Revolución o revoluciones de 1848, Primavera de los Pueblos o Año de las Revoluciones son denominaciones historiográficas de la oleada revolucionaria que acabó con la Europa de la Restauración (el predominio del absolutismo en el continente europeo desde el Congreso de Viena de 1814-1815). Se trató de una serie de revoluciones contra monarquías europeas que se extendieron por todo el continente a lo largo de más de un año, entre 1848 a 1849. Sigue siendo la oleada revolucionaria más extendida de la historia europea hasta la fecha. Todas ellas acabaron en fracaso y represión política y fueron seguidas por una desilusión generalizada entre los liberales.
Las revoluciones fueron esencialmente democráticas y liberales, con el objetivo de eliminar las antiguas estructuras monárquicas y crear Estados-nación independientes, tal como las concebía el nacionalismo romántico. Las revoluciones se extendieron por toda Europa tras una primera revolución que comenzó en Sicilia en enero de 1848. Más de 50 países se vieron afectados, pero sin una coordinación ni cooperación significativa entre sus respectivos revolucionarios. Algunos de los principales factores que contribuyeron fueron la insatisfacción generalizada con el liderazgo político, las demandas de mayor participación en el gobierno y la democracia, demandas a favor de la libertad de prensa, otras demandas hechas por la clase trabajadora por derechos económicos, el auge del nacionalismo,R. J. W. Evans and Hartmut Pogge von Strandmann, eds., The Revolutions in Europe 1848–1849 (2000) pp. v, 4 y la penuria europea de la patata, que desencadenó hambrunas masivas, migración y disturbios civiles.Ó Gráda, Cormac; Vanhaute, Eric; Paping, Richard (August 2006). The European subsistence crisis of 1845–1850: a comparative perspective. XIV International Economic History Congress of the International Economic History Association, Session 123. Helsinki. Archived from the original on 17 April 2017.
Fue la tercera oleada del más amplio ciclo revolucionario de la primera mitad del , que se había iniciado con las denominadas «revolución de 1820» y «revolución de 1830». Además de su condición de revoluciones liberales, las revoluciones de 1848 se caracterizaron por la importancia de las manifestaciones de carácter nacionalista y por el inicio de las primeras muestras organizadas del movimiento obrero. Las revueltas fueron lideradas por coaliciones temporales de obreros y reformistas, incluyendo figuras de las clases media y alta (la burguesía).Edward Shorter, "Middle-class anxiety in the German revolution of 1848." Journal of Social History (1969): 189–215.
Iniciadas en Francia, se difundieron en rápida expansión por prácticamente toda Europa central (Alemania, Imperio austríaco, Hungría) y por Italia en el primer semestre de 1848. Fue determinante para ello el nivel de desarrollo que habían adquirido las comunicaciones (telégrafo, ferrocarril) en el contexto de la Revolución Industrial. La revolución en Francia tuvo dos episodios diferentes: el de febrero y el de junio. Contra la gran burguesía se hizo la revolución de febrero, pero cuando el proletariado amenazó el orden social en junio, la pequeña y la gran burguesía se unieron ante la subversión proletaria.
Sin embargo, estas coaliciones no se mantuvieron unidas por mucho tiempo. Muchas de las revoluciones fueron rápidamente reprimidas, con decenas de miles de muertos y aún más obligados al exilio. La ola de revueltas terminó en octubre de 1849. Aunque su éxito inicial fue poco duradero, y todas ellas fueron reprimidas o reconducidas a situaciones políticas de tipo conservador (la espontaneidad de los movimientos y su mala organización lo facilitó), su trascendencia histórica fue decisiva. Quedó clara la imposibilidad de mantener sin cambios el Antiguo Régimen, como hasta entonces habían intentado las fuerzas contrarrevolucionarias de la Restauración. Entre las reformas más significativas y duraderas se encuentran la abolición de la servidumbre en Austria y Hungría, el fin de la monarquía absoluta en Dinamarca y la instauración de la democracia representativa en los Países Bajos. Las revoluciones fueron más importantes en Francia, los Países Bajos, Italia, el Imperio austríaco y los estados de la Confederación Germánica que conformarían el Imperio alemán a finales del y principios del .
En una obra reciente (2023) Christopher Clark ha destacado que «fue la única revolución auténticamente europea que ha habido jamás» y que «las revoluciones de 1848 no fueron realmente un fracaso: en muchos países produjeron cambios constitucionales rápidos y perdurables, y la Europa posterior a 1848 era, o llegó a ser, un lugar muy diferente». Por otro lado, Clark ha señalado que «las preguntas que se hicieron los insurgentes de 1848 no han perdido su poder... Seguimos preocupados por lo que ocurre cuando las demandas de libertad política o económica entran en conflicto con las demandas de derechos sociales».
Contexto político, económico y social miniaturadeimagen|Despedida de un barco de emigrantes que parte de Irlanda. Las revoluciones surgieron de causas tan diversas que resulta difícil considerarlas resultado de un movimiento o conjunto de fenómenos sociales coherentes. Numerosos cambios se produjeron en la sociedad europea durante la primera mitad del , y tanto reformistas liberales como políticos radicales estaban reestructurando gobiernos nacionales. El cambio tecnológico estaba revolucionando la vida de las clases trabajadoras, al tiempo que la prensa popular expandía la conciencia política, y comenzaron a surgir nuevos valores e ideas como el liberalismo popular, el nacionalismo o el socialismo. Entre los historiadores y académicos se ha tradicionalmente concedido un papel principal a la difusión de las ideas liberales y democráticas, así como al hecho de que las inflexibles y cada vez más obsoletas instituciones políticas de la época eran inadecuadas para afrontar los problemas sociales de la industrialización temprana, incluyendo los relacionados con la pauperización de gran parte de la población rural, así como la intervención del Estado en asuntos individuales, por ejemplo, mediante el servicio militar obligatorio o la tributación discrecional (p. ej., a través de la imposición de tasas impositivas, bases impositivas o leyes tributarias).
