Benimerines, mariníes, meriníes o merínidas (1244-1465) es el nombre castellanizado que reciben los Banu Marin, miembros de un imperio de origen bereber zenata cuyo núcleo fundamental estaba en el norte del actual Marruecos. Durante los siglos y , los Benimerines también controlarían, brevemente, algunas partes de Andalucía y de la zona este del Magreb. Surgieron tras la caída del Imperio almohade y fueron reemplazados por la dinastía wattásida.Les civilisations de l'Afrique du nord (en francés) Fueron fundadores del barrio Jdid en Fez, que convirtieron en su capital y donde también construyeron muchos monumentos.'
Origen y primera expansión Los marínidas fueron una tribu nómada del este del Magreb (Ifrikiya,V. Piquet, Les civilisations de l'Afrique du nord: Berbères-Arabes Turcs, Ed. Colin, 1909 ZibánA. Khaneboubi, Les premiers sultans mérinides, 1269-1331: Histoire politique et sociale, Ed. L'Harmattan, 1987, ISBN 2296385532, 9782296385535) que, partió del Aurés a principios del siglo y se fue desplazando por el altiplano del Oranesado hasta la cuenca del río Muluya en el sudeste marroquí. En el 1213 se hallaban en la comarca de Guercif, desde la que prosiguieron su marcha hacia el oeste, fundamentalmente en busca de mejores pastos, pues eran pastores nómadas. Pertenecían a la numerosa confederación bereber cenete. Acuciados por el hambre, tras la derrota de Las Navas de Tolosa que debilitó a las autoridades almohades, comenzaron a cruzar el río Muluya y a extenderse hacia el noroeste. En el 1216 infligieron una grave derrota al gobernador almohade de Fez y en el 1217 vencieron también al de Taza. Pese a su escaso número, consiguieron extenderse por las zonas rurales y empezar a cobrar tributo a algunas ciudades, como Fez, Mequinez y Rabat. Los almohades fueron incapaces de vencerlos.
Victoria y eliminación de los almohades En el 1245, conquistaron Mequinez; en el 1248, Taza y Fez; en el 1251, Rabat y Salé; en el 1257, Siyilmasa —que luego perdieron—; en el 1269, Marrakech; en el 1271, la región del río Draa; y por fin, en el 1274, Tánger, Ceuta y recuperaron Siyilmasa. A mediados del siglo , sin embargo, lo principal del territorio benimerín se hallaba ya en poder de la confederación tribal que se fue transformando progresivamente en un Estado sedentario y dinástico, interesado en expandirse tanto por el resto del Magreb como por la península ibérica para dominar las rutas comerciales de la región. La capital del nuevo Estado se fijó en Fez.
En el 1243 o el 1245, en tiempos de Abu Yahya ibn Abd al-Haqq, los benimerines reconocieron la autoridad de los sultanes hafsíes.
Expulsados de su base sureña, los benimerines se movieron al norte guiados por Abu Yahya ibn Abd al-Haqq y tomaron Fez en 1244, convirtiéndola en su capital. Una vez instalados en Fez, declararon la guerra a los debilitados almohades con la ayuda de mercenarios cristianos. En 1269 Abu Yúsuf Yaaqub ibn Abd al-Haqq (1259-1286) capturó Marrakech y se hizo con el control de gran parte del Magreb hacia el final de 1268, incluyendo el actual norte de Marruecos, el norte de Argelia y Túnez. thumb|left|Interior de la madrasa Bou Inania en Mequinez.
