La Guardia Nacional de Francia, (en francés: Garde nationale) creada en su forma actual en 2016 a raíz de los atentados de París de noviembre de 2015 y del atentado contra la revista Charlie Hebdo de enero de 2015, es un dispositivo compuesto de reservistas de los ejércitos, de la Gendarmería Nacional y de la Policía Nacional francesa. Depende del Ministerio de Defensa y del Ministerio del Interior.
Tiene su origen en la milicia ciudadana creada en París el 13 de julio de 1789, al inicio de la Revolución francesa, cuyo modelo fue extendido a todo el territorio francés. La Guardia Nacional existió sin interrupción de 1789 a 1871, y fue disuelta definitivamente a consecuencia de su protagonismo revolucionario durante la Comuna de París.
Creación thumb|right|Guardia nacional de 1791.Bajo el Antiguo Régimen, en distintas localidades urbanas de Francia existía una Milicia Burguesa, o Guardia Burguesa, cuya misión era proteger las personas y sus bienes. La Milicia Burguesa no era un cuerpo permanente y sus miembros eran designados y renovados periódicamente. Se convocaban en ocasiones excepcionales de desorden público, y servían también para la defensa de las ciudades y pueblos, y para reforzar los efectivos del ejército en tiempos de guerra.
En 1789 la población parisina, al igual que en el resto del país, sufre una grave hambruna desde el año anterior debido a las malas cosechas y a la subida del precio de los cereales. El 13 de julio de 1789, los parisinos hambrientos empiezan a saquear tiendas y almacenes y atacan los puestos aduaneros que controlaban la entrada de las mercancías en la ciudad (barrières d'octroi). Desde la primavera de 1789, se habían multiplicado las revueltas de subsistencia en todo el país, y se temía que los saqueos derivaran en un levantamiento popular.
El 13 de julio de 1789, el ayuntamiento de París decidió entonces crear una guardia parisina popular para controlar la revuelta. Muchos voluntarios procedentes de los medios burgueses y artesanales se presentaron espontáneamente, pero las autoridades no disponían aún de armamento para dotar a los guardias y garantizar su eficacia. Esta nueva guardia jugó un papel importante al día siguiente, fecha de la toma de la Bastilla. El 15 de julio, el rey Luis XVI nombró al marqués de Lafayette comandante jefe de la guardia parisina. El gran miedo que se apoderó del campo y de muchas ciudades francesas en los días siguientes condujo a la creación de milicias populares en todo el país según el modelo de la nueva guardia parisina.
Organización interna
La creación y la organización de la Guardia Nacional fueron el resultado de un largo debate en la Asamblea Constituyente. El 27 de julio de 1789, el comité propuso que las fuerzas de orden público siguieran dependiendo formalmente del rey Luis XVI. Pero muchos diputados consideraban peligroso que el rey mantuviera una posición de fuerza sin que la asamblea lo controlara. También se consideraba necesario establecer unas estrictas normas de funcionamiento para impedir que las fuerzas de orden del Estado siguieran oprimiendo al pueblo y que el ejército interviniera en la resolución de los conflictos internos del país. Finalmente, la Asamblea adoptó el 24 de agosto de 1789 un texto inspirado por el arzobispo de Burdeos, Jérôme Champion de Cicé.
thumb|left|Lafayette, primer jefe de la Guardia Nacional. Grabado anónimo del .La constitución de la Guardia Nacional fue introducida en el artículo 12 de la Constitución Francesa el 5 de septiembre, con la siguiente declaración: "La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita una fuerza de orden pública; esta fuerza es por lo tanto instituida para ventaja de todos y no para el beneficio particular de aquellos a los que es confiada." Esta declaración no contemplaba ninguna organización de la Guardia Nacional, en una época en la que los municipios de toda Francia ya habían constituido milicias que no estaban sometidas a regulación alguna. El 7 de enero de 1790, los diputados decidieron que los guardias nacionales debían jurar fidelidad a la Constitución, lo que confirmaba su papel de guardianes de la Constitución. Al mes siguiente se impuso el mismo juramento a los soldados y oficiales del ejército, que quedaban encargados exclusivamente de la defensa del Estado contra los enemigos exteriores. En estas condiciones, el rey se mantenía como jefe supremo del ejército, mientras que las guardias nacionales de toda Francia solo podían ser requeridas por los poderes municipales y administrativos, escapando así al mando directo del rey.
De 1789 a 1791, no existe ninguna ley que regule las Guardias Nacionales. El 24 de junio de 1791, un decreto permitió a los generales del ejército disponer puntualmente de la ayuda de los guardias nacionales de los pueblos y ciudades, lo que en un principio contravenía la definición de las guardias nacionales, cuyo empleo se circunscribía exclusivamente al ámbito del municipio del que dependían. La Guardia Nacional se convirtió a partir de ese momento en una especie de ejército paralelo.
Ley del 14 de octubre de 1791 El 29 de septiembre de 1791, la Asamblea votó la ley sobre la Guardia Nacional, y el Rey la aprobó el 14 de octubre de 1791. Se estructuraba en 5 secciones:
1. Composición de las listas de ciudadanos Solo los ciudadanos activos -los que podían votar y que eran residentes permanentes de más de un año- podían servir en la Guardia Nacional (I.1). Sus hijos tenían que estar inscritos en los registros a partir de los 18 años (I.5). Los ciudadanos pasivos que habían pertenecido a la Guardia Nacional sin interrupción desde 1789, y cuyo comportamiento era considerado "bien intencionado", podían también inscribirse (I.3). El servicio era un privilegio, pero representaba una obligación sin contrapartida financiera. Un ciudadano no inscrito en los registros perdía el ejercicio de sus derechos como ciudadano (I.2). Faltar al servicio se castigaba con el pago de una tasa equivalente a dos jornadas de trabajo (I.15). Los que no se presentaban al servicio tres veces en un año eran suspendidos del servicio, del derecho a votar y a ser elegido durante un año (I.15).
