Las campañas del Mar Báltico fueron una serie de batallas navales llevadas a cabo en el mar Báltico, sus regiones costeras y el golfo de Finlandia durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La mayor parte de las acciones bélicas fueron protagonizadas por fuerzas de la Alemania nazi y Finlandia contra la Unión Soviética, aunque también participaron la marina de guerra y la flota mercante de Suecia y la marina de guerra del Reino Unido. Pese a que hubo combates en superficie, submarinos, aéreos y desembarques anfibios, la característica más significativa de las operaciones del mar Báltico fue la extensión de la guerra minera, particularmente en el golfo de Finlandia. Durante el conflicto, entre los dos bandos colocaron unas 60 000 minas submarinas y obstáculos antibarrido, haciendo del Golfo de Finlandia una de las aguas más densamente minadas del mundo.
El "Prinz Eugen" en el Báltico Avanzada la noche del 19 al 20 de agosto de 1944, el crucero pesado “Prinz Eugen” franqueaba el estrecho de Irbe, entre Curlandia y la isla de Oesel. Su propósito era apoyar con su artillería al ejército alemán del frente oriental. Hacía ya algún tiempo que los soviéticos habían avanzado hasta la costa con sus unidades blindadas, ocupando una franja de 30 a 40 km y aislando a la guarnición de Riga del frente de Curlandia. Los carros alemanes trataban infructuosamente de restablecer la comunicación con el puerto, pero su artillería no tenía la suficiente potencia para lograrlo. Por ello fue preciso recurrir a la Marina.
El “Prinz Eugen” avanzaba silenciosamente, con las luces apagadas, en dirección este. La navegación no se planteaba sencilla: en cualquier momento el buque podía embestir una mina, fondeada por aviones soviéticos o podía ser atacado por un submarino (si bien esa posibilidad era remota, ya que desde 1942 no había sido divisado un solo submarino soviético fuera del golfo de Finlandia, cuya salida estaba obstruida por minas). El peligro inmediato era que surgieran de repente los cazas y bombarderos soviéticos. Cuatro destructores y cinco torpederos escoltaban al “Prinz Eugen”. Desde las 3:00, el crucero se encontraba navegando con orden de batalla, ya que podía entrar en acción en cualquier momento.
Poco después, el “Prinz Eugen” entraba en el golfo de Riga. El 20 de agosto a las 7:00, los cañones del crucero lanzaban los primeros proyectiles. El oficial artillero se encontraba en comunicación telefónica constante, por la onda corta, con el avión de a bordo encargado de observar el tiro, los observadores avanzados del ejército y la vanguardia de las unidades de asalto. El objetivo era la población de Tukums, nudo de comunicaciones situado a 25 km de la costa, alrededor de la cual se había incrementado la resistencia soviética. Mientras tanto los destructores empleaban su artillería media, que prestaba apoyo a la guarnición de Riga, la cual se venía enfrentando con los carros blindados soviéticos. La acción de los buques sorprendió a los soviéticos, los cuales ni siquiera efectuaron un contraataque aéreo. Al caer la tarde, el centro de resistencia había sido aplastado. Habiendo logrado el objetivo, la presencia del “Prinz Eugen” ya no era necesaria y procedió a retirarse debido a que representaba un blanco vulnerable, zarpando hacia Gotenhafen (actualmente en polaco Gdynia).
Este éxito se presenta después de dos años de inacción, ya que el “Prinz Eugen” no había intervenido activamente en la guerra, exceptuando un ataque aéreo. Las naves alemanas del Báltico se usaban para entrenamiento de oficiales y tripulaciones, sobre todo de submarinos, cuyos efectivos aumentaban constantemente. La “flota de entrenamiento” había crecido sensiblemente desde que Hitler decidiera poner fuera de servicio los grandes buques de la flota alemana. El Alto Mando logró salvar de la destrucción a varios de dichos buques con el pretexto de transformarlos en buques–escuela.
La flota de entrenamiento alemana La flota de entrenamiento alemana constaba de varios buques: los viejos acorazados “Schlesien” y “Schleswig Holstein”, los cruceros pesados “Admiral Scheer”, “Lützow” y “Prinz Eugen”, los cruceros ligeros “Nürnberg”, “Leipzig”, “Köln” y “Emden”, así como otros navíos de diversos tipos, entre los que figuraban tres buques escuela veleros. Los buques de esta escuadra no salían más que para efectuar algunas raras operaciones en Noruega.
Los oficiales y las tripulaciones de estos buques, que en conjunto representaban una fuerza apreciable, se sentían amargados ante esta “degradación”. La vida en sus fondeaderos era casi como la de tiempos de paz, mientras que la guerra proseguía en casi toda Europa. Pero el Alto Mando apreciaba también la importancia del entrenamiento y no varió los cometidos de la flota del Báltico durante todo 1943 y 1944. Pero en 1944, los alemanes se dieron cuenta de lo peligrosos que eran ya los soviéticos en el Báltico. El éxito conseguido por el “Prinz Eugen” en Riga permitió a los ejércitos alemanes pelear dando la espalda al mar y protegidos por la artillería de sus buques. Entonces, el Alto Mando Naval conformó un grupo de combate con los navíos más potentes de la flota de entrenamiento, a los que se les asignó una nueva misión: apoyar al ejército alemán. Esta misión debía servir para contener y, si fuera posible, detener el avance constante de las tropas soviéticas. Luego servirían como transporte de miles de hombres, mujeres y niños que huían del Ejército Rojo.
