Samuel Molina y Bazán (Catamarca, 1812 - Buenos Aires, 1880) fue un empresario y político argentino, segundo gobernador federal constitucional de la provincia de Catamarca, entre 1859 y 1862.
Samuel Molina era hijo del dirigente federal catamarqueño Don Martín Molina -quinto hijo del militar Alejandro Molina, muerto en Río Pasaje defendiendo la retirada del ejército de Belgrano- y de Margarita Bazán -hija de Antonio Bazán y Juana Segura, naturales ambos de Fray Mamerto Esquiú-. Margarita Bazán fue la primera esposa de Martín Molina; de ese matrimonio nacieron Magdalena, Crisanta, Genoveva, Eudosia, Daría, Samuel, Federico y Mardoqueo. Enviudando Martín Molina casó con Josefina Nieva y tuvo tres hijas más: Emilia, Corazón y Balvina. Martín Molina era hermano de Victoriano Molina. Por ende, Samuel era primo hermano de Próspero Molina.
Contrajo matrimonio con Primitiva Segura Augier, hija de Pedro Ignacio de Segura y Cubas y de María Victoria Augier y Correa perteneciente a una de las familias de mayor participación unitaria y liberal en la provincia de Catamarca, sobrina del derrocado gobernador unitario de Catamarca en 1841 Francisco Marcelino Augier y Correa y del Obispo, y Monseñor de Paraná José Gabriel Segura y Cubas.
La hermana mayor de Samuel Molina, Magdalena Molina y Bazán, era la esposa del dirigente federal Tadeo Acuña y el matrimonio fue padre del gobernador catamarqueño Joaquín Acuña.
Empresario minero y banquero
En el año 1853 Samuel Molina abandona la casa paterna de Valle Viejo y se instala en la ciudad capital, en una casa que hizo construir en la calle República frente a la plaza principal; allí fundó en sociedad con don Pastor Olmos de Aguilera primero y después con su hermano Mardoqueo Molina (Gobernador) -muerto el primero- una casa de comercio en reducidos ramos. Compraba también las frutas del interior de la provincia exportándolas al exterior con relativas ganancias. Con el producido de éstas y sus ahorros provenientes de sus trabajos en los campos familiares inició una verdadera actividad industrial en Catamarca.
La casa Molina Hermanos (con tal nombre giraba la sociedad) se proyectó nacionalmente y fue indudablemente la institución financiera superior en Catamarca. En 1857 los socios propietarios de Molina Hermanos -los hermanos Mardoqueo y Samuel Molina- se asocian con Don Adolfo Carranza para reiniciar la explotación de las minas Capilitas de Andalgalá.
La explotación de la mina y luego el acarreo y fundición del metal exigían trabajo excesivo con una rendición arbitraria; agréguese a ello que el oro extraído era acarreado en barras a lomo de mular para luego fundirlo en los hornos, para cuya construcción se empleaba el ladrillo refractario importado desde Europa a altos precios. Esto último hacía inviable la explotación. Fue Samuel Molina quién superó la dificultad pasando a construir los ladrillos refractarios en la propia Catamarca, usando una mezcla de caolín de Pomán (empleado por primera vez) y la lama de los ríos.
La Casa Molina Hermanos subsanó la inexistencia de Bancos, convirtiéndose en el banco privado sobre el que giraba toda la actividad económica catamarqueña, incluida la del gobierno provincial. Con los excedentes de la explotación minera de oro y plata, la casa Molina Hermanos otorgaba créditos de distinto tipo para el desarrollo de otras actividades productivas en la provincia.
Gobierno
Asumiendo el cargo Samuel Molina expuso como programa seguir la línea progresista de su predecesor el general Octaviano Navarro de quien había sido Ministro de Gobierno; alineado siempre al Partido Federal y a su jefe natural después de Caseros el general Justo José de Urquiza.
Acompañaron como ministros de gobierno a Samuel Molina, sucesivamente, los abogados Vicente Bascoy y Fidel Castro.
