteto. El objetivo de los mismos ya es anunciado este día y los personajes acuerdan reunirse al día siguiente para tratar la definición del sofista e inmediatamente luego de eso la del político.

Contenido

Prólogo: Relación con el Sofista y objeto del diálogo (257a - 258b) Una vez finalizado el debate acerca del Sofista, Sócrates expresa gratitud a Teodoro por haberle presentado a Teeteto y el visitante eleata, interlocutores del diálogo anterior al Político. Acto seguido, Teodoro anuncia la elaboración de la figura del político y del filósofo. Luego de esto se produce el reemplazo del joven Sócrates por Teeteto para interactuar con el eleata.

Primera definición del político (258b-268d)