miniatura|El Sah Abás de Irán y un paje. Muhammad Qasim, 1627; Museo del Louvre, París. La figura del copero era habitual en la poesía homoerótica árabe en general, conjugando tanto el género báquico (خمريات jamriyyat) como el amor homosexual (مذكرات mudhakkarat). Hay una recurrente presencia de poemas de carácter homoerótico en la poesía hispanoárabe. La literatura erótica, a menudo de la más alta calidad, floreció en la cultura islámica en una época en que la homosexualidad, introducida como un refinamiento cultural en la cultura omeya, desempeñaba en ella un papel importante.

Entre los reyes andalusíes la práctica de la homosexualidad con jóvenes era bastante corriente; entre ellos, el abadí Al-Mu'tamid de Sevilla y Yusuf III del reino nazarí de Granada escribieron poesía homoerótica. La preferencia por los esclavos cristianos en lugar de mujeres o efebos de su propia cultura contribuyó a provocar la hostilidad de los reinos cristianos. También entre la comunidad judía de al-Ándalus la homosexualidad fue incluso normal entre la aristocracia.

La contradicción entre la condenatoria legalidad religiosa y la permisiva realidad popular fue superada mediante el recurso a una sublimación neoplatónica, el «amor udrí», de una ambigua castidad. El objeto de deseo, generalmente un sirviente, esclavo o cautivo, invertía el rol social en la poesía, convirtiéndose en dueño del amante, del mismo modo que sucedió con el amor cortés de la Europa medieval cristiana.

El homoerotismo presente en la poesía andalusí establece un tipo de relación similar al descrito en la antigua Grecia: el poeta adulto asume un papel activo frente a un efebo que asume el pasivo, lo que llegó a producir un tópico literario, el de la aparición del «bozo», que permite, dada la ambigüedad descriptiva de los poemas, tanto en las imágenes como en los usos gramaticales, identificar el sexo del amante descrito. Gran parte de la poesía erótico-amorosa de la época se dedica al copero o escanciador de vino, combinando los géneros báquico (خمريات jamriyyat) y homoerótico (مذكرات mudhakkarat).

Comenzó a florecer en la primera mitad del , durante el reinado de Abderramán II, emir de Córdoba. La caída del Califato de Córdoba en el y el subsiguiente dominio de los almorávides y la división en los reinos de taifas, descentralizaron la cultura por todo al-Ándalus, produciendo una época de esplendor en la poesía. La invasión almohade trajo el surgimiento de nuevas cortes literarias en los siglos y . La mayor autonomía femenina en esta etnia norteafricana hizo aparecer un mayor número de poetisas, algunas de las cuales escribieron también poemas que cantaban la belleza femenina.

Contexto La civilización desarrollada en el Califato Omeya desde Córdoba competía e incluso llegó a sobrepasar la de la Europa cristiana. Tras la muerte de Carlomagno en el año 814 y el subsiguiente declive de su Imperio, la única ciudad que rivalizaba con Córdoba en Europa era Constantinopla, capital del Imperio bizantino y situada al otro extremo del continente. Los califas de Córdoba superaban a sus contemporáneos bizantinos en cultura. La literatura, en especial la poesía, fue cultivada con entusiasmo, como sucedía en todos los países árabes; durante la época, el árabe llegó a superar al latín como lengua en las obras sobre medicina, astronomía y matemáticas; los cristianos de la península aprendían árabe para perfeccionar un expresivo y elegante estilo, y eruditos de toda la Europa cristiana viajaban a Toledo o Córdoba para realizar sus estudios. Es probable que mantuvieran un estándar de administración pública superior: muchos de los súbditos cristianos y judíos preferían el gobierno de los infieles, cuya legislación no era más intolerante que las leyes cristianas.

