La guerra hispano-sudamericana, conocida en España como la guerra del Pacífico y en Chile y Perú como la guerra contra España, fue un conflicto bélico naval que enfrentó a España a una alianza formada por Chile, Perú, Ecuador y Bolivia entre 1865 y 1866. Los últimos dos países, a falta de medios, no participaron militarmente, pero dieron apoyo político a los primeros y le negaron el abastecimiento a la flota española.
El conflicto se generó y agudizó en un periodo de continuas intervenciones de las potencias europeas en territorios de las nuevas repúblicas americanas, problemas diplomáticos pendientes, deudas impagadas y conceptos de honor inadecuados para la libertad de prensa y la destructividad de las armas alcanzados a mediados del siglo . En esas circunstancias, la presencia de una flotilla militar española en la costa del Pacífico y la desconfianza de los gobiernos sudamericanos desembocaron en un conflicto militar. Julio F. Guillén afirma que « la campaña del Pacífico (1863-66), por los continuos errores de uno y otro bando, desembocó en una guerra estúpida, de la que un historiador nuestro afirma que fue sin objeto ni objetivos y que nadie pone en claro de qué modo empezó ».
El detonador fue una reyerta entre civiles peruanos y españoles que no fue resuelta satisfactoriamente y escaló a nivel internacional. Cuando el gobierno peruano de Pezet se negó a aceptar las condiciones españolas para la solución del impasse, las islas Chincha, fuente principal de las recaudaciones fiscales, fueron ocupadas el 14 de abril de 1864 por los marinos españoles. El Perú, sin poder naval suficiente para desalojarlos, debió aceptar en el Tratado Vivanco-Pareja las condiciones exigidas por la antigua potencia imperial, lo que causó su derrocamiento y reemplazo por la dictadura de Mariano Ignacio Prado. Chile intervino en el conflicto negándose a abastecer a los buques españoles primero y declarando la guerra a España el 25 de septiembre de 1865 tras un ultimátum español; Perú lo hizo el 14 de enero de 1866 y le seguirían en ese mismo año Ecuador y Bolivia.
Las operaciones militares de esta guerra se concentraron en las costas de Chile y Perú, entre finales de 1865 y mediados de 1866, siendo sus principales acciones los combates navales de Papudo y Abtao, el bombardeo de Valparaíso y el combate del Callao.
Las hostilidades terminaron a mediados de 1866, si bien no se firmaría un armisticio hasta 1871. Los tratados de paz se firmaron de forma bilateral entre cada país sudamericano y España en los años 1879 (Perú y Bolivia), 1883 (Chile) y 1885 (Ecuador).
Antecedentes y causas de la guerra
thumb|300px|derecha|Viñeta aparecida en la revista satírica española Gil Blas del 17 de marzo de 1866 que muestra la petición de Chile y Perú de solidaridad a los Estados Unidos ante el conflicto con España, a lo que Estados Unidos responde: «¡Ingratos! Si no fuera por ellos todavía andaríais con tapa-rabo.»
El historiador y diplomático peruano Fabián Novak señala dos tipos de causas de la guerra, las llama las ocultas y las visibles.
En el primer grupo Novak destaca: La intención de algunos españoles de restaurar su influencia en América. El deseo de desviar las recaudaciones provenientes del guano peruano hacia España. Obligar el pago de la deuda peruana. Las presiones e intereses de la política interna de la antigua metrópoli.
Entre las causas visibles señala: La falta de experiencia y habilidad de los diplomáticos de los tres países involucrados. El exacerbado concepto del honor y dignidad, nacional y personal, que se asociaba a los títulos y nombres. La « forma imperiosa » con que las potencias trataban a las nuevas repúblicas americanas. Las heridas aún abiertas que habían dejado las guerras de la independencia. La inexistencia de relaciones diplomáticas formales entre Perú y España.
