La cuenca del Plata, también conocida como la región platina,e.g., Scheina, Robert L. 2003. Latin America's Wars: The Age of the Caudillo, 1791–1899 (en inglés), v. 1. Dulles, Virginia: Brassey's, Inc., p. 313. es la cuenca hidrográfica de América del Sur drenada por el propio Río de la Plata y sus afluentes. Cubre un área de unos , lo que la convierte en la quinta más grande del mundo, por detrás de las cuencas de los ríos Amazonas, Congo, Nilo y Misisipi, y abarca territorios de cinco paísesː Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Las precipitaciones que caen en su ámbito se reúnen en dos grandes cursos, los ríos Paraná y Uruguay, que luego vierten sus aguas en el Río de la Plata, el que finalmente desemboca en el océano Atlántico Sur.

El conjunto fluvial de la cuenca del Plata forma el principal sistema de recarga del acuífero Guaraní, una de las mayores reservas continentales de agua dulce del mundo. Los gobiernos de los países implicados estudian el modo de aprovecharlo de forma sustentable, asegurando así la provisión de agua potable a sus habitantes. La cuenca sirve de asiento a una población de más de 100 millones de habitantes, por lo que la interacción humana con la misma a lo largo del tiempo en forma incontrolada produce cambios significativos, tanto para la cuenca como para la calidad de vida de sus habitantes.

Los dos grandes ríos de la cuenca, el Paraná y el Uruguay, tienen una densa red de afluentes, subafluentes y tributarios menores, como los ríos Paraguay, Pilcomayo, Bermejo, Pilagá, Salado del Norte, Carcarañá, Tercero, Cuarto, Iguazú, Salado del Sur, Gualeguay, Corrientes, Santa Lucía, Guayquiraró, San Javier, Samborombón (sobre el Paraná), Ibicuy, Mocoretá, Gualeguaychú, Miriñay, Aguapey, Negro, Queguay, Arapey, arroyo Nogoyá (sobre el Uruguay), entre otros.

Ubicación geográfica

La Cuenca del Plata se encuentra en los paralelo 15° latitud sur y 35° latitud sur y los meridianos 68° longitud oeste y 44° longitud oeste, con aproximadamente 3170000 km², abarcando parte de Brasil y Argentina, la totalidad del Paraguay, el sur y este de Bolivia, y gran parte del Uruguay. Es geopolíticamente importante en América del Sur, pues abarca zonas con distintas características hidrográficas, económicas y socioculturales: la cuenca del río Paraguay, la del Alto Paraná, la del río Uruguay, y la del Paraná Medio e inferior.

Principales ríos del sistema

La cuenca del Plata se compone de cuatro importantes subcuencas, las de los ríos: Uruguay, Paraná, Paraguay, y la propia cuenca del Río de la Plata. El conjunto comprende las cuencas de los tributarios de estos, como el río Bermejo, el río Pilcomayo, y el Salado del norte, entre otros. En tan enorme extensión se pueden encontrar distintos ambientes acuáticos naturales, que van desde los trópicos de agua dulce hasta aquellos en que esta se mezcla con agua de mar, formando un ecosistema estuarial, en la desembocadura del Río de la Plata.

Características generales de la cuenca del Plata thumb|Fotografía satelital del Río de la Plata y parte de su cuenca.

La Cuenca del Plata tiene 3 200 000 km², en la que se destacan el río Paraná, uno de los más grandes y caudalosos del mundo, y los ríos Paraguay y Uruguay. Este conjunto hidrográfico desemboca en el Río de la Plata y, por intermedio de este, en el océano Atlántico. El caudal medio de la cuenca es de 23 000 m³. La mayoría de estos cursos son navegables por buques de mediano porte y casi todos ellos por barcazas.

