Rodrigo Caro (Utrera, octubre de 1573-Sevilla, 10 de agosto de 1647) fue un poeta, historiador, abogado y sacerdote católico del Siglo de Oro español.
En el Marcelino Menéndez Pelayo escribió sobre su vida y obra y señaló "sus merecimientos de arqueólogo y epigrafista, de topógrafo, de historiador civil y eclesiástico, de mitólogo, de bibliófilo, de filólogo clásico, de poeta latino y castellano y de excelente prosista en su propia lengua".
Biografía miniatura|derecha|Monumento a Rodrigo Caro en Utrera. Su padre fue Bernabé Sánchez de Salamanca y su madre Francisca Caro.
Rodrigo fue bautizado el 4 de octubre de 1573 en la Iglesia de Santiago de Utrera. Sin embargo, la mayoría de la familia Caro era de Carmona.
En 1590 comenzó a estudiar Cánones en la Universidad de Osuna. Tras la muerte de su padre, hacia 1594, residió en la casa de su tío abuelo, el sacerdote Juan Díaz Caro, en Sevilla, donde continuó sus estudios. En 1595 visitó por primera vez las ruinas de Itálica. Se licenció en 1596. Durante esta etapa en Sevilla escribió una elegía a su condiscípulo Juan de Robles y tuvo la oportunidad de conocer a los escritores Benito Arias Montano, Francisco Pacheco y Fernando de Herrera.
En 1598 ya había sido ordenado sacerdote y residía en Utrera con su familia. En 1602 obtuvo un beneficio eclesiástico en la Iglesia de Santa María de la Mesa de este municipio. Ejerció de abogado y dedicó su tiempo libre a escribir y a coleccionar antigüedades.
En 1604 terminó su obra Memorial de Utrera, que reelaboró en 1608. En 1604 y en 1608 incluyó en su memorial las dos primeras versiones de su Canción a las ruinas de Itálica. También incluye poemas en latín sobre un milagro en el Santuario de la Virgen de la Consolación, sobre las mártires Úrsula y Eufrósine y sobre dos soldados muertos en la Guerra de Granada.
Existen un total de cinco versiones de su Canción a las ruinas de Itálica, escritas aproximadamente entre 1595 y 1628.
En 1610 participó con una canción en las justas poéticas que tuvieron lugar en Sevilla con motivo de la beatificación de Ignacio de Loyola, coincidiendo en el evento con Luis de Góngora. Esta canción de Caro fue publicada en la Relacion de la fiesta que se hizo en Sevilla a la beatificación del glorioso S. Ignacio fundador de la Compañía de Iesus (1610), realizada por Francisco Luque Fajardo.
En 1611 se publicó un Poema castellano de la historia de Nuestra Señora de Aguas Santas de Alonso Díaz con una esparsa laudatoria a este autor de Rodrigo Caro y un prólogo de su pariente Fernando Caro.
De esta época es también el soneto que dedicó al pintor y poeta Francisco Tamayo en la obra de este titulada Milagros y excelencias de la sacratissima Virgen Maria Nª Sª de Consolación de Utrera.
En 1614 fue abogado del concejo municipal de Utrera.
Hacia 1615 escribió su Romance al Sacramento y su Canción de amor a Cristo.
Desde 1615 fue patrono de una capellanía en la Iglesia de San Miguel de Sevilla, fundada por su tío Francisco Caro y por fray Baltasar de Mesa, pero renunció a ella en 1622 para dejársela a su hermano, el también sacerdote Bernabé.
En 1618 compuso una tercera versión de su canción a Itálica, la más conocida, y un pequeño tratado sobre el apellido Caro. Este mismo año escribió una Silva a la villa de Carmona.
En 1619 fue censor de libros.
En 1620 fue nombrado por el arzobispo Pedro de Castro y Quiñones visitador general del arzobispado. El escritor Santiago Montoto de Sedas estudió las visitas realizadas por Rodrigo Caro entre 1622 y 1624, habiendo estado en Lepe, Cartaya, Moguer, Niebla, Osuna, Cañete la Real, Arcos de la Frontera, Lebrija, Las Cabezas de San Juan, Trebujena, Sanlúcar de Barrameda, Chipiona y Rota.