Esta rápida enumeración de causas debe ser leída con prevención, dado que, por ejemplo, « restaurar su influencia » puede significar « establecer relaciones diplomáticas » u « ocupar territorios ». Este último significado es expresamente rechazado por Novak, quien advierte contra tales especulaciones y cita las razones dadas por Enrique Chirinos Soto: la flota no incluía tropas suficientes para tal efecto; como fuerza naval era considerable, pero por sí sola incapaz de retener tierras continentales; y por último la ratificación de la independencia dada en las instrucciones.
Una arista que es mencionada por otros autores es la existencia de corrientes prohispanas dentro de los conservadores americanos.
Intervenciones foráneas en América Latina
300px|thumb|derecha|Oh, no tema mi general, si es un espantajo!. Caricatura de la época publicada por una revista "El Charivari" (por el uso del castellano, probablemente no la francesa Le Charivari). El general puede ser Pezet y la figura en la sombra, Isabel II.
Política exterior de las potencias
Ronald Bruce St John en Foreign Policy of Perú enumera algunas intervenciones de los Estados Unidos y las potencias europeas en la región: España en México y América Central en 1829 y 1832, Francia en Veracruz en 1838, el bloqueo de Buenos Aires entre 1838 y 1840, y cinco años más tarde junto a los británicos otra vez en Buenos Aires. En 1860, España intervino en Santo Domingo. En 1833 los británicos ocuparon las Islas Malvinas. Desde "estaciones navales" que mantenían frente a los principales puertos de América del Sur, las potencias utilizaban su incontrarrestable poderío para imponer sus intereses.
Por otro lado, ya desde sus comienzos, las nuevas repúblicas habían advertido el enorme poder e influencia ejercido por los Estados Unidos de América y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda en los ámbitos cultural y económico, lo que había llevado a un fortalecimiento de los lazos entre los intelectuales de ascendencia hispana. Así, la intervención francesa en México había sido justificada en parte como un apoyo contra la dominación estadounidenseReseña del libro de Alain Gouttman por Jessica Quiñones Miranda, La Intervención En México, 1862-1867 El Espejismo Americano De Napoleón III. La autora expresa que: Gouttman demuestra las intenciones imperialistas de Napoleón III fundadas en el deseo de competir con Estados Unidos. con una monarquía latina y católica para contrarrestar la creciente influencia de los Estados Unidos.Comentario sobre el libro de Alain Gouttman por el vendedor del libro [https://libros.buap.mx/historia-de-mexico/2065-la-intervencion-en-mexico-1862-1867-el-espejismo-americano-de-napoleon-iii-9786078022618.html La Intervención En México, 1862-1867 El Espejismo Americano De Napoleón III
A mediados del , tras las pérdidas causadas por las guerras napoleónicas y el desprendimiento de las provincias de ultramar americanas (con excepción de Cuba), existía en España un ánimo histórico de reocupar un relevante papel entre las naciones europeas con base en los avances del país en comercio exterior, sistema bancario, agricultura de exportación, industria textil, ferrocarriles, ejército y marina.Miguel Ángel Puig-Samper, Ciencia y nación. La comisión científica del Pacífico, de la Sociedad Geográfica Española. El gobierno de la Unión Liberal, presidido por el general Leopoldo O'Donnell, que ejercía el poder con aprobación de la reina Isabel II inició las acciones llamadas "de prestigio" o de "exaltación patriótica" que tuvieron un amplio apoyo popular como la Expedición franco-española a Cochinchina desde 1857 a 1862; los intentos de formalizar la participación de España en la Guerra de Crimea; la guerra de África de 1859, en la que O'Donnell obtuvo un gran apoyo popular y un gran prestigio al consolidar las posiciones de Ceuta y Melilla y la soberanía de Ifni (si bien no pudo obtener Tánger por las presiones británicas); la anexión de Santo Domingo en 1861 y la expedición anglo-franco-española en México de 1862.
