thumb|250px|Ordenación de San Juan de Mata El sacramento del orden consiste en la consagración al ministerio del servicio a la Iglesia y a Dios. Esto le exige dedicación plena y libre disposición a Dios.

Este sacramento concede la autoridad para ejercer funciones y ministerios eclesiásticos que se refieren al culto de Dios y a la salvación de las almas. Está dividido en tres grados:

El episcopado: Confiere la plenitud del orden y torna el candidato legítimo sucesor de los apóstoles y le son confiados los oficios de enseñar, santificar y regir. Aquellos que han recibido este grado reciben el nombre de obispos.

El presbiterado: Configura el candidato a Cristo sacerdote y buen pastor, siendo así capaz de actuar en nombre de Cristo cabeza y administrar el culto divino. Aquellos que han recibido este grado reciben el nombre de presbíteros.

El diaconado: Confiere al candidato el orden para el servicio en la Iglesia, a través del culto divino, de la predicación, de la orientación y sobre todo, de la caridad. Aquellos que han recibido este grado reciben el nombre de diáconos.

La doctrina católica indica que este sacramento se confiere a aquellos que, habiendo recibido un particular llamado de Dios y luego de haber discernido su vocación al ministerio ordenado, son considerados idóneos para el ejercicio de este y reciben el sacramento por la imposición de manos del obispo.

Teología del sacramento En el apartado dedicado a la institución se mostrará cómo entiende la Iglesia católica el que, como en los demás sacramentos, se dé una institución por parte de Cristo de un nuevo sacerdocio. En el apartado posterior llamado «reflexión teológica» se ofrece un recorrido histórico a grandes rasgos de las principales concepciones del sacerdocio católico.

Institución Jesucristo, durante su vida pública, instituyó un grupo de doce personas a quienes llamó «apóstoles» y que le seguían en su vida y predicación itinerante por Galilea y Judea (cf. Mc 3:14-15). A estos dio poderes especiales para expulsar demonios y curar enfermedades (cf. Mt 10:1) pero su misión principal era «estar con Él» y predicar el evangelio. Luego, el evangelista Lucas indica que Jesús escogió también a otros 72 llamados «discípulos» y los envió con idénticos poderes que los de los apóstoles (cf. Lc 10:1-2). Estos apóstoles fueron quienes le acompañaron durante la Última Cena. Según el relato evangélico, tras entregar el pan y el vino y hacer alusión a su cuerpo y sangre, Jesucristo dijo: «haced esto en memoria mía» (cf. 1 Co 11:24 y textos paralelos). Este texto es interpretado como una voluntad de Jesús de establecer sacerdotes que perpetuaran este recuerdo. Más tarde, el día de la resurrección, Jesús confirió también a los apóstoles el poder de perdonar pecados en su nombre (cf. Jn 20:21-23) y les confió las funciones de gobernar, enseñar y santificar dentro de su Iglesia (cf. Mt 28:19-20). En estos dos momentos solemnes, así como en la venida del Espíritu Santo en Pentecostés que terminó de fortalecer a los apóstoles para la misión que habían recibido, la Iglesia reconoce la ocasión de la institución del sacramento del orden por parte de Cristo. Como en los demás sacramentos no se trata de una institución jurídica sino más bien de una intención que los discípulos han ido profundizando a lo largo del tiempo.

Sin embargo, la misma carta a los Hebreos que subraya el acto sacerdotal de Cristo en el sacrificio y en la intercesión ante el Padre, la identificación que se hace del sacrificio con el ofrecimiento que Cristo hace de su cuerpo en la última cena y el mandato de repetirlo en su memoria, hacen ver que se trata de un sacrificio y que, como tal es necesario un sacerdote. Ahora bien, no se afirma un sacerdocio distinto del de Cristo, sino más bien una participación conferida a los sacerdotes de ese único y sumo sacerdocio.

Reflexión teológica en la historia El crecimiento de la Iglesia hizo necesaria la llamada de otros que vinieran a ayudar en el servicio de la mesa, en la predicación y en la celebración eucarística. Así en el libro de los Hechos de los apóstoles se narra la elección y luego misión de siete ayudantes (considerados por algunos como «diáconos» pero no resulta aclarado todavía el tema)Véanse por ejemplo, los siguientes artículos: S. Bihel, «De septem diaconis» en Antonianum 3 (1928), pp.129-150 a favor de la identificación de estos ministros con los «diáconos» como se les considera actualmente. Pero en contra J. LECUYER, voz «diaconat» en el Dictionaire de Spiritualité III pp. 799-803 que afirma que se trató de una ordenación sacerdotal. y Pablo menciona que es necesario nombrar presbíteros en cada lugar donde se funda una comunidad.

La terminología en relación con los grados del orden se fue delimitando poco a poco. Al parecer en las cartas de san Pablo no hay una distinción clara entre el «epíscopos» y el «presbíteros».

Funciones Dado que tres son las funciones principales del sacerdote: predicación, celebración de los sacramentos y gobierno pastoral; las notas específicas se diversifican de acuerdo con quienes subrayan una función por encima de otras.

La posición del concilio de Trento

El sacerdocio del Nuevo Testamento es «poder de consagrar y de ofrecer el cuerpo y la sangre verdadera del Señor y de perdonar y retener los pecados».Sesión 23, can. 1 Las otras funciones no fueron tratadas directamente debido a que más bien solo se discutieron los problemas relacionados con la teología de protestantes.

