La epopeya es un relato épico o narrativo, escrito la mayor parte de las veces en verso largo, que consiste en la narración extensa de acciones trascendentales o dignas de memoria para un pueblo en torno a la figura de un héroe representativo de sus virtudes de más estima. Se trata de uno de los subgéneros literarios más antiguos dentro del más general de la épica o narrativa.

Rasgos distintivos, origen y evolución

En ella, sobre todo en la Antigüedad, cuando la sociedad estaba dominada por nobles guerreros y sacerdotes, intervienen muchas veces elementos fantásticos o dioses (los dioses sumerios en el caso de la Epopeya de Gilgamesh, los griegos en el caso de las epopeyas de Homero, los latinos en el caso de la Eneida de Virgilio). Casi siempre sus argumentos tienen que ver con hazañas o gestas peligrosas relacionadas con contiendas bélicas, viajes maravillosos o ambas cosas, incluyendo muchas de ellas un viaje al inframundo (nekyia o catábasis), un sueño profético o una visión de ultratumba. Esto se relaciona con el monomito o teoría del Viaje del héroe, según el mitólogo Joseph Campbell. Su extensión es muy grande y van desapareciendo a lo largo de la historia hasta que en la actualidad ya no se componen, porque no son reflejo de una sociedad en que el poder lo detenta un estamento noble dedicado a la guerra con un sistema de valores centrados en el honor individual o la honra colectiva que encarna el personaje principal, el héroe o protagonista, muchas veces secundado por otro héroe siguiente en importancia y ayudante, denominado deuteragonista.

La epopeya actual sigue existiendo, pero en otra forma o género literario que refleja los valores de otra capa social instalada en el poder desde las revoluciones burguesas: la clase media o burguesía. Se trata de la novela moderna, un género literario narrativo que tuvo (en Occidente) su Siglo de Oro en el XIX, en que esta capa social accedió al poder. La transición entre ambos géneros, el de la epopeya heroica y la novela moderna, se dio en Europa con una parodia de las últimas formas del género antiguo, los libros de caballerías, en el Quijote (1605 y 1615) de Miguel de Cervantes. En Oriente, la primera novela moderna es Genji Monogatari / Historia de Genji, de Murasaki Shikibu, de alrededor del año 1000.

La última gran época en que se crearon epopeyas fue la Edad Media, con sus cantares de gesta o epopeyas medievales; ya en el , fueron absolutamente eliminadas o más bien remplazadas por la novela realista o epopeya del héroe corriente o de la clase media que por entonces iba conquistando el poder político y el prestigio social y reveló en ella unos valores distintos del honor nobiliario y propios de una clase social nueva, la burguesía: el individualismo, el materialismo, el realismo.

Entre los subgéneros de la epopeya figuran el epilio, epilion o canto épico; el cantar de gesta; la saga islandesa; el romance épico antiguo; el poema heroico o poema épico culto; el roman courtois; el libro de caballerías; la epopeya burlesca y la novela. La característica principal de la epopeya es su ambiciosa extensión, repartida a través de diversas rapsodias o cantos. thumb|Detalle de la pintura Las musas Urania y Calíope (1634) de Simon Vouet, que representa a Calíope, musa de la poesía épica y de la elocuencia. Los primeros esbozos épicos fueron producto de sociedades preliterarias y tradiciones poéticas orales. En esas tradiciones, la poesía se transmitía a la audiencia y era reproducida por medios puramente orales. Los clásicos estudios sobre la epopeya popular de los Balcanes realizados por Milman Parry y Albert Lord demostraron el modelo paratáctico usado en la composición de este tipo de poemas y la importancia de las fórmulas mnemotecnias en su repentización. Las largas epopeyas se construían en forma de cortos episodios de igual interés e importancia, y el recitante usaba determinados pasajes de tránsito para darse tiempo a ir recordando cada uno de los pasajes que debía engarzar, pasajes de tránsito que por tal motivo eran muy repetidos constituyendo las llamadas fórmulas o estilo formular. Parry y Lord sugirieron también que las obras de Homero (el primer autor de epopeyas) podrían haber sido compuestas de un modo semejante, a partir del dictado de un texto oral (véase Cuestión homérica).