Existen numerosas represas hidroeléctricas en operación, principalmente en la cuenca del río Paraná. En territorio uruguayo, sobre el río Negro oriental se ubican Rincón del Bonete, Rincón de Baygorria, y Paso del Palmar. En el río Uruguay, en la frontera entre Uruguay y Argentina, se encuentra la represa de Salto Grande. También en Argentina se encuentra el embalse de Cabra Corral, en el Saladillo, provincia de Salta; y en la provincia de Corrientes, en la frontera con Paraguay, se encuentra la Represa de Yacyretá, sobre el río Paraná. Aguas arriba de este curso, en la frontera del Paraguay con el Brasil se emplaza la mayor del mundo: Itaipú. Otras represas en territorio brasileño son Paraná, Dorada, Furnas, Isla Soltera, y Jupiá.

El río Iguazú también cuenta con varias represas, todas ellas en territorio brasileño: Gobernador Bento Munhoz da Rocha Neto, Gov. Ney Aminthas de Barros Brag, Represa de Salto Caxias, Represa de Salto Santiago, Represa de Salto Osório, y Represa de Foz de Areia.

En las nacientes del río Paraná la precipitación media anual son del orden de 1200 a 1700 mm. En el río Paraguay la precipitación media anual varía entre 1000 y 1400 mm. Ambos ríos se unen en confluencia a 50 km aguas arriba de la ciudad de Corrientes, en la zona conocida como Paso de la Patria, y drenan cuencas de aproximadamente el mismo tamaño. El aporte del Alto Paraná en la zona de Paso de la Patria es de 12 000 m³/s, y el Río Paraguay contribuye con un caudal medio anual de 4000 m³/s, totalizando un caudal medio anual de 16 000 m³/s.

Hasta dicho punto la cuenca del río Paraná tiene pendientes bien marcadas y una red de drenaje bien desarrollada; en cambio, en el río Paraguay las pendientes son mucho menores y la red de desagües es menos desarrollada. En la cuenca superior del río Paraguay existe una región de grandes pantanos, de una extensión de unos 400 000 km², llamada el Pantanal, donde las aguas remansan demorando su escurrimiento.

El parque nacional Iberá y la reserva natural del Iberá se encuentra en la zona centro-norte de la provincia de Corrientes; la componen los esteros y las lagunas del Iberá con una extensión de 13 000 km², drenando al río Paraná por intermedio del río Corriente.

Toda la cuenca es frecuentada por pescadores, tanto los comerciales, como los que lo hacen como deporte, pues encuentran en ella un importante y variado conjunto de especies de peces deportivos.

Las subcuencas y sus afluentes Cuenca del río Paraná

La cuenca del río Paraná es la de mayor superficie (1 510 000 km²) y el río, nacido de la unión de los ríos Paranaíba y Grande, es, a la vez, el curso más largo: 2570 km. Si se le suman los 1200 km del río Paranaíba, la longitud total asciende a 3770 km. Desde su nacimiento hasta la desembocadura pueden diferenciarse tres tramos: el superior o Alto Paraná (hasta la confluencia del río Paraguay, 1550 km), el Paraná Medio (722 km) hasta la ciudad de Diamante, y el Paraná inferior o Delta (hasta la confluencia con el río Uruguay, 298 km).

El Alto Paraná

El punto clave en el curso del Alto Paraná —en el que recibe, por la margen izquierda, al último de sus grandes tributarios, el Iguazú, que se vierte en él después de recorrer 1320 km bajando desde la Sierra del Mar con rumbo este-oeste, junto el Tieté— integra el grupo de las grandes vías fluviales que permitieron la expansión de la colonización portuguesa a expensas de los dominios hispánicos.

El Alto Paraná es un río de meseta que corre encajonado entre abruptas barrancas labradas en las coladas de meláfiros (rocas efusivas permo-carboníferas) que dan origen a la formación de rápidos, correderas y cataratas, entre las que se destacan las cataratas del Guayrá, ubicadas 193 km aguas arriba de la afluencia del Iguazú. Sobre su margen derecha se localiza el territorio del Paraguay y sobre su margen izquierda se localizan los territorios de Brasil primero y Argentina después.

