miniatura|La primera página del Evangelio de Marcos en armenio, de Sargis Pitsak, . El Evangelio (del latín evangelĭum, y este del griego εὐαγγέλιον [euangelion], «buena noticia», propiamente de las palabras εύ, «bien», y -αγγέλιον, «mensaje») es la narración de la vida y palabras de Jesucristo, de la buena noticia, del cumplimiento de la promesa hecha por Dios.cf.

En un sentido más particular, los evangelios son escritos de los primeros cristianos que recogen las primigenias predicaciones de los discípulos de Jesús de Nazaret, el núcleo central de cuyo mensaje es la muerte y la resurrección de Jesús. El Nuevo Testamento de la Biblia cristiana incluye cuatro evangelios, que se denominan canónicos porque se reconocen como parte de la Revelación por las diferentes confesiones cristianas.

Se conocen con el nombre de los autores que se les asignó a mediados del : Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Hoy se siguen usando dichos nombres por facilidad, aunque los historiadores dudan que fuesen los autores reales.

La mayoría de los expertos consideran que estos cuatro evangelios se escribieron entre los años 65 y 100 d. C., aunque otros proponen fechas más tempranas B. Orchard y H. Riley: “The Order of the Synoptics”, ed. Mercer UP; Macon, Georgia, EEUU., 1987John A. T. Robinson: “Redating the New Testament”, ed. Wipf & Stock, 1976o más tardías.

Existen otros relatos de la vida y de las palabras de Jesucristo, conocidos como evangelios apócrifos, que no se reconocen como canónicos por las iglesias cristianas actuales, aunque sí se consideraron «escritura» por algunas de las facciones en que se dividió el cristianismo durante los primeros siglos de su historia. En particular, la corriente gnóstica aportó la mayor parte de estos textos, así como las comunidades judeocristianas. Este último es el caso del evangelio de los hebreos y el evangelio secreto de Marcos, que diversos autores (como Morton Smith) datan como contemporáneos de los evangelios canónicos y aun como fuente de algunos de estos. Debido a este tipo de debates, hay autores que prefieren hablar de «evangelios extracanónicos», en vez de «apócrifos», para evitar un término que implica a priori la falsedad de los textos. El evangelio de Tomás incluso está datado por algunos expertos en el año 50 d. C., hipótesis que lo convertiría en el más antiguo conocido.John P. Meier,A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus, v. 1, p. 128.Theissen, Gerd; Merz, Annette (1998). El Jesús Histórico: Una guía completa. Minneapolis: Fortress Press. pp 38-39. ISBN 0-8006-3122-6.Stevan L. Davies, Análisis de correlación

Origen del término La palabra «evangelio» se emplea por primera vez en los escritos de las primeras comunidades cristianas por Pablo de Tarso, en la primera carta a los corintios,; cf. texto griego redactada probablemente en el año 57:

El Evangelio es el relato de la vida y las enseñanzas de Jesús. También habla del amor que Dios muestra a la humanidad mandando a su único Hijo Jesucristo a redimir el mundo. Es así que muere por nuestros pecados; es sepultado y al tercer día resucita de entre los muertos conforme él mismo había predicho. Se aparece a sus doce apóstoles (además de otras personas) durante cuarenta días. Con su muerte se restauran los lazos de amor quebrados desde la desobediencia de los primeros padres y se abren las puertas del cielo (que hasta ese momento se encontraban cerradas) en beneficio de todos aquellos que sigan su palabra, esto es, «El amor a Dios sobre todas las cosas y el amor al prójimo como a sí mismo».