2. Organización de los ciudadanos para el servicio de la Guardia Nacional En las ciudades, la Guardia Nacional se organizaba por distritos o por secciones electorales (I. 2). En el campo, se constituía sobre la base del cantón o del distrito, y no por municipios (II. 1). Cada cantón, sección o distrito aportaba efectivos equivalentes a uno o varios batallones de cuatro compañías cada uno (II. 3-4). En los distritos, los batallones se reunían en una legión o en una reunión de legiones, según el número de habitantes (II. 10-11), siendo la compañía el elemento base. Estas se componían en las ciudades de los habitantes de un mismo barrio, y en el campo de los habitantes de las comunidades más próximas (II. 13).
A partir del 14 de julio de 1792, el uniforme azul, blanco y rojo fue adoptado en todo el territorio nacional (II. 25-26). Cada año, los ciudadanos activos inscritos en las compañías se reunían sin uniforme el segundo domingo de mayo, en la cabeza de partido de cantón (chef-lieu de cantón) para elegir a su capitán, así como a los oficiales y suboficiales hasta el rango de caporal. Una vez elegidos, estos elegían por mayoría absoluta al comandante jefe del batallón y a sus adjuntos (II. 19). Los oficiales de las compañías se reunían entonces en la cabeza de partido de distrito para elegir al estado mayor de las legiones (II. 20). Todos estos jefes eran elegidos solo por un año (II. 23). Las insignias de cada rango eran las mismas que para la tropa (infantería) de línea (II. 24). Las banderas llevaban los colores de Francia (azul, blanco y rojo) y el lema "El pueblo francés, la libertad o la muerte" (II. 27).
3. Funciones de los ciudadanos sirviendo en calidad de Guardia Nacional La función de los guardias nacionales era la de mantener el orden y de garantizar la obediencia a las leyes (III. 1). Podían disolver "cualquier revuelta popular y agrupamiento sedicioso", arrestar y entregar a la justicia "los culpables de excesos y de violencias", y emplear "la fuerza de las armas" en el marco de la ley marcial o de la ley sobre "la acción de la fuerza pública" (III. 10). Las demás cláusulas limitaban estrictamente el papel de los guardias nacionales, demostrando así la desconfianza de los diputados constituyentes hacia los ciudadanos armados.
thumb|right|Antiguos monjes entrenándose en la Guardia Nacional. Caricatura anónima de 1790.Con excepción de las patrullas, del servicio ordinario cotidiano y de los ejercicios de entrenamiento, los jefes de la Guardia Nacional no podían tomar ninguna iniciativa (III. 6). Solo intervenían cuando sus servicios eran requeridos oficialmente, y solo se podía pedir su intervención cuando los efectivos disponibles de gendarmes, guardias a sueldo e infantería de línea eran insuficientes (III.3). Los comandantes tenían que ejecutar las órdenes de intervención sin discusión, pero podían solicitar que se les entregara por escrito (III. 2). Sin petición legal, los oficiales no podían reunir a sus tropas, y sin órdenes de sus superiores, los ciudadanos no podían tomar las armas (III. 5). Se les prohibía asistir con armas a cualquier reunión electoral o política (III. 17). Cada año, el día 14 de julio, se reunían en la cabeza de partido de distrito para prestar juramento de fidelidad (III. 20).
Cualquier organización federativa era considerada como un atentado contra "la unidad del reino y la federación constitucional de todos los franceses" (III. 21). El artículo 12 estipulaba que en caso de invasión del territorio nacional por tropas extranjeras, el Rey requeriría el número de guardias nacionales que le pareciera necesario. En caso de acción militar realizada por guardias nacionales, su comandante tenía que ser siempre un gendarme o un oficial de infantería de línea (III. 11). 4. Orden del servicio y disciplina La sección cuarta definía el orden y el rango de las compañías llamadas a servir, los cuales eran fijados anualmente por sorteo. Se pedía a los oficiales elegidos que se comportaran como "ciudadanos que mandan a ciudadanos" (IV. 1). No se podía recurrir a la fuerza contra los recalcitrantes que se negaban a cumplir con sus obligaciones. La desobediencia, el abandono del puesto, la falta de respeto y la rebeldía se castigaban con arresto menor o encarcelamiento de una duración máxima de 8 días, sin distinción de rango (IV. 6-13). Era posible eludir la pena, pero esto conllevaba la pérdida de los derechos como ciudadano y el pago de una tasa de sustitución (IV. 14).
La ley del 14 de octubre de 1791 no preveía ninguna organización central encargada de coordinar, controlar y dirigir a estos ciudadanos armados. El rey solo intervenía por medio de su Ministro de Interior, y correspondía a las administraciones de los departamentos y distritos velar por el cumplimiento de la ley y denunciar las infracciones a la Asamblea Legislativa.
Como los diputados constituyentes desconfiaban de la Guardia Nacional, los ciudadanos armados se veían relegados a tareas de segundo orden y estaban sometidos a un control muy estricto. El servicio era una carga muy pesada para los menos adinerados que necesitaban disponer de su tiempo para trabajar. Esta desigualdad se veía agravada por el hecho de que los oficiales municipales y los magistrados estaban exentos del servicio mediante el pago de una pequeña tasa. La ley sobre la Guardia Nacional quería canalizar una fuerza potencialmente revolucionaria y evitar así cualquier desbordamiento.
La Guardia Nacional durante la Revolución francesa
Monarquía Constitucional (1789-1792)