La intervención de los grandes cañones de la flota alemana impidió, entre el 10 y el 23 de octubre, que Memel (Klaipeda) fuese anegado con sus defensores, habitantes y refugiados. Los grandes buques se relevaban a este efecto. Sin embargo, el 15 de octubre, al regresar a Gotenhafen (Gdynia) para abastecerse de municiones, un incidente imprevisto averió al “Prinz Eugen”.
Abordaje del "Leipzig" por el "Prinz Eugen"
El crucero “Leipzig” salió del puerto el 15 de octubre a la caída de la noche. Después de más de seis meses, se le asignó la misión de embarcar 200 minas en Swinemünde. El “Leipzig” dobló la península de Hela para dirigirse a alta mar. A las 19:50, la sala de máquinas recibió la orden de acoplar turbinas a las hélices, sustituyendo los motores diésel; el crucero debía detenerse para esta maniobra. La visibilidad no sobrepasaba los 50 m. En previsión de ataques aéreos, el “Leipzig” apagó sus luces, marchando lentamente a la deriva. A las 20:04, repentinamente, un formidable golpe conmovió al buque. El “Prinz Eugen”, que también navegaba sin luces, había abordado accidentalmente al “Leipzig” con su proa por babor. El “Prinz Eugen” se dio cuenta de la presencia de una embarcación demasiado cerca y, a pesar de que dio marcha atrás, estaba demasiado cerca como para que la maniobra resultase.
En la colisión, el “Prinz Eugen” introdujo su esbelta proa hasta la quilla del “Leipzig” por la banda de babor, entre el puente y la chimenea. Las armaduras de las piezas de la D.C.A. resultaron destrozadas. La cámara 2 quedó llena de vapor que escapaba de las calderas, inundándose totalmente en 20 s; minutos antes, cien cadetes habían salido de la cámara 2 para el relevo de las 20:00.
Por su parte, la proa del “Prinz Eugen” quedó totalmente destrozada y enganchada a babor del “Leipzig”. Así engarzados, marcharon a la deriva durante catorce horas en una zona peligrosa en donde operan aviones y submarinos soviéticos. Al llamado de la radio de las naves siniestradas, remolcaldores y buques auxiliares acuden a la zona. Dos de ellos empezaron a bombear ininterrumpidamente, mediante 16 mangas, el agua que subía por la proa del “Prinz Eugen”. Las embarcaciones auxiliares embarcaron a la tripulación del “Leipzig”, quedando solamente el equipo indispensable para tratar de separar los buques.
A las 10:00, catorce horas después del abordaje, las máquinas del “Prinz Eugen” dieron marcha atrás con toda la potencia de sus 133.000 CV, mientras los remolcadores sujetaban al “Leipzig”. Finalmente la roda del “Prinz Eugen” se retiró lentamente de la brecha abierta. Los buques se separaron y los dos flotaban.
El “Prinz Eugen” recaló en Gotenhafen (Gdynia) por sus propios medios; el “Leipzig” tuvo que ser remolcado. Quince días después del abordaje, el “Prinz Eugen” estaba nuevamente disponible. Por su parte, el “Leipzig” recibió reparaciones provisionales que le permitieran efectuar misiones contra el enemigo. Tras el fin de la guerra, fue hundido por los británicos en el mar del Norte, llevando a bordo un cargamento de obuses de gas.
La destrucción de los grandes navíos alemanes El 18 de noviembre de 1944, después de una preparación artillera que había durado horas, los soviéticos se lanzaron al asalto de la península de Sworbe, que avanzaba en el mar en la extremidad meridional de Oesel. Las tropas alemanas estaban cercadas y era imposible enviar refuerzos. La península estaba condenada, pero era deseable, por lo menos, sacar de allí las tropas y su material más valioso. Para ello era preciso contener el asalto soviético. El almirante Thiele acudió con el “Prinz Eugen” y el “Lützow”. Tras la llegada, su artillería actuó con precisión. Los buques agotaron las municiones luego de 36 h, siendo relevados por el “Admiral Scheer” y el “Admiral Hipper”. Ante la cuantía de los daños, los soviéticos deciden destruir los buques alemanes.
Para ello hicieron intervenir escuadras enteras de aviones torpederos contra los buques alemanes, los cuales lograron evadirlas sin daños. Sin embargo, los soviéticos se esforzaron en impedir que los alemanes evacuaran la península, utilizando lanchas cañoneras y buques ligeros. El ataque naval soviético fue infructuoso, ya que las embarcaciones de la 9.ª División de Protección alemana ofrecieron una encarnizada resistencia, mientras los soldados y la mayor parte de su material eran embarcados en gabarras y transportados a Curlandia. Las divisiones soviéticas irrumpieron el 25 de noviembre por la mañana en la parte meridional de la península, encontrando solamente dos buques naufragados y destruidos.
En diciembre de 1944, la flota alemana del Báltico sufrió la pérdida del viejo acorazado “Schleswig Holstein”, hundido por una bomba cerca de Gotenhafen (Gdynia). A partir de 1945, los cruceros pesados intervinieron activamente en la guerra terrestre. La primera misión de envergadura sería tratar de salvar a la guarnición de Memel (Klaipeda), que pretendía alcanzar Samland por Kurische Nehrung, mientras que los soviéticos intentaban cerrarles la retirada llegando al mar por Cranz. La artillería de los buques logró contener a los soviéticos y mantener abierto el corredor de Cranz. Millares de fugitivos y soldados pudieron así franquear cada día este corredor para llegar a Samland, todavía en poder de los alemanes. El pequeño puerto de Pillau se vio repentinamente repleto de refugiados. Entretanto, el Ejército Rojo completaba el cerco a la ciudad, avanzando hasta Frisches Haff y cortando así toda comunicación con Königsberg.