Con el mismo «sentido» aparece la palabra en el evangelio de Mateo; y en el evangelio de Marcos. Posiblemente esta palabra sea la traducción al griego de una expresión aramea empleada en su predicación por Jesús de Nazaret, pero no existen datos concluyentes. En total, la expresión «evangelio» se usa en setenta y seis ocasiones en el Nuevo Testamento. Es significativo que sesenta de ellas tengan lugar en las cartas de Pablo y que no exista ninguna mención del término en el evangelio de Juan ni en el Evangelio de Lucas, aunque sí aparece en los Hechos de los Apóstoles, atribuidos a Lucas. El número de menciones de cada término es el siguiente:Rivas, L.H. El Evangelio de Juan

Término Evangelio de Mateo Evangelio de Marcos Evangelio de Lucas Hechos de los Apóstoles Evangelio de Juan Evangelio (euangélion) 4 8 0 2 0 Evangelizar (euangelízō) 1 0 10 15 0

Se ha especulado sobre si las comunidades cristianas helenísticas adoptaron el término «evangelio» a partir del culto al emperador. Existe en Priene una inscripción dedicada a Augusto, fechada en el año 9 a. C., en que aparece esta palabra con un sentido muy similar al que después le dieron los cristianos; tras celebrar la aparición (epiphanein) de este emperador divinizado como salvador (soter) de la humanidad, dicho texto termina así:

La terminología empleada en Priene aparece también en otras inscripciones similares, lo que ha llevado a considerar a algunos autores como altamente probable que el autor de Marcos conociera ese tipo de lenguaje, dados los paralelismos encontrados al inicio de este evangelio. En cualquier caso, la palabra se había utilizado frecuentemente en la literatura anterior en lengua griega, incluida la primera traducción de la Biblia a este idioma, conocida como Biblia de los Setenta.

Evangelios canónicos

Del elevado número de evangelios escritos en la Antigüedad, la Iglesia solo aceptó cuatro y se consideran canónicos. Establecer como canónicos estos cuatro evangelios fue una preocupación central de Ireneo de Lyon, hacia el año 185. En su obra más importante, Adversus haereses, Ireneo criticó con dureza tanto a las comunidades cristianas que hacían uso de un solo evangelio, el de Mateo, como a los que aceptaban varios de los que hoy se consideran como evangelios apócrifos, como la secta gnóstica de los valentinianos. Ireneo afirmó que los cuatro evangelios defendidos por él eran los cuatro pilares de la Iglesia. «No es posible que puedan ser ni más ni menos de cuatro», declaró, presentando como lógica la analogía con los cuatro puntos cardinales o los cuatro vientos (1.11.18). Para ilustrar su punto de vista, utilizó una imagen, tomada de Ezequiel 1, del trono de Dios flanqueado por cuatro criaturas con rostros de diferentes animales (hombre, león, toro, águila), que están en el origen de los símbolos de los cuatro evangelistas en la iconografía cristiana.

Tres de los evangelios canónicos, Marcos, Mateo y Lucas, presentan entre sí importantes similitudes. Por la semejanza que guardan entre sí se denominan sinópticos desde que, en 1776, el estudioso J. J. Griesbach los publicó por primera vez en una tabla de tres columnas, en las que podían abarcarse globalmente de una sola mirada (synopsis, «vista conjunta») para destacar mejor sus coincidencias.

Origen de los evangelios canónicos

La historia del desarrollo de los evangelios es confusa. Existen varias teorías acerca de su composición, como se expone a continuación. Los análisis de los estudiosos se han centrado en lo que se llama el problema sinóptico, es decir, las relaciones literarias existentes entre los tres evangelios sinópticos, Mateo, Lucas y Marcos. La teoría que ha obtenido el mayor consenso es la «teoría de las dos fuentes».

Teoría de las dos fuentes

Las diferencias y las semejanzas entre los evangelios sinópticos se han explicado de diferentes formas. Una de las teorías no comprobadas es la llamada «teoría de las dos fuentes». Según esta teoría, Marcos sería el evangelio más antiguo de los tres y el que habrían utilizado como fuente Mateo y Lucas, lo que puede explicar la gran cantidad de material común a los tres sinópticos; sin embargo, los evangelios se escribieron en momentos y lugares diferentes. Entre Lucas y Mateo se han observado coincidencias que no aparecen en Marcos y que se han atribuido a una hipotética fuente Q (del alemán Quelle, fuente) o protoevangelio Q, que consistiría básicamente en una serie de logia («dichos», es decir, «enseñanzas» de Jesús), sin elementos narrativos. El descubrimiento en Nag Hammadi del evangelio de Tomás, recopilación de dichos atribuidos a Jesús, contribuye a consolidar la hipótesis de la existencia de la fuente Q.