Aguas arriba de Corpus, donde el lecho rocoso se halla a solo 5,50 m de profundidad, el Alto Paraná tiene profundidad suficiente para la navegación de regular calado hasta Puerto Méndez, en Brasil. En Puerto Iguazú, el último de los puertos argentinos, donde el hidrómetro marca con frecuencia alturas superiores a los 20 m, el ahondamiento del cauce por el volumen de aguas que arrastra ha sido más intenso que el de sus afluentes, de modo que estos forman saltos de diferente magnitud antes de desaguar en él.

thumb|280 px|right|Vista aérea de las Cataratas del Iguazú.

El caso más notorio es el del río Iguazú, por el ensanchamiento del cauce aguas arriba de las cataratas que llevan su nombre, pues estas son incapaces de absorber a través de la Garganta del Diablo todo su caudal; de esta manera, se origina un hemiciclo de derrames de 2,7 km de longitud (de los cuales 2,1 corresponden a Argentina) que vierten hacia el estrecho valle de no más de 100 m de ancho por el que, a través de un trayecto de 28 km, el Iguazú se vuelca al Paraná. Esta es la consecuencia de la erosión diferencial de cuatro tipos distintos de saltos, tres de ellos salvados mediante dos escalones en basalto muy resistente a la erosión, en tanto el cuarto tipo, correspondiente al Salto Unión, presenta una escarpa basáltica de un material menos compacto, esponjoso y por ende más desgastable, asentada sobre arenisca triásica de Botuc, que facilita la erosión en la base y el efecto retrocedente que alarga la Garganta del Diablo, cuya extensión se acrecienta cada día.

La caída de agua forma dos bucles, uno que erosiona el pie de la catarata y otro que se pulveriza y eleva en forma de nube, originando el frecuente espectáculo del arco iris con la luz del sol. Esta garganta, enmarcada entre paredes de más de 60 m de altura y menos de 100 m de ancho, solo es navegable en los 20 km finales. Aguas arriba de las cataratas el caudaloso Iguazú, que a lo largo de 115 km es frontera entre la Argentina y Brasil, ve interrumpida su navegabilidad por la presencia de correderas y el ensanchamiento del cauce, que disminuye su profundidad. Estos obstáculos fueron los que impulsaron a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el primero que exploró este río, a continuar su trayecto por tierra, descubriendo las cataratas en 1542.

El río Iguazú recibe un pequeño tributario, el San Antonio, río fronterizo cuyo curso sinuoso puede seguirse por el vivo contraste que presenta la ocupación humana a una y otra margen: desmontada y densamente poblada la del Brasil, despoblada y con el bosque casi virgen la de la Argentina, donde en las estribaciones de la sierra de la Victoria se desarrolla el parque nacional Iguazú.

thumb|280px|Inundaciones en Argentina en el año 2003; foto de la NASA.

La alta pluviosidad de esta zona da origen a incontables ríos y arroyos de curso meandroso, identificables solo en los casos en que el desmonte ha facilitado la erosión hídrica, dejando al descubierto los faldeos desnudos, pues el resto de estos cursos de agua quedan ocultos bajo el espeso manto de la selva desarrollado en este ambiente subtropical.

El Alto Paraná y el Iguazú se caracterizaban como ríos de meseta, por el tono claro de sus aguas, pero la intensificación del desmonte, la frecuente roturación de los suelos por la expansión agrícola y el aceleramiento de la erosión han contribuido a que tengan en el presente un color acentuadamente rojizo debido a los materiales que llevan en suspensión. Contrastan, por ejemplo, con los tonos más oscuros de las decantadas aguas del río Acaray, que en territorio paraguayo han sido represadas a pocos kilómetros de su desembocadura en el Alto Paraná para la producción de energía hidroeléctrica cuyo principal mercado, en 1973, era la provincia de Misiones.

Desde 1973 el curso del Alto Paraná ha sido desviado con motivo de la construcción de la presa brasileño-paraguaya de Itaipú, incrementándose también en forma explosiva la población de Foz de Iguazú. Esta obra provoca considerables cambios en el régimen del río como consecuencia de las exigencias del funcionamiento de las turbinas de la central hidroeléctrica, lo que incide sobre los proyectos técnicos elaborados por la Argentina y Paraguay para los aprovechamientos de Corpus y Yacyretá.