Tras la conquista árabe en el año 711 se produjo un florecimiento único en la península ibérica de la poesía homoerótica, que repetía un fenómeno del mundo islámico en general, con paralelismos en la lírica erótica de Irak, Persia, Afganistán, la India, Turquía y países del norte de África como Egipto, Túnez y Marruecos. Las antologías de poesía medieval islámica de las grandes capitales árabes muestran, a lo largo de casi un milenio, la misma corriente de homoerotismo apasionado que se encuentra en los poemas de Córdoba, Sevilla o Granada., pp.142-161

La homosexualidad, consentida sobre la base de una tolerancia coránica general hacia los pecados de la carne, se introdujo como un refinamiento cultural entre los Omeyas, pese a las protestas de algunas escuelas jurídicas. Así, Ibn Hazm de Córdoba fue tolerante con el homoerotismo, mostrando solamente su reprobación cuando se mezclaba con algún tipo de inmoralidad pública, actitud que al parecer compartían sus contemporáneos.

Tanto en lo filosófico como en lo literario el clasicismo griego fue conocido y respetado por los autores andalusíes, cuya labor de traducción y compilación fue esencial en la supervivencia de muchos textos clásicos. Muchos de los temas de la poesía andalusí, como el elogio de la belleza efébica, beben directamente de la poesía homoerótica griega, que conocieron a través de traducciones desde la época de la gran biblioteca de la Córdoba del califa omeya Hisham II. p. 73

La ley islámica y la homosexualidad

La severidad e intolerancia que caracterizaban al judaísmo y cristianismo tradicionales en materia sexual reaparecieron en las leyes de la tercera religión abrahámica. Respecto a la homosexualidad, algunas importantes escuelas, como la del teólogo Malik de Medina o el literalista Ibn Hanbal, contemplaban la pena de muerte, generalmente por lapidación. Otras escuelas de leyes más liberales redujeron el castigo a la flagelación, generalmente cien latigazos.

No obstante, otros aspectos de la cultura islámica muestran cierta contradicción con la severidad, heredada del Antiguo Testamento, que dominaba la legalidad del islam a este respecto. La actitud popular era mucho menos hostil con el homoerotismo y los visitantes europeos se sorprendían de la relajada tolerancia hacia este tema entre los árabes, que no parecían encontrar nada innatural en las relaciones entre hombres y muchachos. En los tratados árabes medievales sobre el amor, esta llamada «intoxicación emocional» es provocada no solo por el amor de las mujeres, sino también por el de muchachos y otros hombres. Mientras en el resto de Europa era penada con la hoguera, en al-Ándalus la homosexualidad era común e intelectualmente prestigiosa; la obra de autores como Ibn Sahl de Sevilla, explícita en este sentido, se llevó a todos los confines del mundo islámico como ejemplo de poesía amorosa. pp. 72-73

La única mención de Ibn Hazm al lesbianismo en El collar de la paloma es, en aplicación del islam, condenatoria. Pero las referencias árabes al lesbianismo no son tan aparentemente condenatorias: al menos una docena de romances entre mujeres son mencionados en The Book of Hind, ella misma una lesbiana arquetípica; se ha perdido un Tratado sobre el lesbianismo (Kitab al-Sahhakat) del , y trabajos posteriores sobre erotismo árabe contenían capítulos sobre este tema., p.166, p.150 Algunas mujeres en al-Ándalus tuvieron acceso a la educación y pudieron escribir libremente. En sus poemas, el amor por otra mujer está tratado y presente del mismo modo que el de los poetas hombres por otros hombres. miniatura|Manuscrito B del Poema de Yuçuf (anónimo aljamiado en aragonés del s. XIV). En la azora XII del Corán, Yūsuf es presentado como un hombre cuya arrebatadora belleza provoca el amor.

El historiador australiano Robert Aldrich señala que en parte esta tolerancia hacia el homoerotismo es debida a que el islamismo no reconoce una separación tan marcada entre la carne y el espíritu como el cristianismo y tiene en aprecio el placer sexual., p.274 Otras razones serían estéticas: en el Corán es un hombre, Yūsuf (el patriarca José cristiano), quien en la azora XII es presentado como el máximo representante de la belleza. En dicho texto coránico se muestra también el concepto platónico de que la belleza es la que genera el amor, de modo terrible, arrebatador. García Gómez señala en su introducción a El collar de la paloma que los musulmanes llaman «al-iftitān bi-l-suwar» al «trastorno o conmoción que sufren las almas al contemplar la belleza concretada en formas armoniosas», ilustrándolo con la historia de las nobles egipcias que se cortan los dedos mientras pelan naranjas, arrebatadas por la belleza de Yūsuf.