Tras el Congreso de Viena (1814-1815), en aplicación del principio de legitimismo dinástico, las monarquías absolutas fueron restauradas en los territorios donde las Guerras Napoleónicas habían instalado Estados liberales. Este restablecimiento del Antiguo Régimen en un periodo de cambio socioeconómico (las denominadas revolución industrial y revolución burguesa, y el desarrollo del capitalismo en sus aspectos industrial y financiero) no se correspondía, en términos de evolución histórica, con el surgimiento de una opinión pública de tipo contemporáneo, cada vez más identificada con los valores de la sociedad industrial y urbana, en la que las clases medias, los profesionales liberales y los estudiantes universitarios tenían un peso decisivo (si no numérico sí en influencia); y que se mostró favorable a los movimientos liberales y nacionalistas. Las potencias absolutistas (Austria, Prusia y Rusia) consiguieron, mediante la Santa Alianza y la convocatoria periódica de congresos, controlar los periódicos estallidos revolucionarios de 1820 y 1830. Para la época, amplios sectores de la nobleza estaban asimismo descontentos con el absolutismo o cuasiabsolutismo monárquicos. En 1846, por ejemplo, se produjo un levantamiento de la nobleza polaca en la Galicia austriaca, que solo fue contrarrestado cuando los campesinos, a su vez, se alzaron contra los nobles.Robert Bideleux and Ian Jeffries, A History of Eastern Europe: Crisis and Change, Routledge, 1998. . pp. 295–296.
miniaturadeimagen|Fotografía coloreada tomada por Kilburn en la manifestación cartista del 10 de abril de 1848 en Kennington Common, Londres.
El proceso de proletarización de las clases bajas en las zonas más desarrolladas industrialmente trajo como resultado la aparición de un movimiento obrero organizado, especialmente potente en Gran Bretaña. El 21 de febrero de 1848 aparece publicado en Londres el Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, encargado por la Liga de los Comunistas; pero no hubo un movimiento revolucionario significativo en Inglaterra, cuyo sistema político había demostrado suficiente flexibilidad como para ir asumiendo las reivindicaciones de mayor participación (cartismo, Reform Acts). En Francia, los denominados socialistas utópicos (Proudhon, Saint-Simon, Louis Blanc) tuvieron un gran protagonismo en los acontecimientos de 1848. La plebe urbana siempre había tenido un papel en los movimientos populares, aunque el protagonismo o la utilización de ello correspondiera a otros grupos. La novedad de esta revolución fue que durante un breve periodo del año 1848 pareció posible la puesta en práctica de un programa político diseñado a partir de la toma de conciencia de los intereses propios de la clase obrera (commission du Luxembourg —comisión del Luxemburgo—, ateliers nationaux —talleres nacionales—).Benoît Charruaud, Louis Blanc, La République au service du Socialisme - Droit au travail et perception démocratique de l'État, Thèse droit, Université Robert Schuman, Strasbourg, 2008; fuente citada en Ateliers sociaux y en :fr:Commission du Luxembourg. La reconducción conservadora del proceso revolucionario y la fase expansiva en que el capitalismo entró en las dos décadas siguientes hicieron que este tipo de planteamientos no pudieran volver a tener posibilidades reales de ejecutarse hasta la Comuna de París de 1871.
Como fuese, para la época las clases media y trabajadora compartían el deseo de reforma y coincidían en muchos de los objetivos específicos. Sin embargo, su participación en las revoluciones fue diversa. Si bien gran parte del impulso provino de las clases medias, la columna vertebral del movimiento provino de las clases bajas. Las revueltas estallaron primero en las ciudades.
Crisis coyuntural
Hubo tres acontecimientos económicos que avivaron la incertidumbre del momento y que contribuyeron a desencadenar las revueltas:
Entre 1845 y 1849, la plaga de la patata echó a perder las cosechas, lo que fue especialmente grave en Irlanda (Gran Hambruna irlandesa) donde propició una fuerte oleada migratoria. Este suceso coincidió con la carestía general en Francia de 1847 que, al igual que en otros países de Europa, originó graves conflictos internos provocados por una situación económica que recordaba la que había tenido lugar en Francia en 1789 y en 1830. El grave déficit de suministros básicos de alimentos sacudió al continente entre 1845 y 1847 y desencadenó hambrunas y disturbios en toda Europa, especialmente en Irlanda, Flandes y Silesia. En el otoño de 1847 estalló una crisis del comercio y la industria en Inglaterra, con la quiebra de los grandes comerciantes de productos coloniales. La crisis afectó también a los bancos agrarios ingleses y en los distritos industriales se produjeron cierres de fábricas. En Francia, a la crisis triguera y textil se añadió una crisis metalúrgica en la que la producción bajó en un tercio entre 1847 y 1848 para rápidamente quedarse en la mitad. El fuerte descenso de la producción industrial provocó una disminución de 30 % de los salarios y un aumento del paro. En París la crisis industrial estuvo acompañada además por una consecuencia particular: los fabricantes y comerciantes al por mayor que, en las circunstancias que entonces se estaban dando, no podían exportar sus productos, abrieron grandes establecimientos cuya competencia arruinó a los pequeños comerciantes, por lo que estos se involucraron en la revolución.
Desarrollo Estados italianos