Defendieron la existencia de Q los teólogos protestantes Weisse (Die evangelische Geschichte kritisch und philosopisch bearbeitet, 1838), y Holtzmann (Die Synoptischen Evangelien, 1863) y la desarrollaron posteriormente Wernle (Die synoptische Frage, 1899), Streeter (The Four Gospels: A Study of Origins, treating of the manuscript tradition, sources, authorship, & dates, 1924, quien llegó a postular cuatro fuentes (Marcos, Q, y otras dos, que denominó M y L) y J. Schmid (Matthäus und Lukas, 1930). Aunque para Dibelius y Bornkann pudo tratarse de una tradición oral, lo más probable es que se tratase de una fuente escrita, dada la coincidencia a menudo literal entre los evangelios de Mateo y Lucas. También se ha considerado probable que el protoevangelio Q se hubiera redactado en arameo y se haya traducido posteriormente al griego.

Si bien la fuente Q es una hipótesis de los eruditos para intentar explicar el problema sinóptico, esta colección de dichos de Jesús, también conocido modernamente como Logia, era de lectura y estudio cotidiano en la iglesia primitiva y Lucas la menciona en Hechos de los Apóstoles como «Las Palabras del Señor». De tal forma, la hipótesis de Q y de Logia adquiere sustancia.

Otras teorías

Existen otras hipótesis que prescinden de la existencia de una fuente Q. De estas, algunas afirman la prioridad temporal de Mateo y otras consideran que Marcos fue el primer evangelio. Las más destacadas son las siguientes:

La hipótesis propuesta por Farrer postula que el evangelio de Marcos se escribió primero y Mateo lo utilizó como fuente. Lucas, en una tercera etapa, utilizó ambos como fuentes.

La hipótesis de Griesbach da prioridad al evangelio de Mateo. Lucas lo habría utilizado como fuente, y, finalmente, Marcos habría hecho uso de los dos precedentes. La propuso Johann Jakob Griesbach en 1789.

La hipótesis agustiniana sostiene que Mateo fue el primer evangelio, seguido de Marcos y de Lucas, y que cada evangelista utilizó el precedente como fuente. Esta es la teoría más próxima a los planteamientos de los Padres de la Iglesia y la más frecuente en la tradición católica. La hipótesis de los esenios sostiene que este grupo escribió y recopiló la mayor parte de los escritos de la vida de Jesús y dio inicio al evangelio de Q.

La hipótesis de Goinheix dice que el primer evangelio que circuló fue el de Mateo en lengua aramea. Siguiendo la narrativa de este, y ayudándose con el documento que llamamos Q o Logia, Marcos y luego Lucas escriben sus respectivos evangelios. Luego, Mateo, conociendo ya estos dos evangelios, traduce el suyo al griego y toma elementos de aquellos. Finalmente es Juan quien da a conocer el evangelio que estuvo escribiendo durante años en Jerusalén primero y finalmente en Éfeso.

Evangelio según Juan

Juan es sin duda el último de los evangelios canónicos, de fecha bastante más tardía que los sinópticos. En él, los milagros no se presentan como tales sino como «signos», es decir, gestos que tienen una significación más profunda: revelar la gloria de Jesús (ver Rivas, L. H., El Evangelio de Juan). La hipótesis elaborada por Rudolf Bultmann (Das Evangelium des Johannes, 1941) postula que el autor de este evangelio tuvo a su disposición una fuente, oral o escrita, sobre los «signos» de Cristo independiente de los evangelios sinópticos, que ha sido denominada Evangelio de los Signos, cuya existencia es meramente hipotética.

Autoría de los evangelios canónicos