Durante la administración de Molina se amojonó la ciudad capital de Catamarca y se realizó el primer plano de ella, obras encomendadas al ingeniero D. Plácido Aymó. Molina auspició la creación del Poder Municipal de la provincia "para ajustarse a la prescripción de la Constitución Nacional, y para deslindar la jurisdicción de la Policía, la Justicia y el Municipio, hoy tan confundidos..."; concedió becas a varios jóvenes para que estudiaran en el Colegio Nacional de Córdoba; decretó la venta de fundos capellánicos de acuerdo a una comisión eclesiástica designada por el Diocesano; integró la Corte de Justicia con letrados; dispuso la reparación y ensanche de los caminos públicos; fomentó la industria minera y la enseñanza primaria; prohibió el ejercicio ilegal de la medicina; decretó primas a los cazadores que matasen aves de rapiña y fieras que provocaban innumerables daños al ganado; colaboró empeñosamente en la construcción del actual Santuario de Nuestra Señora del Valle.
El gobernador Molina fue ejemplar en su administración. Los disturbios exteriores y los múltiples inconvenientes que en el interior de la provincia surgieron hicieron pesada la administración. No obstante los presupuestos se cerraron sin pérdidas, y al renunciar al cargo el último año de su gobierno arrojó un significativo superávit de 20.000 (veinte mil) pesos bolivianos, hecho inédito en la historia de la provincia.
Su importante obra de gobierno se vio interrumpida a consecuencia de los decisivos sucesos políticos acaecidos entre Mitre y Urquiza en el litoral.
La actual Catedral de Catamarca
El cuarto templo de la Virgen del Valle -que tuvo algo más de un siglo de existencia- se derrumbó luego de la tradicional misa de la Virgen el sábado 6 de diciembre de 1862. Este derrumbe ocasionó víctimas especialmente entre las mujeres y niños por ser la nave de ellos la que se cayó.
La caída del templo no se debió empero a sus malas condiciones, sino a que su techo había sido parcialmente demolido con el objeto de deshacer íntegramente el edificio y levantar en su lugar otro. En efecto: el templo destinado a la veneración estaba algo viejo y deteriorado, y el gobernador Molina conjuntamente con algunos vecinos notables proyectaron de acuerdo con el cura párroco don Luis Gabriel Segura (futuro obispo de Paraná) la construcción de una nueva iglesia, con magnitud de catedral.
Las diligencias empezaron con indescriptible entusiasmo. Los sacerdotes por un lado y los civiles por el otro, creyentes sinceros animados por una fe ilimitada, pusieron su desinteresado y empeñoso trabajo en la construcción de esta obra.
El 17 de octubre de 1859 el gobernador Samuel Molina presentó a la Legislatura un interesante proyecto de Ley de Redención de Capellanías a fin de reunir fondos y con ellos ayudar -de acuerdo con la autoridad eclesiástica- a la construcción del templo.
La ley fue sancionada al poco tiempo pero las autoridades episcopales de Salta pusieron un sinnúmero de dificultades para autorizar la inversión de los fondos en la forma deseada. La cuestión duró mucho tiempo cruzándose en él varias notas en las que se trasluce el sano propósito del gobernador Molina. Por su parte la autoridad episcopal de Salta oponía esas resistencias por el propósito que tenía, como luego lo manifestó, de destinar esos fondos a la construcción de la Catedral de Salta.
Las diligencias se continuaron y recién dos años después se consiguió del Nuncio Apostólico la autorización correspondiente para el uso de los fondos capellánicos. Al conseguirse esa autorización ya el templo había sido demolido y levantada la nave principal. La obra fue contratada por el vicario Luis Gabriel Segura (16 de abril de 1859) y firmada también por el jefe de policía Fidel Castro en representación del Poder Ejecutivo de la provincia. Los arquitectos iniciales fueron Don Carlos Tenivella y Natalio Balloca, completándola finalmente el arquitecto Caravatti.