En un convento de monjas de Lebrija se encontró una tablilla de bronce que parecía representar a Cupido. Esta tablilla fue regalada a Rodrigo Caro, probablemente cuando visitó el municipio en 1623. Caro también tuvo conocimiento de una Venus de bronce encontrada en Utrera que había ido a parar a una casa de Sanlúcar de Barrameda. Rodrigo Caro escribió su poema Cupido pendulus, una composición de 168 versos dedicada a su amigo Sancho Hurtado de la Puente. El autor mezcla sus conocimientos de mitología, historia y arqueología. Habla de Cupido yendo a Cádiz para cumplir un voto que había hecho a Hércules y, por otro lado, Vulcano retiene a Venus por la aventura amorosa de esta con Marte.
En 1621 el arzobispo Pedro de Castro le nombró letrado de cámara. En 1622 publicó su obra Santuario de Nuestra Señora de Consolación. Antigüedad de la villa de Utrera dirigido a la Inmaculada y Purísima Concepción de la Virgen Nuestra Señora.
En 1624 conoció en Sevilla al escritor Francisco de Quevedo. En 1626 Caro le escribió una carta a Quevedo acerca de una riada del Guadalquivir.
El 6 de agosto de 1626 le dedicó su obra Días geniales o lúdricos a Fernando Afán de Ribera y Téllez-Girón, III duque de Alcalá de los Gazules y V marqués de Tarifa. En esta obra se describen 65 juegos corporales que se practicaban en la sociedad española del . También trata de la tauromaquia y sus orígenes. Fue publicada en 1884 en Sevilla por la Sociedad de Bibliófilos Andaluces. En 1978 Jean Pierre-Etienvre realizó una nueva edición, en dos volúmenes, basándose en las copias antiguas con un estudio preliminar y notas, que fue publicada en Madrid por Espasa-Caple.
En una carta a su amigo Sancho Hurtado del Puente, escrita en Utrera en junio de 1627, le habla de su traslado a vivir a Sevilla y de cómo mandó en un carro a esta ciudad sus antigüedades. Se instaló en una finca sevillana llamada La Maya. Para el historiador José Beltrán Fortes, la Sevilla del acusaba de cierta decadencia económica y social, habiendo perdido el auge cultural del siglo anterior. El periodo en que vivió el erudito Rodrigo Caro es la transición entre el Manierismo y el Barroco.
En la colección arqueológica de Rodrigo Caro había esculturas marmóreas, bronces, inscripciones, cerámica, monedas, restos arquitectónicos, etc. Caro realizó aportaciones sobre epigrafía, sobre todo en relación con la historia local. En la Real Academia de la Historia de Madrid se conserva un manuscrito de Rodrigo Caro sin fechar titulado Inscripciones antiguas del Arzobispado de Sevilla vistas en los annos de 1621-1625.
En Sevilla asistía, junto con el pintor Francisco Pacheco y el poeta Juan de Arguijo, a la tertulia del III duque de Alcalá de los Gazules en el palacio conocido como Casa de Pilatos. También asistía a las tertulias que tenían lugar en el taller del pintor Francisco Pacheco.
A finales del el jesuita Jerónimo Román de la Higuera redactó falsos cronicones atribuyéndolos a Flavio Lucio Dextro, Marcos Máximo, Braulio de Zaragoza y Heleca. Rodrigo Caro tuvo conocimiento de esto en 1618 y creyó en su autenticidad. Con base en este cronicón escribió el poema Baetis urbs siue Utricula, publicado en 1620 tras la Relación de inscripciones y Antigüedad de la villa de Utrera.
El 11 de noviembre de 1619 el cabildo municipal de Utrera acordó solicitar el rezo a los supuestos mártires utreranos descritos en las falsas crónicas: Estratón, Rufino, Rufiniano, Severo y Artemidoro. El 19 de noviembre el vicario y el clero de Utrera acordaron lo mismo y nombraron valedor de la causa a Rodrigo Caro. El 22 de junio de 1620 el rezo a estos santos mártires fue aprobado gracias a un memorial de Rodrigo Caro.
En Utrera se hicieron numerosos gestos en honor de los supuestos mártires utreranos. Se nombró a una calle Mártires y se creó una Hermandad de los Mártires. En la Iglesia de Santa María de la Mesa se colocaron imágenes de Estratón y Artemidoro y en la Capilla de los Mártires de la Iglesia de Santiago se colocó un cuadro de Estratón. También se colocaron imágenes de los martirios en el retablo mayor de la iglesia de los jesuitas. Por otro lado, hubo muchos niños bautizados con los nombres de estos, como Estratón o Rufino.