Reconocimiento de las nuevas repúblicas
El fin de las guerras de la independencia no significó un término de los temas pendientes entre España y sus territorios perdidos. El proceso de reconocimiento político de las nuevas repúblicas fue lento. De los países involucrados en la guerra hispano-sudamericana, solo tres habían sido reconocidos como independientes por España en el momento de estallar las hostilidades: Ecuador (en 1840), Chile (en 1844) y Bolivia (en 1847). Perú, país donde se originó el conflicto, no había sido reconocido como independiente por España. En 1853 se logró un acuerdo entre los gobiernos, pero no fue ratificado en Perú por razones que veremos más adelante. Este y otros acuerdos significaban hasta un cierto punto un reconocimiento tácito, aunque precario, de la república peruana.
Prensa, honor y el uso del lenguaje
El acuerdo alcanzado en Madrid el 24 de septiembre de 1853 no fue ratificado porque en Perú se consideró ofensivo que en el texto la Reina de España renunciara "a sus derechos" en Perú (y también porque no garantizaba, según Perú, un arreglo justo de la deuda). Posteriormente, la denominación "comisario regio", impidió las negociaciones sobre el asunto generado de Talambo y una buena parte de las propuestas de solución giraban en torno a quién debía saludar primero a quién con cuantos cañonazos. Gran celebridad alcanzó la frase “mejor honor sin barcos que barcos sin honor”, pronunciada al comienzo del bombardeo del indefenso puerto de Valparaíso.
Una buena parte de la agudización del conflicto se debió a las desvirtuadas informaciones publicadas en la prensa local. El historiador español Pedro de Novo y Colson escribió que en la oficialidad de la escuadra y en toda la marinería despertaba una indignación tan grande lo publicado por el periódico chileno "El San Martín", que la autoridad del almirante “no bastaba a contenerlos en los límites de la disciplina”. Y agregó este comentario reflexivo: “Cuan cierto es que el hombre más insignificante y desprestigiado puede arrastrar al combate a dos naciones valiéndose como poderosísima palanca del sagrado amor patrio”.Citado Raúl Silva Castro en "Prensa y Periodismo en Chile (1812-1956)", págs. 272-273
Juan Luis Orrego recurre al historiador Jerónimo Bécker para sostener que en la opinión pública española había un profundo desconocimiento de la realidad de las cosas y de los verdaderos intereses españoles en América. La prensa madrileña, no sólo la oficial sino la de oposición como La Iberia, órgano de los progresistas, y La Discusión, de los demócratas, publicaban furiosos artículos contra las repúblicas del Pacífico Sur. Asimismo, los sucesos vinculados al conflicto distraían a los españoles de lo que ocurría en la misma Península.
Población de los Países de Iberoamérica al comenzar la guerra hispano-sudamericana N.ºPaíses Habitantes en 18651° 35 586 364 15 919 369 2° 9 097 7593° 8 954 355 4 159 162 4° 3 549 9005° 2 546 3666° 2 544 211 7° 1 831 612 8° 1 594 0449° 1 529 29310° 1 497 99811° 1 371 76312° 1 103 97113° 1 026 867 14° 969 66115° 468 99016° 396 91217° 376 94118° 342 653 19° 278 07420° 214 01521° 154 82022° 130 847Fuente: Our World in Data (Año 1865)
Deuda peruana
En la Capitulación de Ayacucho, Perú se había comprometido al pago de las deudas contraídas por el virreinato, pero cuando el gobierno de Echenique solicitó los recursos, el Congreso del Perú lo rechazó. En España se mantuvo la exigencia y le añadió la devolución de los bienes secuestrados o embargados a sus súdbitos durante la guerra de independencia.
Estas reclamaciones venían de influyentes personajes de España y Perú, quienes apostaban que la sola mención del pago la deuda en un tratado multiplicaría sus ganancias.
Otras disputas
Había otros temas inconclusos que no fueron considerados durante las negociaciones de la guerra.
El problema del asilo para los marinos desertores y el pago de los daños causados durante las guerras añadían más discordia a las relaciones entre América y la exmetrópoli.