La Historia de Talaván (Cáceres) España. Puede conocerse desde las evidencias del Paleolítico Inferior, si bien los asentamientos localizados se corresponden con poblados prerromanos de la Edad del Hierro, con evidencias de una posterior romanización de la zona, como es el caso de la denominada «estela de Talaván». El poblamiento de la localidad se mantuvo en tiempos altomedievales, para luego entrar en la órbita de las Órdenes Militares, que repoblaron el territorio. Tras un breve periodo de pertenencia regia, pasa a convertirse en villa de señorío, primero en 1309 dentro del señorío de Monroy, y con carácter independiente desde 1458, quedando en manos de casas como las de los Benavente o los Osuna. Entre los aspectos destacables a lo largo de su historia, cabe citar la existencia de las llamadas «barcas de Talaván», que servían para cruzar el río Tajo en la ruta de la «Vereda Real de Castilla».

Prehistoria y Edad Antigua

La Edad de Piedra

Los primeros vestigios de presencia humana en la zona hay que situarlos en el Neolítico (5000 a. C.), como indica la piedra de afilar encontrada en esta localidad y los abundantes recursos fluviales, de caza, pesca, frutos silvestres... Un lugar idóneo para la utilización de chozas en las cercanías de ríos y arroyos (Tajo, Almonte, Talaván, Villas…). En el yacimiento de La Raña de la Higuera, algunos materiales encontrados como hendedores y bifaces, podrían anticipar la existencia de homínidos en la región en el Paleolítico Inferior.

El Bronce Final y la Edad del Hierro

Los primeros asentamientos en la demarcación fueron El Aguijón (Trujillo) y El Castillejo (Santiago del Campo) en el Bronce Final. En la siguiente era con la llegada del Hierro se desarrolla una mejora de las técnicas agrarias, la ganadería, caza… Todo esto origina un importante aumento de la población y en consecuencia un incremento de las colonizaciones en esta comarca (Estrabón III, 1, 6). En este contexto surge Talaván (400 a. C.),.), como poblado vinculado a la explotación agrícola, ganadera, artesanal… y asociado al castro de Quiebracántaros. Este lugar sigue el patrón de los poblados lusitanos fácilmente defendibles. Lo ubican en un meandro del arroyo Villas, amurallado y con dos fosos, cercano a otros asentamientos como medida de protección (La Torrecilla, Quiebracántaros, Eberóbriga...) y con abundancia de recursos fluviales necesarios para el hábitat humano (arroyos, fuentes, pozos…). A partir del con la desaparición de los grandes castros de los alrededores se convierte en un importante núcleo de población. En cuanto a la tribu lusitana que ocupó este solar existen discrepancias, antiguamente «Los Colarnos» (Miguel Cortés y López, 1835) y recientemente «Los Palantenses» (Alarçâo, 2000). Estas tribus capitaneadas por caudillos como Púnico, Césaro, Viriato o Táutalo, y reforzadas con numerosos mercenarios vettones, derrotaron a las legiones romanas e impidieron cruzar el río Tajo por esta zona, hasta el año 139 a. C. thumb|200px|Poblado prerromano de Mailla.

Existen algunos testimonios escritos de una remota ocupación de la villa:

-En 1786 el párroco Aguilar decía lo siguiente: «… esta dicha villa fue en lo primitivo ciudad, llamada con el nombre de Te Alaban, de la que se conservan algunos cortos vestigios, al presente, de su primera fundación, como son parte de sus murallas, fosos y contrafosos, pero todo esto ya arruinado y perdido mediante el grande transcurso de tiempo que ha pasado […] y haber sido la fundación de la nominada ciudad antes del nazimiento de Xripto,...»

-En 1790, se establece la Real Audiencia de Extremadura. Como consecuencia, se presenta el documento de este mismo año, «Instrucción para la visita que deben hacer el Regente y Ministros de la nueva Real Audiencia de Extremadura>>, en este documento notifica solamente que <<…Hay tradición de que estuvo antiguamente poblada […] Tenia esta villa ordenanzas, que se dice fueron robadas con otros papeles que se conducían a Caceres para copiarlos por ser su letra antigua...»