Rodrigo Caro atribuyó los errores y disparates de las falsas crónicas a adiciones espurias posteriores y preparó una edición anotada en latín. La portada tiene la fecha de 1627 pero fue impresa en 1626. El libro se tituló Flavii Luci Dextri V. C. Omnimodae Historiae, quae extant Fragmenta, cum Chronico M. Maximi, et Helecae, ac S. Braulionis Caesaraugustanorum Episcoporum, Notis Rudeciri Cari Baetici illustrata. En 1627 el monje cisterciense Francisco Bivar editó otra versión del falso cronicón en Lyon que fue reeditada en 1640, 1651 y 1846.
En julio de 1627 escribió un Romance al Ldo. Juan de Robles en la posesión del beneficio de La Membrilla.
Por estos años compuso la quinta y definitiva versión de su Canción a las ruinas de Itálica, que comienza: “Estas, Fabio ¡ai dolor!, que ves aora / ruínas que esparzió rústico arado, / fueron un tiempo Itálica famosa/ Itálica, colonia vencedora...”, que sin embargo es menos conocida que la tercera.
Entre las obras que menos se conocen de Rodrigo Caro se encuentra el tratado latino Veterum Hispaniae deorum Manes sive reliquiae, redactado a partir de 1628 y ampliado durante los años siguientes.Pascual Barea, Joaquín (2002). Veterum Hispaniae deorum Manes sive reliquiae: noticias del tratado de Rodrigo Caro sobre la religión antigua en Hispania. En esta obra intentó reconstruir las creencias religiosas de la Hispania antigua mediante el análisis conjunto de fuentes literarias, inscripciones, monedas, esculturas y otros restos arqueológicos.Pascual Barea (2002). El tratado concede un papel destacado a las evidencias materiales en el estudio de la religión antigua, además de utilizar testimonios literarios y epigráficos.Fernández, Gonzalo (1993). Los comienzos de la epigrafía en la Península Ibérica. Rodrigo Caro examinó divinidades indígenas hispanas, cultos orientales introducidos en la península ibérica y divinidades grecorromanas documentadas por la arqueología y la epigrafía.Pascual Barea (2002). Asimismo, analizó la posible pervivencia de elementos religiosos antiguos en fiestas populares, bailes, tradiciones locales, topónimos y vocablos conservados en las lenguas peninsulares.Pascual Barea, Joaquín (2024). Pervivencia del dios Endovélico en la epigrafía, la toponimia y el léxico según Rodrigo Caro. Diversos estudios han señalado que este tratado constituye una de las aportaciones más tempranas al estudio histórico de la religión antigua en España por su empleo conjunto de evidencias arqueológicas, epigráficas y literarias.Pascual Barea (2002); Béhar, Roland; Bernard, Gwladys (2019). Authentiques, faux et pastiches dans l'œuvre érudite et poétique de Rodrigo Caro (1573–1647). Aunque varias de sus interpretaciones han sido revisadas por la investigación posterior, la historiografía ha destacado el carácter innovador de su metodología dentro del humanismo erudito del siglo XVII.Pascual Barea (2002); Fernández (1993). El tratado permaneció inédito durante la vida de Rodrigo Caro. El manuscrito se conserva en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, donde ha podido ser estudiado por investigadores contemporáneos, que han subrayado su interés para la historia de la arqueología española y para el desarrollo de los estudios sobre la religión de la Hispania antigua.Pascual Barea (2002); Pascual Barea (2011). En 1628 terminó un manuscrito sobre los dioses antiguos de Hispania, titulado Veterum Hispaniae Deorum Manes sive Reliquiae, que dedicó en 1629 al III marqués de Estepa. == Rodrigo Caro y el estudio de la religión antigua de Hispania ==
En 1628 Rodrigo Caro y Juan de Salinas fueron nombrados por el arzobispo Diego de Guzmán y Haro visitadores de conventos de monjas de Sevilla. Ese mismo año, el arzobispo nombró a Rodrigo vicario general, así como juez de la Iglesia y letrado de fábricas. En 1631 consta que era censor de libros y en 1632 consultor de la Inquisición.