Definición del ministerio por la función sacrificial Sustentada por autores como Congar y Bouëssé. Afirman que el sacrificio de Cristo que fue y es propiciatorio es lo determinante del ministerio sacerdotal para siempre

Definición del ministerio por la función de enseñar o predicar C. Dillenshneider propone este aspecto como el principal y definitorio del sacerdote. Y Lécuyer lo funda en la plenitud sacerdotal conferida a los obispos y que queda expresada en Pentecostés por las lenguas de fuego. Sin embargo, esta división entre obispos y sacerdotes fue objetada por algunos teólogos posteriores.

Así L. Bouyer que toma «palabra» en su sentido neotestamentario más amplio e indica que la gracia propia es la de la predicación con la misma intensidad y actualidad que la que tenía la de Cristo

Luego Karl Rahner que afirmaba que aunque existe el elemento cultual es más bien el profético el que ha de considerarse como determinante. Así ofrece una definición:

D. Olivier indica que el sacerdote es el ministro de la Palabra y que, por ello, la definición del concilio de Trento estaría caducada.cf. Les deux visages du prêtre. Les chances d'una crise, París 1971

Definición del ministerio por la función de gobierno Walter Kasper busca una comprensión nueva del sacerdocio basado en el aspecto de la autoridad o gobierno a partir de un análisis de los carismas concedidos por Dios (cf. 1 Co 12 28) y tomando en cuenta que en el evangelio estos son los elementos más subrayados: el servicio, la administración, la autoridad, etc. Es también un catalizador de los demás carismas y sirve en especial a la unidad, esencial para el cumplimiento de la misión de la Iglesia.«Accents nouveaux dans la compréhension dogmatique du service sacerdotal», Concilium 43 (1969) Así el ministerio sacerdotal es un don de conducción de una comunidad que está al servicio de la unidad y de la reconciliación.«Die Funktion des Priesters in der Kirche», Geist und Leben 42 (1969)

La función de pastor como unificador Jean Galot, intenta una conciliación de los diversos aspectos tomando como punto de partida la función de pastor, que, según afirma, respeta mejor la complejidad de funciones sacerdotales. Se trata de una expresión que engloba las funciones: «Cristo pastor guía el rebaño por la palabra y garantiza la verdad de su enseñanza por el testimonio supremo del don de sí». Es la misma misión confiada a los apóstoles. Ahora bien, añade que la misión de guía no es solo pasiva en el sentido de conducción de una comunidad –como parece afirmar Kasper–, sino también activa: busca reunir a todo el rebaño, ha sido enviado a hacer discípulos. Siempre según Galot, se puede afirmar que existe un carisma de gobierno pero no es este la fuente de la autoridad del sacerdote sino más bien la institución de Cristo. La condición de pastor expresaría también el modo en que se ha de vivir esta función que es servicio por amor. Las funciones sacerdotales propias están al servicio de la comunidad.

Grados Los grados o ministerios inferiores se han desarrollado por diversas necesidades litúrgicas. En la «Tradición apostólica» de Hipólito se menciona a los «lectores» y a los «subdiáconos».

Exorcistas, lectores y ostiarios (cf. Eusebio, Historia Ecclesiastica). La Iglesia latina asumió estos siete grados como órdenes. En cambio la tradición griega solo hizo órdenes inferiores al diaconado los de subdiácono y lector.

Durante la escolástica normalmente se consideraba que cada uno de los órdenes era un sacramento con su carácter propio. Y en la primera escolástica el episcopado era considerado no como un orden sino como un poder mayor de jurisdicción.

Buenaventura afirma que el episcopado no añade nada nuevo al presbiterado sino que es un aumento del poder conferido al sacerdote. Aun así añade que tiene una cierta «eminencia» o elevación que conserva incluso cuando no tiene diócesis.Comentario al cuarto libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, II 2 3.

Tomás de Aquino comentando el mismo texto de Pedro LombardoIn IV Sent. 24 3 2 2 2. afirma que orden se ha de llamar principalmente al sacramento y, en segundo lugar también a las funciones u oficios relacionados con algunas acciones sagradas. Así, el episcopado puede ser considerado un orden. Dado que el obispo puede conferir las órdenes sagradas posee un grado mayor que el sacerdote en relación con el Cuerpo de Cristo.De perfecione spiritualis vitae 28.

La mayoría de los teólogos posteriores han defendido que el episcopado no sería un orden distinto del presbiterado. Así por ejemplo: Juan Capreolo, Francisco Silvestre de Ferrara, Domingo de Soto, Gonet, Billuart, Billot, Hugon y Batiffol. En cambio, en el Decreto de Graciano se mencionan nueve grados considerando al episcopado como uno de ellos. Duns Scoto, por su parte, lo considera como diverso y, además, de grado eminente.

En el Concilio de Trento, en el canon seis acerca del sacramento del orden se afirma que «en la Iglesia católica existe una jerarquía instituida por ordenación divina, que consta de obispos, presbíteros y ministros». Aun así hubo discusión sobre el origen de la jurisdicción. Los obispos españoles pretendían hacer valer la postura por la cual tal origen sería divino aunque el Papa es quien define exactamente el lugar donde se aplicaría. Sin embargo, la mayoría de los padres conciliares pensaba que el poder de jurisdicción les venía también a los obispos del Papa. Por ello, se optó por la fórmula genérica: «divina ordinatione» que implica un deseo o una intención no instituida necesariamente. Otro problema surgido a raíz del texto aprobado era el modo de interpretar el término «ministros», ya que podía aplicarse a los diáconos pero también al resto de los órdenes. La superioridad de los obispos sobre los presbíteros quedó reflejada en el canon 7: «Si quis dixerit, episcopos non esse presbyteros superiores, vel non habere potestatem confirmandi et ordinandi, vel eam quam habent, illis esse cum presbyteris communem, anathema sit». Se afirma que ellos tienen el poder como ministros ordinarios de ordenar otros presbíteros y de impartir la confirmación.