Sultanes benimeríes Abu Yúsuf (r. 1269-1286): campañas en la península ibérica La primera expedición benimerín a la península ibérica se llevó a cabo en el 1275. El sultán Abú Yúsuf partió de Fez el 30 de marzo a Tánger; encomendó la expedición a uno de sus hijos y se aseguró de que el señor de Ceuta aportase los navíos necesarios para cruzar el estrecho. El 13 de mayo, las primeras fuerzas benimerines desembarcaron en Tarifa. A mediados de agosto les siguió el propio sultán, con más tropas. Este se reunió a continuación con Muhammad II de Granada y los arraeces de Málaga y Guadix, enemistados con el señor de Granada, para tratar de coordinar sus fuerzas. El ejército benimerín comenzó la incursión en territorio castellano el 22 de agosto. Fundamentalmente, fue una cabalgada en la que devastaron las tierras de Córdoba, Úbeda y Baeza. Tras correr estas comarcas, se volvieron hacia Écija, donde vencieron a las huestes de Nuño González de Lara, adelantado de la frontera el 7 de septiembre; este, que había tratado de eludir el combate, pereció en el choque. Los vencedores, no obstante, no lograron tomar Écija y volvieron a Algeciras a mediados de septiembre. A finales de octubre, el ejército benimerín partió de nuevo, hacia las tierras sevillanas y luego a tratar en vano de tomar Jerez. El 18 de noviembre estaba de vuelta en Algeciras, cargado de botín. El sultán volvió al Magreb el 19 de enero del 1276, tras firmar probablemente una tregua de dos años con los castellanos.
Abú Yúsuf hubo de sofocar ciertas rebeliones durante la primera mitad del 1276, que no le permitieron retornar a la península ibérica hasta el año siguiente. Los preparativos se demoraron tanto, que la expedición se retrasó hasta junio del 1277.
Abu Yaqub (r. 1286-1307) Abu Yúsuf falleció en 1286 y le sucedió en el trono su hijo Abu Yaqub, que hubo de aplastar una rebelión en su contra de algunos grupos y descendientes de un antiguo sultán. Las rebeliones en su contra fueron constantes desde el primer momento, y fueron atizadas y aprovechadas por el vecino oriental del sultanato: los abdalwadíes. Su advenimiento supuso un cambio de prioridades en la expansión del sultanato: la península ibérica cedió la primacía al este magrebí, cuya conquista debía permitir a los benimerines acceder a las rutas comerciales de la región. El comercio regional estaba dejando la zona marroquí para centrarse en territorios más orientales, de que los benimerines deseaban apoderarse por motivos económicos. Cesaron las incursiones allende el estrecho de Gibraltar que habían marcado el reinado anterior; Abu Yaqub únicamente intervino en la península en una ocasión, y como reacción a una ofensiva castellana. El único objetivo que afectaba a la península era el control del estrecho, considerado necesario para proteger el sultanato y su expansión en el Magreb. Este menor interés por los asuntos peninsulares permitió que los benimerines renovaran la tregua con los castellanos en 1286 y mantuviesen buenas relaciones con los Estados peninsulares en general. Las constantes rebeliones internas y la falta de fuerzas impedían abordar un programa ofensivo en la península.
El rearme castellano llevó, empero, a la reanudación de las hostilidades entre Castilla y el sultanato en 1291. Los castellanos impidieron un primer intento de intervención benimerín en la península al batir a la flota enemiga el 6 de agosto de ese año, batalla en la que contaron con la colaboración de los granadinos. Cercaron Tarifa, que los benimerines no trataron de socorrer, al tiempo que los nazaríes se hacían con el resto de sus plazas ibéricas. Finalmente Tarifa cayó, tras unos cuatro meses de asedio. Los intentos por recuperar la plaza fueron mínimos y se limitaron al envío de un contingente de apoyo a los nazaríes el 1294, que trataban de arrebatársela a los castellanos.
Perdidas las posiciones peninsulares, el sultán se centró en la conquista magrebí. Sometió a Tremecén a un largo asedio de ocho años (1299-1307), que finalmente fracasó.
En 1305, se rebeló otro benimerín contra Abu Yaqub, atizado por Granada, que pretendía debilitar a este y mantener el dominio indirecto de Ceuta. Abu Yaqub cercaba por entonces Tremecén, pero, ante el avance del pretendiente, que contaba con el apoyo de los Gumara y se apoderó de Larache y Arcila, hubo de reunir un ejército que entregó a su hijo para frenar el avance del rival. Este ejército fue vencido y el pretendiente sostenido por Granada pudo proseguir su marcha, hacerse con Tiqisas y luego con Alcazarquivir (1307). La revuelta no quedó sofocada hasta el reinado siguiente.