Entre los reyes andalusíes la práctica de la homosexualidad con jóvenes era bastante corriente; Abderramán III, Alhakén II (quien tuvo descendencia por primera vez a la edad de 46 años, con una esclava vasca cristiana que se travestía, a la moda de Bagdad, como si fuera un efebo), Abd Allah de la Taifa de Granada, el nazarí Muhammed VI; entre ellos, el abadí Al-Mu'tamid de la Taifa de Sevilla y Yusuf III del Reino nazarí de Granada escribieron poesía homoerótica;, pp.56-57 Abderramán III, Alhakén II, Hisham II y Al-Mu'tamid mantuvieron abiertamente harenes masculinos. p. 81 Consta que los hispanoárabes preferían como compañeros sexuales a los cristianos esclavos antes que a las mujeres o efebos de su propia cultura, lo que provocaba la enemistad y continuas hostilidades de los reinos cristianos. Es conocido el martirio al niño cristiano Pelagio por resistirse a los deseos de Abderramán III, primer califa omeya de Córdoba, hecho por el que fue posteriormente santificado., p.64

También entre la comunidad judía de al-Ándalus la homosexualidad fue incluso normal entre la aristocracia. Citando el tomo colectivo Aspects of Jewish Culture in the Middle Ages (1979), en España había «una cultura cortesana y aristocrática caracterizada por un individualismo romántico (en la cual había) una intensa exploración de todas las formas de la sexualidad libertadora: heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad». El placer homosexual no solo era frecuente, sino que era tenido como más refinado entre los acomodados y cultos; al parecer, existen datos que indican que los prostitutos sevillanos a principios del cobraban más que sus compañeras femeninas, y tenían una clientela de clase más elevada. Las prostitutas quedaban relegadas a la plebe urbana y sobre todo a los campesinos que visitaban las ciudades., pp.59-60

Homoerotismo en la literatura andalusí Para superar la contradicción entre la legalidad religiosa y la realidad popular, la literatura árabe recurrió a un curioso hadiz atribuido al mismo Mahoma: «Aquel que ama y se mantiene casto y oculta su secreto y muere, muere como un mártir». El poeta, aprehensor de belleza, se veía impelido a cantar la belleza masculina. La sublimación del amor cortés a través del neoplatonismo, de cantar la belleza corporal trascendida en Belleza ideal, permitía al poeta expresar sus sentimientos homoeróticos sin peligro de censura moral., «III. La poesía árabe clásica en al-Andalus: época omeya», en Cervantes Virtual

El amor homosexual (مذكرات mudhakkarat) como tema literario se dio en el ámbito de la poesía en todo el mundo árabe; el jurista y literato persa Muhammad ibn Dawud (868 - 909) escribió, a los 16 años, el Libro de la flor, una antología de los estereotipos de la lírica amorosa que dedica amplio espacio a los versos homoeróticos; Emilio García Gómez señala que la angustia de Ibn Dawud, debida a la pasión homoerótica que sintió toda su vida hacia uno de sus compañeros de escuela (a quien dedicó el libro), fue un resorte que le condujo a concretar un platonismo que García Gómez identifica como un «anhelo colectivo» en la cultura árabe de reconducir un «noble caudal espiritual» que no encontraba salida. Ibn Dawud lo revistió con el mito árabe del «amor udrí», cuyo nombre proviene de la tribu de los Banu Udra, que vendría a significar literalmente «Hijos de la Virginidad»: un idealismo refinado creado por los retóricos orientales, una «ambigua castidad», según García Gómez, que era «una mórbida perpetuación del deseo».