Las epopeyas clásicas deben poseer al menos diez características:

Invocación o súplica preliminar a la Musa. Formulación inicial del asunto o tema de la obra, por lo general una disputa o guerra, un viaje maravilloso o ambas cosas a la vez. Comienzo In medias res, para suscitar el interés del público y así soporte la presentación del marco y de los personajes. El espacio de acción es vasto, cubre muchas naciones o el universo. Uso de epítetos y fórmulas repetidas sobre los personajes, los dioses y las ciudades. Inclusión de extensas enumeraciones. Presencia destacada de largos y cuidados discursos. Intervención e implicación de los dioses o criaturas fantásticas en los asuntos humanos. Una Nekyia o catábasis.

Epopeya semítica antigua

thumb|Tablilla sobre el diluvio, del Poema de Gilgamesh, (c. a. C.), Museo Británico. La interesante épica semítica antigua tomó como modelo el enfrentamiento entre un héroe que simbolizaba la civilización y los valores urbanos, el rey en un tercio divino Gilgamesh, y otro héroe que representaba los valores naturales, campesinos y rurales, Enkidu. Esta es la materia que configura la llamada Epopeya de Gilgamesh, en la que ambos héroes se hacen amigos contra los dioses que quieren enemistarlos; tras luchar contra el gigante Humbaba y otras muchas aventuras muere Enkidu y, embargado por la pena, Gilgamesh consulta con el viejo Utnapishtim, que hizo el arca para escapar del diluvio, preguntándole cómo devolverlo a la vida; viaja al inframundo en busca de la hierba de la inmortalidad, pero en un momento de descuido una serpiente se la arrebata. El final del texto está muy deturpado, pero al parecer Gilgamesh, que solo en un tercio es divino y en dos tercios es humano, se suicida. Esta epopeya, una de las más importantes que jamás se han escrito, demuestra cómo el hombre puede transformarse en un sobrehombre, un superhombre, casi un ser divino, pero no en un dios. Hay elementos de la Epopeya de Gilgamesh que tiene en común con el Génesis, libro del Antiguo Testamento, como también en otros episodios de otra literatura, la egipcia. Los judíos pasaron épocas de su pasado en una y otra cultura, y asimilaron parte de sus tradiciones culturales y literarias, también porque se hallaban entre ambas.

Principales epopeyas griegas

Se atribuyen a Homero, un aedo o cantor de poemas ciego (aunque algunos estiman que se trata de un conjunto de poemas de distintos aedos unidos por un refundidor común, véase Cuestión homérica), dos largas epopeyas en hexámetros, la Ilíada y la Odisea, protagonizadas respectivamente por los héroes Aquiles y Odiseo (también llamado Ulises); constituyen el fundamento de la cultura común de los pueblos griegos.

Apenas quedan restos de la Destrucción de Troya, de la Tebaida y de la Edipodia, epopeyas prehoméricas perdidas. Es burlesca la Batracomiomaquia, o guerra entre las ranas y los ratones. Posteriores son las Posthoméricas de Quinto de Esmirna y la Argonáutica de Apolonio de Rodas. Otras epopeyas griegas son la Cipria, la Etiópida, atribuida a Arctino de Mileto, la Amazonía, la Pequeña Ilíada, el Saco de Troya, también atribuida a Arctino de Mileto, un especialista en el género; Los Regresos (Nóstoi), la Telegonía, la Tesprócida, Los Epígonos, La Alcmeónida, la Titanomaquia, la Heraclea, la Toma de Ecalia, el Margites, Las Naupactias, la Focaida y tantas otras de las que no queda apenas testimonio. Se presentaron como relatos reales de soldados que asistieron a la Guerra de Troya y, por tanto, como obras históricas, las novelas de Dictis Cretense, desde el lado griego, y de Dares Frigio, desde el lado troyano, muy populares en la Edad Media.