Época romana -No hay indicios importantes de presencia romana, por el extraordinario encauzamiento de los ríos Tajo y Almonte, manteniendo aislada y sin gran interés estratégico este lugar durante este dilatado periodo. Los vestigios arqueológicos más cercanos se encuentran en Alconétar (puente romano, calzada, Túrmulus…), Monroy (villa romana) y un poblado tardorromano en el término municipal de Talaván.

Edad Media Invasiones germánicas, árabes -En la última etapa del Imperio Romano de Occidente se desencadena la primera invasión, son los alanos, un pueblo iranio originario del Cáucaso, con costumbres y hábitos germanos que prácticamente se fusiona con la población hispanorromana existente en la zona. A partir del 419 son los visigodos los que se hacen con el control de la región, pero solo mantienen guarniciones militares en lugares estratégicos como Alconétar. Existen restos arqueológicos visigodos cerca de la antigua ermita de La Virgen del Río (margen derecha del río Tajo), pero en el actual término de Casas de Millán.

-La invasión musulmana se produce en el 711: poco tiempo después este territorio es sometido este por el jefe militar Musa ibn Nusair, que concentra todo el empeño en el control del vado de Alconétar y la fortificación de la línea de los ríos Tajo y Almonte, fronteriza en numerosas ocasiones. Los musulmanes utilizaron los antiguos castros básicamente por su situación estratégica y el abundante material de construcción existente. Un siglo después (840), un jefe árabe llamado Zeth, asentado en Coria, gobierna la comarca. Las disidencias entre los líderes musulmanes hacen que en el 886 Aben Takit domine la parte norte de la provincia de Al-Garb, donde estaba incluida Talaván. Entre los años 980-981 se desata una decisiva ofensiva del caudillo árabe Almanzor. A principios del milenio pasa a depender del reino Taifa de Badajoz (bereberes arabizados). Poco tiempo después, en el 1086 son los almorávides, dirigidos por el Emir Almorávide Tasufin Ben Alí, los dueños de la situación. Por último, en el 1139, cuando el río Tajo hacía de frontera entre musulmanes y cristianos, se suceden diferentes acometidas de los almohades (años 1148-1174-1191) guiados por Abu Yaqub Yusuf y por su sucesor Abu Yaqub Yusuf al-Mansur.Los restos arqueológicos a destacar de esta época son: en Talaván, la Necrópolis de la Ermita, («tumbas antropomorfas excavadas en la roca»), las torres de La Lucía junto al arroyo de La Torre, la de Velasco Muza, y La Grega en el río Tajo. Alconétar con el castillo, Villasviejas del Azuquén de La Villeta («confluencia de los ríos Almonte y Tozo»'), Monfragüe (castillo de Almonfragüe) y en Hinojal el arrabal de La Macarrilla origen del actual pueblo, con un cementerio árabe junto a la ermita templaria de San Berto (construida sobre una atalaya) son las únicas huellas de la presencia musulmana en la comarca.