Años después continuó la obra el Cura Párroco Don José Facundo Segura, virtuoso sacerdote que consagró sus días a la construcción del templo. La Catedral fue obra de un pueblo. No fueron obreros contratados los que allí trabajaron, fue todo el pueblo sin distinción de sexo o de clase. Es tradición en Catamarca, que hasta las más distinguidas damas de la ciudad, después de la misa de la Virgen se llegaban hasta el cercano río a traer en sus mantas la arena destinada a la construcción. En esa forma veíanse largas caravanas encabezadas por el cura Segura que montado en una vieja mula dirigía esos voluntariosos obreros que hacían todo como un piadoso voto sagrado a la Virgen.
Nuevamente la Guerra Civil - el coronel Octaviano Navarro Jefe de la 4a. Circunscripción Militar del Noroeste. La Batalla del Manantial
La vida pacífica de Catamarca vino a ser perturbada por la ruptura de relaciones entre la Confederación y Buenos Aires, causada por la actitud hostil de esta última al desconocer el pacto del 11 de noviembre de 1859. Esta situación desencadenó otra vez la guerra civil.
Para reprimir la sedición de Buenos Aires, el presidente Derqui movilizó las tropas del litoral, que quedaron al mando de Urquiza, y él se trasladó a Córdoba, donde creó el Ejército del Centro, dividido en cinco cuerpos: el 1°, con fuerzas de Córdoba, comandadas por el general José María Francia; el 2°, con las de San Luis, al mando del general Juan Sáa; el 3°, con las de Mendoza, San Juan y La Rioja, al mando del general Angel Vicente Peñaloza; el 4°, con las de Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán, al mando del coronel D. Octaviano Navarro; y el 5°, con Salta y Jujuy, comandadas por el general D. Rudecindo Alvarado.
Navarro fue nombrado además, el 17 de julio de 1861, interventor nacional de Santiago del Estero, para reponer al gobernador D. Pedro Ramón Alcorta derrocado por una revolución de los Taboada, aliados y amigos de Mitre. Posteriormente Navarro recibió instrucciones del Presidente Derqui de situarse en la frontera de Santiago, atento para obrar y a la espera de nuevas órdenes, que le transmitiría en caso de que las autoridades de la provincia le negasen rápida obediencia.
Navarro organizó un ejército con tropas de Catamarca, a las que debían unirse las de Tucumán y Salta. Contaba en total con más de dos mil hombres. Instalado en Albigasta, departamento de La Paz, conferenció con el gobernador de Tucumán D. Salustiano Zavalía que le prometió un contingente adicional de 200 hombres. Navarro no necesitaba esa fuerza, pero con ello quería hacer saber a los Taboada cual era el partido que había tomado Tucumán en la emergencia.
Navarro estaba a punto de avanzar sobre Santiago del Estero cuando supo que una revolución había derrocado a Zavalía, y colocado en su lugar a D. Benjamín Villafañe, de filiación liberal, quién designó ministro de gobierno al presbítero José María del Campo, conocido comúnmente como el Cura Campos. Zavalía, en vez de resistir a los rebeldes, renuncia y le pide a Navarro que no intervenga en el conflicto tucumano, porque no deseaba volver al gobierno. Esta curiosa actitud de Zavalía obligó a Navarro a marchar sobre Tucumán, a fin de restablecer el orden perturbado. Sus tropas fueron reforzadas con la de Celedonio Gutiérrez, de Tucumán, y las de Aniceto Latorre de Salta.
Alentado por las noticias favorables sobre la batalla de Pavón, Navarro invadió resueltamente Tucumán,Los historiadores liberales se han burlado de la interpretación de Navarro del resultado de Pavón, olvidando a propósito que esta batalla fue ganada por los federales. Y que fue regalada al futuro presidente Mitre por el general Urquiza, cosa que sólo quedó claro semanas más tarde. derrotando al cura José María del Campo en Manantial, el 4 de octubre de 1861, sometiendo a la Provincia de Tucumán alzada contra el gobierno nacional y colocando finalmente a un federal al frente del gobierno tucumano: José Manuel Terán, adicto al gobierno de Paraná. Designó Navarro a D. Celedonio Gutiérrez jefe militar de la Provincia y marchó sobre Santiago del Estero.