La Ilíada thumb|Aquiles venda el brazo de Patroclo. Este último vuelve su cabeza a un lado para evitar ver la sangre y que Aquiles advierta sus muecas de dolor. La Ilíada narra un periodo de 52 días durante el asedio por los griegos de la ciudad de Troya, ciudad en la costa Este del Egeo, al norte de Asia Menor. La causa del asedio fue que el príncipe Paris, uno de los sesenta y tantos hijos atribuidos por la mitología al rey de Troya Príamo, se fugó con la esposa de Menelao, la bella Helena. El héroe principal es Aquiles, "el de los pies ligeros", hijo del mortal Peleo y el mejor guerrero de los griegos, prácticamente invulnerable por haber sido sumergido por su madre, la diosa marina Tetis, en las aguas mágicas de un río, que lo han convertido en invulnerable salvo por donde su madre lo sostenía, el talón.

Al comenzar la obra hay una gran peste en el campamento griego y Aquiles se ha retirado del combate enfadado porque Agamenón, jefe de la coalición griega, le ha quitado a su concubina Briseida, raptada de la ciudad troyana. En consecuencia, los combates corren desfavorablemente para los griegos, aunque en ellos se lucen Diomedes, Áyax el Grande y Menelao y su hermano Agamenón ("rey de hombres"), bien aconsejado por el sabio y viejo Néstor, y algunos dioses que asisten a los combates e incluso participan alguna vez en ellos, estimulados por la belleza de la lucha. Apoyan a los griegos Hera, Atenea ("de ojos de mochuelo") y Posidón; apoyan a los troyanos Afrodita, Ares y Apolo ("el que hiere de lejos"); Zeus ("que amontona las nubes") se declara neutral; aunque en cierto momento apoya a los troyanos por petición de Tetis.

El motivo de la guerra venía en realidad de lejos, cuando, en las bodas de Tetis y Peleo, la diosa Eris (o Discordia), no invitada por obvios motivos, arroja en venganza al convite una manzana de oro (la llamada "manzana de la Discordia") con la inscripción "para la más bella". Afrodita, Atenea y Hera se disputaron el premio, y Zeus nombró como árbitro al troyano Paris para resolver la terrible disputa; escogió a Afrodita, y desde entonces el rencor de Hera y Atenea se centró en Troya, patria de Paris. Afrodita, a cambio de ser elegida, le había ofrecido a Paris la opción de elegir para sí a la mujer más bella de la tierra. Paris escogió a Helena, reina de Esparta, y aunque se encontraba casada, Afrodita le ayudó en su propósito.

El rapto de Helena por Paris ofrece el pretexto adecuado para la guerra y los distintos pueblos griegos se unen en una expedición común para recuperar a la esposa de Menelao ("bueno en los caballos"). Tras vestir la armadura de Aquiles su amante masculino Patroclo con el propósito de animar a los griegos en el combate, el príncipe troyano Héctor ("domador de caballos"), el mejor de los guerreros troyanos y hermano de París, mata al disfrazado Patroclo creyendo que es Aquiles; Aquiles, desolado al recibir la noticia, decide abandonar su enfurruñada inactividad para vengarse en persona de Héctor y de los troyanos; "¡Héctor, a quien no puedo olvidar!" -le dice- "No me hables de pactar: No es posible que haya alianzas entre leones y hombres como tampoco que estén de acuerdo lobos y corderos... piensan siempre en causarse daño unos a otros; tampoco entre nosotros habrá amistad ni pactos hasta que caiga uno de ambos y sacie de sangre a Marte, combatiente infatigable". Aquiles lo derrota y mata ante las murallas de Troya y arrastra su cuerpo delante de todos los troyanos y, por descontado, de su padre, el rey Príamo, sin acceder a sus súplicas para que le dé honras fúnebres y adecuada sepultura. Su alma permanecerá así sin entrar al otro mundo. Príamo abandona en secreto Troya y llega a la tienda de Aquiles, logrando conmover el duro corazón del héroe al recordarle el amor de su padre Peleo, de forma que al fin accede a que pueda llevarse el cuerpo y darle unos dignos funerales. Con este gesto de piedad en la guerra termina la Ilíada.

Posthoméricas