Abu Thabit Amir (r. 1307-1308) Su reinado comenzó con nuevas sublevaciones y crisis sucesorias. Era nieto de su predecesor en el trono, y hubo de enfrentarse a las ambiciones de un tío suyo. La necesidad de hacer frente a este le obligó a abandonar definitivamente el largo asedio de Tremecén y a pactar con los abdalwadíes. En el norte, el sultanato había perdido toda pretensión de conquista y se hallaba a la defensiva frente a los nazaríes, que habían extendido su autoridad a Ceuta a finales del reinado anterior.
Entró en Fez el julio de 1307, pero Marrakech y su región se alzaron contra él a finales de año y la rebelión no quedó sofocada hasta comienzos del año siguiente. El sultán hubo de personarse en Anfa y Rabat para desbaratar a los grupos opositores que también existían en estas ciudades, que se sumaban a los rebeldes que aún existían en el norte.
Consiguió vencer al rebelde príncipe benimerín Utman ibn Abi l-Ula tras varias campañas fallidas, pero no acabar por completo con su autoridad. Falleció por inesperadamente el 28 de julio de 1308. Por entonces el Estado benimerín sufría una grave crisis que evidenció los problemas de intentar combinar un sistema tribal, que tendía a la autonomía de los grupos que los formaban, con las tendencias centralizadoras dinásticas.
Una vez conseguido este objetivo, trataron de extender su control al tráfico comercial del estrecho de Gibraltar. Los nazaríes de Granada cedieron Algeciras a los Benimerines y estos declararon la guerra santa a los estados cristianos, ocupando sucesivamente las ciudades de Rota, Algeciras y Gibraltar, sitiando Tarifa por primera vez en 1294. También influyeron fuertemente sobre la política del Reino de Granada, donde a partir de 1275 destacaron importantes contingentes de tropas. Por entonces reinaba en Castilla Alfonso X, aunque en el momento de la primera invasión, que arrasó los campos circundantes de poblaciones como Écija y Jerez de la Frontera, aquel se hallaba en tierras francesas para tratar de conseguir la corona del Sacro Imperio Romano Germánico. El sultán benimerín Abu ul-Hasan y el rey de Granada entablan un acuerdo mutuo de alianza, predicando que "la tierra hispana será pronto conquistada y que habrá tierra para todos los musulmanes". En estas luchas muere el almirante Alonso Jofre Tenorio, que fue decapitado. Castilla lanzó varias incursiones en la parte occidental del imperio, saqueando Salé en 1260 e intentando una invasión general en 1267, que fue repelida por los Benimerines.
Las luchas internas del reino no impidieron que el sultán Abu Saíd Uthmán II (1310-1331) construyera numerosos edificios en Fez, entre los cuales se encontraban las madrasas que sirvieron para el reclutamiento de funcionarios como parte de un plan para centralizar el reino y reducir la influencia de los morabitos.
Abu ur-Rabí Sulaymán (r. 1308-1310) A Abu Thabit Amir le sucedió su hermano Abu ur-Rabí Sulaymán, que hubo de afrontar una nueva crisis de sucesión, si bien de menor entidad que la de aquel. Nuevamente un tío del nuevo sultán intentó apoderarse del trono, infructuosamente. Abu ur-Rabí Sulaymán venció a su tío y puso fin también a la larga rebelión de Utman ibn Abi l-Ula en agosto de 1308. Renovó asimismo la paz con los abdalwadíes, con el fin de proteger el flanco oriental ante la próxima ofensiva contra Ceuta. Con el mismo fin se trató de aislar a los nazaríes, objetivo que se vio favorecido por el disgusto que causaba a castellanos y aragoneses el control granadino de las plazas cercanas al estrecho de Gibraltar.
Los benimerines recobraron Ceuta el 21 de julio de 1309, con la colaboración de la flota aragonesa. Los apuros granadinos les favorecieron: el sultán nazarí se avino a cederles algunas plazas peninsulares (Algeciras, Ronda) para romper la liga en su contra y que los benimerines dejasen de colaborar con castellanos y aragoneses. En 1310 el sultán tuvo que aplastar una nueva rebelión en su contra, sostenida esta vez por Castilla. Abu ur-Rabí Sulaymán falleció envenenado el 25 de noviembre de ese mismo año.
Abu Saíd Uthmán II (r. 1310-1331)