Los Templarios (1167-1268) La etapa comenzó en el año 1167 con la conquista por parte de Fernando II de León de las tierras al sur del río Tajo que entregó a la Orden del Temple con la finalidad de consolidar esta frontera y en agradecimiento a la colaboración prestada en su liberación. Los templarios crearon la encomienda de Alconétar; a esta unidad territorial perteneció la aldea de «Talauan y su campo». Este dominio fue temporal, puesto que se produjeron varias contraofensivas Almohades en los años 1148, 1174 y 1191. Estos ataques junto con el deseo de imponer el gravamen por el cruce del río denominado «el portazgo», ocasionaron la creación del paso de Talauan (puerto de Talaván). Este paso significó una alternativa de escape que alcanzó su mayor protagonismo con la destrucción del puente romano de Alconétar, en junio de 1222 por tropas Almohades. El dominio espiritual dependía del obispado de Coria y el territorial correspondía al concejo de Plasencia: «…Et ultra fluvium Tagum, […] Et de Portu de Ibor, sicut itur in directum ad rivum qui dicitur Almont. Et Almont ad jussum, sicut cadit Geblancus in Almont. Et Geblanco arriba, sicut itur ad Tamujam et…» (Privilegio Fundacional de Plasencia, Alfonso VIII, 1184). La conquista definitiva la realizó el rey leonés Alfonso IX en 1225, devolviendo estos territorios a los templarios. Al mismo tiempo tiene lugar la recuperación de la villa de Cáceres, estableciéndose el fuero de dicha villa en la que se incluía «Talaván y su campo», produciéndose de este modo una doble dependencia: «… et dende como cae el arroyo de la Figuera en Almont, et en so derecho en Talauan; et desi a la torre de Belasco Muza en Taio. […] al arroyo de Gebalnzo; et el arroyo aiuso como ua pora los Almadenes; et dende como passa el sendero de don Uermundo en Almont, et por medio de las cabezas de Mont-Roy, como entra el sendero de don Uermundo en la Xara; et desend a la torre de la Greda; et desende como cae el arroyo de la Covacha en Taio…». (Fuero de Cáceres, Alfonso IX 1227-29). Este documento también es significativo porque reseña la pertenencia del puerto de Talaván al concejo de Cáceres: «… et Taio arriba et Taio aiuso, uados et puertos, entradas et exidas alende et aquende, con todas sus carreras también alende como aquende, di como cae el arroyo de la Couacha en Taio, hata como cae el arroyo de la torre de Blasco Muza en Taio, do io todo al conceio de Cáceres,…». (Desde el arroyo de la Covacha hasta el arroyo Mayas La Torrecilla solamente existía el puerto de Talaván).

La etapa del Temple finalizó debido a que las órdenes autóctonas de Alcántara y los Frates o caballeros de Cáceres (posteriormente Orden de Santiago), no entendían que una Orden foránea tuviera tantos privilegios: caminos más transitados (La Plata o Guinea, Dalmacia, Talaván...), feria de ganados en la villa de Alconétar, reliquia del mantel de la última cena en la capilla del castillo… Estas desavenencias originaron saqueos, robos, incendios de aldeas y las inevitables muertes de campesinos. El mayor ataque se desató en el año 1257, la Orden de Alcántara atacó posesiones templarias y la réplica de la encomienda de Alconétar fue contundente, causando numerosas bajas y llegando a ocupar la villa y el puente de Alcántara.

Este mismo año el rey Alfonso X de Castilla el Sabio convocó a ambas partes para dirimir el pleito y al año siguiente, el 28 de marzo reunió a la encomienda y a los Frates de Cáceres. La frágil tregua no se mantuvo mucho tiempo, puesto que en 1266 se desencadenó un nuevo ataque de los de Alcántara. Estos hechos motivaron que el rey firmara el 4 de julio de 1268 en Alcalá de Henares (Madrid), la cesión de Alconétar (Alcontra de los templarios y su jurisdicción en la cual se incluía Talauan) a su hijo, el infante Fernando de la Cerda. Esta cesión fue el origen del posterior Infantado de las Siete Villas: Alburquerque, Alconétar, Galisteo, Granadilla, Montemayor, Ledesma y Salvatierra.

Talaván en el poder Regio (1268-1309) Es un período breve, pero decisivo para el destino de la aldea de Talaván, primero con la separación definitiva de la villa de Alconétar y segundo con la pertenencia «resuelta» al concejo de Plasencia y posterior creación del señorío de Monroy, donde quedaría incluida.

El infante Fernando de la Cerda murió en plena campaña contra los musulmanes en 1275 y todas sus posesiones pasaron a su hijo primogénito Alfonso de la Cerda. El rey Alfonso el Sabio falleció en 1284 y nombró heredero a su nieto Alfonso de la Cerda «el Desheredado», pero su segundo hijo Sancho usurpó el poder y reinó con el nombre de Sancho IV «el Bravo». Sancho estaba casado con María de Molina que también fue reina regente desde 1295 hasta 1301 y desde 1313 hasta 1325 (minoría de edad de su hijo Fernando IV «el Emplazado» y de su nieto Alfonso XI de Castilla ). Estos sucesos determinaron que Talaván terminara perteneciendo al rey Sancho IV', que cedió su jurisdicción al concejo de Plasencia, permaneciendo vinculada espiritualmente al obispado de la misma ciudad.